Trabajo decente en el transporte marítimo

Autor:Francisco Arnau Navarro
Cargo:Consejero de Trabajo en la Representación de España ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Páginas:17-26
RESUMEN

El presente trabajo tiene por finalidad situar el CTM (2006) en el marco que desde 2000 lleva a cabo la OIT en favor de conseguir la necesaria dimensión social de la globalización en el conjunto de actuaciones a favor del Trabajo Decente. Con el fin de situar el Convenio Marítimo en tales marcos, me propongo describirlos de manera que su análisis técnico pueda quedar debidamente integrado en el más general de lo que la Organización Internacional del Trabajo «en el año de su 90 Aniversario» persigue para hacer efectivos los mismos valores de justicia social que determinaron su fundación, aunque en circunstancias económicas y sociales muy distintas a las de 1919. Si durante la Revolución Industrial la principal preocupación fue limitar la jornada de trabajo, de manera que la salud de los trabajadores quedara salvaguardada, la etapa que vivimos de globalización económica y masiva utilización de nuevas tecnologías en el trabajo implica la internacionalización del empleo y la necesidad de que de las nuevas oportunidades surgidas se aprovechen debidamente, justamente, quienes prestan por cuenta ajena o propia un trabajo. Para la Organización Internacional del Trabajo la globalización tiene un potencial saludable en tanto que promotora de economías abiertas y del consiguiente intercambio más libre de mercancías, conocimientos e ideas pero siempre y cuando seamos capaces de hacer frente a los importantes desequilibrios que están haciendo que nunca la brecha entre pobres y ricos sea tan amplia. El trabajo examina el proceso hasta la adopción de la fundamental «Declaración de la OIT sobre la Justicia Social para una Globalización equitativa», adoptada por la Conferencia Internacional del Trabajo de 2008, así como algunas actuaciones posteriores. También se analiza el papel de la Unión Europea en esta materia en el entendimiento de que es imprescindible reforzar y aumentar la cooperación internacional sobre las políticas económicas y sociales dando noticia de las distintas actuaciones a nivel europeo en este sentido hasta la muy reciente Reunión Regional de Lisboa, celebrada el mes de febrero de 2009. Finalmente, el trabajo analiza el papel realizado por la OIT en la promoción del Trabajo Decente a través de la cooperación técnica, señalando las mas importantes Conclusiones relativas a la cooperación técnica en esta materia adoptadas en la Conferencia Internacional del Trabajo en su 95ª reunión en Ginebra 2006.

 
ÍNDICE
CONTENIDO

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Introducción

La Resolución conjunta adoptada en 2001 por las Organizaciones Internacionales de Armadores y de Gente de Mar, apoyada posteriormente por los Gobiernos, señala que el sector del transporte marítimo es «la primera industria de alcance realmente mundial» que estaba necesitada de normas internacionales adecuadas. Es por ello por lo que el sector pidió a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la elaboración de las mismas.

El sector del transporte marítimo es, por definición, internacional. Por otro lado, la globalización económica en curso si bien no afecta a su esencia está condicionando su volumen, porque el 90% de los intercambios comerciales que se llevan a cabo en el mundo, que han aumentado de forma considerable como consecuencia de la mundialización de la economía, se realizan por mar.

Sus actores, la gente de mar, constituyen una fuerza de trabajo que, en consonancia con lo dicho, opera en el espacio mundial y al servicio de las transacciones económicas globalizadas. El número de personas que prestan su trabajo en el sector, que superan con creces el millón, constituye otro dato significativo que concede pleno sentido a una norma internacional de regulación laboral en el sector.

El Convenio sobre el Trabajo Marítimo, conocido como Convenio Marítimo en contraposición al Convenio Pesquero y también como Convenio Refundido sobre el Trabajo Marítimo, es el fruto de casi 5 años de trabajo aportado por los Gobiernos, armadores y marineros de todo el mundo, de forma tripartita.

