Las reformas de los sistemas de pensiones en la Unión Europea: perspectivas a medio y largo plazo

Autor:George Fischer
Cargo:Director General de Empleo, Política Social e Igualdad de Oportunidades de la Comisión Europea.
Páginas:207-229
 
CONTENIDO

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Voy a intentar a lo largo de esta presentación, explicar el interés que de manera renovada está volviendo a ocupar en los trabajos de la Unión Europea todo lo relativo a los sistemas de pensiones debido a las implicaciones del envejecimiento demográfico y más recientemente como consecuencia de la crisis.

En el centro de la preocupación de los Estados miembros y de la Comisión en la reflexión europea, se encuentra el hecho de que las pensiones en los países de la UE se encuentran bajo presión: se han producido desequilibrios entre el aumento de la longevidad y la reducción de la edad efectiva de jubilación. Desde el año 2000 se ha invertido la tendencia, pero en muchos países la gente aún sale del mercado laboral antes que en 1970. Se acelera el envejecimiento de la población: aumenta la longevidad y se reduce la tasa de natalidad. A partir de 2012 la población en edad activa de Europa comenzará a reducirse, como puede verse en los gráficos de evolución de la estructura demográfica de las diapositivas 2 y 3.

Muchos Estados miembros han reformado sus sistemas de pensiones para hacer frente a este cambio. La crisis económica y financiera ha complicado la situación: pérdidas en los fondos de pensiones, deterioro del presupuesto público e impacto en el empleo.

Por otra parte, uno de los temas centrales en estos trabajos, es el seguimiento regular de las tendencias o cambios del gasto público en pensiones en relación a su peso en el PIB. Los datos de la diapositiva 4 muestran las proyecciones recogidas en el informe sobre el envejecimiento 2009 entre los años 2007 y 2060. Esta evolución junto a un incremento en la proyección de gasto a medio y largo plazo, contempla una gran diversidad de situaciones nacionales, desde países que reducirán su peso sobre las pensiones en el PIB en las próximas décadas, a otros en los que se esperan incrementos importantes respecto de su situación actual. Todo ello ilustra la necesidad de hacer un seguimiento de dicha evolución y del impacto sobre la misma de los procesos de reforma de dichos países.

En este contexto resulta oportuno abrir un debate público sobre si es necesario desarrollar -y en tal caso, de qué manera- el marco de la UE en materia de pensiones para

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prestar a los Estados miembros el mejor apoyo en la difícil tarea de garantizar a sus ciudadanos unas pensiones adecuadas, sostenibles y seguras, ahora y en el futuro. Este proceso lo lleva a cabo la Comisión Europea, a través del Libro Verde sobre pensiones. Como se trata de un Libro Verde, en esta fase no se hacen propuestas concretas.

Ahora bien, como todos Vds. conocen el diseño de los sistemas de pensiones corresponde a los Estados miembros. Existen áreas donde la Unión Europea tiene funciones de regulación. Una de ellas es la seguridad de los fondos de pensiones, porque los fondos de pensiones son productos financieros; son parte del mercado financiero y parte del mercado interno, así que es en este área donde Europa tiene a un tiempo funciones reguladoras y de supervisión. Esto no sucede con las pensiones de la Seguridad Social. Las pensiones de la Seguridad Social no forman parte, formalmente, de los presupuestos del Estado, pero sí de las finanzas públicas. Esta es la distribución competencial en términos de regulación, con una excepción, dos excepciones si contamos la responsabilidad de los Estados miembros. Mis fondos de pensiones a largo plazo son productos financieros; y son también responsabilidad de Europa.

¿Cuál es, por tanto, esa excepción en la que Europa tiene una responsabilidad sobre las pensiones públicas de la Seguridad Social? La mayoría de ustedes lo sabrán: es la coordinación de los Sistemas de Seguridad Social. Y la pregunta de qué pasa si trabajo en Bélgica, Austria, España, el Reino Unido y Francia, y cómo puedo estar seguro de mi derecho a percibir una pensión... privilegio que no pierdo en términos de derecho a pensión aunque haya trabajado entre 30 y 45 años en Austria, que es de donde yo vengo, cinco años aquí, cinco años allá, en un país determinado... Esta es una responsabilidad de la UE en materia de regulación: garantizar que una persona no pierde sus derechos en materia de pensiones.

