Concepto, caracteres y distinción de figuras afines

Autor:José Alejo Rueda Martínez
Cargo del Autor:Doctor en Derecho
CONTENIDO
  1. Concepto

    La delimitación conceptual de la sucursal no deja de ofrecer resquicios abiertos a la polémica, dado que, no solamente se hace difícil una distinción jurídica entre establecimiento principal y sucursales, sino que, además, la ausencia de una definición legal, ha hecho que en ocasiones, tanto por parte de la doctrina como de la jurisprudencia, se hayan ensayado nociones dispares en función del campo jurídico respectivo.(51)

    Nuestras leyes sin embargo, pese a no distinguir jurídicamente el establecimiento principal de las sucursales, se refieren constantemente a ambos como algo opuesto. Así el art. 21-4° del Código de comercio ; el art. 11 -3° e) de la Ley de Sociedades Anónimas ; el art. 7-5° de la Ley de Sociedades de Responsabilidad limitada el art. 71-4° del Reglamento del Registro Mercantil ; el art. 65 de la Ley de Enjuiciamiento Civil . Pero pese a esas alusiones, la ausencia de una definición legal es patente y solo a efectos regístrales la sucursal goza de una regulación menos parca (Cfr. los arts. 88 y sobre todo 97 del R.R.M. que tendremos ocasión de analizar a lo largo del trabajo). Tan solo recientemente el Real Decreto de 30 de septiembre de 1988 sobre creación de Bancos privados e instalación en España de Entidades de Crédito extranjeras, establece que «A los efectos de este artículo, se entiende por sucursal la oficina operativa o conjunto de oficinas operativas de la Entidad extranjera en España» (art. 8-3°). Con independencia de que la disposición transcrita se refiera a las Entidades de crédito, y que sus efectos los restrinja al propio artículo, conviene adelantar la importancia de la nota de «operatividad» que el precepto contiene, a los efectos de estudiar luego el grado de autonomía de la sucursal, sin que, por otra parte, entendamos que se trata de una definición omnicomprensiva.

    Ha sido la doctrina la que ha ido perfilando la noción de sucursal resaltando más los caracteres, que elaborando un concepto que sirva para comprender todos los tipos de sucursales y permita diferenciarlos de otras figuras afines.

    Efectivamente, a la hora de delimitar la noción de sucursal, se insiste, por lo general, en que carece de personalidad jurídica propia y en que goza de cierta autonomía respecto al establecimiento principal.(52) Pero los caracteres de la sucursal no se agotan aquí. Como ha puesto de relieve DE LA CÁMARA, la sucursal es uno de los establecimientos a través de los cuales se desarrolla una misma actividad empresarial, pero siendo capaz de contar con una clientela propia.(53) Se trata además de un establecimiento accesorio porque en él no radica la alta dirección del negocio.(54) Y finalmente respecto del carácter autónomo de que goza la sucursal, advierte el citado autor que se trata de una autonomía administrativa que viene determinada por la concurrencia de dos factores: las instalaciones y la organización material distintas y separadas de las del establecimiento principal, así como la circunstancia esencial de que la sucursal realice las mismas operaciones que aquél, lo cual exige colocar al frente de la sucursal un órgano administrativo con poderes suficientes para atender a la clientela. A éste órgano administrativo, le sería aplicable el art. 286 del C. de com. por dos razones: la consideración del concepto legal de factor y la naturaleza de la sucursal como establecimiento accesorio.(55)

    Naturalmente, que duda cabe, que todos estos caracteres que la doctrina más autorizada atribuye a la sucursal, permiten perfilar la institución con cierta nitidez y elaborar un concepto de la misma ausente en nuestro Derecho, aun siendo conscientes que la claridad y depuración del mismo, a falta de un estudio sistemático de la institución, pueda constituirse en terreno abonado a la polémica.

    Por nuestra parte, se puede definir la sucursal como «aquel establecimiento secundario, carente de toda personalidad jurídica, de carácter permanente, con idéntico objeto que el establecimiento principal, pero instalación material distinta y clientela propia, que goza de autonomía operativa a través de un factor o gerente con facultades suficientes para realizar su función, aunque subordinado a las directrices de la administración central, sin que todo ello afecte a la unidad patrimonial de la empresa».

