Teoría insider-outsider y temporalidad en el mercado de trabajo español

Cargo:Departamento de Economía Aplicada V. Universidad del País Vasco
Páginas:31 - 54
 
CONTENIDO

Teoría Insider-Outsider y temporalidad en el mercado de trabajo español 1

JESÚS FERREIRO, EVA BEA, M.ª CARMEN GÓMEZ Y M.ª ÁNGELES INTXAUSTI*

INTRODUCCIÓN

El tradicional tratamiento neoclásico del funcionamiento del mercado de trabajo contrasta profundamente con la realidad de dicho mercado. Así, los mercados de trabajo se caracterizan por la permanencia en el tiempo de situaciones de no-equilibrio, fundamentalmente excesos de oferta, es decir, situaciones de desempleo, compatibles con una rigidez asimétrica de los salarios reales (siendo estos rígidos a la baja pero no al alza). En este sentido, la evolución de los resultados en materia de empleo y desempleo parece ejercer una mayor presión alcista sobre los salarios cuando el mercado de trabajo registra resultados positivos que a la inversa.

Esta constatación ha llevado al desarrollo de teorías del mercado de trabajo que intentan explicar la existencia de lo que con frecuencia se denomina como equilibrios de novaciado de mercado o cuasi-equilibrios. La teoría insider-outsider es una de estas teorías. El presente trabajo, trata de contrastar la validez del modelo insider-outsider como herramienta interpretativa del mercado de trabajo español, analizando si resultados clave del funcionamiento del mercado de trabajo en España (existencia de desempleo masivo, crecimiento salarial, segmentación laboral, diferencias salariales entre categorías de trabajadores, rotación salarial, etc.) pueden ser explicados a la luz de dicho modelo.

EL MODELO INSIDER-OUTSIDER

En un mercado de trabajo perfectamente competitivo cualquier shock, tanto si tiene su origen en el lado de la oferta (un shock tecnológico, p.ej.) o de demanda (resultado de un descenso en el nivel de gasto), que aleje al mercado del punto de equilibrio es instantáneamente resuelto por medio de un ajuste de los precios, es decir, mediante la correspondiente variación de los salarios reales. La perfecta flexibilidad de los salarios reales elimina los potenciales excesos de oferta (reduciendo los salarios reales) o de demanda (elevándolos), situando de manera permanente al mercado en un punto de equilibrio o, cuando menos, haciendo que tienda hacia este punto a una velocidad inversamente proporcional a la rigidez de los salarios reales. En esta situación, el desempleo tiene siempre una naturaleza voluntaria y un carácter transitorio o temporal. En la medida que la respuesta salarial a los desajustes en el mercado de trabajo sea inmediata, es decir, cuando la elasticidad del salario real respecto a los cambios en las ofertas y demandas de trabajo tienda a infinito, el salario vigente resultará siempre un salario de vaciado de mercado y, por lo tanto, cualquier trabajador que desee trabajar podrá hacerlo al salario de equilibrio.

La existencia de desempleo permanente en una economía aparece vinculada a la existencia de un salario real «excesivo» –entendiendo como tal a aquel salario real que supera al salario de equilibrio o de vaciado de mercado– rígido a la baja. Desde el punto de vista teórico, cara a analizar las causas explicativas no tanto del surgimiento sino más bien de la permanencia en el tiempo del desempleo, resulta clave conocer las razones que explican la rigidez a la baja de los salarios reales, esto es, conocer, en primer lugar, porqué el salario real vigente supera al salario de vaciado de mercado; y, en segundo lugar, porqué la existencia de un exceso de oferta no presiona a la baja al nivel de salarios vigente, puesto que, en principio, si el desempleo fuera involuntario el bienestar de los trabajadores desempleados aumentaría aunque aceptasen trabajar a un salario inferior al vigente, es decir, inferior al salario percibido por los trabajadores ya ocupados. Desde el punto de vista de la política económica, la resolución del problema del desempleo masivo, si es que fuera involuntario y/o permanente, exigiría actuar sobre las causas explicativas de la existencia de un salario real excesivo, adoptando aquellas medidas que posibilitaran un descenso en dichos salarios.

La teoría insider-outsider (Lindbeck y Snower, 1988; Lindbeck, 1994) estudia las razones que explican el establecimiento y permanencia en el tiempo de salarios reales superiores al nivel de equlibrio (neoclásico). La diferencia con respecto a otro tipo de plan- teamientos como los defendidos en enfoques de naturaleza neoclásica como la «teoría de la tasa natural», la «teoría de la sustitución intertemporal» o la «teoría del ciclo económico real» (Snower, 1997) radica en que la existencia de desempleo no es el resultado de decisiones optimizadoras adoptadas por oferentes y demandantes de trabajo en un mercado eficiente (Lindbeck, 1992) tal y como plantean los modelos de inspiración neoclásica. Para la teoría insider-outsider el desempleo es involuntario, como resultado de la discriminación que sufren los parados en el mercado de trabajo y que les impide acceder a un puesto de trabajo en condiciones similares, principalmente salariales, a las que disfrutan los trabajadores en activo (Lindbeck y Snower, 1988). Como resultado, y partiendo de la premisa de la naturaleza involuntaria del desempleo, el tratamiento de los mercados de trabajo basado en los enfoques de vaciado de mercado resultaría de escasa validez inter- pretativa (Lindbeck, 1992).

Para la teoría insider-outsider, la clave de la marginación laboral sufrida por los desempleados, y, por lo tanto, la causa última de que el desempleo no se refleje en un descenso de los salarios reales, se halla en el comportamiento adoptado por los trabajadores ocupados en los procesos de fijación salarial. De acuerdo con esta teoría, los trabajadores ocupados (insiders) ejercen un poder de mercado en los procesos de fijación salarial que les permite elevar sus salarios por encima del salario de vaciado de mercado (el correspondiente con su nivel de productividad) sin que ello implique, como ocurriría en un modelo de competencia perfecta, la pérdida de su puesto de trabajo y su sustitución por otro trabajador cuya remuneración sí se corresponda con el salario de equilibrio. La existencia de costes de rotación laboral, entendiendo como tales los costes derivados de una potencial sustitución de un trabajador ocupado por un trabajador procedente del desempleo, impide a las empresas (hace que éstas renuncien a) despedir a trabajadores en activo sustituyéndolos por otros trabajadores procedentes del desempleo cuya retribución se corresponda con el salario de equilibrio. La razón estriba en que aunque los nuevos trabajadores percibieran salarios inferiores a los trabajadores a los que sustituyen, los costes de rotación laboral (derivados de los costes implícitos en las actividades de contratación, formación y despido; de los costes derivados de las actividades de cooperación y/u hostigamiento de los trabajadores insiders hacia los entrantes; y de los costes derivados de las respuestas de la productividad y esfuerzo de los trabajadores en activo ante cambios en la seguridad en el empleo) resultarían superiores al potencial beneficio derivado de la diferencia entre los salarios de ambos trabajadores (el nuevo trabajador contratado y el despedido).

