Contradicciones y reproducción del sistema sexo-género de dominación masculina

Autor:Jone Martínez-Palacios
Páginas:119-137
 
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En los capítulos anteriores hemos tratado de explicar tanto el contexto en el que nos gustaría que fuese situada esta investigación, como algunas de las herramientas conceptuales de las que hacemos uso a lo largo de ella (tales como ID, capital o poder). Además, en los momentos en los que lo hemos considerado necesario (como es el caso del estudio de los obstáculos y las estrategias en la participación de las mujeres), hemos ofrecido antecedentes de estudio que sirven de estado de la cuestión de una parte de la problemática sobre la que trabajamos en este libro. En este tercer capítulo proponemos nuestro modelo interpretativo para comprender cómo se reproduce la dominación en contextos de democratización. Este modelo se nutre de los numerosos trabajos que la teoría feminista provee sobre los sistemas de opresión desde disciplinas como la ciencia política, la sociología, la antropología, la historia o el psicoanálisis.

En el desarrollo de nuestra investigación, cuando todavía no se habían realizado la totalidad de las biografías y por lo tanto quedaba mucha realidad que conocer, ya era posible identificar sobre la base de lo que las mujeres nos estaban contando tres tensiones-contradicciones que afectan directamente a la organización de los espacios de innovación democrática. Estas tres tensiones han sido abordadas, separadamente, desde distintos ángulos de la teoría feminista y cada una de ellas podría ser analizada en profundidad como una variable independiente.

Como decíamos, la identificación de estas tensiones ha sido posible a partir de la máxima atención a las claves que las mujeres que han participado en la investigación nos han dado desde sus biografías. También ha sido gracias a una revisión e interpretación muy personal de una serie de trabajos de carácter teórico, realizados desde distintas disciplinas y centrados en explicar los mecanismos a través de los que el sistema de dominación masculina se mantiene y reproduce. Escuchar, entender, leer, comprender, contrastar e interpretar han ido de la mano a lo largo de la investigación.

Carole Pateman, Cristina Molina Petit o Linda Nicholson han optado, en numerosas ocasiones, por subrayar la entrada privilegiada que ofrece el estudio del sistema de dominación masculina a partir de la distribución genérica de los espacios. El estudio de la dicotomía público-privado y sus efectos en la libertad de mujeres y hombres significa, entre otras cosas, definir el sistema de dominación masculina como uno que asigna y ordena los espacios en función del sexo, y no de forma aleatoria. Estudiar el significado social del espacio, de moverse y estar en él, ayuda a comprender la existencia de una subjetividad entrenada hacia lo público y otra orientada a lo privado, así como acceder a las formas en las que las mujeres ya están resistiendo a esta y otras tensiones en las

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que se concreta el sistema de dominación sexo-género. Otras autoras como Almudena Hernando o Martha Nussbaum se han centrado en el estudio de la dicotomía razón-emoción para explicar la sujeción de las mujeres a los hombres y la existencia de un sistema de dominación masculina. La identificación de las mujeres con la naturaleza y la emoción y del hombre con la cultura y la razón tiene efectos limitadores en la realización de los proyectos de vida de las mujeres. Con la ilustración y el dominio de la razón, así como con la identificación del proceso de individualización como un proceso por el cual el ser humano adquiere y hace uso de su propia razón, llega la disociación de la emoción y la razón, privilegiando además la segunda frente a la primera. Esa categorización ha acarreado también la minusvaloración de quien tradicionalmente ha sido conceptualizada como un “ser emocional” y prepolítico: la mujer.

De esta revisión se deduce que, desde una perspectiva politológica, el sistema sexo-género de dominación masculina se ha definido principalmente a partir de la capacidad de asignar y definir espacios y trabajos (subrayando la dicotomía públicoprivado), y como un sistema que divide la razón de la emoción, asociando la primera a los hombres y lo masculino y la segunda a las mujeres y lo femenino, privilegiando además la primera sobre la segunda (de este modo cobra importancia la dicotomía razón-emoción). Estas tensiones/contradicciones se originan porque existe una forma de organizar las categorías que nombran el mundo, y es aquí donde entra la tercera tensión/contradicción que identificamos en este trabajo como: “lo dominante con vocación universalizante frente a lo subalterno”. Las dos tensiones anteriormente identificadas existen porque hay una categoría –razón y público– cuyo sentido social se ordena socialmente por encima (arriba) de otra –emoción y privado– (abajo). Todo lo que está arriba es más prestigioso que lo que está abajo. Por eso insistíamos anteriormente en que, ante todo, el SSGDM es un sistema basado en una forma jerárquica de organización, articulado por una lógica binaria de juego de suma cero asentada en el poder como dominación. En esta forma de organizar con carácter universalizante subyace un tipo de dominación. Según la tercera contradicción identificada, el sistema sexo-género de dominación masculina puede ser definido como el sistema por el cual existe una pretensión de universalizar los modelos y aprendizajes concebidos a través de una experiencia vital (la masculina). Es decir, el SSGDM como un sistema con pretensiones universalizantes jerarquizando lo dominante frente a lo subalterno. Todo esto tiene que ver con presentar la experiencia vital masculina como modelo único, es decir con el androcentrismo. En resumen, esta tercera tensión pondría el acento en la intención universalizante del sistema de jerarquías por el cual lo público y la razón resultan más prestigiosos que lo privado y la emoción.

