De la expansión económica a la crisis: Cambios en los factores demográficos de inserción laboral de la población extranjera en España e Italia

Autor:Andreu Domingo - Fernando Gil Alonso - Francesca Galizia
Páginas:81-104
RESUMEN

España e Italia han sido los grandes protagonistas del crecimiento de la inmigración extranjera en Europa, pasando de menos de un millón de extranjeros en 2000 a más de 5,2 en 2008 en España y de 1,3 a 3,4 millones en Italia. Para explicar la conversión de estos países tradicionalmente emigratorios e inmigratorios, así como la singular intensidad de dicho proceso, se han enunciado varias explicaciones que priorizan los factores geográficos (el Mediterráneo como frontera o como puerta de entrada), económicos (mayor peso de la economía sumergida, precariedad y segmentación laboral), demográficos (migraciones de reemplazo debido a una menor fecundidad y mayor envejecimiento), legislativos (leyes de extranjería más laxas, acceso universal a servicios sociales) y de género (internacionalización del trabajo doméstico en un contexto de reparto muy desigual de tareas reproductivas). Los autores del presente texto sostienen una hipótesis socio-demográfica según la cual, en la fase de crecimiento económico, el aumento del número de trabajadores extranjeros fue impulsado por un mercado de trabajo segmentado que también favoreció la ascensión social y laboral de las voluminosas cohortes de población nacional, especialmente femenina. ¿Qué ocurrirá ahora en la fase de cambio económico? Para la correcta comprensión del impacto de la crisis en la incorporación laboral de la población extranjera y en la relación de ésta con los trabajadores nacionales, primero debemos analizar lo sucedido en la fase de expansión. Los objetivos del presente trabajo son: 1) hacer una lectura demográfica de la inserción laboral de la inmigración extranjera en España e Italia durante el período de máximo crecimiento (2000-2007), resaltando las semejanzas y las diferencias entre ambos países; 2) profundizar en el conocimiento de la evolución a nivel sectorial, diferenciando aquellos sectores con dinámicas de sustitución del colectivo nacional por el inmigrado, de aquéllos que presentan situaciones de competencia entre ambos, y de aquellos otros más segregados donde los trabajadores nacionales disponen de una situación de preferencia respecto a los extranjeros; y, por último, 3) verificar cuál ha sido el impacto inicial de la crisis en dichos procesos de inserción laboral. Para ello se han utilizado los datos para ambos países procedentes de la encuesta europea de población activa (EU-LFS).

 
ÍNDICE
CONTENIDO

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1. Introducción: Sobre las razones del crecimiento migratorio

Ya desde el inicio* del despunte de la inmigración en los países del Sur de la Unión Europea, particularmente en España e Italia, se han dado diferentes razones para explicar primero la conversión de países tradicionalmente emigratorios en inmigratorios, y más tarde la singular intensidad con la que se daba el crecimiento inmigratorio desde finales de la década de los noventa. Podemos agrupar esas explicaciones según la preeminencia de diversos factores, siendo los principales los geográficos, los económicos, los demográficos, y los legislativos. En primer lugar se han considerado, siempre respecto al resto de países europeos, razones de tipo geográfico, donde se ha destacado el papel fronterizo del Mediterráneo, comparando con otras fronteras migratorias, como por ejemplo el paradigma México/Estados Unidos. En segundo lugar, nos encontraríamos con las explicaciones económicas, que abarcan desde el crecimiento de la demanda debido a la segmentación del mercado de trabajo tanto en Italia (Ambrosini, 2001; Reyneri, 2004) como en España (Cachón, 1997 y 2009; Carrasco, Jimeno y Ortega, 2004) y la internacionalización del trabajo doméstico (King y Zontini, 2000; Solé, 2001; Parella,Page 822003), hasta la característica diferencial de una mayor presencia de economía sumergida en los países mediterráneos que en el resto (Badwin-Edwards y Arango, 1999; Mingione y Quassoli, 2000). En tercer lugar, podríamos destacar las explicaciones demográficas que, siguiendo la estela del informe de la División de Población de Naciones Unidas sobre las llamadas «migraciones de reemplazo» (Lesthaeghe, 2000; Population Division, 2001), hallan la causa de la creciente demanda de inmigrantes en el descenso de la fecundidad y el consiguiente proceso de envejecimiento, que tendría consecuencias sobre el volumen y la estructura por edad de población en edad activa de los países receptores, con especial énfasis en el decrecimiento de las cohortes jóvenes que entran en el mercado de trabajo. Por último, destacarían aquellas hipótesis que señalan la legislación, tanto en la formulación como en su praxis, como la responsable de ese crecimiento, destacando la conexión entre economía sumergida e irregularidad en los dos países, por un lado, y las operaciones de regularización masivas, del otro (Baldwin- Edwards y Kraler, 2009). Incluso en el caso español, no ha faltado quién ha querido ver la razón principal en la supuesta generosidad excepcional en el acceso a las prestaciones sociales básicas.

En no pocas ocasiones, las diferentes explicaciones solían venir acompañadas o culminar con la acusación de que los países mediterráneos, y muy especialmente España e Italia, servían de puerta de entrada a Europa, o dicho de otro modo, en última instancia su «retraso» demográfico y su mala gestión de la política inmigratoria, empezando por el deficiente control de los flujos, explicaba un crecimiento del todo excesivo. Las lecturas posteriores, influidas por la crisis económica, no hacen más que demonizar esa extraordinaria coyuntura caracterizada en ambos países -aunque, como veremos, con dispar intensidad- por el boom inmigratorio. Para simplificar, se nos propone una lectura en la cual la incuria reproductiva de españoles e italianos, magnificada por un Estado del bienestar comparativamente poco desarrollado, se ha conjugado con un sector productivo poco eficiente -caracterizado por el peso de la economía informal, en general, y por la reciente burbuja inmobiliaria, en particular- para atraer a toda esa población inmigrada, hoy considerada excedente.