La existencia de costes de rotación laboral implica que los procesos de fijación salarial quedan disociados, al menos parcialmente, de la situación general del mercado de trabajo y de los potenciales desequilibrios que en él se generen2 ya que los trabajadores ocupados (insiders) ejercerían el poder de mercado derivado de los costes de rotación exclusivamente en su propio beneficio, sin considerar los intereses y el bienestar de los trabajadores desempleados, cuya situación y bienestar mejorarían si dispusieran de un puesto de trabajo aunque percibieran un salario inferior al de los trabajadores previamente ocupados.

Ahora bien, la teoría insider-outsider no sólo plantea la existencia de una única segmentación en el mercado de trabajo entre trabajadores ocupados (insiders) y parados (outsiders), la cual afecta a los procesos de fijación salarial beneficiando a los trabajadores ocupados en perjuicio de los trabajadores desempleados. El modelo añade una nueva fuente de segmentación al considerar una tercera categoría de trabajadores: los «entrantes», o sea, trabajadores que, procedentes del desempleo, acaban de acceder a un puesto de trabajo en una empresa con la perspectiva de acceder a la situación de insiders, pero cuya actual posición laboral no se asocia con costes elevados de rotación laboral, lo que resulta en un menor poder de mercado para los entrantes en relación con los insiders. Existe así en las empresas un mercado laboral interno dual o segmentado donde coexisten dos tipos de trabajadores: los insiders y los entrantes, siendo éstos últimos los nuevos trabajadores contratados por la empresa.

El esquema de funcionamiento del mercado de trabajo sería el representado en la Figura 1. Dentro de las empresas existiría un grupo de trabajadores protegidos de la amenaza de despido (los insiders) cuyas salarios se establecen con cierta independencia de los desequilibrios existentes en el mercado de trabajo. Fuera de las empresas se encontrarían los desempleados, quienes no perciben ingresos salariales3, y cuya capacidad de negociación y de influencia en los procesos de negociación salarial sería nula. Los trabajadores parados entrarían en las empresas ocupando la posición de «entrantes», pudiendo algunos de ellos en el futuro acceder a la categoría de insiders. Los flujos normales entre las empresas y el desempleo serían los reflejados en las flechas: los parados accederían a un puesto de trabajo convirtiéndose inicialmente en entrantes; con el paso del tiempo algunos de estos entrantes adquirirían la condición de insiders. Por otra parte, tanto los insiders como los entrantes pueden perder su puesto de trabajo convirtiéndose en parados.

Los elevados costes de rotación laboral aíslan, al menos parcialmente, a los trabajadores insiders, de la existencia de excesos de oferta en el mercado de trabajo, lo que les permite fijar sus salarios con relativa independencia del número y de la evolución de los desempleados. Al mismo tiempo, de la misma forma que la probabilidad para un insider de perder su puesto de trabajo engrosando el colectivo de parados es muy pequeña, la probabilidad para un parado de convertirse en insider también es pequeña, incluso inferior a la anterior. En realidad, el mecanismo normal de entrada de los desempleados en las empresas es a través de su conversión en «entrantes». Para estos trabajadores, los costes de rotación entre entrantes y parados son relativamente bajos, inferiores a los costes de rotación entre insiders y parados y entre insiders y entrantes. En términos de probabilidades esto implica que:

i) la probabilidad de que un insider se convierta en parado es inferior a la probabilidad de que un entrante se convierta en parado: Pi,p ‹ Pe,p;

ii) la probabilidad de que un parado se convierta en entrante es superior a la probabilidad de que un parado se convierta en insider: Pp,e › Pp,i;

iii) la probabilidad de que un entrante se convierta en insider es inferior a la de convertirse en parado Pe,i › Pe,p.

Como consecuencia de sus menores costes de rotación laboral, el poder de mercado de los entrantes es inferior al de los insiders aun cuando, sin embargo, sea superior al de los parados. El resultado es un mercado de trabajo segmentado entre trabajadores insiders, entrantes y desempleados, que posibilita a los insiders ejercer su poder de mercado sin considerar los intereses de los entrantes (convertirse en insiders) y de los parados (convertirse, al menos inicialmente, en entrantes), lo que tiene como resultado el que el salario de un insider supere al salario de un entrante y que el salario de un entrante supere al salario de vaciado de mercado. De hecho, en ausencia de un salario de reserva (como, por ejemplo, pueden ser las prestaciones por desempleo) podemos suponer que los trabajadores desempleados estarían dispuestos a trabajar por un salario similar al de equilibrio. Así, la diferencia o brecha salarial máxima existente entre el salario de los entrantes y el salario de equilibrio vendría determinada por los costes de rotación entre entrantes y parados, de la misma forma que la diferencia máxima entre el salario de un insider y el de un entrante vendría determinada por los costes de rotación laboral entre insiders y entrantes.

La hipótesis arriba expuesta supone que los trabajadores entrantes también ejercen un cierto poder de mercado en relación con los desempleados. La elevación de los salarios de los primeros en relación con el salario de vaciado de mercado vendría explicada por el interés inmediato de los entrantes en acceder a la condición de insiders (lo que les permitiría disponer de mayores salarios y de menores probabilidades de perder sus puestos de trabajo). La elevación de sus salarios permite a los entrantes aislarse, al menos parcialmente, de la existencia de bolsas de desempleados lo que les permite, en primer lugar, obtener, al igual que los insiders, salarios reales superiores al salario de equilibrio, y, en segundo lugar, elevar sus probabilidades de acceder a la condición de insiders y, por consiguiente, de acceder a mayores ingresos salariales en el futuro. Mediante este comportamiento los trabajadores entrantes reducen la probabilidad de los parados de convertirse en entrantes (Lindbeck y Snower, 2001). Téngase presente que si partimos de la hipótesis de que el poder de mercado de los insiders permanece inalterado, cuanta mayor sea la rotación entre parados y entrantes menor será el salario de los entrantes (y, por extensión, mayor será la brecha salarial entre trabajadores insiders y entrantes) y menores serán las probabilidades para un entrante de acceder en el futuro a la condición de insider. En todo caso, el nivel al cual se sitúen de manera efectiva los salarios de insiders y entrantes dependerá del efectivo uso del poder de mercado que estos dispongan. Cuanta mayor sea la utilización de este poder de negociación mayores serán las diferencias salariales registradas entre insiders y entrantes, y mayor será la tasa de paro debido a la mayor brecha entre el salario de los trabajadores ocupados (insiders y entrantes) con respecto al de equilibrio.

