Introducción. Darwin y el reto de la inmortalidad

Autor:Francisco Lledó Yagu?e - Susana Infantes Esteban
Páginas:19-24
 
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INTRODUCCIÓN
Darwin y el reto de la inmortalidad
Hace ya décadas (el tiempo pasa sin complicidades amistosas) tuve la inmen-
sa suerte de pertenecer a la Comisión de expertos en el Congreso de Diputados
para redactar la ley de la Reproducción humana asistida en España –la primera
en el mundo se decía– y también tuve la oportunidad de escribir una de las pri-
meras monografías sobre esta temática. En concreto, y ciñéndonos a la sazón a
la época, y a la terminología (hoy descaradamente incorrecta) la rotulaba como
“Fecundación artificial y Derecho” reitero en 1986. (En la Editorial Tecnos).
Había poco escrito, y teníamos que adentrarnos en reflexiones de técnica jurídica
(acorde con la polémica que suscitaban los conceptos y categorías jurídicas que
queríamos aplicar) y las lecturas y razonamientos de otras ciencias (fundamental-
mente médicas) que ayudaban a entender el fenómeno del “hecho social” (existían
clínicas de Reproducción y planteamiento de la Fecundación asistida como una
alternativa a la reproducción humana); así como también la necesaria regulación
jurídica que demandaba esta situación.
Pues bien, el azar de la “vida jurídica, de este vocacional profesor del Derecho
Civil, disciplina ésta que ha llenado mi interés y estudio, y lo seguirá incentivan-
do siempre… ha posibilitado como una circunstancia “astral…” (perdóneseme
el símil…) que se desencadenase en los últimos años mi interés por esta prácti-
ca investigadora que llamamos “criogenización” del ser humano (por supuesto
fallecido).
No creo en las coincidencias, más bien son aleatoriedades que se cruzan en
nuestro camino… Hace muy poco coincidía con un viejo (en el sentido entra-
ñable de la expresión) amigo de la infancia. Uno de los más constantes y leales,
quien dedicándose a una faceta muy distinta del Derecho, “el mundo aeronáu-
tico”, me confesaba su interés en el estudio de la Epigenética, que es el estudio,
como explica la Dra. INFANTES, de los cambios en el genoma que no implican
cambios en la secuencia de ADN.
¡Qué barbaridad! Me comentaba el interés en su estudio al que ahora dedicaba
pasión y tiempo (hurtándolo al ocio, o a los propios intereses económicos de su
profesión), y que le reportaba satisfacción. Nada más edificante que adentrarse
en el seductivo misterio que genera la investigación en estos ámbitos tan nuevos

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