Redes sociales y seguridad

Autor:Luis Miguel González de la Garza
Páginas:153-158
 
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El fenómeno que venimos estudiando como descripción teórica general posee, habitualmente, una dimensión inter-nacional insoslayable, las redes sociales supranacionales. En particular, las científicas y académicas operan nativamente como redes de dimensión internacional. Por otra parte, es condición imprescindible de la evolución de las redes el incremento de la velocidad de las comunicaciones mediante el progresivo despliegue de la de nueva generación de redes de fibra óptica, así como la seguridad intrínseca que ya avanza el nuevo conjunto de aplicaciones derivadas del protocolo IPv6. Es decir, velocidad y seguridad, amén de los aspectos sucintamente considerados anteriormente son condición necesaria, pero no suficiente, del éxito de las redes ya que permitirán agilizar los procesos de comunicación, así como incrementar la fiabilidad de las comunicaciones electrónicas. Hemos de precisar que la seguridad y su opuesto, la inseguridad, entendida como externalidad negativa, tal y como sostienen Ross Anderson y Tyler Moor231representa un factor de importancia central en la evolución y desarrollo de las redes de segunda generación, ya que su ausencia limita y entorpece el fluido desarrollo

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de unas comunicaciones libres de alteraciones, cada vez más costosas. En la actualidad no es posible prescindir de componentes de software y hardware dedicado destinado a combatir la permanente amenaza de virus, gusanos, troyanos y toda una pléyade de nuevas amenazas de seguridad bien conocida por la doctrina especializada. Se trata de la denominada ciberdelincuencia232 término que engloba tres tipos de actividades delictivas. El primero comprende formas tradicionales de delincuencia, como el fraude o la falsificación, aunque en el contexto cibernético se refiere, específicamente, a los delitos cometidos mediante las redes de comunicaciones y los sistemas de información electrónicos. El segundo se refiere a la publicación de contenidos ilegales a través de medios de comunicación electrónicos (por ejemplo, imágenes de abuso sexual a menores o incitaciones al odio racial). El tercero incluye delitos específicos de las redes electrónicas, por ejemplo, ataques contra los sistemas informáticos, la denegación de servicio y la piratería. La característica común de los tres tipos de delitos es que pueden ser cometidos a gran escala y que puede mediar una gran distancia geográfica entre el acto delictivo y sus efectos. Todos ellos pueden afectar a las redes sociales.

Como argumentaba el informe mundial de la sociedad de la información de 2007 elaborado por las Naciones Unidas y por la Unión Internacional de Comunicaciones233, el problema se encuentra en la tensión irreductible entre dos opciones entrelazadas, la primera fue la naturaleza de Internet como tecnología que hacía posible el anonimato, lo que se consideraba una

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cualidad única para garantizar el libre ejercicio de la libertad de expresión y, para algunos, esa fue una de las razones de su éxito, sin embargo, tras ese anonimato, se han escondido también actividades criminales. Por otro lado, la exigencia de seguridad es imprescindible para dar fiabilidad y certeza a las transacciones comerciales que se han sumado con posterioridad a una red de comunicaciones no pensada técnicamente para el comercio y las actividades comerciales seguras y para la que, desde tal perspectiva, la seguridad es una condición imprescindible. La coexistencia de ambas finalidades no puede ser pacífica como los hechos vienen a demostrar en la medida en que la ciberdelincuencia crece exponencialmente, lo que es lógico. A medida que muchas actividades comerciales se han volcado a la red, el interés de quienes se dedican a las actividades delictivas ha crecido en paralelo a esa migración masiva en lo que podríamos denominar la nueva ecología delictiva que se adecua a un nuevo medio.

A) La economía de la sociedad de la Información

El concepto fundamental de la sociedad de la información es precisamente: la información, con Varian, entendemos por “bien de informacióncualquier cosa que puede ser digitalizada, los ejemplos son abundantes, si bien, destacaremos tan sólo tres que nos parecen relevantes.

1) Cualquier tipo de texto o imagen fija, gráfico, etc., que pueda ser transformado a un formato digital.

2) Cualquier fuente de sonido que pueda ser muestreada de forma que pueda ser digitalizada para ser almacenada en cualquier formato electrónico.

3) Cualquier imagen dinámica –secuencia de imágenes– que pueda transformarse a formato digital.