Se trata del «cuarto pilar» del régimen normativo internacional que garantiza la calidad del transporte marítimo y la dignidad o decencia del trabajo prestado en el sector. Complementa los Convenios fundamentales de la Organización Marítima Internacional (OMI), como el Convenio SOLAS para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar, 1974, el Convenio de Formación, 1978, y el Convenio MARPOL 73/78 para Prevención de la Contaminación por los Buques.

Tiene la virtud este Convenio de haber actualizado otras normas ya desfasadas, pero, sobre todo, cabe otorgarle la de ser unPage 18instrumento ajustado a los tiempos actuales en un doble sentido:

Primero, por disponer de un fácil y rápido procedimiento de actualización o de adaptación a cualquier cambio que pudiera sobrevenir en el sector, en función de nuevas circunstancias acaecidas. El Siglo XXI se define por el cambio y en el mundo laboral, como señala Patrick Bolle (Revista Internacional del Trabajo, Vol. 120, 2001, núm. 4), frente a la garantía de estabilidad y perennidad anterior «ahora están cambiando rápidamente la organización del trabajo, el contenido de la relación laboral, la concepción del Estado benefactor y el alcance de la protección social». Se pregunta, además, si estamos ante una nueva cuestión social.

Es de reconocer dicha virtualidad dado que habría que advertir que, con demasiada frecuencia, las Organizaciones Internacionales son reticentes a su adaptación a los cambios pese a que éstos son los que definen nuestra época. Protegidas por el caparazón de la inercia, les cuesta a menudo someterse a la crítica de su obsolescencia que permanece en algunas de sus formas de actuar. Cuesta, por ejemplo, entender que los órdenes del día de las Conferencias Internacionales del Trabajo sean fijados con más de dos años de antelación. Ello obligará a que el Consejo de Administración de marzo de 2009 modifique, por la necesidad de estar al día con respecto a la crisis económica actual, la agenda establecida hace casi tres años para la Conferencia Internacional del Trabajo de 2009.

Pero, en segundo lugar, quiero destacar que el Convenio Marítimo es el primer intento serio y responsable para proporcionar una dimensión socialmente justa a todo un sector económico globalizado.

Es por ello por lo que esta Norma Internacional debe quedar inscrita en el marco que desde 2000 lleva a cabo la OIT en favor de conseguir la necesaria dimensión social de la globalización. Hay que ubicarla en el lema general que define hoy en día el conjunto de las funciones y actuaciones de la OIT: el Trabajo Decente.

Con el fin de situar el Convenio Marítimo en tales marcos, me propongo describirlos de manera que su análisis técnico pueda quedar debidamente integrado en el más general de lo que la Organización Internacional del Trabajo «en el año de su 90 Aniversario» persigue para hacer efectivos los mismos valores de justicia social que determinaron su fundación, aunque en circunstancias económicas y sociales muy distintas a las de 1919.

Los artículos 3 y 4 del Convenio podrían ser considerados como los más característicos del mismo en lo relativo a los principios generales que deben regir el transporte marítimo. Su redacción fue adoptada sin objeción alguna en su discusión en la Conferencia Marítima de 2006. No hubo enmiendas.

Deseo mencionar que en el debate del Proyecto del Convenio se suscitaron diversas apelaciones a la necesidad de flexibilidad de sus cláusulas. Es algo muy corriente en los tiempos actuales cuando son debatidas las normas internacionales del trabajo. A menudo se utiliza en la promoción de la flexibilidad la coartada de que sin ella las ratificaciones pueden ser escasas. El Convenio Marítimo no fue una excepción. Sin embargo, conviene recordar que fue adoptado por votación nominal con 314 votos a favor y ninguno en contra. Seguramente porque se consiguió el necesario equilibrio entre seguridad y flexibilidad.

La organización internacional del trabajo (oit) en la actualidad

Las normas internacionales del trabajo son seguramente el principal instrumento con que cuenta la comunidad internacional para lograr una globalización justa. La OIT, que asume las competencias de esta regulación internacional dentro del Sistema dePage 19Naciones Unidas, está actualmente empeñada en lograr la extensión en el mundo del Trabajo Decente. Preocupa la calidad del trabajo y no solamente la cantidad de puestos de trabajo que puedan crearse con el fin que sea respetada la dignidad de los seres humanos que lo prestan.