En este sentido, y de acuerdo con lo plan- teado por Lindbeck y Snower (1988), si denominamos:

Wi: salario de los trabajadores insiders We: salario de los trabajadores entrantes R: salario de reserva de los trabajadores desempleados

H: costes marginales de contratación y formación

F: costes marginales de despido,

We ‹ Wi £ (We + F)

R £ We £ (R + H)

Introduciendo el grado de utilización del poder de mercado o de negociación de los insiders (a) y de los entrantes (b),:

We ‹ Wi £ a (We + F)

R £ We £ b (R + H)

El resultado final es que cuanto más elevada sea la movilidad o rotación laboral entre las tres categorías de trabajadores, o sea, cuanto mayor sea la probabilidad para un trabajador perteneciente a una categoría de pasar a otra, más cercano será el salario real vigente en la economía al salario de vaciado de mercado. Por lo tanto, cuanto más bajos sean los costes de rotación laboral menor será la tasa de desempleo en una economía y más sensible será la evolución de los salarios reales ante la existencia de desequilibrios en el mercado de trabajo.

Como se constata en las dos desigualdades anteriores, cuanto menores sean los costes de despido, los cuales suponemos que sólo afectan a los trabajadores insiders, más fácil, es decir, más barato, será sustituir un trabajador insider por un entrante y, por lo tanto, menor será la brecha salarial entre trabajadores insiders y entrantes. Por su parte, cuanto más bajos sean los costes de contratación y formación, y cuanto más bajo sea el salario de reserva (la retribución mínima exigida por un desempleado para aceptar un puesto de trabajo, la cual, como ya hemos apuntado, depende de la existencia y nivel de ingresos alternativos o sustitutivos de los salarios) más fácil será sustituir un trabajador entrante por un desempleado y, por tanto, más se acercará el salario de un entrante al salario de reserva. En resumen, cuanto más reducidos sean los costes de despido, los costes de contratación y formación y el salario de reserva, más próximos serán los salarios de los trabajadores (insiders y entrantes) al salario de equilibrio y, por lo tanto, menor será el tamaño del desempleo en una economía.

El modelo insider-outsider aquí planteado difiere ligeramente del modelo «clásico» al plantear la existencia de un diferencial salarial entre los insiders y entrantes. En el modelo clásico los entrantes se corresponden con los trabajadores contratados al inicio de un periodo los cuales al mantenerse en sus puestos de trabajo se convierten en insiders. En todo caso, los salarios de los entrantes y de los insiders serían iguales. Esta hipótesis contrasta con la realidad de economías como puede ser la danesa, la sueca o la española en donde los estudios demuestran que los trabajadores entrantes perciben un salario inferior al de los insiders, manteniéndose, sin embargo, una cierta relación entre ambos salarios, vinculándose el salario de los entrantes al de los trabajadores insiders (Ferreiro y Serrano, 2001; Gottfries y Sjöstrom, 2000).

EL MERCADO DE TRABAJO EN ESPAÑA

Como recoge el modelo insider-outsider, la existencia de desempleo involuntario es compatible con la existencia de salarios reales superiores al salario de vaciado de mercado. La permanencia en el tiempo de desempleo se explicaría por el mantenimiento de niveles salariales «excesivos». La causa estriba en última instancia en el ejercicio por parte de los trabajadores ocupados (insiders y entrantes) de su poder de mercado (consecuencia de los costes de rotación laboral). El ejercicio del poder de mercado posibilita que los niveles y la evolución de los ingresos de los trabajadores ocupados se disocie, al menos parcialmente, de la existencia de situaciones de desequilibrio en el mercado de trabajo, más concretamente, de la existencia de desempleo. Para poder hablar de la posible validez explicativa del modelo insider-outsider en un mercado de trabajo como puede ser el español, debe comprobarse previamente la coexistencia de niveles permanentes de desempleo masivo y el mantenimiento, e incluso crecimiento, de los salarios reales4. En efecto, en un mercado de trabajo perfectamente competitivo la existencia de desempleo implica un descenso de los salarios reales que conduce al mercado de trabajo a un punto de equilibrio, es decir, al pleno empleo. Por lo tanto, partiendo de la previa existencia de desempleo, si se constata que se registra un continuo descenso de los salarios reales paralelo a un descenso de las tasas de desempleo, la capacidad interpretativa del modelo insider-outsider quedaría seriamente cuestionada5.

[No incluye GRÁFICO 1]

El Gráfico 1 muestra como este principio básico del modelo insider-outsider se cumple en el mercado de trabajo español. La permanencia de elevadas tasas de desempleo no ha venido acompañada de un descenso continuo y sostenido de los salarios reales de los trabajadores asalariados6 que hubiera podido llevar al mercado de trabajo español a una situación de equilibrio caracterizada por la inexistencia de desempleo involuntario. Desde 1986 (último año de vigencia de las políticas de rentas) hasta 1993, la evolución salarial no reflejó la presión que sobre el crecimiento de las remuneraciones de los trabajadores asalariados debieran haber ejercido las elevadas tasas de desempleo. De hecho, desde 1989 la elevación en las tasas de paro vino acompañada de una aceleración en el crecimiento de las rentas salariales, con independencia de la variable empleada (incrementos salariales pactados en convenio o crecimiento de las ganancias mensuales), aceleración que perdura hasta 1993. Este comportamiento salarial vendría a corroborar uno de los plan- teamientos del modelo insider-outsider: la asimetría en la respuesta salarial ante la dinámica de la actividad económica, en general, y del mercado de trabajo, en particular: en épocas de recesión los salarios se mantienen inalterados sin disminuir ante los incrementos en el desempleo, mientras que en épocas de expansión el poder negociador de los insiders aumenta lo que les permite obtener mayores incrementos en sus salarios (Lindbeck y Snower, 1988).

[No incluye GRÁFICO 2]

Las conclusiones arriba reseñadas siguen manteniéndose cuando comparamos la evolución de las retribuciones de los trabajadores asalariados con la evolución del número total de trabajadores asalariados7, como se refleja en el Gráfico 2. Durante el periodo 1986-1993 se mantuvo la asimetría antes mencionada en relación con la influencia de los resultados del mercado de trabajo sobre la evolución salarial: la crisis del trienio 1991-1993 apenas afectó al crecimiento salarial, mientras que por el contrario, el periodo de expansión económica y de elevado crecimiento del empleo registrado a lo largo del quinquenio 1986-1990 sí vino acompañado de un fuerte crecimiento salarial.

