La nueva etica indispensable en los creadores de la nueva paz (Aportaciones del devenir en la Justicia, la Criminología, la Victimología y la Eutonología)

Autor:Antonio Beristain, S. J.
Cargo:Catedrático Emérito de Derecho penal de la Facultad de Derecho de San Sebastián (España)
Páginas:29-45
RESUMEN

SUMARIO: 1. Lo nuevo desde Heréclito: continuo devenir y progreso, con interrupciones. 2. Tecnoética agópica, autónoma, rememorativa y victimal. 3. Estamos capacitados y obligados a crear la paz sin terrorismo, sin tantas diferencias económicas. 4. Paz, fruto de la nueva justicia y política restaurativa. 5. Nuevos derechos de las víctimas reconocidos en el proceso penal.... (ver resumen completo)

 
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  1. LO NUEVO DESDE HERÁCLITO: CONTINUO DEVENIR Y PROGRESO, CON INTERRUPCIONES

    Quien no se preocupa de los problemas de la vida y de la muerte no pasa de ser un cuadrumano con pretensiones.

    S. RAMÓN Y CAJAL, Charlas de café, IV

    Durante muchos siglos una parte de la cultura occidental ha aupado el «creacionismo» por encima del «darwinismo», la cosmovisión estática de PARMÉNIDES por encima de la dinámica de HERÁCLITO. Pero actualmente el rápido desarrollo de la tecnología y de las ciencias, así como las hondas transformaciones sociales, están patentizando, cada día más, la necesidad de admitir y tener en cuenta que todo fluye, panta rei, como proclamó HERÁCLITO. Los descubrimientos de los «árboles filogenéticos» de la materia y/o de los minerales nos prueban con sólidos argumentos que el mundo desde el comienzo de su existencia, desde el primer big-bang, evoluciona en progresión, aunque con interrupciones lamentables. Por eso debemos mirar al futuro con esperanza, conscientes de que la macrovictimación actual pasará, arrastrada por la corriente que avanza y se perfecciona. Nuestro optimismo no se apoya en Un mundo feliz de Aldous Leonard HUXLEY, sino en los datos objetivos de la evolución p ro g resista, que patentizan los especialistas como MACARULLA (pp. 54 y ss. y figura 1), ROJAS MARCOS (pp. 216 y ss.), etc. Afirmamos con inexorable convicción científica que la energía del bien supera a la del mal. Si el hombre fuera lobo para el hombre, como escribió HOBBES, homo homini lupus, hace muchos años habría desaparecido la humanidad. Nos hubiéramos comido unos a otros.

    Sin embargo, gran parte de la ciudadanía e incluso de la intelectualidad (y de la iglesia cristiana) se resiste a caer en la cuenta de esta imparable evolución radical de las coordenadas sociales, culturales e incluso de los valores éticos, sin olvidar los jurídicos, políticos y económicos. Lógicamente, conviene investigar sobre la ética, el conocimiento y la justicia como realidades nuevas, frontalmente distintas de las que comentan los tratados políticos y gubernamentales o los libros universitarios y los documentos de las instituciones religiosas.

    La aceleración de la evolución -y, mejor dicho, del progreso- durante el siglo XX ha sido exponencial en múltiples campos. Se ha pasado de la sociedad agraria a la urbana, y de ésta a la saturada de sofisticadas herramientas humanas. Este avance ha producido también cambios en la cosmovisión. Por eso hoy se considera que todo es mejorable, y nada para siempre (¿ni el matrimonio?). Hoy domina la mentalidad del cambio, de la provisionalidad... Ha cambiado el espacio (las distancias son menores) y el tiempo. Debemos adaptarnos a nuevas situaciones mucho más rápidamente. Los jóvenes que disponen de nuevos conocimientos y técnicas se consideran superiores a los mayores, cosa antes inconcebible, pues la autoridad correspondía al hombre con experiencia (J. CARRERA, pp. 52 y ss.).

    Merece la pena conocer el resumen gráfico de L. MARGULIS, R. GUPTA y H. MOROWITZ, autorizados biólogos evolutivos, en el que manifiestan su teoría, sólidamente argumentada, en un campo clave de la evolución (El País, Madrid, 14 de marzo de 2001).

    Por la ignorancia de muchas personas acerca del constante (desde hace miles de millones de años) y profundo devenir, corremos el peligro de intentar dialogar y discutir con ellas y con sus instituciones que manejan discursos que hace decenios perdieron toda o casi toda su vigencia. Personas e instituciones que intentan bañarse dos veces en el mismo río. Ignoran que los ríos de ayer ya no existen, los de hoy son otros nuevos. Ignoran que la paz de ayer ya no existe, la de hoy es otra nueva; debemos transformarla. Que la religión de ayer ya no existe, la de hoy es otra nueva. La política de ayer ya no existe, la de hoy es otra nueva. La ética estática de ayer ya no existe, hoy es nueva, mejor dicho nosotros tenemos la noble misión de transformarla, recrearla. Debemos y podemos crear una ética nueva, dinámica... tecnoética, rememorativa de las víctimas, creadora de la paz.

