Las proyecciones del indigenismo jurídico sobre la propiedad andina

Autor:Rodrigo Míguez Núñez
Páginas:767-802
RESUMEN

El presente estudio ofrece un análisis de los principales aportes del movimiento jurídico indigenista sobre la propiedad tradicional de las comunidades andinas durante las primeras décadas del siglo xx (1905-1937). En el periplo, retenemos esencial destacar el esfuerzo de los juristas en aproXImar el análisis del derecho a enfoques no tradicionales y las repercusiones que dicha corriente generó... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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Este trabajo corresponde a una versión adaptada del texto original «le proiezioni dell'indigenismo giuridico sulla proprietà andina» presentado con ocasión del segundo encuentro de estudios doctorales del programa de doctorado en culturas Jurídicas europeas, departamento de historia y teoría General del derecho de la universidad de roma tre, 12/09/2008. Agradezco a los miembros honorarios del taller de derecho civil «José león Barandiarán» de la Facultad de derecho y ciencia política de la universidad nacional Mayor de san Marcos, álvaro Bonilla concha y luis cárdenas rodríguez por la íntegra labor de traducción. Un reconocimiento especial a la gentil disposición y deferencia del personal de la sala de investigaciones de la Biblioteca central pedro zulen de la UNMSM. La investigación se ha llevado a cabo en el ámbito del proyecto de investigación «terra di scontri: alterazioni e rivendicazioni del diritto alla terra nelle ande centrali» financiado por el programa Marie curie est (6.º programa Marco). Eventuales errores deben adscribirse únicamente al autor.

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1. Conceptos: el indigenismo y sus formas

El indigenismo es un movimiento ideológico que mediante diversas expresiones posiciona al indígena en el centro de la problemática de una nación. Aspira de este modo a expresar una identidad nacional, en nuestro caso, aquella andina1. Es por ello que indigenismo y nacionalismo representan dos ideo-

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logías íntimamente ligadas, siendo ésta última la forma privilegiada que el movimiento ha adoptado en sudamérica2.

Pero más allá de ello, el indigenismo se propone durante los primeros decenios del siglo XX como bandera de reivindicación de la identidad sudamericana. Se trata de la reclamación de una identidad perdida a causa de la política oligarca de exclusión del indígena, actuada en base al trasplante acrítico del modelo colonial y republicano. El paso secular de las doctrinas occidentales terminaría, en efecto, por coronar la teoría de la superioridad de la raza blanca sobre una -conjeturada- decadente casta indígena3.

En los nuevos tiempos, el indígena es considerado en función a un nuevo paradigma según el cual las diferencias no son concebidas desde una perspectiva racial sino cultural, conduciéndonos con ello a una refleXIón de tipo antropológico. En este ámbito, el filósofo José Bengoa destaca tres elementos inseparables del indigenismo latinoamericano: la denuncia de la opresión del indígena, la búsqueda de políticas que solucionen su estado e integración social, y la divulgación del carácter mestizo, indo-americano, del continente. Se trata, por consiguiente, del rescate de lo indígena para afirmar una identidad propia, compleja, autónoma y diferenciada de la cultura occidental4.

Una consideración muy relevante debe añadirse: las medidas adoptadas por los gobiernos republicanos cancelaron el estatus de protectorado que gozaban las comunidades indígenas durante el periodo colonial; el derecho rural indígena fue abolido y las tierras protegidas ingresaron gradualmente al sistema del mercado republicano5. Este evento, al cual se suma la creciente presión territorial ejercida por la clase aristocrática y el estado, fue la causa desencadenante del movimiento indigenista moderno. En breve, el binomio latifundio-servidumbre asentó la cuestión agraria como argumento central del llamado «problema indígena». El movimiento sienta sus raíces modernas hacia fines del siglo XIX, desenrollándose en un heterogeneidad de campos -filantrópico, social, político, jurídico, artístico- en torno a los primeros decenios del siglo XX6. Dos países de

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notoria tradición colonial y basta presencia indígena, desarrollan particular- mente la corriente: MéXIco y perú.

Concentrémonos en el indigenismo peruano7. El movimiento se desarrolla progresivamente en el arco de varios siglos a partir de la obra de cronistas coloniales como Guamán poma de ayala, Garcilaso de la Vega y Bartolomé de las casas8. En su versión moderna, el indigenismo peruano nace en los últimos decenios del siglo XIX -principalmente en cuzco, lima y puno- desarrollándose como materia principal de antropología andina -influenciada particularmente por la escuela cultural norteamericana- a partir de la segunda mitad del siglo XX.

