Artículo 1.922, apartado 5º

Autor:Antonio Guillan Ballesteros
Cargo del Autor:Catedrático de Derecho Civil
 
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El privilegio del posadero tieen un origen histórico netamente francés. Deriva del artículo 175 de la Costumbre de París, que lo concedía sobre los bienes y caballos hospedados, junto con un derecho de retención de tales bienes hasta que el posadero estuviera pagado.

¿Quién puede invocar este privilegio? El Código civil no emplea ninguna palabra para la designación de su titular. Sólo habla de créditos por hospedaje. Sin embargo, la tradición histórica es favorable a la exclusión de cualquier persona que haya practicado el mismo eventualmente; el número 4 del artículo 1.926 del Proyecto de 1851 utiliza la expresión «haber de los posaderos», y el artículo 175 de la Costumbre de París se refiere a «los posaderos». El propio Código civil habla de «muebles del deudor existentes en la posada». Por tanto, hemos de afirmar que requiere una dedicación al hospedaje la persona que alegue este privilegio. Se excluye también a los dueños de establecimientos de bebidas, restaurantes, etc., es decir, a todos los que con terminología tradicional no se designan como posaderos.

Los créditos favorecidos son los que derivan de las prestaciones propias de la industria de hospedaje. Igualmente las hechas a animales del huésped, de acuerdo con su origen histórico. Así, pues, no son privilegiados los créditos que tenga el posadero por sumas prestadas al viajero y adeudadas en su cuenta, por no ser actividades que entran en la industria específica que se protege.

El objeto del privilegio lo constituyen los efectos introducidos en la posada y establecimientos similares (hoteles, albergues, etc.). El problema se plantea respecto de aquellos que no son propiedad del que los introduce. ¿Deben ser sujetos al privilegio? La afirmativa puede deducirse de la expresión legal «muebles del deudor», sin hacer mención a su propiedad. Sería, por otra parte, prácticamente imposible que el establecimiento comprobase la exacta titularidad de los objetos introducidos. Pero no es menos cierto que el acreedor obtendría satisfacción con unos bienes que no son de propiedad del deudor, y esta derogación a la regla del artículo 1.911 no puede en modo alguno presumirse. Creo con Manresa, que si se probase que los bienes citados eran de otra persona distinta, cesará la preferencia y no podrá por menos de prosperar la tercería de dominio que respecto de ellos se interpusiese.

El privilegio recae sobre los bienes del deudor existentes en la posada. Por tanto no comprende únicamente los...

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