  2. Caracteres

    Configurada así la sucursal procedemos a extraer los caracteres fundamentales que individualizan la institución y que, esquemáticamente pasamos a analizar:

    1. ) Se trata de un establecimiento secundario. Efectivamente la sucursal no es otra cosa que una simple extensión de la empresa a la que está subordinada, tanto jurídica como económicamente, hallándose destinada a colaborar en la explotación que el establecimiento principal realiza.

    2. ) Carece de personalidad jurídica. Como establecimiento secundario que es, no puede tratarse nunca de una sociedad distinta y jurídicamente independiente de la matriz, de lo que se deriva que los bienes adscritos a la sucursal no constituyen en modo alguno un patrimonio autónomo. El hecho de que el art. 97-2° del R.R.M. haga referencia a la cifra del capital de la sociedad y a la «parcial que, en su caso se asigne a la sucursal» no quiere decir que haya de distinguirse un doble patrimonio, ni que el capital social quede fraccionado. El capital social sigue siendo uno, lo que ocurre es que parte del patrimonio social queda afectado a las actividades de la sucursal a los solos efectos internos.(56) Tampoco del hecho de que la sucursal se halle sujeta a inscripción, como parece desprenderse del art. 21 -4° del C. de com., debe deducirse que adquiere personalidad jurídica, como ha entendido algún autor,(57) ni que tal inscripción sea constitutiva. Efectivamente si se trata de sucursales pertenecientes a comerciantes individuales, la inscripción es voluntaria, puesto que ya la inscripción del propio comerciante tiene ese carácter de voluntariedad (art. 17 y 18 del C. de com. y 69 del R.R.M.).(58) Si se trata, por otro lado, de inscripción de sucursales que pertenecen a sociedades, tampoco se ve la necesidad de tal inscripción, máxime cuando no existe precepto legal alguno que de forma imperativa obligue a ello.(59)

    3. ) La sucursal debe tener carácter permanente. Quedan así excluidos aquellos establecimientos que actúan o nacen para actuar provisional o temporalmente. La instalación de establecimientos con carácter de provisionalidad no constituyen en modo alguno una descentralización de la empresa ni tampoco un centro de operaciones autónomo puesto que tanto sus elementos materiales como el personal a ellos adscritos, revertirán de nuevo a la sede central, pudiendo ser implantados en otra parte.(60)

    4. ) La sucursal tiene el mismo objeto que la sede central. Efectivamente, como apunta GARRIGUES(61) lo que caracteriza a la sucursal es el hecho de que en ella se concluyan los mismos negocios que forman el objeto fundamental de la empresa. Se excluyen, en consecuencia, aquella clase de establecimientos que desarrollen actividades distintas y que sean capaces de constituir el núcleo de una explotación diferente.(62)

    5. ) Se trata de una instalación material distinta de la del establecimiento principal. Así, en el caso de que parte de los locales de la sede central se encuentren ocupados por una explotación determinada, dicha explotación nunca constituirá una sucursal o un centro distinto de la matriz.(63)

    6. ) La sucursal tiene una clientela propia. Esta nota resulta importante dado el valor definitoho que tiene, ya que la circunstancia de que la sucursal deba desarrollar las mismas actividades de la sede central podría llevarnos a pensar que solo existe una clientela y que únicamente contarían con clientela propia aquellos establecimientos que desarrollasen actividades heterogéneas. Sin embargo el dato empírico de que la sucursal cuente con su clientela particular, permite distinguirla, como veremos, del centro de explotación material y de las agencias o delegaciones.(64)