En esta investigación se defiende que todas estas formas de definir el sistema sexo-género de dominación masculina son válidas y complementarias entre sí.

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Se entiende, además, que para acercarse a un dispositivo social con el fin de explicar, en la medida de lo posible, la forma en la que el sistema de dominación afecta a los proyectos de los agentes que participan en él, atender a las formas concretas en las que aparecen estas tres contradicciones para las mujeres puede ser fértil. Concretamente, trabajamos sobre la idea de que estas contradicciones aparecen en mayor o menor medida en todas las estructuras e instituciones sociales que intervienen en las relaciones sociales, incluso en los dispositivos de innovación democrática.

Además, como ya decíamos anteriormente, la investigación se concibe sobre la idea de que las manifestaciones de tales tensiones aparecen de una forma objetivada1y de una forma incorporada2. Por ejemplo, la institución de la familia en su concepción patriarcal (hombre “ganapán”-mujer encargada de la labor de mantener la estructura afectiva familiar), asigna un espacio a la mujer (privado), una función (la del cuidado) y una esfera (la de las emociones). Asimismo, para que ese sistema pueda seguir funcionando en condiciones óptimas, a través de una serie de estructuras e instituciones sociales (escuela, medios de comunicación, amigas/os), se trasladará la idea de que un tipo concreto y particular de familia es el universal, desplazando por medio de mecanismos más o menos sutiles (que van desde la represión legal a la sutil desaprobación provocada por la risa) otras formas de familia que transgredan la jerarquización conceptual propuesta en el marco de un SSGDM (pongamos por ejemplo las familias monoparentales, o las compuestas por personas del mismo sexo). A su vez, esa forma de concebir la familia se transmite a través de diferentes instituciones (escuela, medios de comunicación), que ayudan a que las mujeres y los hombres interioricen e incorporen esa forma de ser madre o padre, generando así estructuras mentales que reproducen los roles de género, haciendo que una madre se sienta culpable por dejar a sus hijos solos para que ella vaya a tomar parte en una reunión. Desde esta perspectiva, lo formal y lo sutil, lo estructural y lo agencial, lo consciente y lo no reflexivo son analizados como un todo.

1. El sistema sexo-género de dominación masculina

En los dos capítulos precedentes hemos venido haciendo uso del término sistema sexo-género de dominación masculina propuesto por la filósofa belga Chantal Mouffe (1984), para nombrar el sistema de relaciones basado en la

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jerarquía de lo masculino sobre lo femenino que organiza las relaciones entre hombres y mujeres y que lo atraviesa todo y a todas/os.

Coincidiendo con la crítica marxista al uso del termino patriarcado por su carácter ahistórico, Chantal Mouffe proponía en una conferencia de las Jornadas de Feminismo Socialista realizadas en 1984 en Madrid, el término sistema sexogénero de dominación masculina sobre la base del ya dispuesto sistema sexogénero por Rubin en 1975. Rubin lo definía como “el sistema de relaciones sociales que transforma la sexualidad biológica en productos de actividad humana y en el que se encuentran las resultantes necesidades sexuales históricamente específicas” (Rubin 1975). Con su propuesta, Rubin se situaba en una explicación social, no biológica, del desequilibrio de poderes entre hombres y mujeres. Propuesta con la que Mouffe coincide, pero que matiza al decir que “tal sistema no define solamente las características de masculinidad o de feminidad, sino también el tipo de relación que existe entre ellas, que en teoría, puede ser igualitario, con dominante masculina o con dominante femenina. Evidentemente, en la mayor parte de las sociedades conocidas existe el sistema de género-sexo con dominante...

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