Algunas consideraciones sobre los orígenes del merino mayor

Autor:Julia Montenegro
Páginas:1091-1106
 
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En la segunda mitad del siglo XII, durante el reinado de Alfonso VIII, nos encontramos perfectamente configurado el cargo de merino mayor de Castilla, y, al unirse en 1230 los reinos de León y Castilla, aparecen inmediatamente, al lado de aquél, los merinos mayores de León y Galicia1. Ahora bien, algunos aspectos de los orígenes de tan importantes oficiales de la organización territorial de la Corona de Castilla no han merecido hasta el momento la atención pormenorizada de ningún historiador, y eso es precisamente lo que nos proponemos analizar en este trabajo.

Los primeros indicios del proceso que concluyó con la aparición del merino mayor se aprecian durante el reinado de Alfonso VI. Este monarca llevó a cabo una importante tarea de reestructuración de la organización territorial -ya esbozada durante el reinado de su padre- concretada en la proliferación de merinos del rey en calidad de oficiales regios permanentes en ámbitos territoriales bien definidos y con unas competencias que se circunscribían básicamente a la recaudación de impuestos y al mantenimiento de la paz pública2. Así, en tiempos de Fernando I vemos actuando a merinos del rey en territorios como León, El Bier-Page 1092zo, Portugal y seguramente en Asturias3. Alfonso VI brindó un notable impulso a esta nueva fórmula, hasta el punto de que en algunas demarcaciones (es el caso de Carrión, Saldaña o Astorga) los merinos del rey desplazaron, siquiera sea momentáneamente, a otros oficiales regios 4. Tales innovaciones en la organización territorial no afectaron por igual a todos los ámbitos del reino, y en algunos distritos las primeras apariciones de merinos del rey se registran tardíamente; así, por ejemplo, para Liébana sólo hay algunas menciones esporádicas a merinos que pudieran serlo del rey a partir de 1125, y es forzoso esperar a los últimos años del siglo para tener perfectamente atestiguada su existencia5. Pero es evidente que durante el reinado de este monarca hay constancia documental de merinos del rey (denominados también villici, iudices, pincernas, economi, vicarii, procuratores, prefecti, prepositi) actuando regularmente, no sólo en los distritos más arriba mencionados, sino también en alguno de Galicia, en Campos, enPage 1093 Zamora o en Monzón 6, y desde luego en Castilla. Es evidente asimismo la importancia que adquieren estos merinos territoriales del rey; importancia que se pone de manifiesto en la abundancia de menciones documentales de su existencia y, en concreto, en el lugar destacado que ocupan en muchos diplomas entre las altas autoridades del reino7.

Precisamente en el merino del rey en Castilla, que aparece reiteradamente en los diplomas de Alfonso VI, cree encontrar I. Álvarez Borge el origen del merino mayor de Castilla8. Ello, en última instancia, es posible, pero en nuestra opinión Alfonso VI previamente diseñó otra fórmula. Desgraciadamente no podemos contar todavía con la Colección Diplomática de este monarca9, pero, a juzgar por los diplomas -así como por los documentos privados de esta época- consultados, es posible pensar que Alfonso VI ideó una figura distinta, y en cierto modo complementaria, a la del mayordomo regio, presumiblemente con la misión específica de coordinar la actuación de los diversos merinos territoriales del rey.

En el reino de León, hasta finales del siglo X el mayordomo aparece generalmente así designado, maiordomus10. Durante el reinado de Vermudo III observamos, en cambio, cómo un mismo mayordomo, Fáfila Pérez, recibe muy diversas denominaciones: pincerna in palacio, maiordomus, egonomius, maiorinus11.Page 1094

Algo similar percibimos en los diplomas de Fernando I: Gutier Egarédiz aparece indistintamente como dispensator regis, maiorinus o maiordomus 12. Lo consignado durante los reinados de Vermudo III y Fernando I induce a pensar que todas estas denominaciones se percibían como sinónimas, tal vez porque el cargo en sí mismo adolecía de una cierta indefinición en cuanto a sus competencias. Por otra parte, y en concreto durante los reinados de Ramiro II, Sancho I y Alfonso V, es posible apreciar la actuación conjunta de dos mayordomos, pero, en estos casos, ambos aparecen con la misma designación13.

En cambio, llama la atención en algunos diplomas de Alfonso VI, y en otros documentos privados de la época, la aparición simultánea de dos personajes con denominaciones distintas, aunque similares e incluso sinónimas, y, cabe pensar, con cometidos también diferenciados14. Ciertamente, lo habitual es que aparezca únicamente un mayordomo del rey, que puede recibir diversos nombres: maiordomus (regis, palacii, ad mensam regalis, in domo regis) maiorinus (regis, in aula, super domum regis) equonomus (domum regis, super mensam), pero en alguna ocasión, además del mayordomo, aparece otro cargo en el que creemos ver el más remoto precedente del futuro merino mayor.