En este texto nuestra intención es hacer una lectura demográfica de la inserción en el mercado de trabajo de la población extranjera en España e Italia, durante el período de máximo crecimiento entre 2000 y 2007, al mismo tiempo que se analizan los primeros efectos del impacto de la crisis económica a partir de los últimos datos disponibles para estos dos países de la European Union Labour Force Survey, correspondientes al primer trimestre de 2009. Y ello, por dos razones básicas: la primera, porque consideramos esencial la correcta interpretación de lo sucedido en esa década prodigiosa que va desde finales del siglo XX hasta 2008, para entender también el impacto que tiene y va a tener la crisis económica en las corrientes migratorias. Y segundo, porque precisamente la comparación de estos dos países mediterráneos nos va ayudar a entender el proceso de complementariedad sociodemográfica entre la población inmigrada y la población no inmigrada, que, como venimos sosteniendo, está en la raíz del vuelco inmigratorio de los países del sur de la Unión Europea (Domingo y Gil Alonso, 2007a y 2007b; Vidal Coso et al., 2009).

2. Caída de la fecundidad y evolución de la estructura de la población en edad activa

Como se ha señalado en la introducción, uno de los argumentos esgrimidos para explicar la intensa y creciente atracción de inmigración en España e Italia ha sido la escasez relativa de mano de obra producida por la entrada de generaciones vacías en el mercado

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GRÁFICO 1. NACIMIENTOS EN VALOR ABSOLUTO DESDE 1960 HASTA 2008, ITALIA Y ESPAÑA

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Fuente: Eurostat, nacidos vivos.

de trabajo. El tamaño de esas generaciones sucesivamente decrecientes estaría en ambos países determinado por la evolución de la natalidad. El gráfico 1 muestra como Italia, tras alcanzar el máximo de nacimientos en 1964 (1.035.207), experimenta a partir de 1965 un primer descenso moderado que dura hasta 1974 (887.135), fecha a partir de la cual el número de nacidos se desploma continuamente hasta mediados de los noventa, con 525.609 nacimientos en 1995 y, tras una leve recuperación, un mínimo de 515.439 nacimientos en 1998.

Por su parte, en España, el número máximo de nacimientos se estabiliza entre mediados de los sesenta y mediados de los setenta en valores superiores a los 660.000, con un máximo de 688.398 nacimientos en 1974, año tras el que la natalidad empieza a desplomarse, como en Italia, hasta alcanzar un mínimo de 362.626 nacimientos en 1996. Se trata, por lo tanto, de dos trayectorias similares -con una caída algo más abrupta y tardía en España, donde también ha sido más significativa la recuperación reciente- que a su vez hallan su paralelismo en el descenso de la fecundidad femenina: de 2,89 hijos por mujer en 1974 a 1,16 en 1996 en España; de 2,65 en 1964 a 1,19 en 1995 en el país transalpino (datos de Eurostat).

Las cifras de nacimientos se han traducido en volúmenes de efectivos de la población en edad activa en cada uno de los países, que los gráficos 2 y 3 muestran a 1 de enero de 2008 (31 de diciembre de 2007 para Italia) a partir de la población inscrita en los registros municipales. Estos gráficos muestran el mayor peso de la población extranjera en edad activa en España (13,4%) comparado con Italia (6,9%). Aunque, para el caso de Italia, asumimos que la fuente llamada Popolazione straniera residente, que recoge 3,4 millones de extranjeros (2,7 en edad activa) está subestimando la población extranjera real -que incluiría un número indeterminado de irregulares- mientras que quizás los datos de España (cerca de 5,3 millones de extranjeros, de ellos más casi 4,3 en edad activa) los estén sobrestimando debido a los problemas inherentes a las bajas por caducidad, estas cifrasPage 84nos permiten observan las semejanzas pero también las diferencias entre las estructuras por edad de las poblaciones nacionales, así como el impacto demográfico causado por la llegada de los inmigrantes extranjeros a España e Italia. Justamente para este último país se observa que es la cohorte que tenía una edad de 43 años, nacida en 1964, la más numerosa, con 939.284 italianos, a los que se suman 66.478 extranjeros de la misma edad para sumar justo más de un millón: 1.005.762 personas exactamente. Las cohortes nacidas después muestran un descenso en el número de nacionales sólo parcialmente compensada por un incremento del número de extranjeros, siendo los más numerosos de entre estos los que tienen 31 años de edad, nacidos en 1976 (que son 98.958, un 11,5% del total de la población de dicha edad). Un poco posterior es la cohorte con la mayor proporción de extranjeros: 12,1% en la nacida en 1979 y que tenía 28 años de edad a 1-1-2008. En general, el porcentaje de extranjeros supera el 10% entre los 25 y los 35 años de edad, es decir, en las generaciones nacidas entre 1972 y 1982, que son cohortes con un número de italianos progresivamente reducido debido al descenso de los nacimientos antes mencionado. Sin embargo, las proporciones de extranjeros no son mayores en aquellas generaciones en las que el número de italianos es menor, como por ejemplo entre los 20 y los 24 años de edad (nacidas entre 1983 y 1987), con porcentajes entre el 7% y el 9%, e incluso son menores en las nacidas posteriormente. Por lo tanto, la llegada de efectivos extranjeros no parece estar dirigida, al menos principalmente, por el volumen de las cohortes nativas, sino que probablemente juegan un papel más importante los factores coyunturales ligados a la demanda del mercado de trabajo local, que en el caso de Italia parece ofrecer más oportunidades a aquellos inmigrante que tienen una edad en torno a la treintena. Exactamente las cohortes entre 28 y 37 años son las únicas con más de 90.000 extranjeros presentes y, repetimos, son cohortes con volúmenes de italianos decrecientes pero ni mucho menos las más pequeñas.

