Salud, horarios en la vida cotidiana

Autor:Carmen Gallardo Pino
Cargo del Autor:Profesora Titular de Medicina Preventiva y Salud Pública. Vicerrectora de Política Social, Calidad Ambiental y Universidad Saludable. Universidad Rey Juan Carlos. Secretaria General de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles
Páginas:135-152
RESUMEN

I. Introducción. Los horarios como determinantes de la salud - II. Efectos de los horarios en la salud del individuo - 1. Aspectos biológicos - 2. Edad y la actividad - 3. Factores psicoemocionales - 4. Aspectos ecológicos - 5. Aspectos epidemiológicos - 6. Acciones individuales y en grupos - 7. Situaciones especiales: el trabajo, el deporte, y la sexualidad - A. El trabajo - B. El deporte - C.... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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I Introducción. los horarios como determinantes de la salud

Cada vez son más los estudios e investigaciones que ligan la cuestión del tiempo a la salud, especialmente a través de la necesidad de dedicar un cierto número de horas al descanso, evitando así enfermedades como el stress o incluso consecuencias más graves de la falta de sueño, como la siniestralidad y los accidentes de todo tipo, entre otras.

Los efectos que sobre la salud pueden tener los horarios, es una respuesta integral que implica aspectos biológicos, psicoemocionales y sociales, así como una diferenciación entre lo individual y lo colectivo.

La salud está determinada por la sociedad donde se vive y la posición socioeconómica que se ocupa en ella. Asimismo existe un componente ambiental determinado por el medio social en el que vivimos, de forma que, dentro de una sociedad, podemos ver claramente las desigualdades en salud de la población. No se trata solamente del nivel económico, sino de un gradiente social muy marcado en el que el medio social y laboral, la familia y los hábitos de vida determinan el estado de salud. En este marco, debemos tener en cuenta, además las desigualdades a los servicios sanitarios, que también son un determinante fundamental de la salud.

A estas conclusiones se llega a través del estudio de un modelo conceptual en el que la sociedad determina en gran medida la salud de la población mediante una organización que crea unas condiciones laborales y de relaciones sociales, que

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apoya o no a una familia y dentro de las familias se generan unos hábitos de vida que pueden ser más o menos tóxicos o más o menos saludables.

Las desigualdades tienen un origen muy diferente según la clase social, según sea hombre o mujer, según el grupo étnico al que se pertenezca, la edad que se tenga, etc. Es decir, las diferencias en salud de la población se originan en diferentes componentes poblacionales macro-estructurales y formas de estratificación social que determinan la exposición a factores tóxicos o protectores, así como el acceso a los servicios sanitarios.

En los últimos 25 ó 30 años, se ha producido un cambio acelerado en la sociedad de nuestro país. Por ejemplo podemos ver cómo, en la actualidad, una gran proporción de mujeres trabaja fuera de casa, lo que influye en el medio social y en lo que pueden hoy hacer las mujeres desde todos los puntos de vista.

II Efectos de los horarios en la salud del individuo

Las personas piensan que el exterior determina su vida y acciones, y esto repercute en la percepción de control sobre su propia vida, y por tanto en la salud, ya que estos factores influyen en la creación de unas condiciones de vida, en la que los horarios tienen los siguientes efectos en la salud del individuo (Mulas, S, 2005):

1. Aspectos biológicos

La vida se desarrolla mediante la integración de ciclos repetitivos que se denominan ritmos biológicos (Weber 1983, Hastings 1991). Estos ritmos varían ampliamente desde ciclos por segundo (actividad de los genes), por hora, como las secreciones hormonales y la alimentación, por día sueño y vigilia, por semanas como la menstruación, por meses como las migraciones y la reproducción, hasta por periodos más prolongados. Se supone que los ritmos biológicos son determinados por "relojes biológicos" en núcleos neurológicos ubicados en el quiasma óptico del cerebro. Uno de esos "relojes" biológicos determina el tiempo de duración de la vida de cada especie, lo que se traduce en que todos los individuos de ella viven más o menos el mismo número de años. Otros "relojes" establecen ritmos específicos, como el menstrual en la mujer y varios de ellos, que duran alrededor de un día se han denominado ritmos circadianos, teniendo subdivisiones en relojes diurnos y nocturnos. Es importante enfatizar la relación no rígida de las funciones humanas con la duración establecida del día de 24 horas. El ciclo fisiológico, por ejemplo, dura alrededor de 23 horas en el ser humano. El

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ciclo emocional, que establece alzas y bajas rítmicas en el estado de ánimo, dura alrededor de 28 horas, y el intelectual, que determina el nivel de nuestras funciones intelectuales, dura alrededor de 33 horas. Eso explica que en un determinado momento podemos estar en el nivel de máximo rendimiento físico pero bajo en el rendimiento intelectual, y en otro nivel emocional. Es evidente la utilidad de conocer nuestros relojes para planear actividades físicas, intelectuales y emocionales. A las personas que rinden mejor en las primeras horas del día se les llama "alondras" y a quienes trabajan mejor de noche, búhos. Pero por lo señalado anteriormente después de semanas o meses una "alondra" puede encontrarse con que su rendimiento máximo se ha movido hacia la tarde o la noche, y el "búho" puede sorprenderse con que, al menos por algún tiempo, está más lúcido por la mañana.