Debe destacarse las excepciones que a este comportamiento salarial representan los periodos anteriores a 1986 y posteriores a 1994. Hasta 1986, los procesos de determinación salarial en la economía española estuvieron basados en una política de rentas consensuada entre sindicatos, organizaciones empresariales y gobierno. De esta forma, el grado de centralización de la negociación colectiva resultó muy alto (Revenga, 1994), lo que permitió un crecimiento salarial compatible con la necesidad de reducir paulatinamente las elevadas tasas de desempleo e inflación por entonces registradas. En este sentido, la interiorización que se supone que los trabajadores y sus organizaciones sindicales representantes hacen de los efectos externos de los resultados de la negociación colectiva cuando ésta está completamente centralizada o descentralizada (Calmfors y Drifill, 1988) permite plantear como hipótesis que la validez de los modelos insider-outsider está condicionada por la estructura vigente de negociación colectiva, de tal forma que el modelo insider-outsider tendría mayor significado en aquellas economías donde predominan estructuras intermedias de negociación colectiva, tal y como ocurre en la economía española a partir de 1986 (Dolado y Jimeno, 1995; Milner, 1995; Toharia, 1998). Esta hipótesis concuerda con los planteamientos defendidos por Flanagan (1999) para quien las estructuras centralizadas de negociación colectiva permitieron que los procesos de fijación salarial reflejaran tanto la situación económica general como la concreta situación del mercado de trabajo, posibilitando un ajuste vía precios del exceso de oferta en él existente, al menos hasta mediados de los ochenta. En otros términos, el que las organizaciones sindicales recojan en mayor o menor medida los intereses de los insiders (entendiendo como tales a los asalariados en general) o de los outsiders (desempleados) parece estar directamente relacionado con la estructura de la negociación colectiva: en estructuras centralizadas de negociación colectiva los sindicatos tendrían como objetivo incrementos salariales compatibles con el incremento en el nivel de empleo mientras que en una estructura intermedia de negociación colectiva el único objetivo sería la maximización de los incrementos salariales.

Por otra parte, a partir de 1994 la moderación registrada en los incrementos reales de los salarios reflejaría las consecuencias sobre la evolución salarial derivadas de las reformas laborales aprobadas en los años 1994 y 1997, las cuales tuvieron como efecto directo el reducir el poder negociador de los trabajadores trabajadores a jornada completa con contratos indefinidos (Ferreiro y Serrano,2001). Ambas reformas adoptaron medidas con el objetivo de reducir los costes de rotación laboral y reducir el poder de negociación de los trabajadores con contrato indefinido.

Así, se adoptaron múltiples medidas de diversa naturaleza, entre las que destacan8: el estímulo a la movilidad geográfica y funcional; la existencia de cláusulas de descuelgue en la negociación colectiva; la eliminación de la ultraactividad de los convenios colectivos vencidos; el estímulo concedido al componente variable de los salarios; la sustitución de las Ordenanzas Laborales y Reglamentacio nes de Trabajo por disposiciones emanadas de la negociación colectiva; la reducción de las indemnizaciones por despido como resultado de la clarificación de los criterios para definir un despido como objetivo y de las menores indemnizaciones incorporadas al nuevo contrato indefinido creado en 1993; la subvención a la contratación indefinida, etc9. A estas medidas se habrían unido las reformas en el sistema de protección contra el desempleo aprobadas en los años 1992 y 1993 que implicaron un endurecimiento en las condiciones de acceso a las prestaciones contributivas y asistenciales y una reducción en la cuantía de ambos tipos de prestaciones (Consejo Económico y Social, 1994 y 1995; Toharia, 1998).

[No incluye GRÁFICO 3]

Como señalan Lindbeck y Snower (2001), una de las razones por las cuales el desempleo no se traduce en una presión a la baja en los salarios de los trabajadores ocupados es la existencia de un salario mínimo superior al salario de vaciado de mercado. Sin embargo, como se refleja en el Gráfico 3, la incidencia de los salarios mínimos parece ser mínima sobre los resultados del mercado de trabajo. Como se observa en el gráfico, desde 1982, con las únicas excepciones de los años 1990, 1991, 1997 y 1998, el salario mínimo inter- profesional para los trabajadores mayores de 18 años ha descendido en términos reales todos los años10. Céteris paribus, el descenso acumulado en el valor real del SMI debiera haber conducido a una sostenida disminución en las tasas de paro y a un continuo crecimiento en las cifras de trabajadores asalariados, lo que está lejos de haberse producido, como muestra el hecho de que la tasa de paro en 1999 era la misma que en 1982 a pesar del descenso acumulado en un 14,3% en el SMI medido en términos reales. Por lo tanto, podemos descartar al salario mínimo interprofesional como causa explicativa de la evolución del empleo asalariado y del desempleo en el mercado de trabajo español.

Ahora bien, el modelo insider-outsider no sólo distingue entre trabajadores ocupados y trabajadores parados. Como tuvimos ocasión de exponer, introduce una nueva categoría analítica: la de los entrantes, entendiendo como tales aquellos trabajadores que entran a formar parte de la plantilla de las empresas procedentes de las filas del desempleo. En el caso del mercado de trabajo español en absoluto resulta descabellado plantear que la categoría de entrantes se corresponde con los trabajadores con contrato temporal, como así reconoce el propio Lindbeck: «De hecho, en las sociedades en las que la legislación ofrece a los trabajadores ocupados una seguridad de empleo especialmente buena, también cabe esperar que surja un mercado de trabajo secundario dentro de las empresas que producen en el sector primario de la economía. Más concretamente, cabe pensar que los empresarios sólo recurren a los trabajadores temporales –es decir, a los que tienen un contrato laboral (o un acuerdo informal)– durante un tiempo limitado (fijo). Este recurso se ha utilizado, de hecho, recientemente a gran escala en países tan distintos en otros aspectos como España y Suecia, probablemente como consecuencia de la enorme seguridad de empleo de que disfrutan los trabajadores ordinarios» (Lindbeck, 1994, p. 52).

[No incluye GRÁFICO 4]

La segmentación planteada en el mercado español entre trabajadores con contrato temporal y trabajadores con contrato indefinido se refleja en el gráfico 411. La utilización de los contratos temporales en puestos de trabajo de naturaleza permanente, autorizada a partir de la reforma laboral del año 1984, ha supuesto que un elevado porcentaje de trabajadores disponga de este tipo de contratos con independencia de la naturaleza temporal o permanente de sus puestos de trabajo. El peso máximo de estos contratos se alcanzó en 1995 cuando el 34,8% del total de asalariados en el conjunto de la economía y el 40,7% en el sector privado eran trabajadores con contratos temporales. A partir de ese momento, el peso de los trabajadores temporales registra un lento aunque sostenido descenso, proceso que se acelera, al menos en el caso del sector privado, tras la reforma de 1997, cuyo objetivo principal fue, precisamente, reducir la temporalidad en la economía española12.