Este hecho todavía es más cierto en el caso de España, donde las cohortes en las que los españoles son más numerosos prácticamente coinciden con aquéllas con más extranjeros presentes. Así, las nacidas entre 1974 y 1976 (con 31 a 33 años de edad a 1-1-2008) son las que tienen un número más alto de españoles, en torno a 680.000 (con un máximo de

GRÁFICO 2. PIRÁMIDE DE LA POBLACIÓN EN EDAD ACTIVA RESIDENTE EN ITALIA A 31 DE DICIEMBRE DE 2007

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Fuente: Popolazione Straniera residente, Istat.

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GRÁFICO 3. PIRÁMIDE DE LA POBLACIÓN EN EDAD ACTIVA RESIDENTE EN ESPAÑA A 1º DE ENERO DE 2008

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Fuente: Padrón continuo, INE.

680.965 en los de 32 años de edad), mientras que son los extranjeros de 27 a 32 años, nacidos entre 1980 y 1975, los más numerosos, con más de 150.000 efectivos por cohorte. Son, por lo tanto, cohortes donde aproximadamente uno de cada cinco personas son extranjeros, con una proporción máxima del 21,4% a los 27 años de edad.

Los diez años que separan a las cohortes nacionales más numerosas en Italia (1964) y España (1975) es la década de diferencia que separa los puntos máximos de los respectivos baby booms, más tardío en el país ibérico que en el transalpino, y que explica por qué la estructura de edad de la población activa de nacionalidad española es más joven que la italiana. Sin embargo, como hemos visto, la evolución de los efectivos de extranjeros en ambos países es independiente de la evolución de la fecundidad y del correspondiente tamaño de las cohortes, puesto que en ambos casos las mayores cifras de extranjeros las encontramos en torno a las generaciones nacidas hacia mediados o segunda mitad de los setenta, cuando las generaciones de efectivos nacionales ya empiezan a ser claramente menguantes para Italia -pero no las más pequeñas- y, sin embargo, son de las más numerosas en España.

Estos resultados confirman otros ya presentados por los autores (Vidal Coso, Gil Alonso y Domingo, 2006) en otro trabajo en el que se comparaban todos los países de la UE- 15 para el periodo 1995-2005 y en el que se demostraba, utilizando datos de la Labour Force Survey, que Irlanda y los países meridionales de la UE, que eran los que estaban recibiendo mayor número de inmigrantes en edad activa, aparecían -con la excepción parcial de Italia- como los menos afectados por la reducción y el envejecimiento de su mano de obra autóctona. En estos países las entradas en la edad laboral (correspondiente al grupo de edad 20-29) eran más importantes que las salidas correspondientes al grupo de edad 55-64, lo cual contrastaba con el decrecimiento observado en otros países de la UE que, sin embargo, estaban recibiendo menor número de inmigrantes, confirmando pues lo ya dicho sobre las dudas que plantea el concepto de «migraciones de reemplazo».

Los resultados del análisis de la estructura por edad de la población en edad activa en España e Italia muestra que, incluso porPage 86encima de la evolución del tamaño de las generaciones, que determinará la escasez relativa de jóvenes en la entrada en el mercado de trabajo, deberían tomarse en cuenta otros factores estructurales para comprender las divergencias en la intensidad que presentan ambos países, empezando por la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo, y siguiendo por las mejoras relativas en los niveles de instrucción de las generaciones masculinas y femeninas, sin olvidar, claro está, el peso de la economía sumergida en la población autóctona.

3. Complementariedad sociodemográfica entre migrantes y nativos en Italia y España
3.1. La inmigración internacional en Italia y España: Evolución de las cifras y características de los contingentes

Italia y España comparten su pasado emigratorio radicalmente invertido a finales del siglo XX en países inmigratorios. Desde entonces, ese cambio se ha convertido en un lugar común de la bibliografía de ambos países (Muñoz e Izquierdo, 1989; Di Comite y Pellicani, 2006). En el 1987 los extranjeros que residían en Italia eran solo 500.000, diez años después alcanzaban el millón, hasta llegar a casi 3,5 millones a inicios de 2008, lo que representaba el 5,8% de la población total. En España el crecimiento ha llegado a ser incluso más intenso: si en 1987 los residentes extranjeros eran tan solo 59 mil, en 2001 ya rebasaban el millón, para en 2008 haber superado en cifras absolutas y relativas a Italia, con cerca de 5,3 millones de empadronados, lo que representa el 11,4% del total de la población. El relativo retraso en comparación a otros países europeos, pero también la velocidad e intensidad con la que se ha dado el crecimiento migratorio, recuerda los cambios experimentados por otros fenómenos demográficos como la nupcialidad o la fecundidad.

Si la evolución de la migración internacional en España e Italia ha sido semejante, otra característica común a ambos países es la desigual distribución de los inmigrantes extranjeros en el territorio, con mayor concentración en las regiones más desarrolladas económicamente, más urbanas e industrializadas y con los sectores terciarios más avanzados1. También los perfiles de la inmigración se parecen: el crecimiento de la inmigración económica protagonizada por trabajadores jóvenes, pero también por mujeres, debido a la internacionalización del trabajo doméstico, se ha solapado a una inmigración, mayoritariamente procedente de los países de la Unión Europea, ligada a la atracción turística y a las edades cercanas a la jubilación.

Sin embargo, las nacionalidades más representadas en uno y otro país, varían substancialmente. Aunque la población rumana y marroquí sea de las más numerosas en Italia (625.278 rumanos, ocupan el primer lugar, y 365.908 marroquíes, el tercero) y en España (731.806 rumanos en primer lugar y 652.695 marroquíes en segundo), en términos generales el peso de los europeos del Este para Italia (un 46,6% contra el 22,1% en España) es la contrapartida a la significativa presencia de latinoamericanos en España (donde alcanzan el 29,7% por tan solo el 6,7% en Italia). Dichas diferencias son atribuibles tanto a la proximidad geográfica como a la historia de cada país. De este modo, en Italia, la segunda nacionalidad es Albania (Strozza, Paterno y Terzera, 2006) y la cuarta Ucrania,

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GRÁFICO 4. POBLACIÓN EXTRANJERA RESIDENTE EN ITALIA Y ESPAÑA A 1 DE ENERO DE 2008 POR SEXO (primeras 10 nacionalidades más representadas)

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Fuente: Padrón Continuo, INE (España), Popolazione Straniera residente, Istat (Italia).

mientras que en España es notable la presencia de ecuatorianos y colombianos entre los primeros lugares. Por último, destacaremos en España la presencia de ciudadanos de la Unión Europea como Gran Bretaña y Alemania entre las diez primeras nacionalidades, hecho inexistente para Italia (gráfico 4).