El historiador peruano José tamayo herrera afirma que el indigenismo asumió características diversas en las distintas regiones del país. En cuzco desarrolló principalmente rasgos históricos y sociológicos; en puno asumió atributos literarios, sin faltar refleXIones sociológicas o jurídicas; mientras que en lima tomó fuerza la tradición académica y el desarrollo de ideologías políticas de tipo anárquico, marXIsta y socialista9. Mirko lauer agrega una interesante distinción entre indigenismo sociopolítico e indigenismo cultural-creativo. El primero, madurado desde fines del siglo XIX hasta la década de los veinte, intenta ubicar al indígena en el centro de la historia política y cultural con programas políticos a veces radicales. El segundo, de impronta multifuncional, busca integrar el elemento indígena con el criollo a través de una serie de manifestaciones de tipo literario, gráficas, arquitectónicas y musicales10. Un somero acercamiento a la historia del indigenismo peruano nos conduce a puntualizar las primeras obras que desde diversos enfoques contribuyeron a denunciar la frágil y abandonada situación del indígena frente al sistema lati-

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fundista republicano. Los precursores de la corriente fueron sustancialmente tres: Juan Bustamante, quien en Los indios del Perú (1867) invita a la refleXIón sobre la identidad indígena peruana y la triste realidad de sus indígenas; clorinda Matto de turner y su denuncia sobre la explotación indígena en Aves sin nido (1889); y Manuel González prada y su evocación sociológica al verdadero perú compuesto por una mayoría indígena en Nuestros indios (1904).

La década de los veinte representó la época de oro del movimiento. Entre notables intelectuales, emergen figuras come José carlos Mariátegui, Víctor raúl haya de la torre, Jorge Basadre, alejandro peralta, Julio c. Tello, luis e. Valcárcel y José uriel García. En esta época se multiplican los periódicos y revistas sobre la cuestión indígena: La tea (1917) y Bolentin Titikaka (1925); Kosko (1924), Kuntur (1927) y Amauta (1926) en puno y cuzco. En lima, el grupo Asociación Pro Indígena de pedro s. Zulen, dora Mayer y Joaquín capelo, crea la revista El Deber Pro Indígena (1912-1917) con «el propósito de estudiar en sus fuentes el deber que todo hombre honrado tiene de servir la justicia y la verdad, y el deber que todo peruano tiene de amparar bajo esa bandera a la raza indígena, víctima desde hace cuatro siglos casi, de la más cruel tiranía, de la más negra explotación que registra la historia del mundo»11. Con fines símiles, en regiones surge el Grupo Resurgimiento (cuzco, 1926) y el Grupo Orkopata (puno, 1925) con luís e. Valcárcel y arturo peralta como principales apoderados12. Desde su raíz literario-social, el indigenismo asume progresivamente connotaciones de orden político (gracias al programa presidencial de leguía y a las teorías marXIstas de José carlos Mariátegui13), de denuncia social (con dora Mayer y pedro zulen en el seno de la Asociación Pro Indígena), de reivindicación apocalíptica (en el manifiesto indígena de luis e. Valcárcel14), alcanzando connotaciones anti-imperialistas a nivel latinoamericano (en la doctrina de Víctor raúl haya de la torre15). La diversidad de enfoques prolifera: de la perspectiva sociológica de Víctor andrés Belaúnde, Francisco pastor y José Frisancho, a los trabajos arqueológicos en el trabajo de Julio c. Tello. Desde los estudios etnohistóricos de luis e. Valcárcel y Jorge Basadre, a los aportes folclorísticas de Ventura García calderón, musicales de teodoro Valcárcel y alomía robles e incluso fotográficos en la valiosa obra del cuzqueño Martín chambi. Finalmente, los primeros congresos indigenistas nacionales hacen su estreno en cuzco (1934) y Jauja (1935) bajo la iniciativa del representante indígena Magdaleno chira.

Los factores que permitieron el desarrollo del fenómeno ideológico que tratamos fueron varios.

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Ciertamente incidió la atmósfera y la coyuntura política de la época. A partir de las últimas décadas del siglo XIX explotaron numerosos levantamientos indígenas a consecuencia de las fuertes cargas tributarias y de los abusos cometidos por los hacendados16. Las voces de los intelectuales y la presión derivada de los alzamientos configuraron la cuestión indígena como una constante en los programas políticos desde nicolás de pierola (1895-1899) hasta augusto Bernardino leguía y salcedo (1919-1930). Asimismo, las revoluciones meXIcana y soviética, cuyos resultados se revelan en los textos constitucionales de corte social de 1917 y 1918, tuvieron resonancia entre los intelectuales peruanos: la revolución social debía concretizarse en la reforma agraria y en el reconocimiento de las diferencias étnicas. En el plano académico, ejerce influencia el pensamiento pro-indigenista de Waldo Frank, la voz crítica de José ortega y Gasset en su Revista del Occidente y la filosofía renovada de oswald spengler en La decadencia de Occidente (Der Untergang des Abendlandes, 2 vols.: Wien 1918, München 1922). Tales tendencias encontrarán nido en el movimiento progresista marXIsta de José carlos Mariátegui y Víctor raúl haya de la torre. En europa, el evolucionismo (darwiniano y spenceriano) y los descubrimientos de la antropología inglesa y de la etnología francesa estimulan la investigación del antiguo orden jurídico. Paulatinamente, viajeros, sociólogos y...

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