Conclusiones para esta primera parte

Autor:Fernando Oliván López
Cargo del Autor:Profesor Titular de Derecho Constitucional. Universidad Rey Juan Carlos de Madrid
 
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CONCLUSIONES A ESTA PRIMERA PARTE

La sociedad moderna desborda las fronteras geográficas y humanas. La voz de los inmigrantes y las exigencias de terceros países que, a fuer de exclusión, han terminado por constituir el Tercer Mundo, empieza a oírse con unas consecuencias inquietantes. Un Tercer Mundo fuera del diálogo con los auténticos protagonistas. Pero también un Cuarto Mundo como apunta la moderna sociología ética en referencia a las bolsas de pobreza que se acumulan en nuestra sociedad. Auténticos parias carentes de derechos, los “sans papiers”, extranjeros ilegales, demonizados, marginalidad absoluta fuera incluso de la realidad que tutela el ordenamiento jurídico.

Hemos apuntado aquí nuestra reflexión. La respuesta que puede dar nuestra sociedad, respuesta que reclamamos sea pronunciada desde el derecho, por eso buscamos conceptos jurídicos donde pueda asentarse.

Un mundo que se globaliza de forma imparable. Donde la libertad de circulación se ha convertido en el alma del sistema. Circulación que ya no es una mera idea instrumental, sino el contenido mismo del sistema. Hasta sus últimas consecuencias el planteamiento de MacLuhan adquiere una dimensión inusitada. Aquí también, el medio –la circulación- es el mensaje, el objeto, la razón de ser.

Pero la imagen dinámica, el G-7 u 8, el Mercado libre, el mundo sin fronteras, termina sonando a falacia. Circulan, es cierto, los bienes pero no las personas. Aun esta distinción resulta engañosa, circulan los intereses de unos frente a los de otros. La trabas comerciales –disfrazadas de normas de calidad exigidas- reducen la velocidad de la “riqueza” de los pobres. La circulación mediática también termina siendo unidimensional. Viaje de ida sin retorno que termina por negar la misma idea de libertad. A la postre sólo el capital fluye. Respecto a las personas, cuando ese marroquí, o ecuatoriano, o nigeriano hace caso de los consejos de Occidente: “¡circula hacia donde esté la riqueza!”, ya no es un buen ciudadano que atiende a las instrucciones de la sociedad capitalista, deviene rápidamente un “ilegal”, alguien que, no sólo carece de los documentos legales necesarios para vivir, sino que su propia voluntad se demuestra viciada: un aventurero, “de cada casa el peor”, que no se conforma con quedarse en su país a la espera de mejores tiempos.

Nos alejamos de ellos porque todavía nos recuerdan demasiado de cerca nuestra historia. Incluso les hemos cambiado el nombre: ya no son emigrantes sino inmigrantes, neologismo absolutamente innecesario en los que atañe a la lengua pero fundamental, a la postre, para separarlos de nuestro recuerdo.

Nuevas barreras se levantan en sustitución de las viejas fronteras. Barreras humanitarias, ahora se dice, aplicando este adjetivo a cualquier barbaridad de Occidente: “injerencia humanitaria”, “guerra humanitaria”, ahora se lucha contra las mafias de la inmigración, contra el tráfico humano, prostitución, mano de obra, niños esclavos..., pero sólo perseguimos, o a través de esta coartada sólo perseguimos, a las propias víctimas. Occidente, nuestro Occidente, ha tratado de diseñar ahí su respuesta. La ha llenado de buenos propósitos y de grandes palabras. Sin embargo su discurso ha sonado demasiado a hueco. Curioso, cuando se han sentado para organizar una primera policía europea, han terminado hablando sólo de...

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