    7. ) Goza de autonomía operativa. En este punto conviene distinguir las relaciones internas entre sucursal y establecimiento principal, de las relaciones externasóe la sucursal en el tráfico jurídico mercantil. La autonomía de la sucursal solo tiene transcendencia en el plano interno y únicamente a efectos operativos en orden a la realización de los actos de su tráfico. En el plano externo la sucursal realiza, si bien separadamente, las mismas operaciones que la sede central, lo que hace que frente a la clientela, aunque sea propia, funcione como si fuera el establecimiento principal.(65) Además el personal contratado por una sucursal está ligado por una relación jurídica única y exclusiva con la matriz; la contabilidad de la sucursal es en realidad la misma que la de su matriz; y, en fin, la responsabilidad de la sucursal no es independiente de la responsabilidad de la empresa principal, puesto que de las obligaciones contraídas a través de cualquier sucursal responderá el establecimiento central.(66) Por otra parte pensamos que se trata de una atonomía puramente operativa ya que la sucursal se halla en relación de dependencia tanto técnica como jurídica y económica, limitándose a ejecutar las mismas operaciones que el establecimiento central. Ello a parte de existir un criterio legal definitorio de la autonomía de las sucursales de las Entidades de crédito y que creemos aplicable a cualquier otra clase de sucursales por las razones expuestas. Tal criterio legal viene reflejado como apuntábamos más atrás en el art. 8-3° del R.D. de 30 de septiembre de 1988.(67)

    8. ) Es preciso que la sucursal cuente con un factor o gerente con facultades suficientes para realizar su función. También esta nota permite distinguir la sucursal de otras figuras próximas, puesto que el órgano al frente de las mismas goza de poderes distintos de aquellos que ostenta el Director de la Sucursal.(68) Estos poderes deberán ser adecuados y suficientes para que concluya los mismos negocios que forman el objeto de la sede central, si bien, y dado que la sucursal dependerá económica y jurídicamente de la matriz, es fundamental que el gerente vincule y obligue a la misma con sus actos.(69) Si ello es así, si el gerente ha de gozar de poderes que le permitan actuar dentro del giro o tráfico de la empresa obligando con sus actos a la sede central, pensamos que no puede tener otra consideración que la de factor.(70)

    9. ) La existencia de la sucursal no afecta a la unidad patrimonial de la empresa. Aunque puede parecer después de todo lo expuesto, que esta no sea una verdadera nota característica, resulta como colofón de todas las demás y especialmente en el ámbito de la responsabilidad. La empresa matriz es el único sujeto de derechos y, por tanto el titular de todo el patrimonio, siendo la sucursal uno más de esos elementos patrimoniales y por tanto objeto de derechos.(71) En consecuencia, aunque haya sido la sucursal, a través de la actuación de su gerente, quien haya incurrido en responsabilidad, sus acreedores podrán dirigirse directamente contra la sede central para el cobro de sus créditos.

  3. Distinción de figuras afines. Planteamiento

    Los caracteres que acabamos de exponer permiten distinguir la sucursal de la filial; del centro de explotación material; de las agencias o delegaciones y de las oficinas de representación.

  4. Sucursal y filial

    Por principio y como criterio diferenciador fundamental la filial goza de personalidad jurídica cosa que, como vimos, no ocurre en la sucursal. En consecuencia la filial goza de verdadera autonomía jurídica y tiene un patrimonio autónomo, se rige por sus propios estatutos y por sus propios órganos de gobierno y administración, pudiendo incluso tener un objeto social distinto que el de la sociedad madre.(72) Ahora bien, el hecho de que la filial, aunque no jurídicamente, pero sí económicamente dependa de la matriz, puede empañar la distinción con la sucursal si se toma el dato de la comunicabilidad de responsabilidad con la sede central. En efecto, y como hemos tenido ocasión de señalar la responsabilidad de la sucursal no es independiente de la del establecimiento principal, pudiendo los acreedores de aquella dirigirse directamente contra éste. Por el contrario las obligaciones contraídas por la filial no afectan a la sociedad madre que carece de responsabilidad por ellas. Sucede, sin embargo, que en la práctica, existen centros secundarios con pura apariencia de sucursales que en realidad son empresas independientes, y paralela e inversamente hay sociedades filiales, cuya dependencia económica y dominio por la sociedad madre son absolutos reduciendo a la filial a un puro ente formal bajo el molde de la personalidad jurídica. En tales casos debería invertirse la imputación de responsabilidad sufriéndola exclusivamente la sucursal en el primer caso y la sociedad madre en el segundo.(73)

  5. Sucursal y centro de explotación material

    Se conoce con el término «centro de explotación material» aquel establecimiento donde se realiza materialmente la explotación del objeto empresarial.(74) Pues bien, a esa materialidad de acción se contrapone la sustantividad jurídica de los actos que, a través de su gerente, realiza la sucursal. Por eso advertíamos al hablar de las facultades de ese gerente que los poderes a él conferidos permitían distinguirlos de estas otras figuras, pues precisamente el centro de explotación material no cuenta con un factor, siendo su director frecuentemente un técnico cuyas atribuciones se hallan estrictamente limitadas a esa pura función material a la que el centro se destina. En consecuencia no puede obligar ni vincular con sus actos, por ser precisamente puramente materiales, a la sede central.

