Etilómetro, consumo moderado de alcohol y seguridad del tráfico

Autor:Jesús Barquín Sanz/Juan De Dios Luna Del Castillo
Páginas:249-291
RESUMEN

1. Introducción y fundamentos. 1.1. Dos ideas inexactas que se suelen tener como ciertas. 1.1.1. Primera suposición infundada: Con dos o tres copas basta normalmente para superar el límite de lo prohibido en el etilómetro. 1.1.2. Segunda suposición infundada: Más del 30% de los conductores fallecidos en accidente manejan el vehículo con tasas de etanol en sangre superiores a las legalmente... (ver resumen completo)

 
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1. Introducción y fundamentos

Para realizar el presente estudio, 119 personas voluntarias de ambos sexos consumieron tres copas de vino junto con algunos alimentos sólidos, reproduciendo las circunstancias de consumo social de una comida o cena ligera, o de unas tapas o raciones, acompañada por dicha moderada cantidad de vino. Tras la ingestión, todos ellos se sometieron a la prueba del etilómetro, a través de mediciones cada 15 ó 30 minutos a lo largo de dos horas.

En el experimento se han reproducido las condiciones reales en que se pone en práctica la prueba del etilómetro con respecto a personas que consumen una cantidad moderada de bebidas alcohólicas conforme a ritos socialmente normalizados. Por ello, para la determinación de la impregnación etílica se han empleado etilómetros de aire espirado de la misma marca y sometidos a exactamente los mismos controles de calibración y revisión a los que recurren las fuerzas y cuerpos de seguridad pública.

Todos los datos y mediciones han sido procesados mediante análisis estadístico. Antes de entrar en la descripción y análisis de los resultados, pasamos a detallar los fundamentos del estudio y la metodología empleada.

1.1. Dos ideas inexactas que se suelen tener como ciertas
1.1.1. Primera suposición infundada: Con dos o tres copas basta normalmente para superar el límite de lo prohibido en el etilómetro

En relación con el etilómetro, el consumo de bebidas alcohólicas y los accidentes de circulación, una idea extendida entre el conjunto de la población es que bastan un par de consumiciones de bebidas alcohólicas para dar «positivo» en la prueba del etiló-metro, esto es, para alcanzar los 0,25 mg de etanol por litro de aire espirado que constituyen el nivel prohibido en España para la generalidad de los conductores 2. A ello contribuyen ciertas

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campañas de las autoridades: por ejemplo, la Dirección General de Tráfico ha venido distribuyendo cientos de miles de cartoncillos de divulgación desde la entrada en vigor en 1999 del RD 2282/1998, de 23 de octubre, que estableció las actuales tasas máximas de alcohol en sangre o en aire espirado permitidas por la ley. En ellos se indica de manera expresa que tanto un hombre de 70 kg como una mujer de 60 kg alcanzarán normalmente («datos aproximados», se dice en el folleto) la tasa de 0,25 mg/l de etanol en aire espirado si ingieren dos latas de cerveza o dos vasos y medio (100 ml cada uno) de vino 3.

A extender la aceptación de estos clichés contribuyen ciertos recursos electrónicos de cada vez más generalizada difusión, como son ciertas páginas de internet, incluso dependientes de instituciones de prestigio. Por ejemplo, a lo largo del tiempo en que se inició el presente estudio (2003) y hasta las fechas inmediatamente anteriores a su versión definitiva (primera mitad de 2005), la Universitat de Barcelona, en colaboración con el Consorci Sanitari de Barcelona y la Agència de Salut Pública 4, venía ofreciendo un simulador de etilómetro que, para consumos de tres vasos pequeños de vino da el equivalente a 0,27 miligramos de etanol por litro de aire espirado en un hombre de 80 kg y de 0,42 mg/l en una mujer de 59 kg, pesos ambos que tomamos como referencia en este momento porque, como puede verse más adelante en la tabla 4, se corresponden con la media de los individuos de uno y otro sexo participantes en nuestro estudio 5.