Viene entonces el segundo área en el que la UE tiene esta función reguladora: es combatir la discriminación; igual que desempeña un papel en cualquier otro área de la vida política pública, la UE tiene un papel en la lucha contra la discriminación. Y en este momento no es muy popular en Grecia y en Italia porque la UE ha pensado que parte de los fondos que estaban destinados a las pensiones discriminaban a las mujeres o a las personas con una orientación sexual diferente. En ocasiones leemos algo sobre esta función antidiscriminación, pero no se profundiza mucho en el tema. No es, en el fondo, un asunto vital en el sistema de pensiones. Es un tema delicado, del ámbito de los derechos humanos, pero no tiene un peso decisivo en el contexto del sistema de pensiones. Podríamos decir también que la UE tiene una función jurídica, en el campo de las leyes laborales, y como parte de esta función surge otra cuestión: ¿Qué ocurre si una empresa promueve un sistema de pensiones, de nuevo un sistema de pensiones con aportación, y de pronto se declara insolvente y se va a la bancarrota? ¿Qué sucede con los derechos de la gente? Este es otro área donde la UE tiene que asegurarse de que la gente no sale perdiendo.

Y teníamos otro apartado donde la UE tiene una responsabilidad política, aunque estos sean ámbitos donde la UE no tiene un poder legal, porque desde el punto de vista jurídico no tiene ningún poder sobre los sistemas de pensiones. Es lo que se llama coordinación de políticas. Y quisiera mencionar aquí esto sólo de pasada y, si están interesados, podemos discutirlo más tarde. Pero en este preciso momento, en el área de coordinación de políticas, tenemos una cuestión de gran importancia. En este momento se está elaborando lo que llamamos Informe Conjunto sobre estrategias nacionales en el ámbito de las pensiones, un informe que corre a cargo de algunos comités de la UE, el Comité de Protección Social (CPS), junto con el Comité de Política Económica (CPE). El CPS, que es más bien el Comité de los ministros de pro

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tección social, ministros de trabajo y el CPE, que es más bien el Comité de los ministros de economía... En este momento tratamos de hacer juntos un análisis del sistema de pensiones de cada país, con sus principales retos. Ya se imaginarán que esto no es tarea fácil: hay que ponerse de acuerdo con el ministro de economía y hacer una valoración del sistema de pensiones de cada país, porque también en este caso la cuestión es tener una visión conjunta y esto es, según creo, el verdadero reto y la verdadera dificultad, pero también el aspecto más importante. Porque, si tenemos en cuenta las pensiones, estamos teniendo en cuenta al resto de los sistemas de protección. Quiero decir, hay otras pensiones que bastan para que la gente viva de ellas y que sustituyen sin problemas a los ingresos anteriores, pero esto no sirve si el sistema no es sostenible. Si lo desean, puedo volver sobre este asunto más tarde. Esto es lo que hay que hacer, y hay que hacerlo a través del trabajo conjunto de los ministros de protección social y de economía que forman parte de estos comités. Y diría también a principios de junio, que bajo la Presidencia Española que ha terminado hace sólo unos días, el Consejo de ministros de economía, el llamado consejo de ECOFIN y el Consejo de ministros de empleo y asuntos sociales, EPSSCO, adoptaron un informe provisional y creo -no me voy a poner demasiado técnico- que sin los esfuerzos de la Presidencia Española y la buena cooperación de los frentes de protección social y de los ministros de economía no hubiera sido posible elaborar este Informe Conjunto, porque no es fácil reunir a los 27 Estados miembros, con sus ministros de asuntos sociales y de economía, para acordar lo que sea. Y para eso hace falta una presidencia sólida. Y gracias a la Presidencia Española hemos conseguido hacerlo: habrá un informe definitivo sobre esta cuestión en diciembre, bajo la Presidencia Belga. Vuelvo a los dos ministros. De esto se trata, de esto trata el proceso de coordinación, ya lo he mencionado antes. Está la cuestión de la coordinación de la que he hablado ya en una conferencia en Berlín. Y la coordinación sobre finanzas públicas. Y estos son dos asuntos importantes para la coordinación de políticas, dos asuntos en los que la UE tiene algo que decir, aunque su papel no sea legislativo sino de coordinación. Europa sólo puede coordinar, proponer, recomendar. Pero no puede decir «tienes que hacer esto», como hacemos con las leyes, aunque no lo digamos así. Los procesos de coordinación son muy importantes, creo que los Estados miembros los valoran mucho porque les ayudan a pensar, a reflexionar, a impulsar reformas que son difíciles e impulsar cuando esto se aborda sólo a escala nacional. A veces es bueno decir «Bruselas nos pide que hagamos esto; Bruselas dice que tenemos que hacer aquello». Así que ese es el papel de Bruselas, ayudarnos a impulsar las reformas, y esa es una parte muy importante de nuestro trabajo.

