Críticas a la teoría general del delito

Autor:Alfonso Serrano Maíllo
Cargo del Autor:Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid
Páginas:122-125
 
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Correlativamente a la enorme atención teórica y empírica que ha recibido la teoría general del delito, también las consideraciones críticas de que ha sido objeto pueden considerarse muy abundantes. No es éste lugar para una revisión mínimamente sistemática y exhaustiva de las mismas, de modo que no sólo tendremos que volver a conformarnos con un inventario más bien fragmentario, sino que también se echará de menos una valoración en profundidad de los méritos relativos de cada una de ellas. Por supuesto, del mismo modo que muchas de las críticas son muy atendibles y han sido o deberían ser objeto de atención concienzuda por parte de los teóricos -así las relativas a la medición del autocontrol-, muchas otras están basadas en groseros malentendidos cuando no deformaciones grotescas e incluso interesadas, a menudo aun después de innumerables aclaraciones -así las dedicadas a la incapacidad de la teoría para explicar los delitos de cuello blanco. Tampoco está de más avisar que muchas de estas consideraciones se encuentran íntimamente relacionadas entre sí, como por ejemplo las relativas a la correlación entre edad y delito y a los delitos de cuello blanco.

Ofrezcamos, pues, una limitada taxonomía de las críticas que ha merecido en la literatura la teoría del autocontrol.

Una primera constelación de críticas se dirige a los hechos bien conocidos sobre el delito que hemos revisado más arriba -curva de la edad, versatilidad y generalidad de la desviación y continuidad delictiva sobre todo1. Ello es consistente con que, como se anunció, la verosimilitud de los mismos podía considerarse un test indirecto de la teoría del autocontrol.

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Para algunos estudiosos y como vimos, el concepto de delito propuesto por nuestros autores es impreciso y excluye muchos comportamientos relevantes para la Criminología2. Más en general, no existiría para otros un concepto unitario de delito, tampoco tal y como lo entienden Gottfredson y Hirschi3. Ciertos comentaristas se limitan en este punto a que algunos hechos delictivos no podrían explicarse desde la teoría general del delito4. Aquí se han propuesto como candidatos la violencia en la pareja5; los llamados delitos de cuello blanco6; o ciertos comportamientos desviados, tales como la homosexualidad, que «desde una perspectiva construccionista es claramente (aunque cada vez menos) una forma de desviación»7. Incluso para otra postura la teoría (simplemente) explicaría unos delitos mejor que otros8. No alejado en su evocación de las tipologías es el argumento de que no explicaría los comportamientos desviados y delictivos de todos los subgrupos de individuos9.

Desde un estricto punto de vista teórico, se ha criticado en particular la imprecisión y ambigüedad de la teoría general del delito10. Así, verbigracia, se mantiene que el concepto de autocontrol es poco claro11; que la teoría debe refinarse e incluir otros elementos12; que asume una racionalidad exagerada y no concede un rol a las emociones13; o la consabida decepcionante definición del rol de la oportunidad14.

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En quizá la consideración más popular, la teoría sería tautológica15. Esta cuestión es bastante sutil. El problema es que el autocontrol bajo parece equivaler a tendencia a cometer delitos. La tautología estaría en querer explicar la tendencia a cometer delitos mediante un constructo que equivale a eso mismo: se tiende a cometer delitos porque se tiende a cometer delitos -o lo que es lo mismo: porque se tiene un autocontrol bajo. O, en palabras de Akers, estos criminólogos «utilizan "autocontrol bajo" y "autocontrol alto" simplemente como etiquetas para esta...

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