Por otra parte, en los controles aleatorios de alcoholemia los agentes encargados de realizarlos suelen preguntar al conductor invitado a pasar por ellos si ha bebido alcohol antes de conducir; como es lógico, la diversidad de respuestas es grande, pero hay

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un estereotipo que se repite con cierta frecuencia: el reconocimiento de haber bebido, aunque sólo un poco, no más de dos o tres copas de vino o cervezas acompañando la comida. No es raro, por su parte, que un porcentaje de los conductores sancionados (vía administrativa) o condenados (vía penal) por superar el índice legal de alcoholemia, afirme haber ingerido tan sólo esa cantidad moderada de bebidas alcohólicas 6.

Cierto que no hace falta forzar mucho la imaginación para aventurar que un porcentaje de esas personas no están siendo exactas, sino que van quitándole importancia a la verdadera entidad de su ingesta alcohólica, o llanamente mintiendo 7. Pero si sumamos ese dato al ya citado de las campañas públicas que sugieren que la ingestión de tales cantidades de bebidas alcohólicas provocan una etanolemia superior a los límites permitidos, parece razonable que, a priori, en cualquier persona que practique la costumbre social de consumir dos o tres de copas de vino o cervezas acompañando la comida o el tapeo surja el temor de encontrarse con un control de alcoholemia y dar positivo en él 8. Todo pare-cería indicar que una persona en tales circunstancias probable-mente habrá incorporado a su cuerpo una concentración de etanol superior a lo que las normas estiman incompatible con una

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conducción segura y, por lo tanto, estaría cometiendo una infracción, ya administrativa, ya penal, en función de las circunstancias del hecho.

Ahora bien, la precedente estimación no venía a casar con ciertas mediciones realizadas por nosotros de manera informal en el marco de actividades prácticas con los estudiantes de la Universidad de Granada. En efecto, algunos ensayos no controlados realizados en el contexto de cursos de licenciatura en derecho y de actividades prácticas en el Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología de la Universidad de Granada nos hacían sospechar que la correlación apuntada por los documentos oficiales podría no ser exacta y que, en la realidad, de la ingestión de dos o tres consumiciones de bebidas alcohólicas siguiendo el rito social del aperitivo, la comida o la cena, no se derivaría una probabilidad tan alta de que las tasas de impregnación alcohólica superasen lo permitido para la conducción.

Por otra parte, de la abundante literatura científica sobre el tema se desprenden dos datos que animaban particularmente a perseverar en una investigación como la presente:
a) La mayor parte de los ensayos se suelen realizar con grupos reducidos de personas a las que se les suministra etanol en condiciones no homologables a las del consumo cotidiano social-mente aceptado 9 (o, sencillamente, no en condiciones similares a la del consumo de alcohol en la vida real) 10.
b) Los resultados publicados y tomados como referencia habitual en las revisiones y las obras generales sobre la materia no son del todo coincidentes con los que íbamos obteniendo en las primeras mediciones. Por ejemplo, los picos de absorción habitualmente reportados para la ingesta de alcohol con alimentos sólidos se suelen situar en diversos momentos temporales a partir de los 60 minutos 11, mientras que en nuestras pruebas los datos apuntaban consistentemente desde el principio a entre los 15 y los 30 min. Más adelante expondremos una explicación que creemos plausible de estos resultados.

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Así que decidimos dar un paso adelante y someter a pruebas controladas a grupos más amplios de voluntarios, para intentar comprobar con rigor nuestra hipótesis de partida de que la impregnación alcohólica esperable para un consumo moderado de alcohol siguiendo el rito social no alcanza en la mayoría de los casos las tasas legalmente prohibidas.

1.1.2. Segunda suposición infundada: Más del 30% de los conductores fallecidos en accidente manejan el vehículo con tasas de etanol en sangre superiores a las legalmente prohibidas

No son los recién comentados los únicos territorios del ámbito relativo al alcohol y la conducción en que la imagen promovida por las autoridades y por los medios de comunicación viene acompañada de una sesgada o ambigua difusión de estadísticas. Llama mucho la atención el que los medios repitan año tras año la cantinela de que la influencia del alcohol está presente en el treinta y tantos o cuarenta por ciento de los accidentes con víctimas, basán-dose de manera invariable en datos estadísticos que consideramos mal interpretados.

Tomemos como ejemplo la Memoria de Análisis Toxicológico de las Muertes en Accidente de Tráfico 2003 realizada por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, última publicada durante la elaboración del presente estudio. Como sucede regularmente con estos documentos, ha sido objeto de amplia...

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