En el Libro Verde sobre Pensiones, se unen por primera vez en la historia de la Comunidad Europea, o al menos es una de las escasas ocasiones en que se han unido, las tres perspectivas: la de los ministros de protección social que desean que haya pensiones para todos de una forma que resulte sostenible a largo plazo; la de los ministros de economía, para que las pensiones no amenacen la estabilidad general y la sostenibilidad de las finanzas públicas; y, en tercer lugar, la perspectiva del mercado interno. Existen sistemas de pensiones, como ya he dicho, sobre todo los planes privados, que al formar parte de los mercados financieros, tienen su propia regulación. En las Direcciones Generales estamos trabajando en esto: la Dirección General de Trabajo, Empleo e Inclusión Social, la Dirección General de Finanzas Públicas y Economía Política y la Dirección General de Mercados Internos. Y hay tres Comisionados trabajando de forma conjunta en este Libro Verde, y puedo decir con satisfacción que la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales dirige este trabajo. Esa es mi Comisión, la Comisión a la que pertenezco.

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A esto tratamos de darle un punto de vista holístico. Tratamos de no contemplar cada aspecto por separado, sino los tres en conjunto, de forma integral. Y esto me parece interesante porque permite ver mejor las distintas áreas en las que actúa la UE, y ver también cómo contribuyen a los objetivos comunes de otras pensiones sostenibles.

Como ya he dicho, me gustaría destacar que el Libro Verde no pretende dar consejos. Lo que pretende es invitarles a ustedes, a los ciudadanos, a la sociedad, a los agentes sociales, a los 27 Estados miembros... a comentar, a que traten de decirnos qué piensan que deberíamos hacer. Y nuestra intención es suscitar un debate que parta del momento de la publicación, la semana pasada (julio de 2010), y se extienda hasta mediados de noviembre, el 15 de noviembre más o menos. Un período de concentración bastante largo, y en el que veremos un gran número de acontecimientos. Naturalmente, en el CPS discutiremos los papeles verdes. Los discutiremos también en el foro de pensiones. Esta es la nueva plataforma en la que se encuentran los expertos. Celebraremos una conferencia de gran importancia el 29 de octubre, donde también hablaremos de ellos. El Parlamento Europeo dará su opinión al respecto, también el Comité de las Regiones y el Comité Económico y Social de la UE, darán su opinión. Y espero contar también con los puntos de vista de los agentes sociales europeos, las organizaciones de todos los pueblos, los agentes sociales de cada país, por ejemplo. Así tendremos un punto de vista equilibrado; es muy importante para nosotros contar con puntos de vista y posturas diferentes.

Y ahora quisiera presentarles brevemente el contenido de este documento. No voy a exponer las 14 preguntas, desde luego, pero sí me gustaría ofrecer un pequeño esbozo de los tres aspectos que pretende cubrir el Libro Verde.

En primer lugar, se dedicará a los asuntos más estratégicos: ¿Para qué son los sistemas de pensiones, cómo puede contribuir la UE...?, porque como ya he dicho las políticas de pensiones no se elaboran en Bruselas sino en Madrid -me imagino que es en Madrid-, o en Viena o en Berlín o en Dublín. La cuestión es: el papel de la UE, ¿Se limita a ayudar? ¿Hasta dónde debe llegar? ¿Cuán sólida debe ser la coordinación? ¿Debemos estar más cohesionados de lo que estamos ahora? ¿Debemos ser más firmes en nuestras recomendaciones? ¿Qué debemos ofrecer a estos Estados miembros? ¿Debemos ser más sutiles? Y todo ello en cuatro áreas fundamentales, lo que hace que las cuestiones básicas sean también cuatro.

Nos preguntamos por la adecuación, por ejemplo, ¿Debe la Unión definir más claramente lo que es una pensión pública? ¿O debe dejar que cada uno de los Estados miembros lo delimite y compare sus propios resultados con los de otros países? No estoy diciendo que ya tenga una respuesta. Podrían ser ambas. Quiero decir, ya se ha estudiado el tema de la tasa de reemplazo o el tipo de pensión al que debemos aspirar. O podríamos decir que no, que tal vez es mejor la opción de la ayuda porque después de todo la UE es una unión social, y no una mera unión económica. Pero nunca habrá una legislación a este respecto porque la UE no tiene competencia en este terreno. Nunca se podrá decir «las tasas de reemplazo tienen que ser esta y aquella...» a menos que hagamos un cambio fundamental en nuestros Tratados. Pero hay algo que quiero dejar muy claro: la UE no tiene competencia para decir, por ejemplo, cuál debe ser la tasa de reemplazo. No obstante, podemos tener una cifra en la cabeza, una determinada idea, y describirla con más detalles de lo que nos sería posible en este momento. Que estemos satisfechos con cómo son las cosas o no lo estemos servirá para ilustrar el funcionamiento de estas preguntas. Claro que no voy a hacer esto con cada una de las 14, pero con una en concreto estoy seguro de que habría mucha diferencia de pareceres.

