Antecedentes del derecho cooperativo en México

Autor:Dra. Martha E. Izquierdo Muciño
Cargo del Autor:Catedrática e Investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de México
Páginas:71-91
 
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Introducción

Una de las principales causas que dieron origen al cooperativismo en el mundo fue la revolución industrial, que trajo consigo largas jornadas de trabajo, desempleo y bajos salarios. En efecto, el cooperativismo fue un movimiento pacífico y práctico que aspiraba a construir un sistema capaz de cambiar la situación económica y social que prevalecía, cuyas características fueron: la ayuda mutua, los esfuerzos propios y los principios de solidaridad entre otros.

Los principios originales del cooperativismo reflejan el respeto y la dignidad de las personas consideradas en una situación de igualdad, por lo que han perdurado a través del tiempo en forma casi inmutable, siendo calificadas como las reglas de oro del cooperativismo. En América Latina en tiempos prehispánicos se observan también formas de cooperación y asociación como los los «calpullis» del imperio azteca y los «aylus» del imperio Inca.

En México la forma que adoptó la Confederación del Trabajo durante el proceso generador de la producción capitalista dejó en claro la contradicción de este sistema pues por una parte la producción tenía un carácter marcadamente social y por otra el apropiamiento del producto del trabajo por el em-

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presario definía una forma de adquisición, marcándose así un antagonismo entre trabajo y capital.

El cooperativismo sin embargo, vino a superar ese antagonismo entre capital y trabajo, dado que si los trabajadores son también propietarios del capital, se elimina esa contradicción.

Otra de las formas de organización cooperativa que existieron en la Nueva España fueron: la caja de comunidades indígenas, los pósitos y las alhóndigas. Posteriormente existió la organización gremial la cual fue considerada como la base de la estructura obrera, así como las organizaciones cooperativas, sin embargo, no todas sobrevivieron, pues en el México independiente se les fue eliminando poco a poco.

Los pocos gremios que surgieron durante la Colonia se formaron en contra de la invasión de artículos extranjeros que desplazaban la producción nacional como la: «junta de fomento de Artesanos» que los reagrupaba para lu-char contra el libre cambismo que los llevaba a la ruina. La citada junta era más bien una caja de ahorros que estaba fundada bajo el sistema de seguro familiar, con fines benéficos para sus asociados y conciudadanos. De hecho se asegura que fue el antecedente de las cajas de ahorro de 1830, propuestas para ayudar a la clase menesterosa.

En efecto, la primera caja de ahorros se fundó con el apoyo de modestos artesanos y empleados en la ciudad de Veracruz con magníficos resultados, por lo que se les puede considerar como hombres con ideas pre-cooperativas. Asimismo las mutualidades en sus comienzos, tenían como finalidad fomentar un fondo de asistencia mutua con aportaciones de los socios para garantizar su asistencia médica y gastos de necesidad extrema.

Puede decirse que tanto los organizadores del círculo obrero como los miembros del Congreso Constituyente de la Confederación en México, fueron hombres de ideas cooperativas, cuyos principales objetivos fue emancipar al pueblo de la soberanía extranjera y de la servidumbre del capital, defendiendo su autonomía bajo ideas de carácter cooperativo.

La Constitución del 5 de febrero de 1917 vino a restituir la soberanía nacional, el reconocimiento de los derechos sociales, la dignificación del trabajo y el reparto agrario, así como la intervención del Estado, para regular la vida política, económica y social del país.

Sin embargo fue durante el período Cardenista en los años 40´s en donde se observa la mayor importancia al movimiento cooperativista y la mayor expresión de esa importancia fue la implantación del ejido colectivo, así como la substitución de la hacienda por una estructura ejidal cooperativa, que fuese capaz de captar activamente el sistema nacional de mercado.

Otro período importante para el desarrollo del cooperativismo en México fue de 1973 a 1983 en el que hubo un aumento considerable de cooperativas de participación estatal impulsada por la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Reprimidas y Grupos Marginados (COPLAMAR).

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Actualmente se observa que lejos de existir algún avance para el sector cooperativo mexicano lo que existen son grandes problemas y uno de ellos se debe principalmente al modelo económico que prevalece, esto es que el capitalismo mexicano bajo el modelo neoliberal excluye al cooperativismo, descartándolo de los esquemas de desarrollo nacional, (aun cuando la ley lo contemple), proyectándolo como sinónimo de retroceso, subversión y fracaso, por lo tanto el cooperativismo en México actualmente no está considerado por el Gobierno Federal ni por la mayoría de los Gobiernos de las entidades Estatales, y no obstante que contamos con diversos artículos constitucionales que lo reconocen dentro del sector social de la economía para un mejor modelo de vida de los mexicanos lo hasta aquí expuesto expresa una realidad diferente.

