Aurelio ARTETA AISA, Mal Consentido. La complicidad del espectador indiferente, Alianza Editorial, Madrid, 2010, 319 pp.

Autor:Herman Novotny Rincón
Cargo:Doctorando en Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
Páginas:255-259
 
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Tras la publicación de La compasión, apología de una virtud bajo sospecha (Barcelona, Paidós, 1996) y La virtud en la mirada. Ensayo sobre la admiración moral (Valencia, Pre-Textos, 2002), Aurelio ARTETA se enfrenta en esta nueva obra al mal que sufre el otro y que observan multitud de espectadores. La compasión y la admiración moral son dos virtudes a las que ARTETA ha colocado en sendas obras anteriores bajo sospecha y a las cuales parece haber renunciado ese espectador del mal ajeno, ambas son virtudes que ha de recuperar para convertirse en un sujeto moral al que se le pueda admirar.

Através de ocho capítulos este libro constituye una reflexión sobre el mal consentido; una reflexión que en todo momento adopta un punto de vista moral por parte del autor, ya que, siguiendo las tesis de Hannah ARENDT reivindica la necesidad de juzgar el mal como antídoto ante la indiferencia.

En el primer capítulo: "El mal que nos hacemos", se analiza el mal contemplado por un espectador al que el autor interroga sobre su actitud ante lo que observa. El mal observado al que se refiere no es cualquiera, no es el necesario, aquel fortuito que se refiere a las catástrofes naturales, sino el innecesario que resulta de la voluntad humana, de la acción del hombre que genera una calamidad, un daño a la comunidad, un mal social y evitable, nacido del ejercicio de la libertad en nuestras múltiples relaciones.

Es ante todo, un mal público, entendido éste como el que tiene su origen en la decisión o conducta de un poder político que invoca razones y fundamentos públicos para cometerse. Un mal que se emprende en nombre de todos los miembros de un grupo con el fin de alcanzar metas comunes. Al ser un daño público y ser nosotros miembros de esa comunidad nos hace también responsables de lo acontecido. Pero el mal al que se refiere ARTETA tampoco es un mal extraordinario que genera daños descomunales, dejando tras su paso numerosas víctimas y que rápidamente es calificado como atrocidad, más bien es el mal ordinario, ese daño sin víctima aparente, si quien lo sufre o la mayoría no lo experimentan como daño ya

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que se les ha despojado de la dignidad que ostentan como seres morales y políticos y que ellos ya no sienten. Es un mal difuso, sin autor ni culpable.

Un mal social que tiene como fuente de inspiración por un lado la sociedad vasca contemporánea como espectadora de una violencia terrorista que tenía y tiene por objeto devolver a la situación de alteridad absoluta a todos aquellos vascos que no piensan como ellos; y por otro una experiencia calificable muchas veces como inerrable como fue el holocausto de millones de judíos y que tuvo millones de espectadores.

De esta manera, junto al agresor y la víctima aparece un tercer protagonista el espectador indiferente, aquel que no quiere ser actor, una persona que no se implica activamente ante una situación en la que alguien necesita ayuda, y que ante el sufrimiento ajeno no se opone, ni se resiste, sino que adopta una postura de indolencia.

En el segundo capítulo: "La figura del espectador cómplice", el autor denuncia al espectador ya que considera que, como sugiere Reyes MATE, lo justo no se ventila en clave de diálogo, sino de denuncia, por lo tanto el espectador que no actúa frente al mal ajeno siendo consciente de la maldad de la situación...

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