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La segunda aborda de manera similar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, hasta dónde debemos llegar con esto, cuál es el impacto de la demografía y de las finanzas públicas. La tercera habla de las relaciones, como decíamos al comienzo, entre lo prolongado de la permanencia en un trabajo y lo prolongado de la etapa de la jubilación. Vemos que todos los Estados miembros están reformando sus sistemas. Algunos Estados miembros han optado por incrementar las pensiones para compensar esto.

Y creo que hay un debate en marcha en torno al retraso en la edad de jubilación. Varios Estados miembros han prolongado ya la edad en de jubilación de los 62 a los 65 años, otros de los 65 a los 67. En el Reino Unido será de 68 en el dos mil cuarenta y tantos. Así que, claro está, la mayor parte de los Estados miembros no elevan la edad de jubilación de la noche a la mañana: lo hacen con mucha antelación. Y hay otra forma de hacerlo: con lo que llamamos mecanismos de ajuste. Los agentes sociales holandeses, por ejemplo, los sindicatos y la patronal, han decidido presentar una propuesta al nuevo gobierno. Acaban de celebrar elecciones, así que ahora están haciendo propuestas al nuevo gobierno, que aún no ha tomado posesión del cargo, dos de ellas muy interesantes. Proponen llevar la edad de jubilación a los 66 años, creo, en 2021 y a 67 en 2025 ó 2026. Pero entonces, y esto es aún más interesante, sugieren que se haga un estudio, cada cinco años, sobre el aumento de la esperanza de vida (si es que se ha producido éste) y, si ha aumentado más allá de una determinada cifra, se aumenta también la edad necesaria para jubilarse. Vemos que lo planean con diez años de antelación. Y es muy interesante que hayan llegado a esta conclusión los sindicatos y los empresarios, algo que no es fácil que suceda en otros países, parece ser. Yo he pasado muchos años de mi vida trabajando en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y en el Ministerio de Economía, en Austria. Y recuerdo que siempre es difícil proponer un cambio sustancial en la edad de jubilación, para retrasarla: es un debate político delicado. Es una lucha denodada. Todo el mundo tiene puntos de vista muy arraigados. Se contempla como el incumplimiento de una promesa. Así que, tal vez, un sistema en el que los ajustes en la edad de jubilación se hacen en pequeños pasos, paulatinamente, tiene la ventaja de que no se necesita poner en marcha un cambio brusco cada 15 años suscitando un enorme debate. Y eso también podría ser una ventaja.

Entonces, el Libro Verde dará lugar a unas cuantas preguntas al respecto. ¿Es una buena idea aplicar estos mecanismos de ajuste? Hay algún otro sistema, en otros Estados miembros como por ejemplo el mío, Alemania, que establece que el gobierno debe publicar cada cinco años «un informe» en el que se revisen los parámetros básicos de los sistemas de pensiones y, si hay un desequilibrio, ¿El gobierno deberá presentar una propuesta? Es un sistema menos vinculante, pero tal vez más democrático. Así que también tiene sus ventajas, porque obliga al gobierno a tomar una decisión en materia de política para la resolución de problemas, en lugar de buscar mecanismos automáticos que se adelanten a su resolución. Porque si hay un desequilibrio en el sistema de pensiones, este podría resolverse de varias formas: aumentando la edad de jubilación, se podrían reducir los beneficios y aumentar las contribuciones. Pero hay otras posibilidades. Deberíamos preguntarnos por ellas.