[No incluye GRÁFICO 5]

Este mercado de trabajo segmentado ha funcionado como compartimentos estancos, al menos hasta finales de la década de los noventa. Como refleja el Gráfico 5, elaborado a partir de los datos proporcionados por la EPA, el crecimiento del empleo asalariado registrado desde 1985 hasta 1992 vino acompañado de un aumento en los asalariados temporales y de un paralelo descenso de los asalariados indefinidos (los cuales siguen disminuyendo hasta 1994). Los trabajadores con contrato temporal han asumido el rol de «entrantes» que plantea el modelo insider-outsider.

Como ya comentamos, para el modelo insider-outsider las probabilidades de un trabajador insider de convertirse en un desempleado son menores que las probabilidades para un entrante de pasar a ser un desempleado. De acuerdo con los planteamientos del mode- lo la existencia de altos costes de rotación laboral debiera haber estabilizado el empleo de los trabajadores insiders, lo que no ocurrió en el mercado de trabajo español, donde los trabajadores indefinidos disminuyeron hasta 1994. En principio cabría suponer que la disminución en el número de trabajadores indefinidos se hubiera debido a un proceso de sustitución activa de trabajadores indefinidos por temporales, es decir, a un proceso de despido de trabajadores indefinidos y de sustitución por trabajadores temporales. Este proceso se habría generado porque los costes de rotación laboral derivados del reemplazo de un trabajador indefinido por uno temporal habrían sido más que compensados por el diferencial salarial existente entre estos dos tipos de trabajadores. Esta sustitución se debería haber acelerado en el periodo 1992- 95, en donde la brecha salarial se amplía, como ya veremos.

Sin embargo, el análisis de los datos de la evolución de los desempleados y de los trabajadores asalariados con contrato indefinido parecen descartar esta hipótesis, y de hecho la protección de los trabajadores indefinidos en el mercado de trabajo español ante la amenaza del desempleo ha sido sustancialmente mayor que la disfrutada por otros colectivos.

[No incluye GRÁFICO 6]

El Gráfico 6 muestra las cifras de desempleados que habían trabajado con anterioridad, mostrando, además, los trabajadores que estaban en desempleo como resultado de un despido o suspensión por regulación y los trabajadores en paro como resultado de la finalización de sus contratos temporales. Si suponemos de manera simplificadora que los trabajadores despedidos son trabajadores con contrato indefinido, se observa claramente el escaso peso dentro de la población desempleada de los trabajadores indefinidos, incluso durante la crisis de principios de los noventa: mientras que el total de parados que habían trabajado con anterioridad aumentó entre 1990 y 1994 en 1.266.800 personas, los trabajadores que entran en el paro como resultado de la extinción de contratos aumentan en ese mismo periodo en 746.600, pero los parados cuya causa es el despido tan sólo aumentan en 160.600 personas.

Es destacable comprobar, como ya recogen otros estudios, que en épocas de recesión son los trabajadores temporales la principal variable de ajuste de las plantillas (Estrada y otros, 2002), lo que quedó patente en el Gráfico 5. Entre 1990 y 1992, mientras que el número de parados cuya causa era el despido aumentó en 30.700 personas, los parados cuya causa era la finalización de un contrato temporal no estacional aumentaron en 386.650 trabajadores. Solamente a partir de 1993 se produce un aumento notable en las cifras de despidos de tal suerte que entre 1992 y 1994 el número de parados cuya causa era el despido aumentó en 129.900 personas, mientras que los parados cuya causa era la finalización de un contrato temporal no estacional aumentaron en 387.600 trabajadores. Las empresas optaron por reducir el empleo indefinido una vez efectuado el ajuste en la plantilla de trabajadores temporales.

En el caso del mercado de trabajo español los costes de despido están directamente relacionados con la antigüedad del trabajador en la empresa: aunque con límites, a igualdad de salario, cuanto mayor es la permanencia en el empleo mayor es el coste de despido. De acuerdo con los planteamientos del modelo insider-outsider, por lo tanto, a mayor anti- güedad en el empleo mayor protección frente al desempleo (Lindbeck y Snower, 2001).

La Tabla 1 recoge la distribución de los parados despedidos en función de la antigüedad en el último empleo, así como la distribución de los asalariados indefinidos de acuerdo con la antigüedad en el empleo. Para analizar los datos de la Tabla 1 suponemos que los parados despedidos disponían de un empleo indefinido, siendo estos trabajadores los que son objeto de despido o de expediente de regulación, lo que implica suponer que los trabajadores temporales pasan al paro al extinguirse o no ser renovado su contrato temporal13.

Destacan el elevado peso dentro del colectivo de parados despedidos de los trabajadores que habían permanecido en el puesto de trabajo previo durante un periodo inferior a 3 años así como el bajo porcentaje de los parados despedidos que habían permanecido en su empleo anterior por un periodo superior a 6 años, siempre en términos relativos, es decir comparando estos colectivos con la antigüedad de los asalariados con contrato indefinido. De hecho, se comprueba cómo durante la crisis de principios de los noventa, en donde en el trienio 1992-1994 se produce una fuerte destrucción de empleo asalariado, incluido el indefinido, las plantillas de trabajadores indefinidos se envejece, signo de que son los trabajadores indefinidos más anti- guos los que pierden su empleo. Así entre 1991 y 1994 la cifra de trabajadores indefinidos con duración en el empleo superior a 6 años desciende en 194.900 trabajadores (un descenso del –4.51%), mientras que los trabajadores indefinidos con duración entre 3 y 6 años caen en 105.900 personas (-9.41%), y los asalariados indefinidos con una antigüedad inferior a 3 años descienden en 327.400 personas (-28.16%).

[TABLA 1. ANTIGÜEDAD EN EL EMPLEO DE ASALARIADOS CON CONTRATO INDEFINIDO Y DE PARADOS DESPEDIDOS (%)Fuente: elaboración propia.]

Esta mayor protección de los trabajadores indefinidos más antiguos frente a la amenaza del desempleo se muestra más claramente en la Tabla 2, donde se mide la intensidad en el despido de los parados con una antigüedad x en su último empleo, el ratio entre el porcentaje de parados despedidos con una antigüedad dada (x) en su último empleo entre el total de parados despedidos y el porcentaje de asalariados indefinidos con una antigüedad (x) entre el total de indefinidos. Un ratio superior a la unidad supone que el porcentaje de parados despedidos con una antigüedad dada es mayor que el porcentaje de asalariados indefinidos con esa misma antigüedad, y viceversa.

