Artículo 251

Autor:Pablo Salvador Coderch...[et al.]
RESUMEN

I. La sucesión intestada del causante impúber. La doctrina.-II. Evolución de la normativa. Las fuentes: A) El derecho bajo medieval y moderno de la sucesión intestada del impúber. Su importancia originaría. C) La doctrina y jurisprudencia contemporáneas anteriores a la Llei de Successió Intestada de 7 julio 1936 y la normativa de ésta sobre sucesión troncal. D) La Compilación de 1960 y su revisión... (ver resumen completo)

 
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  1. LA SUCESIÓN INTESTADA DEL CAUSANTE IMPÚBER. LA DOCTRINA

    El artículo 251 Comp. regula la sucesión intestada del causante impúber como una sucesión troncal e irregular, especial por relación al derecho general de la sucesión intestada de los artículos 248 y ss. Comp., pero no excepcional: como sostuvieron los clásicos, la relación entre una y otra era la misma que mediaba entre el ius municipale y el ius commune.

    Se aplicaban a la institución los tópicos usuales de la interpretación de los estatutos frente al derecho común(1), pero aunque se tenía en cuenta que la normativa de la sucesión troncal divergía del derecho justinianeo de la sucesión intestada, no por ello se consideraba como una regulación odiosa y precisada de interpretación restrictiva. Antes bien y como veremos, las reglas de la sucesión del impúber admitían interpretación declarativa y siempre conforme a su ratio, ajustada a ella (evitar el cambio de línea) y así lo entendió siempre la doctrina.

    Una introducción bibliográfica al artículo 251 Comp. pasa necesariamente por considerar cuatro grupos de autores:

    1. Los clásicos. Aquí deben tenerse en cuenta por lo menos cuatro tratamientos básicos de la normativa sobre la sucesión de impúberes: el de Tomás de Mieres, el de Jaime Cáncer, el de Francesc Ferrer i

      Nogués -autor de la más conocida monografía sobre el tema- y el de Joan Pere Fontanella(2).

    2. La doctrina del renacer jurídico del XIX. En este tema debe estarse a los trabajos de Pedro Nolasco Vives y Cebriá, del segundo tercio del siglo, y a los de Guillem M.a de Brocà i Montagut y Joan Amell i Llópis, del tercero(3),

    3. El Neorromanismo novecentista del primer tercio del siglo XX. La obra de Ramón Coll i Rodés, sobre la sucesión de los impúberes en el Derecho Catalán, publicada en varios números de la Revista Jurídica de Cataluña de los años 1909 y 1910, constituye todavía hoy la aportación fundamental sobre la materia(4).

    4. La doctrina contemporánea posterior a la Compilación de 1960: Hay que referirse principalmente al trabajo de José Manuel González Porras, aparecido en 1973, y a la síntesis de Lluis Puig i Ferriol y Encarna Roca i Trías, contenida en su obra de conjunto sobre el Derecho civil catalán(5).

  2. EVOLUCIÓN DE LA NORMATIVA. LAS FUENTES

    1. El derecho bajomedieval y moderno de la sucesión intestada del impúber. Su importancia originaria

      La normativa del artículo 251 Comp. es una excepción al orden romanista regular de la sucesión intestada acogido tradicionalmente en Cataluña (aunque actualmente rija la versión modificada del mismo que se establece en el Código civil) y constituye una aplicación concreta del principio paterna paternis, materna maternis.

      Las fuentes clásicas de esta normativa son tres constituciones contenidas en el Título II, De pupillars y altras substitutions, y de successions deis impubers, del Libro IV del volumen I de la edición de 1704 de las Constitucions i Altres Drets de Catalunya(6):

      La primera, de Jaime I en Tarragona, del año 1260 (vol. I, 6, 2, 1) que, refiriéndose a otra anterior y desconocida, dice:

      Com al Offici Reyal se pertanya los drets ja fets declarar, e aquells que segons equitat son fets, en milis reformar. Nos en Iacme per la Gratia de Deu Rey de Arago, de Mallorcas, e de Valentía, Comte de Barcelona, e de Vrgell, e Senyor de Montpeller, per molts interpellat, que la Constitutio per nos feta, que si lo Para moría, Fill, o Filis en pupillar edat jaquits, si aquells morien ans que de dret puxessen fer testament, quels bens paternals envers la Mare no romanguessen, axi com pus proisme én grau al Fill constituida, mas envers los pus proismes parents del Pare Deffunct, de la parentela deis quals los bens vingueren, perço que los dits parents hajesen solas de la sua tristitia, ab los quals nó sens causa se havía de tenir compte: alguns volents la dita Constitutio a prau enteniment reduir, deyan, que si lo dit Deffunct per artifici, o negotiatio sua hajes adquisit bens alguns, quels dits bens axi adquisits, no a la Mare, mas ais parents dels Deffuncts eran per la dita Constitutio adquisits: la qual cosa no fo de nostra intentio, ne es, defraudar la Mare de successio deguda del Fill en tal Article, mas volem, e manam, que la Mare succeesca al Fill en aquests bens que lo Pare de ell per artifici, o negotiatio, o per qualque altre titol haura adquisits, car basta als parents dels Deffuncts, que hajan los bens que del linatge dells fon pervinguts, axi encara com las Leys antigas innuir eran vistas. E si defailiran parents entro al quart grau, a la Mare dels Filis, o Fill del Deffunct retornen tots los bens del Deffunct. Item declaram la dita Constitutio, que en donatio per noces, o per screix (lo qual es degut a la Mare per raho de la sua Virginitat) per nostra Constitutio la Mare no ho perda, ne en alguna cosa sie defraudada, en tant quant per raho de pacte apposat per lo Marit la Made deu quanyar, o encara obtenir, o si lo Marit en son testament haura manat, que lo Fill, o Filia dins edat legittima sens infants morint, los bens seus a la Muller tornen. Deym encara, e statuim, que totas cosas segons la voluntat de aquell testador, o pacte aposat dejan esser observadas. E aquestas cosas que ditas son en la Constitutio de sus dita de Marits, axi mateis en las Mullers per tot volem esser observadas: la qual Constitutio a tots nostres sots mesos volem esser extesa, e tots a observatio de aquella sien tenguts. Dada en Tarragona a deus dies de las Chalendas de Noembre, lo Any de Nostre Senyor Mil doscents sexanta.