    En pocas palabras, frente a las muchas personas e instituciones que continúan manejando cosmovisiones y herramientas tradicionales de ética, conocimiento, justicia y paz, nosotros estamos obligados a crear nuevas cosmovisiones y nuevas herramientas forjadoras de la nueva justicia restaurativa, y la nueva paz, sin terrorismo, sin neoliberalismo, que en Colombia y en el mundo entero hambreamos urgentemente.

    Acertó RILKE en su primera Elegía de Duino cuando cantó el carácter dialéctico del pensar y del ser humano: «Para nosotros, en cambio, allí donde pensamos en/Una cosa, del todo/se siente ya el despliegue de lo otro... para el dibujo de un momento, /se prepara un fondo de contraste.»

  2. TECNOÉTICA AGÁPICA, AUTÓNOMA, REMEMORATIVA Y VICTIMAL

    Única manera de equivocarse: hacer sufrir a los otros.

    Albert CAMUS, El hombre rebelde

    El hombre, el zoon politikon, el animal político -a diferencia de los demás primates-, no está predeterminado genéticamente a dar respuestas concretas ante cada paso que avanza en su vida cotidiana. La especie humana está pergeñada con una carencia de programación, con una estructura inconclusa de las tendencias o «ferencias» que la posibilita a tener preferencias, o la condena a elegir preferencias en cada momento de su cotidianidad, en todos sus actos humanos, que no sean meros actos del hombre. La ciencia y arte que estudia este nuestro estar condenados a ser libres y a elegir entre comportamiento humano o animal, feliz o desgraciado, se llama ÉTICA. De ella deseamos comentar ahora su definición, su novedad, su necesidad, sus límites, así como sus relaciones con las ciencias y técnicas (sin olvidar la Victimología) que nos capacitan para fomentar una justicia restaurativa creadora de la paz sin terrorismo.

    Podemos definir la ética, en general, como la ciencia que estudia sistemáticamente el conjunto de las conductas y normas sociales, las convicciones, los valores y los comportamientos humanos, acerca del bien y del mal de las personas. Con frecuencia se equipara y se confunde la ética con la moral. ARANGUREN las distingue acertadamente según sus antecedentes helénicos. Con otras palabras, consideramos la ética, en general, como la parte de la filosofía que reflexiona sobre la moral y las obligaciones de la persona y de las instituciones sociales. Su objeto es el carácter de bondad o de malicia de las acciones humanas según la relación que guardan con el deber. Brevemente, la ética nos ilumina y resuelve los problemas de la moral. Y a ésta la definimos -dentro de un cristianismo sapiencial y del homo, sacra res- como el arte de vivir y ser felices y hacer felices a los demás, a la luz del Sermón del Monte (evangelio de San Mateo, cap. 5) y de la «última cena» de Jesús con sus discípulos, cuando proclamó su deseo de gozo pleno para todos, «ut gaudium vestrum sit plenum», que repetirá el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et Spes, Gozo y esperanza, como clave del mensaje bíblico.

    Con orientación parecida desarrolla Fernando SAVATER, en su libro Ética para Amador, y describe, con profundidad científica y con inteligente humor, las líneas básicas de la ética. Merecen comentarse, al menos, dos aspectos: la justicia y el amor. En la página 140 exige que el comportamiento éticamente bueno necesita ajustarse a la justicia. Habla del primero de los derechos humanos, el derecho a no ser fotocopia de nuestros vecinos, a ser más o menos raros, y, con Bernard SHAW, nos pide: «no siempre hagas a los demás lo que deseas para ti. Ellos pueden tener gustos diferentes». Además, el filósofo donostiarra añade que, para entender del todo lo que los otros pueden esperar de nosotros, no basta con que cumplamos la justicia; no hay más remedio que amarle un poco, porque también es humano el amar... Ese pequeño pero importantísimo amor ninguna ley instituida puede imponerlo. Quien desea vivir éticamente bien debe ser capaz de una justicia simpática o de una compasión justa. En el mismo sentido, si recordamos a CAMUS, afirmamos que la mejor manera de ser ético es hacer felices a los otros, especialmente a las víctimas. También RUIZ VADILLO insiste en esta dimensión agápica de la ética y la justicia. La que Henri LABORIT denomina eutonológica.

    Para iluminar los temas y los problemas que nos preocupan en este artículo nos interesa comentar un par de facetas de la ética «nueva»: su autonomía, su mayoría de edad, es decir, su relación con las ciencias sin sumisión a los paradigmas religiosos, y su dimensión victimológica.

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