Finalmente, también existen diferencias entre España e Italia en cuanto a la proporción de mujeres inmigrantes, que en generalPage 88es más elevada en este último país (50,4% en 2008, por solo 46,8% en España). De todas formas, el análisis de la participación diferencial por sexo en el mercado de trabajo de ambos países, y los demás cambios sufridos por éste como consecuencia de la llegada de inmigrantes, merece un análisis más fino a partir de fuentes especializadas que se va a efectuar en las siguientes páginas.

3.2. Complementariedad laboral en España e Italia en una fase de crecimiento

Los autores han puesto de relieve en trabajos precedentes (Domingo y Gil Alonso, 2007a; Gil Alonso y Domingo, 2008) que la llegada masiva de población inmigrada extranjera a España se explica por su papel complementario respecto a la población autóctona, y más en concreto respecto a la promoción educativa, laboral y, por ende, social, de ciertos sectores de ésta -jóvenes y, fundamentalmente, mujeres-, cuya incorporación al mercado de trabajo en posiciones mejoradas respecto a las ocupadas por generaciones precedentes habría generado un nicho en la base de la escala laboral y en aquellas labores reproductivas y de cuidados personales ya no efectuadas por las mujeres autóctonas, que estaría siendo ocupado por los inmigrantes extranjeros. Se trata por tanto de una complementariedad basada no en la evolución demográfica reciente en España sino en la propia segmentación de su mercado de trabajo, tal como explica Lorenzo Cachón (1997; 2009) siguiendo los trabajos de Michael J. Piore (1979).

En efecto, la reciente oleada inmigratoria procedente del extranjero coincidente con una fase de fuerte crecimiento económico se ha traducido en España, desde un punto de vista laboral, en el incremento de casi 4,9 millones de puestos de trabajo entre los años 2000 y 2007 (según datos de la EPA y la EULFS), de los cuales 2,3 han sido ocupados con ciudadanos extranjeros y un número superior, cerca de 2,6 millones, por españoles, de los cuales más de 1,6 millones de mujeres. En Italia el proceso ha sido similar pero mucho menos intenso: 2,2 millones de nuevos puestos de trabajo, de los cuales 770.000 corresponden a hombres (extranjeros y nacionales) y 1,5 millones a mujeres, de las cuales aproximadamente 800.000 serían extranjeras. Ello significa que el masivo crecimiento de la ocupación extranjera ha tenido lugar en un contexto de incremento paralelo e igualmente explosivo de empleo de los autóctonos, y especialmente de las féminas, lo que debería llevarnos a relativizar el papel de la demografía en la llegada de los inmigrantes y conceder más importancia a los factores vinculados al funcionamiento del mercado de trabajo español, marcado por la segmentación y la dualización.

La EU-LFS no proporciona cifras desagregadas por nacionalidad o por lugar de nacimiento para Italia antes de 2005, al considerarse que no son fiables, por lo que no podemos analizar qué parte de la evolución entre 2000 y 2005 se debe al impacto de la llegada de inmigración extranjera y cuál a la autóctona. Por eso el análisis comparativo entre ambos países se ha limitado al periodo 2005- 2007, años en los que se culmina la fase de crecimiento económico iniciada a mediados de los noventa.

En el caso de España (tabla 1), se nota una cierta ralentización del crecimiento del empleo (tasa anual del 3,7%, inferior al 4,5% para el conjunto del periodo 2000-2007) que se deja notar tanto entre los autóctonos -los hombres españoles incluso pierden empleo- como entre los extranjeros. Esta fase de ralentización afecta principalmente al sector de la construcción (hombres) y al servicio doméstico (mujeres), que siguen siendo sin embargo los sectores que ocupan al mayor número de hombres y mujeres extranjeros, respectivamente. También la construcción pierde empuje entre los trabajadores españoles, donde con todo se concentra el aumento

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TABLA 1.EVOLUCIÓN DEL EMPLEO EXTRANJERO Y AUTÓCTONO (EN MILES) EN ESPAÑA ENTRE LOS AÑOS 2005 Y 2007, POR SEXO Y SECTORES DE ACTIVIDAD

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Fuente: European Union Labour Force Survey.

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TABLA 2. EVOLUCIÓN DEL EMPLEO EXTRANJERO Y AUTÓCTONO (EN MILES) EN ITALIA ENTRE LOS AÑOS 2005 Y 2007, POR SEXO Y SECTORES DE ACTIVIDAD

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Fuente: European Union Labour Force Survey.

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del empleo en el sector financiero/inmobiliario. Otros sectores que antes ganaban empleo masculino autóctono ahora lo pierden (sanidad, educación, administración pública) pero en unas magnitudes muy poco significativas, por lo que sería mejor hablar de estabilización.

Sí que merece la pena que nos detengamos con más atención en el análisis de la tabla 2, que permite estudiar en detalle las diferencias sectoriales de la evolución del empleo en Italia y, en concreto, las especificidades por nacionalidad. En primer lugar, se ha de destacar que el crecimiento es mucho menor que el observado en España, aunque, como en el país ibérico, también en Italia hay un mayor crecimiento de la ocupación extranjera que de la nacional, y del empleo femenino por encima del masculino.