Y, finalmente, en el área de política general, también tengo que decir que es fácil hablar de aumentar la edad de jubilación, claro, ya lo sabemos, y de reformar los sistemas de pensiones; pero también tenemos que tener trabajo. Así que aquí surge otro tema: ¿Cómo puede Europa crear más puestos de trabajo para todos? Y esto nos lleva, naturalmente, de vuelta a algo de lo que ya he hablado antes: combatir la discriminación. ¿Cómo podemos garantizar que no se discrimina a nadie en el mercado laboral? Lo que quería

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mostrarles es que estamos haciendo pequeños progresos. Diapositiva 12: Esta es la tasa general de empleo, que ha aumentado entre los años 2000 y 2008. Corresponde a la Europa de los 27. Aquí vemos el panorama mundial alguien como yo, entre los 55 y los 64 años. Puede verse que el incremento es superior al que se ve en la tasa de empleo. Las mujeres (female) de entre 55 y 64 años. El nivel es mucho más bajo, pero el incremento es importante. Así que cuando hablamos de garantizar que todo el mundo pueda trabajar, que todo el mundo tenga acceso al trabajo, no hablamos de algo imposible. Es algo que ya está pasando. Pero el asunto es qué podemos hacer para impulsarlo, para hacerlo más fácil. Hay muchos temas pendientes. Naturalmente, tenemos que contar con lugares de trabajo que se ajusten a las necesidades de los trabajadores de más edad. Está la cuestión de la salud y la seguridad en el trabajo. Está la cuestión de la formación. Son muchas cosas. Y naturalmente, está el Fondo Social Europeo, que puede ayudar. Lo que me gustaría de verdad es que se generase un debate abierto sobre estas nuevas ideas, cuando Europa pueda hacerlo. Y hemos decidido transferir esta cuestión a la nueva Estrategia de Europa 2020, una Estrategia de la Unión Europea adoptada ahora en junio en el Consejo Europeo, bajo la Presidencia Española. Se trata de una Estrategia para el crecimiento y el empleo que busca objetivos realistas y sostenibles que incluyan a todos. Si desean decir algo sobre esto, lo podemos discutir más tarde.

Hay varias áreas en las que el Libro Verde suscitará alguna pregunta. Una de ellas, se refiere a los obstáculos que encuentra la movilidad (diapositiva 14). Europa 2020 me ayudará a mostrarles la importancia de este asunto. Sabemos que Europa necesita mercados más dinámicos, donde la gente se mueva más, una Europa en la que la gente se desplace allí donde está el trabajo. Y que haya un deseo de hacerlo. Esto se puede ver en los jóvenes que participan de los programas Erasmus. Podemos ver que hay un deseo de moverse y tenemos algunos sectores y profesiones donde esto está a la orden del día, por ejemplo entre los investigadores, en el sector de las TIC... Sin embargo, también está aumentando la estacionalidad. Los trabajos no son tan buenos, pero hay más. Y eso no es todo: los jubilados también se mueven. Mucha gente del norte viene a España por su clima. Y vemos que otras zonas de Europa se están convirtiendo en algo parecido a España: Bulgaria, por ejemplo... Muchos alemanes se van a Turquía. Turquía no es miembro de la UE, pero hay mucho movimiento entre una y otra. ¿Por qué sucede esto? Porque la gente vive mucho más. La esperanza de vida ha aumentado mucho y, si uno puede vivir 20 años después de jubilarse, hay que pensar dónde se van a pasar. Todo esto suscita otras cuestiones, (diapositiva 16) como la forma de adaptar los sistemas de pensiones a la movilidad. Hay dos maneras de hacerlo: una, contar con fondos de pensiones europeos, y hay un instrumento jurídico que permite contar con fondos de pensiones europeos, que es la Directiva de los Fondos de Pensiones (IORPs). Y luego, el incremento parece muy atractivo, pero los números siguen sin ser suficientes. Luego está la cuestión de qué podemos hacer, qué debemos hacer para que todo sea más fácil, más simple... si debemos aumentar la popularidad de los fondos de pensiones europeos, si van a ser sólo un complemento a las pensiones del Estado.

Y otra cuestión, más popular, o por lo menos más extendida, es qué vamos a necesitar para conseguir que la gente se mueva. Si tienen asegurada una pensión en su país, pueden disfrutarla allí donde estén, pero contar con un fondo de pensiones europeo que me permita disfrutar de la pensión allí donde uno vaya, en cualquier parte de Europa, es una opción que sólo tienen unos pocos. Vamos a preguntarnos si estamos satisfechos con esto, ¿Cómo puede una persona llevarse consigo su derecho a disfrutar de la pensión... Sabemos que el sistema de coordinación de la

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Seguridad Social funciona bien, espero que convendrán conmigo en esto. Ya sé que hay algunos problemas pero, básicamente, funciona. Normalmente, con la tarjeta sanitaria europea, la gente puede disfrutar de sus derechos en cualquier parte. Con las pensiones sucede lo mismo. Pero aún hay casos donde surgen problemas, y no sólo para aquellos que han estado trabajando en otros países por un período corto de tiempo. Y este es un área en el que la situación debe mejorar, aunque la cuestión más preocupante sea el derecho a pensiones contributivas y, en cierta medida, los derechos individuales a la pensión... Hay muchas preguntas sobre qué debemos hacer, cómo mejorar la situación, etc.