      El rey se refiere a su Constitución anterior, que estableció la sucesión troncal del causante impúber a favor de los parientes de la línea paterna, en relación a los bienes procedentes del linaje paterno y de los de la materna, con respecto a los procedentes del suyo, y aclara que no deben considerarse bienes troncales o de linaje aquellos que habían sido adquiridos directamente «per artifici, o negotiatio, o per qualque altre titol» por el padre o la madre. Sobre ellos no debían reclamar derecho alguno los parientes de la línea correspondiente, pues había que considerarlos como adquisiciones nuevas.

      Mas un siglo después una Constitución de Pedro III, dada en Monzón en 1363 (vol. I, 6, 2, 2), contradijo a la anterior considerando efectivamente troncales a los bienes en cuestión adquiridos por el padre o la madre. Se plegaba así, como ya indicara Coll i Rodés, a lo que debía ser la práctica real(7):

      Los impubers morints ab intestat, los bens que a aquells del Pare, o del Avi, o de altres de linea Paternal; per qualsevol causa, occasio, o titol guanyats, seran pervinguts, no a la Mare, o als qui seran de pare de la Madre pus proismes, mas als dits Pares, e altres de aquella part pus proismes fins al quart grau (servat entre aquells orde de dret Roma) pervulgan, sola legitima reservada a aquella Mare, o ais ascendents altres de la linea Maternal, si sobreviuran, e servadas las conditions, vincles, e altres carrecs, si alguns legittima, ment e de dret a aquells impubers sien apofats, e injuncts: e aço mateis sie observat en los bens, que a aquells impubers de la Mare, o de la linea Maternal seran pervinguts. Ajunstants, que en la substitutio que per lo Pare se fa a Fill impuber, estant en potestat sua, la paraula aposada. Torn, sie devolunt, pervenga, substituesc, e semblants, per paraulas directas de tot en tot sien haudas. E sis vol per dret delegat, o per qualsevol altra manera, posat que no per dret de institutio, de Fill, o de altres infants en lo testament sie feta mentio, la testament perço no deja esser irritat, o esser dit irrit o nulle.

      Finalmente, una Constitución de Felipe II dada en las Cortes de Monzón en 1585 (vol. I, 6, 2, 3), extendió a la sustitución pupilar el criterio normativo de la troncalidad. La regla aclara la ratio de la institución precisando además su alcance subjetivo, aunque, como es natural, no es norma de sucesión intestada:

      Per quant apar gran iniquitat, que tenint vna persona Germans, o Germanas, o altras parents de part de Mare fins en quart grau segons orde de dret Roma, y havent apres adquirits qualsevol bens per suc-cessio de Mare, que apres, morint la tal persona ans de venir a pu-bertat, ab substitutio pupillar feta per lo Pare, los bens, y heretat de la Mare, per virtut de substitutio pupillar aguessen de anar a altres Filis, o parents del mateix Pare, y no de la Mare, o altres parents de part de la dicta Mare, perço statuim, y ordenam ab approbatio de la present Cort, que en dit cas los bens de la Mare hajan de tornar alsGermans, o Germanas, o altres parents fins al quart grau, com esta dit de part de Mare fin tindra, y que entre ells lo Pare puga disposar per dita substitutio pupilar, y no en altras personas, decla-rant, y ampliant la Constitutio feta per lo Rey en Pere Terç en las Corts de Montío Capítol 1. Començant. Los impubers.

      La existencia de un estatuto jurídico especial para la sucesión del causante impúber es perfectamente explicable a poco que se recuerden los rasgos básicos de la demografía de la Baja Edad Media e inicios de la Edad Moderna.

      Una normativa ad hoc y profundamente divergente de las reglas de la sucesión intestada regular resulta hoy casi una curiosidad y, desde luego, es poco importante: en nuestra cultura las tasas de mortalidad infantil rozan, algo por encima o algo por debajo, el 10 por 1.000.

      Pero la situación era muy distinta para la Cataluña de la época de las dos primeras constituciones citadas a mediados del siglo xin y del siglo xiv respectivamente. Los demógrafos nos enseñan que para la Baja Edad Media y fuera de los períodos de las grandes epidemias -como la Peste Negra, a partir de 1347-48- la tasa de mortalidad infantil dentro del primer año de vida alcanzaba promedios quince o veinte veces superiores a los actuales, es decir, era por lo menos del 15 por 100 llegando hasta el 20. Y si se cuenta hasta la pubertad, 12 años para las mujeres y 14 para los hombres, la tasa se incrementaba hasta un 25...

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