Si la Organización Internacional del Trabajo ha perdurado durante 90 años se debe a que, por una parte, sus valores y cometidos no han perdido vigencia y, por otra, a que ha ido adaptando su función a las necesidades que el mundo del trabajo ha ido planteando en cada periodo histórico.

Si durante la revolución industrial la principal preocupación fue limitar la jornada de trabajo de manera que la salud de los trabajadores quedara salvaguardada, la etapa que vivimos de globalización económica y masiva utilización de nuevas tecnologías en el trabajo implica la internacionalización del empleo y la necesidad de que de las nuevas oportunidades surgidas se aprovechen debidamente, justamente, quienes prestan por cuenta ajena o propia un trabajo.

Al final de la Primera Guerra Mundial se estableció una Oficina Internacional del Trabajo que sirvió de apoyo a las conferencias que organizaba la Asociación Internacional para la Legislación del Trabajo, constituida en Basilea (Suiza) en 1900. Sus primeras actuaciones las encaminó a proteger el trabajo de las mujeres en la industria y a prohibir sustancias nocivas, como el fósforo blanco en la fabricación de cerillas. Estos, entre otros, pueden considerarse como antecedentes de la OIT.

Los retos concretos que en el día de hoy se plantean en el terreno laboral son, en cambio, muy distintos a los de hace casi un siglo. Sin embargo, el fin último sigue siendo el mismo: paz mediante la justicia social. Por ello, la OIT con su «estructura tripartita» sigue siendo útil e incluso absolutamente necesaria. Se quiere conseguir la prosperidad para todos y procurar que la mundialización no dé origen a mayores desigualdades entre pueblos y personas, lo que podría amenazar de nuevo la paz en el mundo, en tanto que caldo injusto de cultivo de otros conflictos mundiales.

Hoy en día el mundo de las relaciones laborales está experimentando el mismo proceso de cambio que afecta, en general, a la economía que subyace en su propia base.

Si la coordinación entre las políticas económicas nacionales resulta obligada por la misma naturaleza de los intercambios comerciales transnacionales y la movilidad de capitales entre países, las políticas sociales y laborales exigen acciones normativas consensuadas entre los agentes sociales y los gobiernos en el plano mundial. Las diferencias entre las naciones ~culturales, políticas y económicas~ no tendrían que ser obstáculo para el acuerdo, al menos en aquellos mínimos exigidos por el carácter humano del trabajo, que sigue sin ser una mercancía más, al menos en el terreno de los principios y de los valores.

Advierte Lionel Jospin en su libro «Le monde comme je le vois» (Éditions Galli-mard, octubre 2005) que «ir hacia un nuevo gobierno mundial supone la presencia en las instituciones y voluntad política. Las instituciones existen. Condenarlas y querer suprimirlas, como reclaman ciertos altermundialistas, esperando crear ex nihilo una arquitectura internacional completamente nueva, es ilusorio y puede resultar nefasto. En un mundo en el cual el juego de las organizaciones internacionales esté paralizado se impondría la ley de la selva, la razón del más fuerte y el unilateralismo. Partamos más bien de lo que subsiste de las grandes ambiciones reformadoras del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Reformemos la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Reforcemos el papel de la Organización Internacional del Trabajo, para asegurar la toma de conciencia de normas sociales en la vida económica internacional» .