Ya sabrán que lanzamos una iniciativa que se llamó Directiva de Portabilidad que pretendía regular la posibilidad de trabajar en varios Estados miembros y tener, además de la pensión pública que se deriva de mi trabajo, vamos a suponer, una pensión de la empresa, o del sector profesional. Esto no cambia si yo me traslado: ahí puedo estar seguro de que no voy a perder nada con el esquema de pensiones vigente. Tenemos inversiones a largo plazo, tenemos una previsión para proteger el derecho a la pensión que no pone fácil a la gente el traslado de un país a otro, pero les permite mantener su derecho a percibir la pensión... pero, desgraciadamente, esta Directiva ya está en el Consejo, así que hay una serie de asuntos relativos a la forma de abrir este proceso, porque en nuestro campo es una cuestión muy importante. Y llegamos a la tercera cuestión: la seguridad de los fondos de pensiones. En primer lugar quiero mostrarles que, en este momento tal vez -este es un gráfico de mi colega de la OCDE- (diapositiva 17) los fondos de pensiones no tienen la misma importancia en unos países que en otros. La diferencia entre países es enorme. En algunos son importantes, como sucede en Holanda, Dinamarca, Irlanda, el Reino Unido, Finlandia y Suecia. Este es el panorama actual. Pero aquí, y vuelvo de nuevo al gráfico, esto no se ve con claridad.

Lo que sí se ve claramente es que la importancia de los fondos de pensiones ha aumentado enormemente en algunos Estados miembros, sobre todo en Europa Central y del Este, y que en este momento, los fondos de pensiones no son importantes para quien ya está jubilado, pero lo serán dentro de 20, 30 ó 40 años. ¿Por qué? Porque en esta parte del Estado, la Seguridad Social se ha transformado en un fondo de pensiones. Esto también ha sucedido en Italia y en Suecia, pero a escala mucho menor. En algunos países de Centroeuropa, casi un 30 o un 35% de las pensiones públicas se basan ahora en un modelo de aportación individual. Y esto suscita el tema de la seguridad de las pensiones. Vamos a reflexionar sobre esto. Quiero también aclarar que es importante tenerlo en cuenta, porque es posible que en el pasado la Comisión Europea dijera otras cosas. Pero hoy, en el Libro Verde, la Comisión Europea no se posiciona en cuanto a si es mejor que las pensiones se basen en las aportaciones que se hacen a un fondo o en el modelo del «reparto», o si es mejor que sean públicas o que no lo sean. Esto es algo que cada país debe decidir. La UE no tiene competencia para hacer recomendación alguna a este respecto. De modo que, no se trata de que la Comisión Europea desee fomentar estos fondos de pensiones de los que tanto hablamos por una cuestión de seguridad, sino porque están aumentando. E incluso en un país como Alemania, donde tenemos un Sistema de Seguridad Social tradicional muy arraigado, los alemanes esperan que, en un plazo comprendido entre los 30 y los 40 años, un 20 o un 25% de su paga procederá de las pensiones que dependen de su trabajo y de los fondos individuales. Así que es importante tener esto en cuenta, no sólo porque nos digan que tenemos que hacerlo: si me piden opinión, yo les daré mi opinión al respecto, pero no es eso a lo que he venido. Esta es la tendencia que está imperando y, por ello, nos hacemos preguntas y suscitamos debates en torno a la seguridad de las pensiones.