Otra diferencia fundamental con nuestro país es el mayor peso del sector industrial en Italia, que proporciona el mayor número de empleos masculinos, con diferencia, tanto para los extranjeros como para los autóctonos. Vienen a continuación la construcción y el comercio, en el caso de los hombres extranjeros, y los mismos sectores, más la intermediación financiera y los servicios inmobiliarios, en el de los autóctonos. Entre las mujeres, los sectores con mayor ocupación y que más empleo han generado en números absolutos en los dos años analizados son el servicio doméstico, entre las extranjeras, y el comercio, entre las italianas. También la hostelería ha creado puestos de trabajo entre las autóctonas, así como el sector educativo, los servicios sociales y la salud, mientras que el sector agrario, el industrial y el servicio doméstico, han perdido ocupación nacional. Destaca, y esta es otra diferencia reseñable con España, la atonía del sector público, estancado entre las mujeres y que pierde puestos de trabajo entre los italianos.

Además del menor crecimiento en el caso italiano, se observan, por lo tanto, diferencias estructurales en la distribución sectorial del empleo entre ambos países, así como en el impacto que la llegada de la inmigración extranjera ha tenido sobre la evolución numérica de la mano de obra nacional. Así, en algunos sectores de actividad ha significado la sustitución paulatina de la mano de obra autóctona por la extranjera, en otros un aumento simultáneo del empleo para ambos grupos nacionales, mientras que, finalmente, otros sectores se han mostrado impermeables a la entrada de trabajadores foráneos y en ellos se ha concentrado el incremento de la mano de obra nacional. Es precisamente para analizar esta cuestión en el caso de España para la que los autores propusieron, en un trabajo precedente (Gil Alonso y Domingo, 2008), una serie de indicadores -índices de crecimiento (I.C.) e índices de segregación sectorial (I.S.S.)2- que permiten distinguir tres tipos de dinámica sectorial en función del incremento o disminución del número de ocupados nacionales y/o extranjeros:

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- Sectores con dinámicas de sustitución: son aquéllos en los que un descenso del número de ocupados nacionales (en términos absolutos o relativos) se combina con un incremento de los extranjeros en dicho sector;

- Sectores con dinámicas de concurrencia: son los sectores donde han aumentado tanto -en términos absolutos y relativos- los ocupados autóctonos como los de nacionalidad extranjera;

- Sectores con dinámicas de segregación: son sectores con predominio de empleo nacional, en los que la mano de obra autóctona ha aumentado mucho más que la extranjera, que ha crecido en números absolutos pero cuyo peso ha disminuido en términos relativos. Se considera por esta razón que son sectores de especialización de los trabajadores nacionales, cerrados relativamente a la inmigración incluso por razones legales (ejemplo del funcionariado).

Teniendo estas bases interpretativas, pasemos a comentar los resultados para ambos países y los dos sexos.

La tabla 3 muestra el resultado para el empleo masculino en España, donde se observa que la construcción, el sector financiero/ inmobiliario y el comercio son los que presentan dinámicas de concurrencia, puesto que ha crecido de manera simultánea, y con mucha fuerza, tanto el empleo nacional como el extranjero. Por su parte, los servicios sociales, a las personas y a las comunidades, es el único sector con mayor capacidad de atracción de los empleados españoles y menos permeables al empleo extranjero (que ganan trabajadores en valores absolutos pero pierden peso en términos relativos), por lo que se está convirtiendo en un nicho laboral de concentración de mano de obra nacional. Por el contrario, el resto de sectores presentan dinámicas de sustitución más o menos marcadas.

La situación presenta algunas diferencias remarcables en Italia (tabla 4). También predominan, como en España, las dinámicas de sustitución de la mano de obra nacional por la extranjera, incluyendo en sectores donde en nuestro país esto no ocurre, como la construcción y el comercio. Por el contrario, aparecen dinámicas de concurrencia en el sector financiero/inmobiliario y los hoteles y restaurantes. Finalmente, como en España, aparece como un sector segregado a favor de los italianos el de los servicios sociales, personales y comunitarios, así como el sector educativo. En ambos el número de ocupados extranjeros incluso disminuye en números absolutos. Comparando, pues, la situación del empleo masculino en Italia y en España, la principal diferencia radica, por lo tanto, en el diferente papel de la construcción, que es una de las claves del fuerte crecimiento experimentado por España hasta el año 2007 y cuyo papel ha sido mucho menor en Italia.

Pasando al análisis de la complementariedad en el caso femenino, la tabla 5 muestra la evolución en España entre 2005 y 2007. De nuevo, como entre los hombres, predominan las dinámicas de sustitución en el sector primario, el secundario, los transportes, la educación y el servicio doméstico, aunque el proceso más fuerte se da en el comercio donde, a diferencia del caso masculino, las mujeres españolas pierden peso relativo -pese a aumentar el número de puestos de trabajo en números absolutos- mientras que las extranjeras experimentan un fuerte crecimiento tanto en términos absolutos (más que doblan su número) como relativos. Los sectores que presentan dinámicas de concurrencia son también tres: salud y trabajo social, administración pública y sector financiero/inmobiliario. También aparecen diferencia con los hombres en la delimitación de los sectores que podríamos clasificar como reservados para las trabajadoras españolas: aquí es únicamente la construcción, aunque este sector tiene, en el caso de las féminas, un carácter más bien anecdótico.

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TABLA 3. EVOLUCIÓN REAL Y ESTIMADA DEL NÚMERO DE OCUPADOS ESPAÑOLES Y EXTRANJEROS POR SECTORES DE ACTIVIDAD, Y CÁLCULO DE LOS ÍNDICES DE SEGREGACIÓN SECTORIAL (ISS). ESPAÑA, 2005-2007

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la European Union Labour Force Survey.

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TABLA 4. EVOLUCIÓN REAL Y ESTIMADA DEL NÚMERO DE OCUPADOS ITALIANOS Y EXTRANJEROS POR SECTORES DE ACTIVIDAD, Y CÁLCULO DE LOS ÍNDICES DE SEGREGACIÓN SECTORIAL (ISS). ITALIA, 2005-2007

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la European Union Labour Force Survey.

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TABLA 5.EVOLUCIÓN REAL Y ESTIMADA DEL NÚMERO DE OCUPADAS ESPAÑOLAS Y EXTRANJERAS POR SECTORES DE ACTIVIDAD, Y CÁLCULO DE LOS ÍNDICES DE SEGREGACIÓN SECTORIAL (ISS). ESPAÑA, 2005-2007

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la European Union Labour Force Survey.