Inmediatamente después de la reunificación de los reinos, en noviembre de 1072, el mayordomo del rey era el noble leonés Tello Gutiérrez, perteneciente al poderoso y bien conocido linaje Alfonso 15. Este magnate se mantuvo en el cargo probablemente y como mínimo hasta bien entrado el año 1077 16,Page 1095 pero desde marzo de 1075 y hasta comienzos de 1078 varios documentos nos presentan al castellano Pedro Morélliz como maiordomo, ichonomus regis y más frecuentemente como tiufadus regis 17. Denominación esta última insólita, y tal vez reveladora del papel desempeñado por Pedro Morélliz, pues en época visigoda los «trufados» eran jefes militares, pero también jueces y agentes fiscales 18.

Indicios todavía más claros apreciamos en los años siguientes. Desde abril de 1079 y hasta mayo de 1087 tenemos constancia documental de que el magnate leonés Pelayo Vellídez era el mayordomo del rey19. Ahora bien, en ocasiones el mayordomo aparece acompañado de un ecónomo. Así, por ejemplo, un documento original datado el 6 de mayo de 1085 hace constar: Armiger regis, Rodrigo Ordoniz; et maiordomo Pelagio Uelitiz, dominantem uius architriclinus Pela-Page 1096gio Domenquiz20. Personaje este último bien documentado por estos mismos años como merino de León21, y que, a juzgar por el texto que acabamos de mencionar, desempeñó al mismo tiempo otras importantes funciones.

En este orden de ideas nos parece muy significativo un diploma datado el 14 de mayo de 1087, en el que aparece Pelayo Vellídez como maiordomus in aula y el también leonés Ermeildo Rodríguez como equonomus domus regis 22. Ermeildo Rodríguez figura por las mismas fechas (julio y abril de 1087) en un diploma como maiorinus cum super mensam regis, y en un documento privado como maiorino y precediendo al alférez 23. El personaje aparece en años sucesivos, entre 1088 y 1095, designado generalmente como equonomus domus regis o egonomus super mensam, sin que falte algún ejemplo de su denominación como maiorinus y también como maiordomus regis 24. Y, por otra parte, consideramos posible que en fechas posteriores a 1087 Pelayo Vellídez siguiera siendo mayordomo, pues confirma entre 1089 y 1093 -bien es cierto que sin que conste quePage 1097 ostentara cargo alguno- en varios diplomas al lado de Ermeildo Rodríguez25. Ello sin olvidar el diploma ya mencionado de 1087 que bien pudiera corresponder en realidad a los años 1092 ó 1093.

Poseemos algún otro indicio de lo que consideramos intentos por parte de Alfonso VI en la dirección indicada de crear un cargo distinto y complementario del de mayordomo: es posible que Pelayo Vellidez, antes de alcanzar la mayordomía regia (lo que, como ya hemos indicado, debió de ocurrir a principios de 1079), fuera dispensator regis, es decir, administrador o tesorero26; un documento original de la catedral de León, datado en enero de 1082, menciona a Vimara Rodríguez como equonomus, y pudiera tratarse del ecónomo del rey, habida cuenta de que en la misma columna de confirmantes aparece Pelayo Gratizi, dux stabulariorum27; y, ejerciendo la mayordomía regia Fernando Muñoz, en un diploma datado probablemente en 1101 del Tumbo de León, confirma, inmediatamente después del mayordomo del rey, un tesorero, Petrus Saluatoriz, erarius regis 28.

Ciertamente no son muchos, ni siempre totalmente expresivos, los testimonios recabados, pero no es menos cierto que nada parecido se detecta en los rei-Page 1098nados anteriores. Por ello parece lógico concluir que Alfonso VI inició tímidos y vacilantes intentos de crear una nueva figura diferenciada del mayordomo, y asignada no a grandes magnates, sino a personajes de menor rango, como parece ser el caso de Pedro Morélliz o Ermeildo Rodríguez29, en línea con la tónica de elegir a merinos territoriales del rey, salvo raras excepciones, entre personajes en absoluto pertenecientes a la nobleza magnaticia.

Pero los ensayos de Alfonso VI debieron de ir en una doble dirección, pues paralelamente se aprecia cómo se potenciaron algunos merinos territoriales, y así se pone de manifiesto en su destacada presencia en los diplomas de este monarca; se trata en todos los casos de merinos que administran grandes demarcaciones. Ya hemos indicado que alguna merindad, es el caso de Saldaña, englobaba las tierras de dos antiguos distritos: Saldaña y San Román de Entrepeñas; por su parte, la merindad de Castilla o Burgos, pues de ambas maneras se la denominaba indistintamente, incluía en sus límites buena parte de las tierras del reino del mismo nombre30, hasta el punto de que en 1087 se decía de Pedro Juánez que era prepositus regis totius Castelle, y hacia 1096-1098 don Felices -consignado en ocasiones como merino en Burgos- aparece asimismo como maiorinus de tota Castella31.

Por otra parte, muchas veces un mismo merino del rey tenía bajo su control dos merindades. Es el caso de Ero Eriz en Astorga y El Bierzo en 109532, o de Ero Gutiérrez en Astorga y Zamora con Campo de Toro en 110433, y probablemente de Miguel Alfonso -a quien Alfonso VI denomina fidele meo al efectuar una donación a su favor hacia 110134-, quien fue merino del...

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