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La dimensión social de la globalización

La Organización Internacional del Trabajo sigue examinando la repercusión social de la globalización económica en curso. Al mismo tiempo, lleva a cabo actuaciones en diversos países a través de los Programas de Trabajo Decente por país. El hito inicial fue la creación de la Comisión Mundial independiente sobre la Dimensión Social de la Globalización, que fue copresidida por la Presidenta de la República de Finlandia, Sra. Halonen, y el Presidente Mkapa, de la República Unida de Tanzania. La Comisión comenzó a trabajar en febrero de 2002 y su informe se publicó el 24 de febrero de 2004. Se compuso de 26 miembros, que reunían la condición de legisladores, expertos sociales y económicos, representantes de la industria, de los sindicatos, círculos académicos y sociedad civil. Conjuntamente, reflejaban todos los puntos de vista en el debate. Surgió responsablemente una única opinión convergente: la globalización puede y debe cambiar.

La Oficina Internacional del Trabajo reconoce el potencial saludable de la globalización en tanto que promotora de economías abiertas y del consiguiente intercambio más libre de mercancías, conocimientos e ideas. Al mismo tiempo, existen desequilibrios a los que hacer frente y que se juzgan «éticamente inaceptables y políticamente insostenibles». Antes ya de la crisis se tradujeron en un crecimiento global del PIB que no repercutió en un crecimiento paralelo de los empleos en el mundo. Globalmente, el desempleo está en un nivel más alto que nunca, de forma que más de mil millones de personas están desempleadas o subempleadas, o bien son trabajadores pobres.

Por otra parte, la disparidad entre los ingresos de las personas en los países más ricos y más pobres nunca ha sido tan amplia, habiendo pasado de una relación de 50:1 en el decenio de 1960 a más de 120:1 hoy en día. Según el Informe Global Wage Report de la Organización Internacional del Trabajo sobre la evolución de los salarios en el mundo (periodos 1995-2000 y 2001-2007) los trabajadores asalariados no se han beneficiado, en absoluto, de la globalización económica que tantas riquezas ha reportado para los países más avanzados, los mismos cuyos Gobiernos han tenido que insuflar dinero público al sistema financiero para seguir vivo.

Con datos obtenidos en 83 países, que representan alrededor del 70% de la población mundial, se evidencia que mientras el PIB per cápita ha aumentado un 4,6% anual, los salarios medios no han llegado a subir ni el 2% en la mitad de los países examinados. Los salarios bajos son cada vez más bajos y, al contrario, los altos son cada vez más altos.

Por otra parte, la disparidad salarial entre hombres y mujeres se atenúa muy lentamente y sigue siendo importante.

El Informe de la Comisión Mundial es equilibrado, crítico, práctico y tiene sentido común, según el Director General de la Oficina, Sr. Somavia. Es crítico, porque declara que los beneficios no llegan a suficientes personas y que la trayectoria que siguen actualmente no es sostenible. Es práctico, porque no se trata de detener la globalización, sino de gestionarla y estructurarla con normas justas, una mayor ampliación de oportunidades, beneficios que lleguen a más gente, y costos que se reduzcan efectivamente al mínimo. Tiene sentido común, porque las recomendaciones son viables y realistas. Algunas quizás sean más difíciles de aplicar que otras, pero todas son factibles.

Principales propuestas contenidas en el informe de la comisión mundial
  1. Hacer del Trabajo Decente un objetivo global: este objetivo ha sido conseguido al ser asumido por la Asamblea General de Naciones Unidas y la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno en septiembre de 2005.

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    La idea del «Trabajo Decente» incluye cuatro dimensiones estratégicas: promoción de las normas internacionales y principios fundamentales del trabajo, evitar la discriminación entre mujeres y hombres, mejorar la protección social y fortalecer la libertad sindical y el diálogo social en el mundo.

  2. Políticas nacionales para abordar la globalización: se incluyen estrategias nacionales de reducción de la pobreza, integración nacional, Trabajo Decente en el desarrollo local y otros objetivos sociales.

  3. En los sistemas de producción global: se mencionan el desarrollo empresarial y la creación de empleo, aumentar la eficacia de las iniciativas empresariales y promoción del entorno socioeconómico adecuado.

