Un maestro ejemplar. Antonio Beristain: penalista, criminólogo, victimólogo (1924-2009)

Autor:José Luis de la Cuesta Arzamendi
Cargo:Director del Instituto Vasco de Criminología. Presidente de la Asociación Internacional de Derecho Penal (AIDP-IAPL)
Páginas:5-14
 
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El 29 de diciembre de 2009, tras una fecunda vida académica y personal, llena de logros y de realizaciones, a los ochenta y cinco años de edad, nos dejó el Prof. Dr. Dr. h. c. Antonio Beristain Ipiña. Habién-dose agravado la indisposición que le llevara a ingresar en un centro sanitario al término de la jornada de trabajo en el Instituto Vasco de Criminología, la víspera de la Nochebuena, y coherente con la posición personal hecha pública años atrás suscribiendo el testamento vital, rechazando la aplicación de todo medio extraordinario falleció en la Policlínica donostiarra rodeado de los amigos y colaboradores más cercanos.

Bilbaíno nacido en Medina de Rioseco 1 (Valladolid, 4 de abril de 1924), localidad en la que su padre ejercía la profesión de notario, a partir de los cuatro años su infancia y su juventud se desarrollaron fundamentalmente en el País Vasco, estudiando el Bachillerato en Bilbao. Sacerdote jesuita, ingresó en el noviciado de Loiola en 1941, formándose en Orduña, Burgos (Licenciatura en Filosofía, 1950) y Frankfurt am Main (Licenciatura en Teología, 1957). Tras la Licenciatura en Derecho culminada en dos años (1951-1953) en Oviedo y Valladolid, se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid (1961) con una tesis sobre «Los fines de la pena en la Nueva Defensa Social y en la Vindicta clásica», dirigida por el Catedrático D. Juan del Rosal.

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Profesor de Derecho Penal en las universidades de Deusto (1958-1967), Valladolid (1967-1968) y Madrid (1968-1970), ganó por oposición la Agregación de Derecho Penal de la Universidad de Oviedo en 1970, trasladándose en 1973 a la Facultad de Derecho de San Sebastián (entonces perteneciente a la Universidad de Valladolid) como catedrático contratado y Director del Departamento de Derecho Penal. Promotor en 1975 del Instituto Vasco de Criminología, que fuera oficialmente creado en 1978, la mayor parte de su labor docente e investigadora la desarrolló desde su Instituto de la Universidad del País Vasco, que dirigió hasta el año 2000, incluso como profesor emérito (nombramiento que siguió a su jubilación en 1989) 2, pasando en el año 2000 a ser nombrado Director Honorario del mismo.

Formado igualmente en otras universidades de Centroeuropa (París, Padua y Cambridge, así como el Instituto Max-Planck de Friburgo de Brisgovia, en el que se le sigue recordando, junto con Marino Barbero Santos, como uno de los primeros visitantes españoles), «pero, en cierto sentido (...) reformado en Latinoamérica» 3, figura de perfil «universal», nada «unidimensional» y en modo alguno dispersa, sino «rectilínea» 4, caracterizada por su «inquietud religiosa, su gran curiosidad científica y su profunda preocupación por el hombre» 5 las aportaciones científicas de nuestro añorado maestro versan sobre las «cuatro patas» sobre las que, en sus propias palabras, se apoyaba su mesa de trabajo: «Derecho penal, Criminología, Victimología y Teología interconfesional» 6. Y es que, como él mismo recordara aludiendo a su evolución científica 7, habiendo partido de «un Derecho penal tradicional desconocedor de la Criminología y de la Victimología, tal como se acostumbraba en las oposiciones a cátedra, a finales de los años sesenta», superadas las oposiciones a Profesor Agregado fue cuando comenzó a prestar «atención a las nuevas orientaciones de la Ciencia penal abierta hacia la Política criminal, la

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Criminología y la Victimología, sin olvidar la ética», abocando final-mente «al puerto de una Criminología Victimológica desde (no contra) el océano del Derecho penal contemporáneo».

Los primeros trabajos del comienzo de su andadura académica aparecen muy influidos por la Nueva Defensa Social, a cuyo entendimiento de los fines de la pena dedicó su tesis doctoral. Seguidor crítico de este movimiento impulsado por Marc Ancel en Francia, su interés por el «delincuente concreto (...) sujeto pasivo de una pena, de un castigo que le hace sufrir y le priva de derechos fundamentales que en otras circunstancias se reconocen a cualquiera» 8, le lleva a propugnar una reforma radical del sistema penitenciario 9 que, respetando los estándares internacionalmente establecidos y sin merma de los derechos fundamentales de los condenados debe partir de la plena concienciación social del problema y de sus causas y orientarse plenamente en clave de resocialización y repersonalización de los internos. En esta misma línea se inscriben sus trabajos de aquella época contra la pena de muerte, en materia de delincuencia juvenil y sobre la multa o la inhabilitación, cuyas modalidades de ejecución respetuosas del principio de igualdad y virtualidades como vías alternativas a la pena privativa de libertad estudia con base en los ejemplos más destacados del Derecho comparado.

También su libro las Medidas Penales en el Derecho contemporáneo es destacado exponente de la orientación científica de esta época en la que combinó contribuciones sobre los temas indicados con otras de corte plenamente dogmático, animando el debate científico con aportaciones fundamentales en relación, entre otras, con el finalismo, los delitos de peligro o el derecho penal del tráfico, para el que -sin renunciar a la culpabilidad en el caso de aplicación de sanciones penales (que no deberían objetivarse)-, atento a las necesidades de la realidad, propugna simultáneamente la búsqueda y desarrollo de otros medios más eficaces de prevención.

En realidad, el interés por el acercamiento a la realidad a la hora del análisis de las cuestiones penales, hacía tiempo que había ido aproximando a Beristain a la Criminología, cuyas líneas clínicas desarrolladas por el criminológo vasco Jean Pinatel, durante largos años Presidente de la Sociedad Internacional de Criminología, conocía desde hacía tiempo. Además, en la década de los 70 la Criminología comenzaba a presentar nuevas corrientes, especialmente atractivas

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para un penalista convencido de que sólo una dogmática que no se agote en el puro análisis formalista de las normas penales y políticocriminalmente bien inspirada puede llevar al Derecho penal por la vía de la justicia material y humanidad y contribuir a esa necesaria y más justa reconstrucción de las estructuras sociales que tanta importancia alcanzan en la criminalización y victimización. En este sentido, sus aportaciones acerca de las drogas 10 constituyen sin duda expresión de un momento clave en su evolución científica y, a partir de la fundación del Instituto Vasco de Criminología (1978), Beristain se convierte en uno de los principales promotores del desarrollo de la moderna Criminología en España.

Al igual que en lo penal también en el plano criminológico la obra científica de nuestro maestro brilla con luz propia. Desde la óptica criminológica son los problemas sociales más acuciantes los que atraen a Beristain, al resultar especialmente apropiados para reflexionar sobre el modelo de sociedad y su evolución. Así, junto al que Aranguren 11 denominó «crimen cálido» (los «terrorismos en plural: terrorismo por antonomasia, contraterrorismo paralelo y terrorismos...

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