Variables psicosociales vinculadas a la delincuencia juvenil

Autor:Lourdes Contreras Martínez - M.ª Carmen Cano Lozano - Virginia Molina Banqueri
Páginas:400-413
RESUMEN

La delincuencia juvenil se encuentra asociada e interrelacionada con factores económicos, culturales, sociales, familiares, personales, etc. Han sido muchas las propuestas para explicar la conducta delictiva, formulándose diversas teorías desde diferentes perspectivas que proponen una explicación del delito vinculado a diversos factores educativos, familiares y... (ver resumen completo)

 
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II Introducción

Actualmente los delitos cometidos por los menores es uno de los temas que suscita gran interés entre los investigadores de diversas disciplinas, como la Psicología, la Criminología, el Derecho Penal, la Sociología, etc., así como entre la sociedad en general, propiciando intensos debates que intentan dar una explicación a este fenómeno. La delincuencia juvenil aparece asociada e interrelacionada con factores económicos, culturales, sociales, familiares, personales, etc. En este sentido, han sido muchas las propuestas para explicar la conducta delictiva, formulándose diversas teorías desde diferentes perspectivas que proponen una explicación del delito vinculándolo a factores de diversa índole, tanto educativos, familiares y psicosociales.

III Variables psicosociales vinculadas a la delincuencia juvenil

A continuación se detallan aquellos factores que han sido objeto de numerosas investigaciones por su relación con la conducta delictiva de los menores. Estos factores pueden agruparse en familiares, individuales, relacionados con drogas, la escuela y grupo de iguales y la tipología de los delitos cometidos.

Factores familiares

Dentro de las clásicas teorías psicológicas, desde la perspectiva del aprendizaje vicario, Bandura (1973) afirmó que el aprendizaje observacional se produce en primer lugar en la familia y en la subcultura prevalente,Page 401a través de los símbolos culturales que forman parte del ambiente social. Desde esta perspectiva, la familia se constituye como el pilar básico desde donde se van conformando los procesos de socialización de los menores.

Con respecto a las variables familiares, han sido objeto de estudio principalmente aspectos como el clima/dinámica familiar, tamaño de la familia, existencia de antecedentes de conducta delictiva o de consumo de drogas en algún miembro familiar y nivel socioeconómico.

En relación a la dinámica y al tamaño familiar, diversos estudios manifiestan que un clima familiar adecuado favorece la conducta adaptada en los adolescentes (Amezcua, Pichardo y Fernández, 2002). Factores como un mayor tamaño familiar y la desestructuración familiar potencia una conducta desadaptada y mayor delincuencia del menor (Cano, 2006; Rodríguez y Torrente, 2003; Torrente y Merlos, 1999; Torrente y Rodríguez, 2004), así como escaso afecto y cohesión familiar, una alto grado de conflicto y un estilo educativo caracterizado por la permisividad está relacionado con la implicación de los hijos en conductas problemáticas (Martínez, Fuertes, Ramos y Hernández, 2003; Villar, Luengo, Gómez y Romero, 2003; Rodríguez y Torrente, 2003). Ovalles (2007) habla de familias disfuncionales como una de las causas que explican la delincuencia juvenil, siendo las características de estas familias la falta de comunicación, de afecto, de actividades, falta de pertenencia y de cohesión, y afirma que una buena comunicación familiar es un factor de prevención de la conducta delictiva. En este sentido, factores como el apoyo familiar, con normas claras dentro del hogar y una buena estructuración, están altamente asociados a la no reincidencia de menores infractores (Carr y Vandiver, 2001).

En cuanto a hogares monoparentales, en el caso de la separación de los progenitores, los hijos suelen presentar problemas de adaptación que pueden incluir la implicación en conductas disociales, aunque estas conductas tienden a persistir en el tiempo en el caso de los hijos varones. En concreto, los hijos de familias monoparentales a cargo de la madre es más probable que presenten más puntuaciones elevadas en conductas agresivas, comportamiento disocial y conducta delictiva (Cantón, Cortés y Justicia, 2002). Por otro lado, otros autores afirman que en cuanto a la separación de los padres, es el conflicto originado lo que se asocia con el delito (Cano, 2006; Rechea y Fernández, en García, 2008, págs. 116).

Otro de los factores tradicionalmente asociado a la conducta delictiva es el nivel socioeconómico de la familia. Diferentes estudios muestran quePage 402una baja economía familiar se considera un factor de riesgo para la implicación en delitos sus miembros (Crespo, Perles y San Martín, 2006). En contraposición, en otras investigaciones se obtienen resultados que indican que esta relación no es tan evidente (García, 2008; Grossi, Paíno, Fernández, Rodríguez y Herrero, 2000; Sobral, Luengo y Marzoa, 2000). Quizá una interpretación sería que no son los problemas económicos los que están directamente asociados a la comisión de delitos, sino que sería, al igual que sucede con la separación de los padres, el conflicto resultante de esta situación el que estaría relacionado con la conducta antisocial de los hijos.

También cabe mencionar la influencia sobre la delincuencia de los hijos de los factores asociados a los propios padres, tales como el abuso de drogas, el alcoholismo o la conducta delictiva (Rutter y Giller, 1983, en Cano, 2006). Con respecto al consumo de drogas en el ámbito familiar, el modelado paterno de consumo de drogas es considerado como un potente factor de riesgo, que se constata como una mayor disposición en los hijos adolescentes a experimentar y habituarse tanto al alcohol como a drogas ilegales (Moral, Ovejero y Pastor, 2004). La violencia en el seno familiar y las conductas desviadas de los padres son consideradas factores de riesgo para que los menores lleven a cabo conductas antisociales (Benítez y Justicia, 2006; García, 2008). En concreto, parece que la comisión de delitos por parte del padre es el que ejerce mayor influencia sobre la conducta delictiva de los hijos (Farrington, 2001), frente a la influencia de otros miembros de la familia.

Sin embargo, con respecto a los factores familiares de riesgo, están apareciendo resultados novedosos. Estos resultados apuntan a nuevo perfil psicosocial del menor infractor, ya que un gran número de estos sujetos provienen de familias donde no existe desestructuración familiar, es decir, los progenitores no están separados, no existen denuncias por malos tratos conyugales, los padres no tienen antecedentes judiciales ni problemas de drogodependencia. Tampoco se registran relaciones familiares conflictivas ni antecedentes de medidas de protección, aunque si aparecen problemas económicos (Crespo y cols., 2006)

Factores individuales

En relación a las características individuales, existen una serie de rasgos de personalidad que parecen estar vinculados a la conducta delictiva, entendiendo por rasgos de personalidad aquellas predisposiciones esta-Page 403bles a comportarse de una determinada manera o según un patrón característico. Estos menores suelen ser precipitados en sus pensamientos y comportamientos, actuando frecuentemente sin pensar en las consecuencias, lo que unido al bajo autocontrol, resulta inevitablemente en la demora de la gratificación y la regulación de las necesidades inmediatas (López y López, 2003). Desórdenes por Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad parecen incrementar el riesgo de delinquir cuando se combina con problemas de conducta incluida la agresión (Muñoz, Graña, Peña y Andreu, 2002). Los rasgos de personalidad que aparecen potentemente asociados a la conducta disocial son el locus de control externo, la búsqueda de sensaciones, alta impulsividad, bajo autocontrol, atrevimiento y baja...

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