  4. Crecimiento, inversiones y empleo. Se exige coherencia política mundial: el progreso social depende en gran medida de la evolución de la economía, las finanzas, el comercio, la tecnología, las inversiones, el entorno y otros campos conexos. Sin embargo, en los planos mundial y nacional, las políticas de estos distintos campos a menudo se aplican de manera paralela sin tener suficientemente en cuenta las interacciones que existen entre ellas. La división sectorial de responsabilidades entre distintos Ministerios Nacionales y Organizaciones Internacionales refuerza esta tendencia.

    En este contexto, el Informe de la Comisión señala que la obtención de una mayor coherencia política internacional en la búsqueda de una globalización justa e incluyente constituye una importante estrategia global para el sistema multilateral. Sostiene que la falta de coherencia política entre las políticas comerciales, de inversiones, financieras y sociales de las diferentes organizaciones explica en parte por qué la globalización no ha permitido alcanzar plenamente objetivos clave tales como equidad, oportunidades y empleo.

    Por otra parte, la necesidad de contar con políticas sociales y económicas integradas se ha hecho más urgente a medida que se ha ido intensificando la globalización. La evolución registrada en campos concretos se extendió con mayor rapidez a otros campos distintos. Por ejemplo, la crisis financiera se ha convertido rápidamente en crisis de empleo y pobreza. Del mismo modo, la mayor interdependencia entre los países hace que los cambios de política en un país, por ejemplo, modificaciones de los tipos de cambio o de los tipos de interés, produzcan cambios en las exportaciones y en el empleo en otros países.

    Por consiguiente, y a fin de subsanar esta grave deficiencia, el Informe de la Comisión propone una serie de «iniciativas de coherencia política» entre las Organizaciones del sistema multilateral. El objetivo de estas iniciativas consiste en «mejorar la calidad de la coordinación de las políticas entre las Organizaciones Internacionales en las esferas en las que la ejecución de sus mandatos coincide y sus políticas interactúan».

    Cada Organización debería actuar en el marco de su mandato y a través de sus instrumentos de política específicos. Todas las conclusiones concertadas deberían presentarse posteriormente a los órganos rectores de las Organizaciones que participen en cada iniciativa, para que las examinaran e impartieran orientaciones adicionales.

    En dicho sentido está actuando la Junta de Jefes Ejecutivos del sistema de las Naciones Unidas y el Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC). Se recalca que, siguiendo esta orientación, la OIT y la OMC han elaborado recientemente un Informe conjunto sobre la Repercusión en el Empleo de la Liberalización Comercial, que ha sido examinado en los Consejos de Administración de la OIT de marzo y noviembre de 2007, habiéndose estimado por las delegaciones, España entre ellas, como un modelo a seguir en la relación con las instituciones de Bretton Woods.

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  5. Crear una base socioeconómica: no ha sido definida con detalle esta base socioeconómica. Se sugiere, no obstante, que la misma consista en garantizar la protección social y la Seguridad Social básica en el proceso de globalización, dentro de un esfuerzo más amplio para convertir el Trabajo Decente en un objetivo mundial.

  6. La economía mundial y el movimiento transfronterizo de personas: de gran relevancia para España en tanto que país receptor de inmigración. La Comisión propuso revitalizar los acuerdos internacionales vigentes en materia de migración, desarrollar el diálogo entre los países de origen y los países de destino y preparar un proceso para elaborar un marco multilateral.

  7. Movilización para el cambio. el papel de la OIT: la OIT se encuentra en la actualidad debatiendo su «reforzamiento» en el marco del proceso de reforma One UN. Existen actualmente ocho países pilotos en los que está participando la OIT y se persigue expresamente que la «ventanilla única» prevista para la ONU no llegue a difuminar la esencia tripartita de la Organización.

Mensajes del director general en relación con el informe de la comisión

Pueden sintetizarse de la siguiente manera:

  1. «Empezar por la propia casa»: no se puede lograr con éxito una globalización justa si no existen resultados satisfactorios a nivel local.