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TABLA 6. EVOLUCIÓN REAL Y ESTIMADA DEL NÚMERO DE OCUPADAS ITALIANAS Y EXTRANJERAS POR SECTORES DE ACTIVIDAD, Y CÁLCULO DE LOS ÍNDICES DE SEGREGACIÓN SECTORIAL (ISS). ITALIA, 2005-2007

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la European Union Labour Force Survey.

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En el caso del empleo femenino en Italia (tabla 6) aparecen más peculiaridades, pues no hay tanto predominio de las dinámicas de sustitución, mientras que hay tres sectores con dinámicas de concurrencia (comercio, restauración y salud) y otros cuatro con ganancia de empleo italiano combinado con pérdida de peso de la ocupación extranjera: transportes y comunicaciones, intermediación financiera, educación y servicios sociales. Quizás las mayores diferencias con España respecto a la distribución sectorial del empleo femenino es el menor peso en Italia del servicio doméstico (unas 300.000 empleadas, comparado con unas 700.000 en nuestro país), de la hostelería y la restauración y, por último, de la administración pública, que ocupa a menos trabajadoras en Italia pese a que su población es muy superior a la española. Por el contrario, el número de mujeres que trabajan en la industria es mucho mayor que en España, aunque se trata de un sector regresivo, que está perdiendo ocupación. Por el contrario, los tres sectores que están más desarrollados en España han ganado empleo en el periodo 2005-2007, fundamentalmente de extranjeras en los dos primeros casos y de españolas en el caso del sector público.

El mayor dinamismo el mercado de trabajo femenino en España parece generar, por lo tanto, un proceso que se retroalimenta: así, la incorporación hasta el año 2007 de autóctonas al mercado laboral español en sectores como el financiero /inmobiliario, el sanitario, los servicios sociales, la educación y la administración pública, habría generado, a su vez, la llegada de mujeres inmigrantes que, sobrepasando los nichos laborales tradicionales como el servicio doméstico, se estarían expandiendo hacia nuevos sectores como el comercio, la hostelería / restauración, la sanidad y el sector financiero/inmobiliario, entrando ya en competencia con las nacionales. Este sería un fenómeno todavía no desarrollado en la misma magnitud en Italia, donde el crecimiento, menor, del empleo femenino autóctono se estaría concentrando en los sectores con mayores ventajas relativas, mientras que la llegada también menor, en comparación con España, de inmigrantes extranjeras, se estaría dirigiendo hacia puestos de trabajo más precarios, como el servicio doméstico.

4. El impacto de la crisis económica

La situación que se ha descrito en el apartado anterior corresponde a una fase de fuerte crecimiento económico, que no es evidentemente la que se vive actualmente, de profunda recesión que tiene además un alcance global. Los datos trimestrales de la EU-LFS (European Union Labour Force Survey) disponibles hasta el primer trimestre de 2009 nos muestran, claramente, que en el caso de España hay un punto de inflexión muy concreto que es el tercer trimestre de 2007. Es entonces cuando el número total de ocupados alcanza el máximo histórico, con 20,36 millones, que representa una tasa de ocupación también máxima del 66%. En Italia el punto de inflexión no es tan claro, es menos abrupto y el inicio de la crisis parece, por tanto, algo diferido en el tiempo. En todo caso, el tercer trimestre de 2007 es también el momento en el que se acaba la fase de continuo crecimiento anterior, con un máximo relativo de algo más de 23 millones de ocupados, que pasan a disminuir en los dos trimestres siguientes para recuperarse, aparentemente, en los dos trimestres intermedios de 2008 (que superan los 23,1 millones de ocupados, máximo absoluto), e iniciar entonces un nuevo descenso desde el cuarto trimestre de 2008. Las tasas de ocupación italianas muestran la misma evolución, pues tras alcanzar un 59,1% en el tercer trimestre de 2007, pasan a fluctuar entre 58% y 59% los siguientes cinco trimestres (máximo de 59,2% en el segundo trimestre de 2008) y pasan a disminuir de manera ya más clara -mostrando definitivamente el impacto de la crisis- entre el cuarto trimestre de 2008 y el primero de 2009.

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Aceptamos, por lo tanto, el tercer trimestre de 2007 como el punto de inflexión y sobre este punto cronológico se han elaborado una serie de gráficos -que parten del primer trimestre de 2005 para así obtener la suficiente perspectiva histórica sobre el cambio de fase económica- que toman el valor existente en el tercer trimestre de 2007 como índice base 100, facilitando de esta manera la realización de comparaciones entre países, entre grupos de nacionalidad y entre sexos.

El gráfico 5 nos muestra que el impacto de la crisis sobre el empleo ha sido anterior y más profundo en España que en Italia, y ha afectado más a los trabajadores extranjeros que a los nacionales y más a los hombres que a las mujeres (al menos, por ahora). En efecto, a partir del tercer trimestre de 2007 empieza a caer de manera significativa la tasa de empleo masculina en España, de manera más fuerte en el caso de los extranjeros (casi un -25% entre 2007 3T y 2009 1T,

GRÁFICO 5. TASA DE OCUPACIÓN EN ESPAÑA E ITALIA, ENTRE EL PRIMER TRIMESTRE DE 2005 Y DE 2009 (2007 3T = 100), POR SEXO Y NACIONALIDAD

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Fuente: EU-LFS (resultados trimestrales detallados).

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GRÁFICO 6. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE OCUPADOS EN ESPAÑA E ITALIA, ENTRE EL PRIMER TRIMESTRE DE 2005 Y DE 2009 (2007 3T = 100),POR SEXO Y NACIONALIDAD

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aunque estaba ya en descenso desde el cuarto trimestre de 2006, cuando alcanzó un máximo) pero también significativamente para los hombre españoles (-10%), especialmente a partir del tercer trimestre de 2008. También en Italia, las tasas de empleo masculinas de los trabajadores extranjeros han caído más que las de sus congéneres italianos, pero la fase de descenso significativo no se ha iniciado hasta el cuarto trimestre de 2008 y los descensos son mucho menores.

