Banco central de Brasil: ¿público o privado? Reflexiones sobre la ambivalencia del banco central de Brasil y sobre el amparo legal de la emisión de moneda

Autor:Thiago Perez Bernardes de Moraes
Páginas:24-45
RESUMEN

El Banco Central de Brasil es una autarquía del gobierno federal que detiene el monopolio de la emisión de moneda. En la mayoría de los países desarrollados el banco central es de propiedad privada. Pero, en Brasil y en otros países con desarrollo tardío, el banco central es público. Ocurre sin embargo, que los bancos centrales públicos operan prácticamente del mismo modo que los privados,... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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I Introducción

Bancos Centrales son como pivote de las relaciones políticas y económicas en todas las democracias del mundo. Generalmente a ellos es conferido el monopolio en relación a la emisión de moneda y también el derecho de establecer y administrar la tasa de interés. Eso confiere al presidente del banco central, y demás autoridades de estas instituciones, un gran poder político, sobretodo lo que dice respecto a la posibilidad de ganga individual para con el mercado financiero. En el límite podríamos decir que el presidente de los bancos centrales de todo el mundo, ejercen mayor influencia sobre la vida de las personas que el presidente de la mayoría de los países. Aquí hay una ambivalencia que la ciencia política y el derecho han demostrado poco interés en responder. ¿Al final, si el banco central detiene tanto poder, porque los medios de reclutamiento de sus puestos no son hechos de manera democrática, a través de elección directa por ejemplo? Esa es una pregunta difícil de responder, y huye del escopo de este trabajo, sin embargo a través del caso brasileño obtendremos algunos insights útiles.

El caso brasileño es peculiar, pues mismo el banco central siendo público (diferentemente de los países desarrollados donde ellos de praxis son privados), el actúa como

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un banco privado, pues detiene el monopolio de la emisión de moneda y también el monopolio sobre el derecho de control de las políticas económicas, sobretodo lo que dice respecto del establecimiento de la tasa de interés. A medida que la política económica brasileña básicamente está dirigida principalmente a la “lucha contra la inflación”, en lo cual se utiliza como principal instrumento la tasa de interés a las autoridades del Banco Central de Brasil, adquieren bastante poder de ganga ya que ellos detienen el monopolio sobre el control de la tasa de interés. Se entiende que esta, guarda no apenas relación directa con la ganancia sobre los títulos de la deuda pública, y también sobre el nivel de la emisión de moneda, que en este sentido, es controlada por los detentores de los bonos públicos.

Este trabajo esta dividido en cuatro partes y esta introducción. En la primera parte de este trabajo discutiremos en perspectiva histórica la función de los bancos centrales y el establecimiento de estas instituciones en Brasil y en el mundo. En la segunda parte de este trabajo analizaremos el amparo legal de la emisión de moneda en Brasil y el papel legal del Banco Central en ese juego y en el establecimiento de la política económica. En la tercera parte de este trabajo discutiremos sobre la política económica en Brasil proyectada por el Banco Central de Brasil, con especial atención al endeudamiento público y la ineficacia de la política monetaria. En la cuarta parte de este trabajo esbozamos algunas breves consideraciones finales.

II La creación de los bancos centrales

Corazza (2001) propone una versión teórica interesante acerca del surgimiento de los bancos centrales, partiendo de dos hipótesis dicotomiítas. La primera es la de que los bancos centrales fueron creaciones arbitrarias del Estado, a favor de los intereses del Estado. La segunda es la de que fue una decisión dirigida hacía el mercado y llevada por el como un fruto natural del desarrollo del capitalismo, donde el sistema bancario a menudo tuvo que enfrentar duras crisis. La finalidad es comprender la raíz de la ambivalencia de los bancos centrales, público versus privada (Corazza, 2001, 127-36).

La experiencia histórica demuestra que los bancos centrales no surgieron de la misma manera, como seria el caso de la transformación de cámaras de compensación, no fueron solo las fuerzas de mercado que impulsan a esa metamorfosis. Las razones de la creación de bancos centrales, además, son frutos de la interacción entre la acción política y el mercado, de la convergencia del interés del “mercado”.

La cuestión acerca de la naturaleza de la creación de los bancos centrales no puede ser resumida de acuerdo con la primera hipótesis, que fueron razones meramente políticas que llevaron a su fundación arbitraria por el Estado, ni la segunda hipótesis, que los bancos centrales

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son frutos de las fuerzas de mercado. Lo que se tiene entonces como razón, con más adhesión a la realidad es que los bancos centrales resultaron de la interacción entre el mercado y sus necesidades y de la respuesta del gobierno, a través de la intervención. Los bancos centrales en este sentido no fueron creados para ejercer lo que se entiende hoy como funciones de bancos centrales, pero el desempeño de estas instituciones lo llevaron a eso (Corazza, 2001, p.127-8). De cierta forma esa relación se reproduce en mayor o menor medida conforme las individualidades políticas y sociales de los diversos países. En el caso de Brasil, el camino que ha tomado los poderes del Banco Central de Brasil parece convergir con el interés de un grupo social bien distinto, que son las elites financieras.