1. Época prehispánica

Si bien los tejedores de Rochdale en Inglaterra en el siglo xviii fueron los primeros que tuvieron la idea original de la cooperación, en cambio en la gran Tenochtitlan del México prehispánico también existía una gran organización de pueblos que bajo el trabajo cooperativo en la estructura del Imperio de Anáhuac, obedecía al nombre de « calpulli» o sea « tierra de barrios».

En efecto, los «calpulli» constituían pequeñas propiedades de grupos indígenas cuyos caracteres cooperativos estaban representados por las tierras de un barrio determinado, eran tierras lotificadas que les pertenecían a cada familia la cual la explotaba por su cuenta.

Mendieta y Núñez sostiene que el barrio no sólo era un conjunto de tierras explotadas en común, sino que estaba bajo una propiedad de tipo familiar, hereditario y condicionado al bien social.

Asimismo sostiene que el carácter cooperativo se le atribuye por que bajo el sistema de irrigación, integrado por las familias existentes, éstas se unían para la construcción de acequias denominadas «apantli», constituidas para conducir el agua hacia una especie de albercas llamadas «tlaquilacaxtli» a las cuales posteriormente los españoles dieran el nombre de «jagüeyes».

En esas pequeñas presas en común, se realizaban obras que embellecían sus barrios1.

Bajo la dominación española se consideró pertinente preservar este tipo de organización y además se estudiaron sus caracteres específicos, formada por diferentes conceptos de cada uno de los géneros de propiedad, que para distinguirlos se empleaban vocablos que se referían a la cantidad de los poseedores. Ejemplo:

Tlatocalli: Tierra del Rey

Pillalli: Tierra de los nobles

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Altepetlalli: Tierra del pueblo

Calpullalli: Tierra de los barrios
Mitlchimalli: Tierra para la guerra y
Teotlapan: Tierra de los dioses

La mayor cantidad de las tierras laborales eran ocupadas por el rey, los nobles, la clase militar y la clase sacerdotal, Las familias indígenas como se ha mencionado poseían tierras denominadas Calpullalli también conocido como «Calpulli».

Rosendo Rojas Coria comenta acerca de la propiedad de la tierra del Calpulli, que esta les pertenecía a las familias que las poseían en lotes perfectamente bien delimitados con cercas de piedra o magueyes, siendo transmisibles de padres a hijos sin limitaciones y sin término pero que estaban sujetas a dos condiciones: la primera era cultivar la tierra sin interrupción y si la familia dejaba de cultivarla dos años consecutivos, el jefe o señor principal del barrio los reconvenía por ello, y si al siguiente año no se enmendaba la familia, entonces perdía el usufructo.

La segunda era permanecer en el barrio a que pertenecía la parcela usufructuada dado que el cambio de un barrio a otro implicaba su pérdida. Los habitantes del Calpulli estaban capacitados para gozar de la propiedad comunal y cuando un lote quedaba libre, el jefe o señor principal con acuerdo de los ancianos repartían la tierra entre las familias existentes.

En consecuencia podemos decir que las características de este régimen de propiedad se representó por los siguientes hechos: las tierras de un barrio determinado estaban bien identificadas y cada lote pertenecía a una familia, la cual la explotaba por su propia cuenta en calidad de propiedad privada, pero sin libertad para enajenarla o venderla pues estaba condicionada al bien social.

Por su parte el agricultor daba al rey parte de su cosecha, y posteriormente sacaba lo que le correspondía para él, lo cual significa que, eran prácticamente socios y contribuyentes, conocían además el sistema de irrigación para las familias que unían sus esfuerzos para el embellecimiento de sus tierras bajo un sistema cooperativo en su funcionamiento2.

2. Organización cooperativa en la nueva España

Más tarde bajo la dominación española, se desarrolló otra forma de organización con carácter de precooperativa, como lo fueron las «Cajas de comunidades indígenas», aprobadas por el Virrey Don Antonio de Mendoza, quien habiendo recorrido gran parte de América tenía interés en que se conservarán

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las formas originales de organización de los indígenas para bien de estos, pues según decía era una forma de vida a la que estaban acostumbrados, lo cual resultó ser un sistema primitivo de cooperativismo. Los caracteres cooperativos de las cajas funcionaban como instituciones de ahorro, previsión y préstamo, pero no llegaron a...

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