    De ello se desprende que el centro de explotación carece de esa autonomía operativa que caracteriza a la sucursal. Por otra parte la ausencia de una clientela propia anula de tal modo ese grado de autonomía que hace que no pueda confundirse con ella.(75)

  6. Sucursal y agencia

    Mayor complejidad resulta a la hora de distinguir la sucursal de la agencia o delegación, dado que el art. 97 del R.R.M., aunque en párrafo aparte, equipara a las sucursales las agencias o delegaciones a efectos de inscripción, incluso alguna doctrina, la D.G.R.N. y la jurisprudencia comunitaria las asimilan igualmente entre sí.(76) Sin embargo teniendo presentes los caracteres inherentes a la noción de sucursal, son perfectamente diferenciables. En efecto, la agencia o delegación no puede tener nunca el mismo objeto que la sede central, en el sentido de que en aquellas se encuentra absolutamente restringido a la preparación de contratos que, con posterioridad, se habrán de concluir con el establecimiento principal. Carecen también de clientela propia y de autonomía, sin que su director tenga la cualidad de factor. Su importancia es menor, incluso, de la que tienen los centros de explotación material.(77) Además dentro del ámbito bancario el término «agencia» suele reservarse a las oficinas urbanas enclavadas en poblaciones en las que existe más de un establecimiento.

  7. Sucursal y oficinas de representación

    Estas oficinas o representaciones, existentes por lo común en los círculos bancarios, son establecimientos que realizan solamente algunas de las operaciones bancarias, limitándose exclusivamente a realizar funciones de cobranza de efectos, sin que puedan llevar a cabo captación de operaciones pasivas, ni atender talones, libretas de ahorro o créditos (O.M. de 5 de mayo de 1965). Cuando estas oficinas de representación pertenezcan a Entidades de Crédito extranjeras deberán limitarse a realizar actividades meramente informativas sobre cuestiones bancarias, financieras, comerciales o económicas, en general, sin que, en modo alguno, puedan llevar a cabo operaciones de crédito, depósito o intermediación financiera, ni ninguna otra clase de prestación de servicios bancarios (art. 9 del R.D. de 30 de septiembre de 1988).

    Existen además otra serie de oficinas bancarias, limitadas a operaciones concretas, como los establecimientos de cambio de divisas, así como otras de carácter transitorio establecidas en ferias, mercados, etc. con facultades limitadas en cada caso por el Banco de España y concedidas a entidades bancarias que se hallen previamente establecidas en el término municipal donde vayan a operar.

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    (51). Con razón apunta CABRILLAC (Unité ou pluralité de la notion de succursale en Droit privé, cit. págs. 119-120) que cuando los autores han elaborado varias nociones de sucursal correspondiendo respectivamente al dominio de la competencia judicial, a la publicidad de las sociedades, al registro de comercio, etc., tal diversificación se debe al lugar tan modesto que tiene la sucursal en el derecho positivo, pese a la gran importancia práctica que tiene.