Vemos como los trabajadores indefinidos más afectados por el desempleo han sido en todo momento los asalariados indefinidos más recientes, los cuales no sólo están más afectados por los despidos más intensamente, sino que también fueron los más afectados por la crisis de principios de los noventa, como se refleja en la elevación de su ratio correspondiente a los años 1991 a 1993.

[No incluye TABLA 2. INTENSIDAD EN EL DESPIDO DE LOS PARADOS. Fuente: elaboración propia.]

[No incluye GRÁFICO 7]

Lo anteriormente afirmado concuerda con los datos reflejados en el Gráfico 7. En este gráfico se representan las tasas anuales de crecimiento del total de asalariados, de los asalariados con contratos indefinidos, de los asalariados con contrato indefinido cuyo empleo actual tiene una duración superior a 3 años e inferior a 6 años y, finalmente, de los asalariados con contrato indefinido cuyo empleo actual tiene una duración superior a 6 años14. Como ya señalamos, la evolución de las cifras de asalariados sigue un patrón claramente cíclico. En el caso del total de asalariados indefinidos, este colectivo disminuye de manera continua hasta 1995, creciendo desde entonces. Sin embargo, este comportamiento no se reproduce en el caso de los trabajadores asalariados con mayor antigüedad en su puesto de trabajo, principalmente en el caso de los asalariados indefinidos con una antigüedad superior a 6 años, a los cuales se les puede calificar de manera más apropiada como insiders. Su evolución es muy estable y, de hecho resultan ser el colectivo menos afectado no sólo por la destrucción de empleo indefinido que dura hasta 1994 sino también por la crisis del periodo 1991-93, lo que da buena muestra de la mayor protección de estos trabajadores frente al problema del desempleo.

Por lo tanto, la sustitución entre trabajadores indefinidos y temporales ha sido pasiva. La disminución en las cifras de asalariados indefinidos de elevada antigüedad parece haber seguido un curso natural, más producido por la salida de los trabajadores de mayor antigüedad del mercado de trabajo (a través de su jubilación) que por pasar a engrosar las cifras del desempleo a través de una salida traumática vía despidos. De esta forma, la sustitución de trabajadores indefinidos por temporales se debería a causas vegetativas vinculados al rejuvenecimiento «natural» de las plantillas de las empresas: así durante el periodo 1987-1994 mientras que el número de trabajadores indefinidos con antigüedad superior a 6 años disminuyó en 262.900 personas (al pasar de 4.390.400 a 4.127.500), los parados despedidos con una antigüedad en el empleo anterior superior a 6 años tan sólo aumentaron en 26.200 (de 132.800 pasaron a 159.000).

Igualmente, como consecuencia de los diferentes costes de rotación laboral, una de las características esenciales del modelo insider- outsider es la escasa rotación entre los colectivos de trabajadores insiders-indefinidos y entrantes-temporales, así como la elevada rotación entre entrantes (movilidad entre trabajadores temporales y parados). La Tabla 3 es buena muestra de ello, conteniendo información sobre los contratos registrados en España en el periodo 1996-2001 de acuerdo con los datos proporcionados por el INEM, cifras que se acompañan de los datos sobre asalariados temporales e indefinidos, de acuerdo con los datos proporcionados por el INE en la EPA.

[No incluye TABLA 3. CONTRATOS LABORALES FIRMADOS EN ESPAÑA. Fuente: INEM e INE]

Simplificando, si sumamos el total de contratos temporales y las prórrogas de los mismos (como si éstas supusieran la firma de un nuevo contrato), vemos como cada asalariado temporal habría firmado 3,44 contratos temporales en 1996, 3,85 contratos en 1997, 4,19 contratos en 1998, 3,91 contratos en 1999, 3,70 contratos en el año 2000 y 3,59 contratos en 2001. Estas cifras muestran la existencia de una elevada rotación entre parados y asalariados temporales. Por otra parte, la probabilidad de que un trabajador temporal obtenga un puesto de trabajo indefinido es baja: si calculamos esta probabilidad como el porcentaje de los contratos temporales convertidos en indefinidos en el año t respecto al total de asalariados temporales en t-1, estas cifras suponen el 0,81% en 1996, el 8,73% en 1997, el 9,24% en 1998, el 11,64% en 1999, el 5,81% en el año 2000 y el 12,02% en 2001.

Esta probabilidad puede ser comparada con la probabilidad de un desempleado de convertirse en un trabajador indefinido. Para ello, como variable aproximativa utilizamos los datos relativos a los contratos indefinidos resultantes de la reforma laboral de 199715, la cual introduce una nueva modalidad contractual de carácter indefinido dirigida a los trabajadores desempleados16. Calculando esta probabilidad como el porcentaje de este tipo de contratos firmados en el año t respecto al número de desempleados del año t-1, la probabilidad de que un parado se convirtiese en un trabajador indefinido era del 3,45% en 1997, 9,37% en 1998, 11,95% en 1999, el 15,49% en 2000 y el 10,20% en 2001. No tenemos que olvidar, en cualquier caso, que los parados que acceden a un puesto de trabajo resultan ser parados con experiencia laboral, es decir, parados que previamente han disfrutado de contratos temporales, por lo que esta probabilidad de acceder a un empleo indefinido puede atribuirse en la práctica a los trabajadores temporales.

En cualquier caso, teniendo en cuenta que la reforma de 1997 supuso la aceptación de unos menores costes de despido para los trabajadores acogidos a la nueva modalidad de contrato indefinido, el crecimiento en el empleo indefinido (y la consiguiente reducción de la tasa de temporalidad) guarda una evidente relación con la reducción de los costes de rotación laboral entre trabajadores indefinidos y temporales, facilitando a los mismos su conversión en indefinidos-insiders17 (Ferreiro y Serrano, 2001).

La segmentación en el mercado de trabajo que acabamos de describir tiene su inmediato reflejo en la brecha salarial existente entre ambos colectivos. Como muestra la Tabla 4, de acuerdo con las encuestas sobre distribución y estructura salarial elaboradas por el

Instituto Nacional de Estadística para los años 1988, 1992 y 1995, en el año 1988 las ganancias de un trabajador con contrato temporal ascendían al 57,68% de las ganancias de un trabajador con contrato indefinido; esa brecha salarial pasó a ser el 59,4% en 1992 y el 44,77% en 1995 (INE, 1992, 1995 y 1997).