  2. Centrarse en la equidad: se necesitan normas equitativas para el comercio, las corrientes de capital y tecnológicas, la migración y las normas laborales. Resulta urgente ocuparse de la inestabilidad de los precios de las materias primas, las cargas excesivas de la deuda, y del mayor y mejor acceso a los mercados. Ello producirá una mayor identificación nacional con las políticas de desarrollo, especialmente en los países menos adelantados.

  3. Replantearse la gobernanza global: para lograr todos los beneficios de una buena gobernanza global se necesita que sea transparente, rinda cuentas, sea democrática, eficiente y equitativa. La consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir la pobreza a la mitad obliga a que se movilice el tripartismo en pro de la acción global utilizando a la OIT como actor global.

Mención especial a África

El Informe está a la altura de las aspiraciones del NEPAD, que señala que: «la pobreza y atraso de África contrastan fuertemente con la prosperidad del mundo desarrollado. La constante marginación del continente africano del proceso de globalización así como la expulsión social de una gran mayoría de su población constituyen una seria amenaza para la estabilidad mundial». El Presidente de Tanzania, Sr. Mkapa, citando en la Conferencia de 2004 a Confucio dijo que: «en un país bien gobernado la pobreza es algo vergonzoso». Así mismo, añadió, que la faceta contra la cual la mayoría de la gente protesta es la del comercio global tal como actualmente lo gestiona la OMC.

Declaraciones sobre el trabajo decente y la dimensión social de la globalización en los organismos regionales y multilaterales

El Presidente del Gobierno de España dijo ante los delegados de la Conferencia Internacional del Trabajo de 2004 que la OIT constituye una plataforma para el debate internacional sobre las «ideas muy útiles para una reflexión estratégica» contenidas en el Infor-Page 23me de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización, añadiendo que «nuestro potencial para el futuro es inmenso. Sin embargo, la comparación entre realidades que hoy conocemos ofrece resultados vergonzosos: países inmensamente ricos y otros casi mendigos».

El Consejo de la Unión Europea, ya en marzo de 2005, animó particularmente al diálogo y la cooperación entre la Organización Mundial del Comercio, las instituciones de Bretton Woods y la Organización Internacional del Trabajo con el fin de promover un Trabajo Decente para todos. También instó a todas las demás Organizaciones Internacionales a que cooperen con el fin de promover el Trabajo Decente para todos, como instrumento para garantizar la coherencia en el fomento del crecimiento económico, el empleo y la gobernanza social en el contexto de la globalización.

La Cumbre Mundial de Naciones Unidas de 2005 definió el empleo pleno y productivo y el Trabajo Decente para todos como objetivos mundiales y elementos esenciales de las estrategias nacionales de desarrollo. Se instó en el documento final de esta cumbre a que la OIT elaborara una estrategia para movilizar recursos que sea sólida, ambiciosa y realista.

La declaración de 2008

El instrumento internacional más destacado de carácter general, aprobado últimamente por la Conferencia Internacional del Trabajo en 2008 es sin duda la «Declaración de la OIT sobre la Justicia Social para una Globalización equitativa», conocida también como Declaración de 2008. En el Prefacio de la misma el Director General, Sr. Somavia, indica que la «Declaración surge en un momento político crucial, que refleja el amplio consenso acerca de la necesidad de una fuerte dimensión social en la globalización que permita conseguir mejores resultados y que éstos se repartan de manera más equitativa entre todos. Constituye una brújula para la promoción de una globalización equitativa basada en el Trabajo Decente, así como una herramienta práctica para acelerar el progreso en la aplicación de la Agenda de Trabajo Decente a nivel de país. Asimismo, refleja una perspectiva productiva que destaca la importancia de las empresas sostenibles para la creación de más empleo y oportunidades de ingresos para todos y plantea un desafío a la Conferencia Internacional del Trabajo, al Consejo de Administración y a la Oficina Internacional del Trabajo al señalar que la Organización debería revisar y adaptar sus prácticas institucionales para mejorar la gobernanza y desarrollar la capacidad, a fin de utilizar de la mejor manera posible sus recursos humanos y financieros y la ventaja única que representan su estructura tripartita y su sistema normativo».