    (52). En este sentido URIA (Las inversiones extranjeras ante el Derecho mercantil, en "Las inversiones de capital extranjero en España", Madrid 1960, pág 580 y "Derecho Mercantil", Madrid 1988, pág 134) afirma que «las sucursales son organizaciones instrumentales, económicas o administrativas, puros centros de actividad negocial, carentes de personalidad propia y de verdadera autonomía jurídica; son piezas más o menos importantes de la organización total o única de que se vale el empresario social en el desarrollo de la empresa pero nada más». ALVAREZ PASTOR y EGUIDAZU (Control de cambios, 6a ed., T.l. Madrid 1988, pág. 75) quienes escriben respecto de las sucursales de empresas extranjeras: «Hay que tener en cuenta que las sucursales o establecimientos no tienen personalidad jurídica propia, y no son otra cosa que organizaciones operativas de una persona jurídica que tiene su residencia en el extranjero, por lo cual todas sus operacines deben ser imputadas a la casa matriz». URCELAY (Sucursales en España de las empresas multinacionales, en «Empresas multinacionales y Derecho español», Madrid 1977, pág. 167) advirtiendo que se trata de una descripción y no de una definición, entiende que la «sucursal es un establecimiento abierto por una sociedad, que carece de personalidad jurídica independiente; que debe contener en su denominación la palabra sucursal, y que está obligada a su inscripción en el Registro Mercantil, tanto en el lugar y en el libro correspondiente a la sociedad que la creó, como en el de la sede de la sucursal, en cuyo caso se hará referencia al domicilio de la sociedad, al objeto social, a la cifra del capital y a la parcial que en su caso se asigne a la sucursal, así como de los órganos centrales de administración y de sus representantes y gestores en dicha sucursal». FERNANDEZ FLORES (Inversiones extranjeras y valores mobiliarios, Madrid, 1980, pág. 332) resalta igualmente esos caracteres al decir que «la sucursal no es otra cosa que un establecimiento secundario, que, aún pudiendo estar dotado de una cierta autonomía de hecho, no es nunca jurídicamente independiente del establecimiento principal, y, sobre todo, no posee personalidad moral». FERNANDEZ TOMAS (El control de las empresas multinacionales, Madrid 1983, págs. 59-60) entiende igualmente que se trata de un establecimiento relativamente autónomo, que posee un carácter accesorio y a través del cual se desarrolla una actividad empresarial. Importa destacar, no obstante añade este autor_ que carece de personalidad jurídica propia e independiente, puesto que únicamente posee, por mera extensión o delegación, la de su matriz.

    (53). DE LA CÁMARA: Estudios de Derecho Mercantil, I., 2a- ed. Madrid 1977, pág. 817. También GARRIGUES (Tratado de Derecho Mercantil, T.l. vol. 1, 1947, pág. 267) advierte que lo que caracteriza a la sucursal es el hecho de que en ella se concluyen los mismos negocios que forman el objeto fundamental de la empresa. El hecho de que la sucursal deba tener clientela propia como subraya CÁMARA ha sido puesto de relieve igualmente en la doctrina francesa. Así CHAMPAUD: Le pouvoir de concentration... cit. págs. 94-95; HAMEL-LAGARDE-JAUFFRET: Droit commercial... cit. pág. 353, REINHARD: Droit commercial... cit. pág. 287.

    (54). Al analizar DE LA CÁMARA esta nota característica de la sucursal establece sus diferencias con la filial (ob. cit., págs. 818-819).

    (55). DE LA CÁMARA: ob. cit., págs. 819 a 826. Esta autonomía administrativa de que goza la sucursal -advierte CÁMARA- no significa que su contabilidad deba llevarse por separado. El C. de com. impone la obligación de llevar los libros relativos al comerciante individual o social, pero sin multiplicar esta obligación por el número de establecimientos que pertenezcan al mismo titular, pues ha de regir el principio de unidad de contabilidad. En este mismo sentido CHAMPAUD: ob. cit., pág. 97; HAMEL - LEGARDE - JAUFFRET: ob. cit. pág. 353, quienes más han resaltado la poca importancia que tiene la independencia de la contabilidad. Parece -subrayan estos autores- que en la búsqueda de esta definición, es preciso destacar un elemento que no debe jugar más que un papel puramente secundario: la independencia de contabilidad. Importa poco que la sucursal tenga una contabilidad propia o que se confunda con la de la sede central; se trata de una organización interna que no debe constituir el criterio de la sucursal.

    (56). Vid. en este sentido DE LA CÁMARA: ob. cit, pág. 831.