2. Edad y la actividad

Al nacer, el niño muestra ritmos ultradianos cuyo ciclo varía de 90 a 120 minutos, en los que se alternan vigilia y sueño así como la necesidad de ingerir alimentos. Esa falta de ritmicidad circadiana se manifiesta en variaciones en la temperatura corporal, en la concentración de cortisol en la sangre y en la producción de orina. Paulatinamente la maduración de los núcleos y la influencia de las normas sociales van haciendo sus ciclos más similares a los del adolescente y luego a los del adulto. En la vejez aparecen de nuevo cambios en los ritmos. Se modifica la alternancia sueño-vigilia, hay pequeñas siestas durante el día y periodos de vigilia durante la noche que confunden y angustian a veces a la persona y que se interpretan como insomnio. También pueden aparecer modificaciones en el ritmo regulador de la alimentación y paulatinamente en otros "relojes" conforme la vejez avanza. Las actividades cotidianas son natural o socialmente impuestas con rigidez variable. El campesino se levanta y acuesta con el sol, y sus relojes biológicos son intergeneracionalmente establecidos por los cambios que la agricultura impone. Los escolares, los obreros, empleados y trabajadores que desarrollan actividades con horarios fijos durante largos periodos, progresivamente acomodan sus relojes biológicos al reloj social (escolar, laboral, etc.) externo. Por ello, un cambio externo puede producir molestias si la adaptación se ha logrado con dificultad.

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3. Factores psicoemocionales

A los factores biológicos se añade la actitud con que se enfrenta el cambio de horario. Es antigua la observación de que alteraciones psicoemocionales así como trastornos psiquiátricos guardan relación con cambios estaciónales e incluso climáticos. Es difícil establecer si la tristeza o depresión que sobreviene a personas en los días grises y lluviosos es producto de respuestas biológicas, psicoemocionales, o de ambas. Las crisis depresivas y los suicidios son clásicamente conocidos por su incremento en algunas épocas del año, y en algunas latitudes más que en otras. Consecuentemente, a una mejor disposición para enfrentar un cambio de horario corresponderá, en lo individual y en lo colectivo, una mejor respuesta. En sociedades donde se pretende adoptar el cambio de horario conviene desarrollar programas preparatorios para que la población se sume de buen grado, por conocimientos y convencimiento, a dicha medida.

4. Aspectos ecológicos

La vida en la Tierra depende de la fuente primaria de energía, el Sol, y en el transcurso de milenios la supervivencia de todos los seres ha dependido de su capacidad para adaptarse a los cambios que periódicamente se producen en la superficie del planeta, motivados, muchos de ellos, por la actividad solar. Los cambios mayores, cataclísmicos, se producen a intervalos de miles o millones de años. Los menores, regulares, establecen ciclos en la tierra e influencian la vida en ella. Dentro de esos ciclos están las estaciones, primavera, verano, invierno y otoño que se suceden en función del movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol. El ciclo día-noche se produce por el movimiento de rotación de la Tierra sobre su eje, que expone fracciones sucesivas de su superficie a la luz solar. Ese alternar constante entre día y noche, así como la alternancia de las estaciones, norman gran parte de cuanta vida hay en la Tierra. Desde los más pequeños seres marinos y terrestres hasta los grandes mamíferos y enormes árboles de la selva, regulan su vida por la luz y la oscuridad. Las estaciones, por su parte, regulan los hábitos migratorios, reproductivos y existenciales de muchas especies. La especie humana ha desarrollado una elevada capacidad de adaptación. Esa habilidad se ha extendido a la modificación del medio, al grado de producir cambios tan intensos que amenazan el futuro de la naturaleza, de la especie incluida la propia, y de la vida en la tierra.

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5. Aspectos epidemiológicos

Los estudios epidemiológicos relacionados con el cambio de horario son escasos e incluso contradictorios. Pfaff reportó que los accidentes debidos al cambio de horario se incrementaron en la República Federal de Alemania entre 1979 y 1980. Meyerhoff en...

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