Europa, la OIT y la globalización: perspectivas comunes

Europa no puede esperar alcanzar el equilibrio económico y social en un mundo injusto e inestable. A medida que el ritmo de la globalización se acelera, la importancia de las recomendaciones de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización está siendo reconocida por muchos líderes políticos, empresarios, sindicalistas y líderes de la sociedad civil. Dentro de las Naciones Unidas y el sistema multilateral, los países europeos y la propia Unión se han asegurado de que se realicen todos los esfuerzos para reforzar y aumentar la importancia de la cooperación internacional sobre las políticas económicas y sociales.

Estas cuestiones se debatieron en la Conferencia sobre la Internacionalización del Empleo de Annecy en 2001, en la que se resaltó la importancia de la adopción de un enfoque internacional sobre las políticas de empleo. Se reconoció mucho antes de la actual crisis que los importantes cambios enPage 24los modelos comerciales y en la inversión, junto al rápido cambio tecnológico están causando gran turbulencia en el empleo mundial. Muchas, grandes e influyentes corporaciones están desarrollando estratégicas de «global sourcing» para aumentar la flexibilidad necesaria a fin de hacer frente a los cambios que se producen en los crecientes mercados globales de consumo. Contemplado desde una perspectiva global, esto forma parte de un proceso que da lugar a mejores niveles de vida, se dijo, aunque el impacto de estos cambios no siempre sea el mismo.

Dentro de los diferentes países, los despidos en un sector o región no conllevan necesariamente contrataciones en otras empresas. Entre países, la tendencia de los últimos años muestra que los menos desarrollados apenas atraen inversión extranjera directa, excepto en la extracción de determinados minerales.

Este informe de la reunión de Annecy sirvió de base para la Reunión de Ministros de Trabajo y Asuntos Sociales de Europa de 2005 y ofreció una oportunidad para revisar el alcance para una mayor colaboración y para identificar formas en las que pueden perseguirse objetivos comunes de forma más efectiva.

A este respecto, en la Reunión Regional de Asia Central y Europa celebrada en Budapest en 2005 se acordó que «estos elementos comunes incluyen el crecimiento y la competitividad, más y mejores puestos de trabajo y cohesión social, igualdad y justicia, así como respeto a los principios fundamentales y derecho en el trabajo». La reunión de Budapest destacó también la «valiosa relación de trabajo entre la OIT y las instituciones de la UE, las cuales pueden apoyar la coherencia de las políticas económicas y sociales en el sistema multilateral y dar forma al desarrollo de la cooperación teniendo como referencia la promoción de él en la región y en todo el mundo». La reunión Regional de Lisboa, de febrero de 2009 acaba de insistir sobre los mismos parámetros, además de orientar sobre la forma de afrontar la actual crisis de empleos.

La promoción del trabajo decente a través de la cooperación técnica desarrollada por la OIT

La OIT tiene declarado que el empleo es el motor fundamental del desarrollo. Así, la Conferencia Internacional del Trabajo en su 95ª reunión en Ginebra 2006 adoptó 38 conclusiones relativas a la cooperación técnica, pudiendo destacarse las siguientes:

- El empleo pleno y productivo y el Trabajo Decente son motores fundamentales del desarrollo y, por consiguiente, objetivos prioritarios de la cooperación internacional.

- La cooperación técnica es esencial para alcanzar los cuatro objetivos estratégicos de la Organización, a saber, la promoción de las normas y los derechos en el trabajo, el empleo, la protección social y el diálogo social, así como la cuestión de la igualdad de género, que incumbe a todas las áreas. Ello también contribuirá a reducir la pobreza y mejorar la vida de los trabajadores vulnerables.

- Los Programas de Trabajo Decente por País (PTDP), elaborados mediante un proceso de consultas tripartitas a nivel nacional, constituyen un mecanismo esencial para canalizar la cooperación técnica.