Ser banco del gobierno, banco de emisión y guardián de reservas, aunque no sean funciones vitales de bancos centrales, fue el hito que permitió su ascensión. Sin embargo, los bancos centrales pasan a ser considerados únicos cuando comienzan a desarrollar la función de prestadores de última instancia. En la coyuntura moderna el sistema monetario se ha puesto en un trípode compuesto por el gobierno, bancos privados y por los bancos centrales. Así, los bancos centrales no pueden ser encarados como simples órganos gubernamentales, han de ser entendidos como complejos y ambivalentes, semipúblicos y semiprivados pues parte de su actuación se insiere en la estructura estatal y parte se relaciona con el crédito privado en una doble inserción, en una ambivalencia público-privada. (Corazza, 2001, 138-41).

Los primeros bancos centrales del mundo fueron el de Suecia (1688), de Inglaterra (1694), Francia (1800) y Holanda (1814), y ninguno de ellos ha asumido desde el inicio el monopolio de la emisión de moneda. En el caso de Suecia, ese monopolio solo fue implantado en 1904 (Chang, 2004, p. 166-8). En Brasil, la Constitución de 1988, establece que la emisión de moneda compite a la Unión, pero transfiere esta competencia al Banco Central de Brasil. Lo que se observa en la práctica es que la Unión no interfiere en el asunto y el Banco Central actúa como coordinador general de un monopolio de emisión de dinero.

III El proceso de emisión de moneda por los bancos centrales

La moneda puede ser entendida como una reserva de valor, como un medio de pago para la circulación de mercancías y una medida de valor. A través de la moneda, todos los bienes y productos son medidos en dinero, y el acceso a ellos también se da por el dinero, desde que la sociedad en consenso acepte ese medio de pago. También a través del dinero se

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establecen los precios, y por fin el dinero mientras reserva de valor guarda la tónica de la posibilidad de acúmulo. La moneda aún puede, de acuerdo con el contexto social, adquirir otras funciones como la moral (cuando utilizada por la Iglesia, por la caridad), para fines institucionales (cuando utilizada por el Estado), o como doméstica (cuando utilizada para fines familiares) ( Burigo, 2000, p4.6).

El dinero en la historia tuvo una larga trayectoria hasta ocupar el papel que hoy tiene en las relaciones políticas y sociales. El fue desde la antigüedad un instrumento de cambio, siendo utilizados diversos materiales como conchas, sal, etc. Es importante destacar que la moneda, a lo que parece, siempre tuvo como característica endémica el lastro de un poder político. La construcción y manutención de las sociedades modernas bajo la égida de un poder político pasa también por el consenso del establecimiento de una moneda única en un determinado territorio. Con la consolidación del Estado moderno el dinero ha dejado de ser apenas un medio de intercambios y se ha vuelto también en un fuerte instrumento de manutención del poder político.

El dinero en alguna medida puede ser entendido como un instrumento del Estado en el intuito de imponer la condición de deudores al pueblo, así garantizando su poder a través de medios coercitivo, en este caso, los tributos. Pero, la moneda es en si una creación del mercado, al poder político pronto le dieron la función de celar por su valor. El dinero revela una clara relación de poder, pues apenas el Estado consigue imponer el pago compulsorio de impuestos. (Metri, 2007, 2012).

Un problema grave que desafía la sociedad es el ahorro, a medida que la persona que ahorra saca dinero de circulación. La teoría neoclásica hoy predominante niega esta retirada de dinero de circulación simplemente asumiendo el presupuesto que toda cuenta de ahorro es de inmediato transformada en inversión productiva. Sin embargo, la simple observación de que el crédito es utilizado también tanto por el gobierno para pagar intereses como por las personas y empresas para la compra de bienes de consumo, de inmuebles usados, de acciones, etc., ha demostrado que este presupuesto neoclásico no tiene fundamento.

Un asunto interesante en cuanto al dinero es el uso de monedas alternativas, que surge de la escasez localizada de la moneda, lo que ha impedido y aun impide el desarrollo económico de comunidades alejadas de los grandes centros. Es posible ver a lo largo de la historia reciente de los ejemplos levantados por Búrigo (2000), que las monedas alternativas o paralelas...

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