La situación es muy diferente en cuanto al empleo femenino: parece que sólo la tasa de ocupación de las extranjeras en España ha sufrido el impacto de la crisis (descendía desde el segundo trimestre de 2006, empieza a caer de manera continua desde 2007 3TPage 100pero sólo se acelera desde 2008 3T), mientras que la tasa de empleo de las nacionales españolas e italianas, y de las extranjeras en Italia, tras haber experimentado un crecimiento progresivo en los últimos años, y haberse estabilizado entre los años 2007 y 2008 (con máximos valores hacia mediados de 2008), sólo en el primer trimestre de 2009 se empieza a notar el impacto de la crisis y aún de forma leve.

¿Se trata, por lo tanto, de una crisis básicamente masculina (y de las extranjeras en España)? Eso parece, al menos hasta inicios del 2009. Es más, desde el lado de la demanda, incluso se podría limitar a una crisis del empleo masculino únicamente en España. Como muestra el gráfico 6, que representa la evolución, no de la tasa de empleo, sino del número efectivo de trabajadores ocupados, sólo el número de trabajadores masculinos españoles ha caído de manera continua y significativa (-10%) desde el tercer trimestre de 2007. Los ocupados extranjeros en el España también han experimentado un descenso similar, pero más tardío y abrupto, y tras haber continuado creciendo durante la primera parte de 2008.

Por su parte, el número de trabajadores masculinos italianos ha experimentado un descenso pequeño y muy reciente, mientras que el empleo de las italianas y españolas -así como el de las extranjeras en España- está muy estabilizado y apenas en el último trimestre analizado muestran algún atisbo de descenso en comparación con las cifras de ocupación existentes en 2007 3T. Finalmente, el número de empleadas extranjeras en Italia ha continuado aumentando significativamente durante el año 2008 y sólo en el primer trimestre de 2009 ha mostrado un descenso, aunque la serie también muestra un descenso similar en los primeros trimestres de los años anteriores, que desde aquí no sabemos interpretar, por lo este «frenazo» podría ser únicamente coyuntural. Los datos de trimestres sucesivos nos ayudarán a despejar esta incógnita, así como nos permitirán apreciar si la crisis, inicialmente «masculina» y con mayor impacto en España, se ha extendido a los otros grupos y a Italia con similar virulencia.

Simultáneamente, el número de parados masculinos españoles se ha multiplicado por 2,5 en sólo 6 trimestres, pero lo ha hecho por 3,7 entre los extranjeros residentes en dicho país. Menor, aunque también muy importante, ha sido el incremento de los extranjeros desempleados en Italia (se ha multiplicado por 2,4), mientras que los parados italianos «sólo» han crecido un 50%. Más moderados han sido los incrementos de desempleadas, y más tardíos en el tiempo, pues sólo a partir del tercer trimestre de 2008 aumentan de manera sostenida, sobre todo en España y de nuevo más entre las extranjeras que entre las nacionales (gráfico 7).

Los diferentes resultados que se extraen del análisis de la evolución del número de ocupados (donde los hombres españoles fueron incluso más afectados inicialmente por la crisis que los extranjeros en dicho país) y del número de desocupados (con un mayor impacto en el colectivo masculino extranjero en España) se debe a la combinación del fin del crecimiento del empleo con el progresivo incremento del número de activos extranjeros entre 15 y 64 años, que no ha parado de crecer, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres y tanto en España como en Italia (aunque en este país muestra una serie de fluctuaciones estacionales), a lo largo de todo el período analizado.

Este crecimiento de la actividad no sólo ha afectado a los extranjeros, sino también a las mujeres españolas. Mientras que el número de activos masculinos españoles (en torno a 10,9 millones) e italianos (unos 13,5 millones) se ha mantenido bastante estable, así como también el de las italianas activas (alrededor de 9,3 millones), por el contrario, las españolas que se declaran activas no han parado de crecer: de unos 7,5 millones en 2005 1T a 7,9 en 2007 3T y a 8,3 en 2009 1T. Como conse-

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GRÁFICO 7. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE DESEMPLEADOS EN ESPAÑA E ITALIA, ENTRE EL PRIMER TRIMESTRE DE 2005 Y DE 2009 (2007 3T = 100), POR SEXO Y NACIONALIDAD

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Fuente: EU-LFS (resultados trimestrales detallados).

cuencia, las tasas de actividad de las mujeres españolas también han mostrado una tendencia ascendente: han pasado del 56% en 2005 1T al 63% en 2009 1T, frente a la estabilización de las tasas de los hombres españoles y las de los italianos de ambos sexos. Así, las tasas de actividad de las mujeres italianas, más bajas, oscilan en valores en torno al 50% a lo largo de los cuatro años analizados. Curiosamente, también las tasas de actividad de las mujeres extranjeras insertadas en el mercado de trabajo español son más altas, unos 10 puntos porcentuales, que las de las extranjeras en Italia. Además, el impacto de la crisis no sólo no ha reducido las tasas de actividad de las españolas y de las foráneas en España, sino que las ha empujado hacia arriba, cuando en Italia ha empezado a ocurrir lo contrario.

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En resumen, la crisis ha golpeado sobre todo el empleo masculino en España, tanto entre los españoles, que han perdido más de un millón de empleos, uno de cada 10, entre 2007 3T y 2009 1T, como entre los extranjeros, que han perdido un porcentaje similar. Los otros colectivos hasta la fecha apenas han perdido empleo -unos pocos puntos porcentuales-, y si han aumentado sus tasas de desempleo es porque ha aumentado significativamente el número de activos: es el caso de las mujeres autóctonas y extranjeras en España, y del colectivo extranjero de ambos sexos en Italia.

