Carlos ALARCÓN CABRERA, Creer en Hitler. El triunfo de la fe y la sumisión sobre la libertad

Autor:Fernando Martínez Cabezudo
Páginas:329-335
 
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En Creer en Hitler. El triunfo de la fe y la sumisión sobre la libertad, Carlos Alarcón parte de una premisa explícita: Hitler no fue una lamentable excepción ni un accidente histórico. Las condiciones psicosociológicas que propiciaron su aparición son demasiado similares a las que se han presentado en muchos lugares en las décadas siguientes al fenómeno nazi, que continúan impulsando la emergencia de figuras políticas repletas de sadismo y masoquismo. Se trata de seres humanos angustiados y desbordados ante su imposibilidad psicológica de sostenerse como entes individuales que, detrás del pretexto ideológico de revoluciones nacionales, raciales o culturales, anhelan y necesitan evadirse sintiéndose capaces de provocar daño a los demás y a sí mismos, y de reprimir la libertad ajena y también la libertad propia.

Para el autor, lo que tienen en común estas derivaciones tanáticas e inhumanas de los humanos es la apelación religiosa, cuasireligiosa o seudoreligiosa a la fe en el líder como base para establecer un vínculo simbiótico entre gobernantes y gobernados, entre dominantes y dominados. En este sentido, considera que Hitler fue sólo, en tanto que Fuhrer, un transparente ejemplo de cómo guiar a un pueblo sumiso hacia la renuncia a la libertad y hacia la autodestrucción. Siguiendo a Erich Fromm, Alarcón considera la influencia luterana y calvinista como determinante no sólo para la irrupción del espíritu capitalista, tal como había subrayado Max Weber, sino también para la aparición de nuevas formas políticas caracterizadas por la sumisión abso-

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luta de la ciudadanía al líder. En tanto que extensión terrenal de la autoridad divina, el poder político fue objeto de un particular tipo de apego por parte del pueblo alemán. Se constituyó así, sobre todo durante el siglo XIX, un entramado autoritario que representó un factor de inhibición que paralizó a la ciudadanía, instándola al sometimiento pasivo ante el emperador. Tras la derrota en la primera guerra mundial, ante la desaparición del Kaiser, las nuevas generaciones se mostraron dispuestas a entregar su libertad a un Führer que los guiaría hasta la gloria. Como analiza Alarcón, el vínculo que enlazó a Hitler con los alemanes derivó del vértigo que éstos sintieron como consecuencia de su conquista de la libertad política tras siglos de autocracia imperial, de una libertad que tras la derrota en la guerra y la desaparición del Imperio dio lugar a la amenazante revolución espartaquista, a la humillante rendición incondicional sellada en Versalles y a la dramática hiperinflación de los primeros años de la década de los veinte.

El autor trata por tanto de mostrar la naturaleza cuasireligiosa del vínculo que Hitler consiguió establecer con el pueblo alemán, y resaltar cómo a partir de este vínculo pretendió llevar a cabo una revolución cultural totalitaria forjadora de un nuevo hombre alemán. Alarcón profundiza en la tesis de Fromm según la cual este vínculo no sólo constituyó una insensata tabla de salvación para los alemanes, sino también para Hitler. Desde un punto de vista psicológico, fue un vínculo simbiótico que se desplegó a través de los componentes sádicos y masoquistas de la personalidad de Hitler, un ser angustiada ante la imposibilidad de encontrar un sentido a su vacía vida, desarraigada y desbordada en la Viena imperial de los años previos a la primera guerra mundial. Alarcón se centra en estudiar la naturaleza de los mecanismos de evasión mediante los cuales Hitler y los alemanes se encadenaron mutuamente como modo de tratar de compensar sus sensaciones de...

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