Algunas reflexiones sobre la fundación de la ciudad de santo domingo en la isla de la española, ante el evento conmemorativo de su quinto centenario

Autor:Julio Gerardo Martínez Martínez
Páginas:1273-1289
RESUMEN

I. Introducción. II. Epítome de la gesta colombina. III. Las etapas del poblamiento en cristiandad del Nuevo Mundo descubierto en la isla de Haití-Quisqueya, La Española. IV. Hipótesis sobre la fundación de la ciudad de Santo Domingo en La Española. V. Conclusión.

 
ÍNDICE
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I Introducción

Según la mayoría de los autores consultados el inicio del descubrimiento, conquista y evangelizacion de las Indias Occidentales se rigió por lo estipulado entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón en las Capitulaciones de Santa Fe del 17 de abril de 1492, en cuyo documento Juan Coloma, secretario que actúa en nombre de los reyes, nos concreta:

    «Vuestras Altezas, como sennores que son de las dichas mares Océanas, fazen desde agora al dicho don Christóval Colón su almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano se descubrirán o ganarán en las dichas mares océanas...; Vuestras Altezas fazen al dicho don Christóval su visorey e governador general en todas las dichas tierras firmes e yslas, que, como dicho es, él descubriere o ganare en los dichos mares».

Luego, en el Privilegio rodado de Granada del 30 de abril del mismo año los Reyes Católicos puntualizarán:Page 1274

    «Por cuanto vos, Christóval Colón, vades por nuestro mandato a descobrir e ganar con ciertas fustas nuestras e con nuestras gentes, ciertas islas e tierra firme en la mar Océana, e se espera que con la ayuda de Dios se descobrirán e ganarán algunas de las dichas islas e tierra firme en la dicha mar Océana, por vuestra mano e industria; e ansi, es cosa justa e razonable que, pues os exponéis al dicho peligro por vuestro servicio, seades dello remunerado. E queriéndoos onrrar e facer merced por lo susodicho, es nuestra merced e voluntad que vos, el dicho Christóval Colón, después que fayades descobierto e ganado las dichas islas e tierra firme en la dicha mar Océana o cualesquier dellas, que seades nuestro Almirante de las dichas islas e tierra firme que ansí descobriéredes é ganáderes, e seades nuestro Almirante e Visorrey e Gobernador en ellas»1.

Aquí hay desde el ámbito jurídico un hecho muy significativo, y éste no es otro que los Reyes Católicos, en los dos documentos que acabamos de citar, se atribuyen el señorío sobre la mar océana en la ruta hacia el Occidente, como consecuencia lógica de lo acordado en el tratado de las Alcacovas-Toledo (1479-1480), por el que se reparten Portugal y Castilla la mar océana y sus zonas de influencia, en cuanto señores de esa tan extensa área del planeta. Acuerdo internacional que, por otra parte, luego sería confirmado por la bula pontificia Aeterni Regis, de Sixto IV, del año 1481, por la que confirma, en lo que respecta a posibles controversias entre ambas potencias, en los derechos de los portugueses, lo a ellos otorgado en las bulas Romanus Pontifex, de Nicolás V, de 1455, y la ínter Coetera, de Calixto III, de 1456, mediante las que, por la primera el papa le concede a los portugueses el monopolio marítimo desde los cabos Bojador y Num2, navegando hasta la India por la ruta del sur, al mismo tiempo que les otorga el dominio de cuanto descubran en su navegación. Y, por la segunda, les concede derecho de patronato en la fundación y organización eclesiástica, que hayan de hacer en las tierras, que descubran en la amplísima zona de su dominio. Y además, la Aeterni Regis, incorpora lo acordado entre Portugal y Castilla dos años antes en el tratado de las Alcacovas, que después sería revisado y puesto al día por el tratado de Tordesillas de 1494, de fijación de los límites de dominio de ambas potencias en las tierras ya descubiertas y por descubrir en el meridiano situado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde3.

De modo que, sobre la base del derecho, contenido en todos estos documentos, los Reyes Católicos, mediante las Capitulaciones de Santa Fe y el PrivilegioPage 1275 rodado de Granada, antes citados, van a hacer delegación regia de su dominio en la persona de Cristóbal Colón, al nombrarle almirante de la mar océana (hasta entonces sólo había existido y existía el gran almirante de Castilla), su visorrey y gobernador de las tierras que descubriere y de las por descubrir, tanto en islas como en tierra firme. A nuestro entender, esta delegación de dominio regio de los Reyes Católicos en la persona de Colón, por ellos ennoblecido por causa de los cargos públicos para él tan recientemente creados, va a marcar decisivamente la existencia de la primera fase del descubrimiento, conquista, fundación y poblamiento de la novísima extremadura de la Corona de Castilla, que una vez liquidado definitivamente el reino nazarí de Granada, el viejo residuo del antiguo gran Al-Andalus, el 2 de enero de 1492, vendrá a situarse como punto de partida de nuevos descubrimientos y conquista, en la para los aborígenes llamada Haití-Quisqueya 4. Precisamente a propósito de «Quisqueya», creemos ver también una estrecha relación entre este término y uno de los primeros documentos, que relacionados con el almirante Colón le ponen en camino de idear una nueva y más eficaz vía para acceder a la India (las Indias), por la ruta del occidente. Me refiero a la carta de 25 de junio de 1474, de Paolo Toscanelli, físico florentino, a Cristóbal Colón, por la que le anima a emprender su viaje a las Indias con datos esperanzadores por el brevísimo camino, en la que hay pasajes tan significativos, como el siguiente:

    «También le pintaba en dicha carta muchos lugares en las partes de las Indias donde se podrá ir, sucediendo algún caso fortuito como vientos contrarios y otro cualquiera que no se esperase; y después para que quedéis plenamente informados de todo, diré lo que he averiguado. Las islas de que hemos hablado están habitadas por mercaderes, que trafican en muchas naciones: Se ve en los puertos mayor número de bajeles extranjeros, que en otra parte del mundo. Del sólo puerto de Zaitón (¿Hong Kong?), uno de los más hermosos y famosos de Levante, parte todos los años más de ciento cargados de toda suerte de especias. Es grande y poblado el país, tiene muchas provincias y muchos reinos del dominio de un príncipe solo llamado Gran Kan, que es lo mismo que rey de los reyes. Ordinariamente tiene su residencia en el Catay; sus predecesores deseaban tener comercio con los cristianos, y hace doscientos años enviaron embajadores al papa, pidiéndole maestros, que los instruyesen en nuestra fe; pero no pudieron llegar a Roma, y se vieron precisados a volver por los embarazos, que hallaron en el camino. En tiempo del papa Eugenio IV, vino un embajador, que le aseguró el afecto, que tenían a los católicos, los príncipes y pueblos de su país. Estuve con él largo tiempo, me habló de la magnificencia de su rey, de los grandes ríos, que había en su tierra, y que se veían doscientas ciudades con fuentes de mármol,Page 1276 fabricadas sobre las riberas de sólo un río. El país es bello; y nosotros debíamos haberlo descubierto por las grandes riquezas, que contiene, y la cantidad de oro, plata y pedrería, que puede sacarse de él. Escogen para su gobierno a los más sabios, sin consideración a la nobleza ni a la hacienda. Hallaréis en un mapa, que hay desde Lisboa a la famosa ciudad de Quisay, tomando el camino derecho a Poniente, veintiséis espacios de ciento cincuenta millas cada uno. Quisay tiene treinta y cinco leguas de ámbito, su nombre quiere decir Ciudad del Cielo. Vénse allí diez grandes puentes de mármol sobre gruesas columnas de una extraña magnificiencia. Está situada en la provincia de Mango, cerca de Catay. De la isla Antilla hasta la de Cipanus se cuenta diez espacios, que hacen doscientas veintiocho leguas. Es tan abudante en pedrería y oro, que cubren los templos y los palacios reales con planchas de ello. Aún pudiera añadir muchas cosas, pero como ya os las he dicho y sois prudente y de buen juicio, no creo que deba repetirlas aquí. Deseo que mi carta satisfaga a su Alteza, a quien os ruego digáis que estoy pronto y dispuesto a obedecerle, cuando me mande cualquier cosa»5.

Interesante documento, que nos habla de Quisay, la ciudad del cielo, y de otras riquezas y oro, y que en gran medida determinó todo, o casi todo, lo que posteriormente Colón haría en búsqueda del descubrimiento y la conquista de Indias, siendo la primera de ellas y su natural entrada en Quisqueya, posiblemente la Quisay de la carta de Toscanelli. Vean cómo se repite la raíz de ambos términos en cada uno de ellos, como punto de partida en la expresión conjunta de Quisqueya-Quisay.

II Epítome de la gesta colombina

La primera etapa de la gesta de Colón, iniciada tras las Capitulaciones de Santa Fe y el Privilegio rodado de Granada, el día 12 de mayo de 1492, en que sale de Granada hacia Palos de Moguer, muy esquemáticamente expuesta, es del tenor siguiente:

- El día 3 de agosto, viernes de 1492, parte de Palos en dirección a Canarias con las célebres tres carabelas, según nos recoge en su Diario 6.Page 1277

- El domingo 12 de agosto del mismo año llega a las Canarias, en donde, a causa de los problemas técnicos sufridos en la navegación y su necesidad de repararlos, la expedición tuvo que detenerse por espacio de casi un mes, no reemprendiéndose la travesía, hasta el 6 de septiembre de dicho año de 1492, en que como nos dice en el Diario: «Partió aquel día por la mañana del puerto de la Gomera y tomó la vuelta para ir a su viaje»7.

- El viernes 12 de octubre del año 1492 las Indias están ante la contemplación de los expedicionarios, tras una travesía de tres meses y nueve días, en que al parecer llegaron a una de las Bahamas, a la que los indígenas llamaban Guanahaní, y que Colón denominó San Salvador, si bien cálculos recientes de Marden plantean la posibilidad de que la isla en cuestión fuese Samana Cay8, frente a lo que se sostenía desde los viajes de Samuel Morison. Los nativos que encuentran eran tainos, sedentarios, poco evolucionados, del grupo étnico arawak, de alimentación piscícola y a base de conuco, y de una relativa alta...

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