- Los interlocutores sociales desempeñan un papel esencial en el desarrollo social y económico, y su función y responsabilidades deberían ser reforzadas, por lo que la OIT ha de facilitar la participación de sus mandantes tripartitos en los procesos de programación nacionales, regionales y de las Naciones Unidas.

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- La cooperación técnica de la OIT en el ámbito del empleo debe abarcar el fomento del espíritu empresarial, la creación de empresas, la promoción de la productividad y el desarrollo de las calificaciones profesionales, en particular por lo que respecta a las microempresas y las pequeñas y medianas empresas, y la formalización de la economía informal. Debe tenerse presente la Recomendación sobre la creación de empleos en las pequeñas y medianas empresas, 1998 (num.189), el Convenio y el Programa Global de Empleo. Por otra parte, habida cuenta de la extraordinaria labor y los resultados obtenidos con el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), se exige a la OIT que siga centrándose en la eliminación del trabajo infantil y en el empleo de los jóvenes, a la luz de los ODM.

- Debe abordarse la cuestión de la emigración laboral, que esta cobrando una importancia cada vez mayor en el plano mundial.

- La libertad sindical y el derecho de sindicación constituyen la esencia de los derechos fundamentales de todos los trabajadores. La existencia de organizaciones sólidas e independientes de empleadores y de trabajadores es vital para el desarrollo.

A modo de epílogo

El sector del transporte marítimo ínternacional ha sido y esta siendo protagonista del proceso de globalización actual, caracterizado por el incremento de la competencia entre mercados nacionales. Constituye, además, un observatorio privilegiado para comprobar cómo se están localizando muchas empresas lejos de los consumidores y en fábricas, a veces diferentes, con fases productivas o de servicios a menudo distintos. Sus actores reales, empleadores y trabajadores, están en mejores condiciones que nadie para entender que la coordinación de las políticas laborales nacionales es indispensable para recuperar el empleo perdido con la recesión económica, para incrementarlo y siempre en las condiciones humanas que los Programas de Trabajo Decente de la OIT están exigiendo.

Coíncidíendo con su 90º Aniversario, la OIT ha acogido la Cumbre sobre la Crisis Mundial del Empleo dentro de su Conferencia Internacional del Trabajo de junio de 2009. Nunca antes la Organización congregó a tantos Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno como en esta ocasión. El Pacto Mundial para el Empleo, resultante de la Cumbre y de la Conferencia, persigue esencialmente el logro de la coordinación y la coherencia de las medidas laborales y económicas que vienen adoptándose en el orden doméstico nacional como condición para su máxima efectividad.

Se espera el apoyo de los países del G-20. cuya reunión de abril de 2009 en Londres derivó en un llamamiento a la OIT para llevar a cabo la evaluación de las medidas adoptadas y para que proponga las que fueran necesarias en el futuro (punto 26). No parece que sería positivo que en la concertación social nacional, que se lleva a cabo en muchos paises, los interlocutores sociales dieran la espalda a lo que ellos mismos han consensuado en Ginebra en la Conferencia de junio. En la OIT está representada la economía real mundial y debidamente estructurada para dialogar, concertar, regular y, además, controlar la aplicación de las Normas Internacionales del Trabajo, muchas de ellas, como el Convenio de Trabajo Marítimo, señeras en el camino para conseguir la dimemsión ética de la globalización compatible con una enconomía efectivamente productiva.

Las políticas laborales deberían salir ya del recinto cerrado de las tradiciones nacionales en el que se han desarrollado. Habría que impulsar patrones comunes en los países,Page 26en consonancia con la realidad actual de la mundialización, y al servicio de la dignidad universal del trabajo.

Conclusión: el bienestar de la gente de mar

A su bienestar se refiere una de las Resoluciones adoptada por la 94ª Sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo, Marítima, de febrero de 2006. Es la finalidad última del Convenio Marítimo en tanto que promueve condiciones de trabajo y de vida decentes.

Es también el objetivo de cualquier Norma Internacional del Trabajo para la población laboral. Queda en manos de los agentes sociales y de los Gobiernos su efectiva promoción y aplicación en la práctica.