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Y hay básicamente tres ámbitos en los que nos hemos fijado y que aparecen en el Libro Verde: ¿Cómo se obtienen los fondos monetarios para las pensiones?, algo que no sólo tiene importancia para los fondos de pensiones sino para el llamado plan definido de beneficios. ¿Y los costes sanitarios, que -podría decirse- tienen los fondos suficientes como mantener esta promesa? Así que si nos prometen que, cuando nos jubilemos, obtendremos un 15% de nuestra pensión complementaria, esto supondrá un 15, o un 20% del salario de los últimos 20 años, sea cual sea. Naturalmente esto no es fácil de calcular, así que no voy a explicarles esto porque es algo que pertenece a un futuro aún lejano, pero no tenemos idea de cuánto dinero vamos a necesitar en realidad dentro de 20 años para sufragar este programa, así que no se trata de decir, «hacen falta cien mil millones para fundamentar esta promesa, o vamos a necesitar 100.000 euros por individuo...». No. Una de las cosas que necesitamos son unas reglas que nos permitan calcular estas obligaciones, pero aún teniendo las reglas, la cuestión seguiría siendo si hay bastante dinero en los fondos para garantizar que pueden pagarse las pensiones. Está también la cuestión de las solvencia de los fondos y su regularización; hace poco la UE ha adoptado una nueva Directiva sobre la regulación de la solvencia en materia de seguros, donde el problema es similar. También es necesario fundar las promesas futuras. Y la cuestión es cómo adaptarse. Porque nadie en Europa, al menos en Bruselas, cree que se puedan asumir los mismos papeles que se han asumido para las aseguradoras, para los fondos de pensión, porque la naturaleza de la promesa es diferente, y porque también lo son los cometidos de los agentes. Pero aún así es necesario regular, y esto ha quedado ilustrado de sobra por lo que sucedió con la crisis financiera, por ejemplo, en Irlanda, donde de repente una serie de fondos de pensiones quedaron en posición de déficit. Así que nos concentraremos en esto y nos preguntaremos cuáles serían las reglas adecuadas para la pensiones.

Y otro tema parecido, aunque no tan importante, que ya he mencionado antes, es este: ¿Qué pasa si tengo un fondo de pensiones de la empresa y la empresa queda en la bancarrota? También necesitamos regular eso. Promesas y pensiones. Durante un período de tiempo muy prolongado esto ocupó un párrafo muy pequeño de una Directiva que estudia lo que sucede si la empresa quiebra, mientras el resto del documento habla de los salarios. Hay un artículo sobre los fondos de pensiones. Pero, según parece, no era suficientemente bueno, porque en una serie de países tenemos una situación en la que los empresarios eran insolventes y no había dinero en el fondo de pensiones para cubrir los derechos de los trabajadores a percibir una pensión, y hubo un juicio que fue muy sonado en el Tribunal Europeo de Justicia, el llamado caso Robbins, un caso del Reino Unido que llegó al Tribunal Europeo, donde se establecieron los niveles mínimos de obligación de los Estados miembros, su obligación de proteger, quiero decir. El documento no dice que un empresario tenga que hacer esto o lo otro. Lo que dice esta Directiva es «los Estados miembros tienen que hacer algo para proteger a sus trabajadores». Y en el Reino Unido ha habido una reacción a este juicio: se implantó el llamado fondo de protección de las pensiones, que es una especie de seguro para los empresarios. Los empresarios pagan una contribución y, si el empresario va a la bancarrota, el fondo de protección de pensiones cumple el compromiso contraído. En Alemania, funciona de forma parecida, no exactamente igual, pero parecido: es una especie de seguro. Los empresarios se autofinancian para «enfrentarse a» lo que suceda si la empresa quiebra y los derechos a percibir una pensión por su trabajo dejan de estar garantizados. Pero esto es sólo una solución, y también haremos una consulta respecto a este tema, respecto a lo que debe hacer la UE. Porque esto, en comparación, es sencillo.

El asunto más espinoso para la Unión Europea son las promesas que se hacen en

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torno a las pensiones, que no se hacen en virtud de un beneficio definido. Hay promesas en cuanto a las llamadas pensiones contributivas, de forma que uno paga, forma parte de un sistema y cuando sale de él se le devuelve lo que ha pagado. Pero los resultados no están asegurados. Y esto no es necesariamente un problema cuando se es rico y decide hacerlo así, ¿verdad? Pero si no se es rico, hay que vivir de la pensión. Y las cosas pueden salir bien, y tener la posibilidad de recuperar bien la inversión, que es lo que sucede cuando se «tiene una buena pensión», o que la tasa de recuperación sea negativa. ¿Y qué sucede si uno se jubila en un momento de crisis y el capital se ha reducido a la mitad? O si uno dice, bueno, yo tengo un buen sueldo y voy a jugar un poco a invertir, por qué no. La pregunta entonces es si esto es realmente parte de un plan de pensiones de verdad.