5. Conclusiones

La inmigración extranjera, aún más en países donde este fenómeno era casi completamente desconocido como la España y la Italia del último cuarto del siglo XX, actúa como piedra de toque, poniendo en evidencia el estado de su mercado de trabajo y la evolución sociodemográfica de cada país. En ambos casos las mejoras en los niveles de instrucción de las nuevas generaciones, junto con una coyuntura económica marcada por el crecimiento, han creado las condiciones idóneas para que se diera esa transformación radical. No ha sido el descenso de la fecundidad ni, consecuentemente, la escasez relativa de jóvenes en la entrada en el mercado de trabajo lo que explica ese vuelco en la dinámica migratoria.

La comparación entre España e Italia muestra claramente como el crecimiento migratorio está estrechamente ligado con la ocupación femenina, por un lado -y, por lo tanto, con la lógica de la internacionalización del trabajo doméstico-, y con la estructura productiva y el protagonismo de los diferentes sectores de producción en ese crecimiento, por el otro. España ha visto crecer con más intensidad y rapidez la inserción de las mujeres autóctonas en el mercado de trabajo, en comparación a Italia, proceso en el que el crecimiento de la función pública ha tenido un rol significativo. Ese crecimiento de la actividad femenina nativa, auspiciado por las mejoras en los niveles de instrucción, ha arrastrado el crecimiento de la inmigración mayoritariamente femenina para ocuparse del trabajo doméstico asalariado, pero también de otros trabajos situados en la base de la pirámide laboral, dando lugar a procesos de substitución en un mercado segmentado. La mayor intensidad del crecimiento del trabajo doméstico asalariado de las extranjeros en España traduce la mayor extensión del fenómeno de la incorporación de la mujer en el mercado de trabajo, en comparación con Italia.

La ocupación masculina también ha crecido en ambos países tanto para los nativos como, sobre todo, para los extranjeros, concentrándose estos últimos en los puestos con peores condiciones laborales de los diferentes sectores (agricultura, construcción, hostelería). Pero la diferente estructura productiva italiana y española explica que el crecimiento en el caso italiano, con un mayor peso de la industria, haya sido mucho menor que en el español, donde, sobre todo en los últimos años, la burbuja inmobiliaria ha sido en parte causante del crecimiento desaforado del sector de la construcción, en el que españoles e inmigrantes extranjeros han confluido en situación de concurrencia.

En ambos países la crisis se ha cebado en la ocupación masculina, hecho previsible si tenemos en cuenta la diferencia por sexo de los sectores que más han acusado la recesión, en particular la construcción. El mayor peso de este sector en el caso español ha agudizado la crisis en este país, con una caída mucho más brusca que en Italia. El continuo aumento de activos extranjeros y su mayor presencia en este sector también explicaría en términos relativos el mayor porcentaje de paro entre los extranjeros que entre los nacionales, aunque ambos pierdan ocupación. El aumento del desempleo femenino, también mayor para las mujeres españolas y para las extranjeras en Italia, que para las italianas,Page 103también se debe en parte al incremento sostenido del número de activas. Sin embargo, es la diferencia entre las proporciones de activas de ambos países el elemento que resulta determinante para entender tanto la lógica del crecimiento en los primeros años del siglo XXI, como los efectos diferenciales por sexo y nacionalidad a partir de 2008. En efecto, el rápido incremento de la actividad femenina en España, en comparación con la estabilidad en Italia, ha sido un acicate para el crecimiento económico y para el aumento de la inmigración extranjera en la fase expansiva, pero también uno de los causantes de que el crecimiento del desempleo esté siendo mucho mayor en el país ibérico que en el transalpino.

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* Este texto se inscribe dentro de los proyectos de I+D «Comportamientos sociodemográficos diferenciales e integración social de la población inmigrada y de sus descendientes en España» (CSO2008-04778/SOCI), dirigido por el Dr. Andreu Domingo, y «La dinámica demográfica en España a través de los censos del siglo XX. Análisis histórico y territorial» (CSO2008-06217), dirigido por el Dr. Fernando Gil, financiados ambos por el Ministerio de Ciencia e Innovación, mediante el Plan Nacional de I+D+I 2008-2011.

[1] Sería el caso de las regiones septentrionales, como Lombardía o Véneto, en Italia, o de Cataluña y Madrid en el caso español, aunque en este país también son receptoras importantes de inmigrantes aquellas comunidades autónomas en las que el sector turístico, la construcción y la agricultura intensiva (generadoras de puestos de trabajo precarios y temporales, poco especializados y mal remunerados) tienen una especial incidencia, como las del litoral mediterráneo y los dos archipiélagos.

[2] Consiste en aplicar, a los trabajadores nacionales y extranjeros presentes en cada sector de actividad en el año 2005, la tasa de crecimiento del empleo total de cada uno de los colectivos entre 2005 y 2007. Se obtienen así, a modo de estandarización indirecta, los ocupados nacionales y extranjeros estimados en 2007 que, al dividirlos por los ocupados reales existentes en cada sector de actividad en 2007, proporciona un índice de crecimiento (I.C.) para cada sector y nacionalidad: si el I.C. es superior a 1 indica que el empleo (nacional o extranjero) en dicho sector ha aumentado más que la media de cada nacionalidad; si es inferior, que ha aumentado menos o que ha disminuido. Combinando los índices de crecimiento de españoles y extranjeros en cada sector se obtiene su ISS, de manera que si es negativo significa que en dicho sector se da un proceso de sustitución de los trabajadores nacionales por los foráneos (cuanto más negativo, mayor incidencia de la sustitución); si el ISS es positivo pero menor que 1, indica que se da un crecimiento predominante del empleo nacional, con pérdida de peso de los trabajadores extranjeros (cuanto más cercano a 1, mayor desequilibrio a favor de los españoles, cuanto más próximo a 0, mayor equilibrio entre españoles y extranjeros); por último, si el ISS es positivo y superior a 1, se da un crecimiento de ambos colectivos tanto en términos absolutos como relativos, siendo el ISS más alto cuando más elevada es la suma de los incrementos de ambos colectivos.