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Al margen de lo anterior, son también “bienes de información” las infinitas variedades de software que proporcionan la lógica de procesamiento de la información, en éste sentido y para Krugmann y Wells los bienes de información son bienes cuyo valor procede no de sus atributos o características físicas, sino de la información que contienen234. En economía, los bienes de información tienen unos costes fijos de producción altos y unos costes marginales bajos. El coste de producir la primera unidad de un bien de información puede ser muy elevado. Imaginemos, por ejemplo, la elaboración de un libro; de una composición musical o una obra audiovisual, es decir, tales bienes han incurrido en costes fijos muy elevados, en el primer caso, por ejemplo, el tiempo y esfuerzo del autor, tal vez años de trabajo dedicados a su lenta elaboración, en el segundo caso, la suma de diversos esfuerzos concurrentes: composición musical, un proceso productivo asociado de materialización de la obra destinada a su comercialización que integra diversas fases y costos: coordinación de ejecutantes músicos y ensayos necesarios; proceso de grabación del sonido y difusión de la obra acabada. Por último, una producción audiovisual comprenderá un no menor número de costes fijos elevados: elaboración de un guión, adecuación a su versión audiovisual; contratación de interpretes; elaboración y desarrollo de la producción material de la obra, etc. Es decir, secuencias de actividades complejas y cuyos costos serán elevados.

Ahora bien, el coste de reproducir un bien de información, mediante la creación de copias adicionales de la primera unidad producida es muy bajo. Ya que la reproducción de un bien de esta peculiar naturaleza es tan sólo replicar con calidad idéntica el objeto del trabajo creado en forma digital. Esta

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estructura peculiar de costes manifiesta dos consecuencias inmediatas relevantes de la economía de la sociedad de la información en lo que afecta a los “bienes de información”.

  1. La fijación del precio de los bienes de información no puede basarse únicamente en el costo, ya que la aplicación de márgenes comerciales estándar: 10, 15 o 20% sobre los costes unitarios de los bienes de información carecen de sentido cuando los costes de reproducción son cercanos a cero.

  2. De lo anterior podemos deducir que los modelos de fijación de precios de los bienes de información tienen que adoptar una estructura distinta del costo de producción. La fijación de precios de los bienes de información, se suelen formar con el valor que tiene el bien para los destinatarios de los mismos. Debido a que tal valoración, subjetiva, es distinta inicialmente para cada usuario la fijación de precios basada en asignaciones de valor conduce de forma natural a la discriminación de precios, circunstancia habitual en los mercados de bienes de información y que, recordamos, es también la estructura característica de las industrias monopolísticas, es decir, los monopolios se originan en aquellas industrias que tienen altos costes fijos y muy bajos costes marginales, situación análoga a la de los bienes de información. El valor de los bienes de información, por otra parte, está íntimamente relacionado con el valor que para otros consumidores tiene el mismo bien, lo que nos lleva a los efectos de red.

Como argumentan Shapiro y Varian235hay una diferencia fundamental entre la nueva y la antigua economía, la vieja eco-

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nomía industrial estaba impulsada por las economías de escala; la nueva economía de la información está impulsada por la economía de las redes. Hay que precisar, no obstante, que lo anterior no significa o implica que la denominada vieja economía en sus aspectos centrales haya cambiado, esto no sería cierto, tan sólo pretendemos poner de manifiesto la distribución entre dos tipos de producción económica diversa pero complementaria en muchos aspectos. Ahora bien, lo verdaderamente relevante son las denominadas economías de red.

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[231] Anderson, Ross y Tyler Moor, “The Economics of Information Security”, Science, 27 de Octubre 2006, Págs. 610-614.

[232] Hacia un política general de lucha contra la ciberdelincuencia. Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo y al Comité de las Regiones, COM (2007) 267 final. Bruselas, 22.5.2007.

[233]World Information Society 2007 Report, Beyond Wsys”, UNCTAD, ITU, Geneva, Junio 2007, Pág. 97.

[234] Krugman, Paul y Robin Wells, “Microeconomía”, Reverte, Madrid, 2006. Pág. 520.

[235] Shapiro, Carl y Hal R. Varian, “El dominio de la información: Una guía estratégica para la economía de la red”, Antoni Bosch, Barcelona, 1999. Pág. 165 y ss.

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