    (57). Así AZNAR SÁNCHEZ (Las inversiones extranjeras en España. Su régimen jurídico, Madrid 1976, pág. 76) aunque analiza la cuestión bajo el epígrafe «sucursales de empresas extranjeras» y que pudiera dar lugar a dudas pues el propio DE LA CÁMARA (ob. cit., pág. 827 nota 13) advierte que «La inscripción no es un requisito que deba cumplirse para la válida apertura de la sucursal, al menos -dice- tratándose de sociedades españolas», sin embargo AZNAR, sin distinción ulterior afirma que «Resulta indiscutible que la sucursal inscrita en el Registro Mercantil, goza de personalidad jurídica y capacidad para contrtar; en este punto -continua- la inscripción es «constitutiva» y a partir de la misma nace aquella personalidad; precisamente -sigue diciendo- además del contenido de los artículos 84 y 88 del Reglamento del Registro Mercantil , en el modelo XV, anejo a éste, textualmente dice: En su virtud, inscribo la sucursal en España..., es decir que se inscribe la sucursal y no la sociedad que opera, simplemente como constituida en el extranjero. Admitir otra interpretación -concluye el autor- y privar a la sucursal de personalidad podría entrañar una ficción jurídica de graves inconvenientes en el tráfico mercantil. No podemos estar de acuerdo con esta tesis puesto que es claro que los arts. 84 y 88 del R.R.M. se refieren sin lugar a dudas a la inscripción de sociedades extranjeras que quieran establecer o crear sucursales en España. Dar el valor que se dá al modelo XV equiparable a los preceptos que cita nos parece excesivo para basar tal interpretación, sin que, por otro lado, pueda reputarse una ficción jurídica a lo que en realidad no puede deducirse de la Ley. Tal vez la ficción sea la atribución de la personalidad jurídica a la sucursal.

    (58). Conviene advertir, por si del art. 71-4° del R.R.M. pudiera pensarse que se deriva otra cosa, cuando tal precepto establece que se «expresará necesariamente las circunstancias siguientes: situación del establecimiento y de las sucursales; que de él tampoco puede deducirse que la inscripción de la sucursal sea constitutiva. Efectivamente el término «necesariamente» no debe inducir a error, pues esa necesidad se refiere solo a un dato puramente circunstancial y no esencial y siempre en función de que una persona solicite ser inscrita como comerciante en el Registro Mercantil.

    (59). Vid. a este respecto las Resoluciones de la D.G.R.N. de 8 de marzo de 1974 y de 13 de mayo de 1976 refiriéndose a sucursales bancarias entendieron que «la inscripción de las sucursales no es estrictamente necesaria y, por tanto, mientras no se practique la inscripción separada en el Registro Mercantil a que corresponda la sede de la sucursal, los poderes y nombramientos, en su caso, de administradores deberán inscribirse, conforme a las reglas generales, en la hoja abierta a la sociedad en su domicilio social».

    (60). Esta nota de permanencia y estabilidad ha sido destacada por CABRILLAC: Unité ou pluralité... cit. págs. 125-126. Igualmente por el Tribunal de Justicia de la C.E.E. en la S. de 22 de noviembre de 1978 (Vid. al respecto la exposición del Derecho Comunitario).

    (61). GARRIGUES: Tratado... cit. pág. 267-268. Advierte, no obstante, el ¡lustre maestro, que a veces el establecimiento principal y la sucursal constituyen los diversos grados de una industria mercantil única, siendo necesario en tal caso precisar bien hasta qué punto llega la sustantividad económica de esos diversos elementos, para saber si existe verdadera relación de establecimiento principal o sucursal o más bien se trata de industrias independientes ligadas en relación vertical.

    (62). Cfr. en este sentido DE LA CÁMARA (ob. cit., pág. 817) quien piensa que en este caso no estaremos ante un establecimiento principal y varias sucursales, sino simplemente ante una pluralidad de empresas pertenecientes a un mismo titular.

    (63). Cfr. HAMEL - LAGARDE - JAUFFRET: ob. cit., pág. 353.