Por el momento, vemos que hay muy pocos casos así en algunos Estados miembros: en muchos de ellos está bien regulado y en otros no tanto. No hay regulación ni supervisión a escala europea en esta materia y aquí también podríamos preguntarnos de nuevo, ¿Por qué tiene Europa que interferir en este asunto? Vale, forman parte de los mercados financieros y, en cierto modo, Europa tiene la obligación de hacer algo, porque se trata de un producto financiero y puede negociarse más allá de las fronteras, así que es responsabilidad de Europa, Europa puede dar algún paso para llenar este vacío o puede decir no, vamos a dejar que sean los Estados miembros quienes lo hagan, en el fondo no es asunto nuestro. Así que vamos a hacer también una ronda de preguntas a este respecto. La primera, que no es una pregunta explícita, pero ocupa una sección completa del Libro Verde (la dedicada a la seguridad de las pensiones) es esta: ¿Hay que llamar pensión a todo? Por el momento, vamos a decir que sólo los sistemas contributivos donde -pongamos- se invierte un 5% del salario en un fondo de pensiones para tener un capital determinado al jubilarse, que podemos coger y hacer con él lo que queramos. Esto se llama un fondo de pensiones. Y en algunos países esto es incluso obligatorio. Pero tiene poco que ver con lo que solemos llamar «pensión». Normalmente llamamos pensión al pago que uno recibe hasta el final de su vida y desde el momento de la jubilación. Esto es una pensión, o al menos es lo que siempre he pensado que era una pensión. Yo he crecido pensando que una pensión era esto. Y esta duda sí que late en esta sección del Libro Verde. ¿Debería Europa decir que una pensión es algo que uno obtiene, en forma de paga regular, hasta que muere, tanto si vive 40 años como si vive 5? ¿Una asignación? ¿O debe Europa mantenerse al margen y decir a los miembros que si ellos quieren llamar pensión a un plan de ahorros en forma de inversión que les permita acumular una cantidad, la que sea, para cuando se jubilen, también vale? También en este caso el asunto es la competencia legislativa: ¿La tiene Europa, en este caso? Puede que no. Puede que sí. Pero hay otras muchas cosas que puede hacer Europa para promocionar otras formas de pensiones y evitar su definición restrictiva. Y no se reducen a no hacer nada o hacer leyes: existen códigos voluntarios, existen directrices, existen recomendaciones. Quiero decir, hay muchos instrumentos mediante los que Europa puede aconsejar sin imponer límites. Así que hará falta paciencia en la cuestión de si Europa debe llegar más lejos, y cuánto más lejos puede llegar.

Y, naturalmente, están las cuestiones técnicas, como si Europa debe recomendar ciclos de financiación que dependan de los ciclos de vida, en los que los planes de ahorro siguen una cierta lógica y, cuando uno llega al momento de su jubilación, la inversión se hace menos arriesgada y el capital se va transformando con el tiempo. Eso suponiendo que uno sepa qué es lo menos arriesgado, claro. A mí me parece que, en general, todos tenemos una idea... Debe haber una parte fija y otra optativa. Si hay opciones, debería haber alguna «opción segura», ya que la gente no se decide por algo de forma automática,

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sino comparándolo con otra opción, en este caso, una opción de inversión más segura. ¿Debería ser automática la suscripción? Todos estos temas están candentes en el Reino Unido e Irlanda. ¿Debemos preguntarnos por ello? ¿Y por las soluciones que nos permitan enmendarlo? Por otro lado tenemos el sistema holandés, que tiene fondos de pensión vinculados al trabajo en Zurich, sistemas de beneficios y, además, una serie de posibilidades de ajuste.

De modo que este es el tercer sector, el de las preguntas. Ténganlas en cuenta. Como ya he dicho, hay 14 preguntas, pero también deben leer el texto que las acompaña. Nos interesa que nos den muchas respuestas. Tenemos muchas esperanzas puestas en el gobierno español, en la Seguridad Social española, en los agentes sociales; repito, este es un proceso abierto de consulta. La fecha límite es el 15 de noviembre.

Y para concluir, ¿qué sucede el 15 de noviembre? Pues pondremos todas las respuestas que obtengamos en la página web de la Comisión, a menos que alguien nos diga expresamente que no quiere que sus respuestas se publiquen, así que habrá transparencia. Es importante tener en cuenta, por ejemplo, lo que han dicho los sindicatos en España. Lo que han dicho los empresarios. Lo que ha dicho la Seguridad Social.

Naturalmente, la Comisión hará una síntesis de estas respuestas, que llevará su tiempo. Por otra parte, las respuestas se dan en varios idiomas, y no todos los hablamos, no todos ellos. Así que habrá que traducir. Y veremos también cuántas respuestas hay, cuánto tiempo nos lleva. Pero esperamos que (y vuelvo al Informe Conjunto), cuando los Consejos discutan a principios de diciembre el Informe Conjunto sobre estrategias para los planes nacionales de pensiones, nosotros ya estaremos en condiciones de ofrecer un primer esbozo, nada más que eso, un esbozo de lo que nos parecen las respuestas. Así que a principios de diciembre tendremos el Informe que esperamos nos dé una idea de cómo ha respondido Europa a nuestra consulta.

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