[No incluye TABLA 4. GANANCIAS POR TRABAJADOR (miles de pesetas/año). Fuente: INE (1992, 1995, 1997).]

La existencia de este diferencial confirma los planteamientos del modelo insider-outsider en lo que se refiere a las diferencias salariales entre categorías de trabajadores. Igualmente, la evolución del diferencial de ganancias entre ambos colectivos de trabajadores es coherente con los postulados de la teoría insider-outsider. El aumento en las tasas de temporalidad, explicado tanto por el descenso en el número de trabajadores indefinidos como por el incremento en el número de trabajadores temporales, se ha traducido en un aumento en el diferencial de ganancias: mientras que el crecimiento acumulado en términos reales de las ganancias de un trabajador indefinido fue en el periodo 1988-1995 de un 23,2%, ese crecimiento fue negativo para los trabajadores temporales: un –4,3%. La escasa rotación entre trabajadores temporales e indefinidos registrada hasta la reforma laboral del año 1997 habría permitido a los últimos mantener e incluso aumentar su poder de mercado, consiguiendo crecimientos salariales reales positivos con independencia tanto del exceso de oferta registrado en el mercado de trabajo (los niveles de desempleo) como del proceso continuo de destrucción de empleo asalariado indefinido, tal y como puede comprobarse a partir de los datos reflejados en los gráficos 1 y 2 relativos a los incrementos salariales reales pactados en convenio18. Por el contrario, los trabajadores temporales sí se habrían visto influidos por la situación del mercado de trabajo, sobre todo durante el periodo 1992-1995, durante el cual se produce una fuerte destrucción de empleo asalariado temporal, que alcanza el 11,5% del empleo asalariado temporal existente en 1991. Su menor poder de mercado, derivado tanto de sus bajos costes de rotación laboral (debido a la no existencia de costes por la terminación de sus contratos) como de la presión combinada ejercida por el desempleo y por la destrucción de empleo temporal explican estos resultados. En efecto, entre 1988 y 1992, años en los que se produce un intenso crecimiento del empleo asalariado, el crecimiento real de las ganancias de ambas categorías de trabajadores es similar: 19,1% para los trabajadores indefinidos y 22,6% para los trabajadores temporales. Sin embargo, la evolución se altera entre 1992 y 1995: las ganancias de los trabajadores indefinidos aumentan un 3,5% en términos reales, mientras que las ganancias reales de los trabajadores temporales disminuyen en un 22%.

Este comportamiento de los salarios de los trabajadores temporales e indefinidos refleja el efecto negociación que la evolución de la tasa de temporalidad ejerce sobre la brecha salarial entre ambos colectivos (Dolado y Bentolila, 1993; Jimeno y Toharia, 1993; Bentolila y Dolado, 1994). La reducción del número de insiders y la concentración de los mismos en los puestos de mayor productividad (Alba-Ramírez y Alonso-Borrego, 1997; Serrano y otros, 1998), fenómeno acelerado durante la crisis de principios de los noventa, habría elevado el poder negociador de los trabajadores indefinidos permitiendo obtener un crecimiento salarial positivo en términos reales que habría ampliado la brecha salarial con respecto a los trabajadores temporales.

[No incluye TABLA 5. GANANCIAS DE ASALARIADOS TEMPORALES, INDEFINIDOS Y PARADOS (miles de pesetas/año). Fuente: Elaboración propia]

La relación entre el comportamiento salarial de los trabajadores temporales e indefinidos se reproduce cuando introducimos los ingresos de los trabajadores en situación de desempleo: Estos ingresos, los cuales pueden ser considerados como el salario de reserva de los desempleados, se recogen en la columna 4 de la Tabla 5. Estos ingresos los hemos calculado a partir de los datos correspondientes a las prestaciones por desempleo (en cuota bruta) de nivel contributiva abonadas por el INEM19. Comprobamos la diferencia de ingresos existente entre las tres categorías de trabajadores estudiadas, corroborando el modelo insider-outsider. Además, se comprueba como la crisis de principios de la década de los noventa supone un reforzamiento de las posiciones de los trabajadores indefinidos tanto en relación a los trabajadores temporales como frente a los desempleados.

[No incluye GRÁFICO 8]

El modelo insider-outsider plantea, como ya señalamos, que un descenso del salario de reserva tiene como efecto un descenso en los salarios de los trabajadores ocupados y un consiguiente efecto inducido en forma de creación de empleo. El Gráfico 8 trata de reflejar esta relación. En este sentido, se observa una relación evidente entre el descenso en el ratio prestaciones contributivas/ganancias20 y el aumento en el empleo asalariado que se registra a partir de la reforma de las prestaciones por desempleo aprobada en los años 1992 y 1993.

[No incluye GRÁFICO 9]

Por su parte, el Gráfico 9 muestra la relación existente entre el ratio prestaciones contributivas/ganancias de los asalariados y el crecimiento real de las ganancias de los asalariados. Nuevamente detectamos una relación directa entre ambas variables, ratificando de esta manera los planteamientos del modelo insider-outsider. La reducción en el ratio prestación/ganancia supone unos menores costes de rotación entre trabajadores ocupados y parados, lo que implica un menor poder de negociación de los primeros y, por lo tanto, unos menores crecimientos salariales.

CONCLUSIONES

El modelo insider-outsider plantea la existencia de un mercado de trabajo segmentado entre insiders, entrantes y outsiders. La existencia de costes de rotación laboral entre estos colectivos y el ejercicio del poder de mercado por parte de los insiders y los entrantes en su propio beneficio genera unos salarios mayores.

El funcionamiento del mercado de trabajo español parece adecuarse a estos planteamientos. El mantenimiento de crecimientos salariales reales positivos es compatible con las altas tasas de desempleo masivo, siendo el salario real muy rígido a la baja. Por otra parte, la segmentación entre trabajadores indefinidos y temporales, así como el nivel y la evolución de la brecha salarial entre esos colectivos, puede ser explicado dentro del modelo insider-outsider.

Asimismo, el freno al crecimiento salarial así como la mayor movilidad entre trabajadores indefinidos y temporales registrados desde la segunda mitad de la década de los noventa aparece igualmente vinculada a los efectos de las diferentes medidas incluidas en las reformas laborales de los años 1994 y 1997 y a las modificaciones legales en el sistema de protección contra el desempleo de los años 1992 y 1993. Tales medidas, cuyo resultado inmediato fue la reducción de los costes de rotación laboral y la disminución del poder negociador de los trabajadores indefinidos, han contribuido a frenar el crecimiento salarial, de tal forma que éste no ha reflejado el intenso proceso de creación de empleo regis- trado en la economía española en los últimos años, lo que de nuevo concuerda con los plan- teamientos de la teoría insider-outsider.

