La Declaración Universal de los Derechos Humanos

Autor:Paul Coleman
Páginas:37-42
 
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La declaración universal de los derechos Humanos

El debate en torno a la libertad de expresión y el «discurso del odio» no es nuevo y las preocupaciones sobre la comprensión actual de este tipo de discurso se agravan cuando se considera el contexto en que la noción surgió en el escenario internacional. Si bien durante siglos, de una forma u otra, han existido leyes restrictivas del discurso, la internacionalización de las prohibiciones contra el «discurso del odio» surgieron a finales de los años cuarenta, a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Como ha sido debidamente documentado, la idea de que determinados discursos no están permitidos pertenece al «persistente legado soviético».

Las leyes contra el «discurso del odio» vigentes hoy en día no pueden ser rechazadas simplemente porque fuesen introducidas mediante la presión concertada de las naciones comunistas que imperaron el siglo pasado. Sin embargo, el hecho de que los regímenes de todas esas naciones se derrumbaran por completo y se haya demostrado su corrupción debe, al menos, despertar sospechas en los partidarios modernos de este tipo de leyes. Las naciones que tanto promovieron las disposiciones contra el «discurso del odio» y «antidiscriminación» no crearon —precisamente— sociedades modelo. La discriminación y la injusticia abundaban en su seno y la censura estatal solo era igualada a la violencia patrocinada por el Estado.

La mayoría de los partidarios modernos de las leyes contra el «discurso del odio» tienen, sin duda, ambiciones muy diferentes a sus partidarios originales, y algunos pueden incluso tener las mejores intenciones. Sin embargo, la elocuente historia de la internacionalización de las leyes contra el «discurso del odio» debe ser considerada cuidadosamente, en particular porque las justificaciones son, con frecuencia, las mismas que las del pasado.

Los siguientes capítulos revelarán esta elocuente historia, comenzando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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38 la Censura maquillada | Paul Coleman

La redacción de la dudH

La comunidad internacional, reunida después de la Segunda Guerra Mundial, preparó un documento con la intención de garantizar los derechos de las personas y limitar el alcance del Estado. El 10 de diciembre de 1948 los líderes mundiales se reunieron en el marco de las recién creadas Naciones Unidas y promulgaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), un documento no vinculante destinado a evitar que los horrores ocurridos en años anteriores volviesen a suceder.

El texto final pasó por siete etapas de redacción, que se extendieron durante más de dos años. El proceso implicó rigurosos comités de redacción, comisiones, subcomisiones y la participación activa de casi cincuenta Estados Miembros. A lo largo del proceso de redacción, la cuestión de cómo abordar el «discurso del odio» —como se conoce actualmente— se planteó en dos áreas en particular: durante los debates sobre el artículo 19 (libertad de expresión) y sobre el artículo 7 (protección contra la discriminación).

artículo 19 de la dudH

El artículo que garantiza la libertad de expresión planteó problemas a los redactores desde el principio. La versión final del artículo 19 dice:

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Si bien este artículo se redactó como protección frente de a la afición de Hitler por los decretos de emergencia de Hitler mediante los que el Estado de forma unilateral anulaba la libertad de expresión de sus ciudadanos, algunos temían que una libertad de expresión excesiva permitiera a los «fascistas» y a otros colectivos difundir su «propaganda». Así, «los artículos 19 y 20 de la Declaración presentaron a los redactores el problema específico de cómo de tolerante debía ser una sociedad tolerante hacia aquellos —como los nazis o los grupos fascistas— que eran...

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