Breve crónica de los hechos, con estrambote de justificación del acto -absolutamente innecesaria-

Autor:Lorenzo Bujosa Vadell
Cargo:Catedrático de Derecho Procesal, Universidad de Salamanca
Páginas:259-262
 
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En realidad no terminábamos de creérnoslo. Carmina llevaba ya años anunciándonos que se iba de la Facultad y nos costaba imaginarlo. A pesar de haber visto numerosas pruebas de su determinación a lo largo de los lustros pasados cerca de ella, era difícil de creer que la primera catedrática de Derecho procesal de la Univer sidad española, que la fortuna había puesto en un lugar central de nuestras vidas, se pudiera alejar de nosotros en un momento cercano, en plenitud de facultades físicas y mentales -con el cansancio que produce, eso sí, la lucha diaria contra los elementos en la desdichada Universidad española-, jubilándose muchísimo antes de lo que la imperatividad de la ley hubiese exigido.

Y ante la insistencia de nuestra maestra, no quedó más remedio que movilizarnos, intentando hacerle ver, primero, que no era en absoluto habitual

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lo que iba a hacer, segundo, que la necesitábamos en unos momentos de marejada académica, tercero, que el área de Derecho procesal de Salamanca perdía objetivamente enteros, y tantos argumentos más que pudimos encontrar tras devanarnos los sesos. Pero Carmina, con su dulzura de madre, contraargumentaba hábil y pacientemente: "yo voy a seguir cerca", "voy a seguir ayudándoos en todo lo que pueda", "ya sois mayores y sabéis organizaros bien sin mí", y tantos otros contraargumentos que, más que convencernos, nos metían el miedo en el cuerpo y hacían redoblar nuestro empeño en hacerle desistir.

Pero la verdad es que nos convenció ella a nosotros: "quiero descansar y dedicarme a mi familia". La profesora a la que había visto dar clase a mil y un estudiantes -el dato es literal, no referencia literaria-, a la que había visto salir de la Facultad más de un día a las dos o las tres de la madrugada, a la que había visto leerse las Tesis doctorales con una minuciosidad imposible, a la que había visto luchar por la Facultad de Derecho siendo Decana hasta el punto de analizar con lupa en rebuscadísimos documentos sobre arcanas cuestiones económicas de la Universidad, e incluso a la que había visto, ya siendo por supuesto catedrática, limpiar el polvo de los estantes superiores de nuestra antigua biblioteca de Derecho procesal, sin que se le cayeran los anillos, ... a esa persona ya no teníamos derecho a exigirle más. Sobre todo cuando, con su enorme generosidad nos seguía insistiendo -y lo hace ahora todavía- en que no nos abandonaba, que ella seguiría en Salamanca la mayor parte del tiempo y que...

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