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RESUMEN El presente trabajo tiene como objetivo contrastar la capacidad interpretativa del modelo insider-outsider como herramienta interpretativa del mercado de trabajo español. Partiendo de la identificación de los trabajadores indefinidos con los insiders, de los trabajadores temporales con los entrantes y de los parados con los outsiders, se comprueba como resultados básicos representativos del funcionamiento del mercado de trabajo español, como pueden ser segmentación laboral, diferencias salariales, protección frente al desempleo o rotación laboral, se corresponden con los planteamientos del modelo insider-outsider.

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* Departamento de Economía Aplicada V. Universidad del País Vasco.

1 El presente trabajo se inscribe en un proyecto de investigación financiado por la Bilbao Bizkaia Kutxa en el marco de la «1ª Convocatoria UPV/EHU Œ Cajas BBK, Kutxa y Vital de Ayudas para la Realización de Estudios y Proyectos de Investigación».

2 Esta disociación es, no obstante, asimétrica: un exceso de demanda en el mercado de trabajo puede traducirse en una presión alcista sobre los salarios reales, pero, por el contrario, el desempleo no tiene porqué suponer un descenso en el nivel de salarios reales.

3 Pudiendo, no obstante, percibir algún tipo de renta sustitutiva de los ingresos salariales, como, por ejemplo, un subsidio por desempleo.

4 Suponemos que la persistencia de elevadas tasas de paro es indicativa de la naturaleza involuntaria del desempleo y que, por lo tanto, la permanencia en el desempleo no está vinculada a los procesos de búsqueda de un puesto de trabajo (por lo que no todo el desempleo existente adquiere la naturaleza de paro friccional) ni a una decisión optimizadora de los agentes relacionada con la sustitución intertemporal entre ocio y trabajo.

5 Estamos suponiendo que los costes de rotación laboral y que el poder de mercado de los trabajadores en los procesos de negociación salarial permanecen inalterados, por lo que la existencia de un exceso de oferta en el mercado de trabajo es el único elemento determinante y explicativo de la evolución de los salarios reales. Si se relaja este supuesto la evolución salarial podría venir explicada por los cambios en los costes de rotación laboral y en el poder de mercado de los trabajadores, y ello con independencia de las tasas de desempleo existentes, lo que sí vendría a confirmar la validez del modelo insider-outsider.

6 Los datos sobre el crecimiento real de las ganancias/mes de los trabajadores asalariados han sido obtenidos a partir de los datos sobre ganancias/mes recogidos en la Encuesta Trimestral de Salarios elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, deflactando la tasa de crecimiento nominal de las ganancias/mes por el índice de precios al consumo elaborado por el INE. Los datos del año 2001 se han obtenido utilizando el índice de Costes Laborales elaborado por el INE. Por su parte, los crecimientos salariales reales pactados en la negociación colectiva han sido elaborados a partir de los crecimientos salariales medios nominales pactados en la negociación colectiva suministrados por el Boletín de Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales deflactados por el IPC anual. Las tasas de paro son las proporcionadas por la Encuesta de Población Activa del INE.

7 Datos elaborados a partir de la Encuesta de Población Activa.

8 Para un análisis más detallado del contenido de las reformas laborales de los años 1984, 1994 y 1997, véase Consejo Económico y Social (1995, 1996, 1998), FERREIRO Y SERRANO (2001) y ROJO (1998).

9 La reforma aprobada en el año 2001 (RDL 5/2001, de 2 de marzo) insiste en los criterios apuntados en la reforma de 1997 al extender la figura de la contratación indefinida creada en 1997 (con un menor coste de despido) a colectivos adicionales de trabajadores. Sin embargo, también introduce una indemnización en la extinción de los contratos temporales. Los efectos sobre los salarios de esta reforma son inciertos. La brecha salarial entre trabajadores indefinidos y temporales debería reducirse tanto por el efecto generado a la baja sobre los salarios de los trabajadores indefinidos como por el efecto alcista ejercido sobre los salarios de los trabajadores temporales. Sin embargo, la situación de estos trabajadores mejoraría a expensas de los parados a no ser que se moderasen las demandas salariales de los trabajadores temporales.

10 Los datos sobre el salario mínimo interprofesional (SMI) para los trabajadores mayores de 18 años se han obtenido del Boletín de Estadísticas Laborales del Minis- terio de Trabajo y Asuntos Sociales, restándose de las tasas de crecimiento del SMI las tasas de inflación medidas por el índice de precios al consumo.

11 Los datos recogidos en el Gráfico 4 muestran el porcentaje que suponen en ambos casos los asalariados con contrato temporal en relación con el total de asalariados. Los datos proceden de la Encuesta de Población Activa elaborada por el INE.

12 Sobre las motivaciones y efectos de las reformas laborales en España y, concretamente, sobre la reforma del año 1997, véase F ERREIRO Y SERRANO (2001).

13 Datos procedentes de la EPA.

14 Datos elaborados a partir de la Encuesta de Población Activa del INE.

15 Implícitamente suponemos que los contratos indefinidos ordinarios se dirigen a trabajadores que ya disfrutaban de un contrato indefinido en otra empresa.

16 Estos contratos supusieron la firma de 126.308 contratos indefinidos en 1997, 325.295 en 1998, 379.691 en 1999, 421.726 en 2000 y 253.578 en 2001.

17 La anterior hipótesis de que eran los desempleados con experiencia laboral previa (adquirida mediante contratos temporales) los más beneficiados por el contrato indefinido de la reforma del año 97 lo corrobora el hecho de que los contratos de este tipo han ido disminuyendo hasta alcanzar en el año 2001 la cifra de 253.578 contratos firmados de esta categoría. Por el contrario, en el 2001 han aumentado las conversiones de contratos temporales en indefinido hasta las 472.600 conversiones. De esta forma, la probabilidad, de acuerdo con las definiciones anteriores de que un parado se convirtiese en indefinido bajaron hasta el 10,20%, mientras que las probabilidades de un trabajador temporal de convertirse en indefinido aumentaron hasta el 12,02%.

18 Los cuales vendrían teóricamente explicados por el poder de mercado de los trabajadores ocupados, fundamentalmente de los insiders.

19 Las prestaciones en términos anuales las hemos calculado multiplicando por 365 el importe de las prestaciones contributivas por desempleo en pesetas/día (Fuente: Anuario de Estadísticas Laborales y de Asuntos Sociales del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales).

20 Las ganancias se corresponden con la Encuesta de Salarios en la Industria y los Servicios elaborada por el INE hasta el año 2000.