    (64). Como escriben HAMEL - LEGARDE - JAUFFRET (loc. ult. cit.) la noción de clientela es tan importante en esta materia que no permite considerar como sucursales a las simples fábricas o a los almacenes de material, los cuales no tienen ninguna relación con la clientela. Igualmente CHAMPAUD (ob. cit., págs. 94 y 95) subraya esta nota respecto a la sucursal al decir que la existencia de una clientela entraña una cierta autonomía jurídica necesaria en el seguimiento de las relaciones comerciales de la sucursal. A lo que añade «que la ausencia de clientela propia en el centro de explotación material reduce al extremo la autonomía jurídica necesaria para el funcionamiento del establecimiento». Igualmente DE LA CÁMARA (ob. cit., págs. 816-817) cuando advierte que lo que da relieve jurídico a la idea de sucursal es la circunstancia de que el establecimiento accesorio cuente con clientela propia. Esta idea -continua diciendo- solo tiene valor definitoho si partimos del supuesto de que la actividad que desarrolla en los distintos establecimientos es la misma, pues, en otro caso, es decir, si las actividades son heterogéneas (aunque guarden relación entre sí) no hay duda de que cada establecimiento, abstractamente considerado, será susceptible de formar una clientela autónoma, aunque de hecho no la tenga porque trabaje para otra empresa del mismo empresario.

    (65). Cfr. DE LA CÁMARA: (ob. cit., pág. 819) quien habla de autonomía administrativa.

    (66). Cfr. RUBIO: Introducción al Derecho Mercantil, Barcelona, 1969, pág. 538; URCELAY: Sucursales en España... cit. pág. 166 y DE LA CÁMARA (loc. ult. cit.) quien subraya que la autonomía de la sucursal no afecta a la responsabilidad dimanante de las obligaciones contraídas por el empresario, sea éste una persona individual o una sociedad.

    (67). Con anterioridad a este Real Decreto, el de 23 de junio de 1978 por el que se regulaba la presencia de la Banca extranjera en España (hoy derogado por el citado en el texto) en su artículo quinto, 2°, se establecía que «Se entenderá por sucursal el establecimiento abierto en España por un Banco extranjero, bajo la denominación social y plena responsabilidad patrimonial de éste, con facultades para realizar operaciones bancarias en los términos establecidos en el presente Real Decreto». Ciertamente del precepto podía deducirse la nota de «operatividad» al expresar la realización de operaciones bancarias. Carácter operativo que confirmaba el art. séptimo de esa misma disposición, cuando comenzaba con el epígrafe «Condiciones operativas». Configura dicha autonomía como operativa PIN: L'organizzazione nelle aziende di crédito, Milano 1969, pág. 68; SGUBBI: Aspetti problematici dell'art. 92 della «legge bancaria», en B.B.T.C., 1972, I, pág. 71, nota 55. Similar a la autonomía operativa es la autonomía de ejercicio, locución que emplea PRATIS: La disciplina giuridica delle aziende di crédito, Milano 1959, págs. 47-48 y Sulla considetta autonomía delle filiali delle aziende di crédito, en B.B.T.C, 1959, II, págs. 369-370 (Vid. la exposición del Derecho Italiano). En nuestra doctrina ALVAREZ PASTOR y EGUIDAZU (Control de cambios, 68 ed., Madrid 1988, T.l. págs, 75 y 76) en relación con las sucursales de empresas extranjeras, advierten que no son otra cosa que organizaciones operativas.

    (68). Efectivamente como pone de relieve CABRILLAC (ob. cit., pág. 130) los actos «puramente mecánicos» de un director no reflejan una descentralización suficiente para entender que haya sucursal, puesto que no son susceptibles de hacer nacer una deuda contractual a cargo de la sociedad que le emplea.

    (69). Este punto ha sido analizado detalladamente por CABRILLAC (ob. cit., págs. 129-131) con ocasión de establecer el alcance de la expresión «poder tratar con terceros» como nota esencial y excluyente de que la sucursal no puede limitarse a servir de intermediario entre la clientela y la sede central. Efectivamente después de exponer tanto la concepción extensa de la mencionada expresión que se contenta con decir, sin más, que el poder del Director basta con que sea suficiente para concluir cualquier contrato, y la interpretación restrictiva que exige la existencia de un poder que vincule a la sede central, CABRILLAC, se inclina, acertadamente, por esta última. Igualmente CHAMPAUD (Le pouvoir... cit. págs. 98-99) aunque no expresamente, sin embargo no puede deducirse otra cosa de sus afirmaciones. «La autonomía de que goza el director de la sucursal viene motivada por el papel que le corresponde por derecho, por los amplios poderes que se le conceden... todos los actos jurídicos que realiza se comprenden en el cuadro jurídico de una institución jurídica bien conocida: el mandato».

    (70). No es este el lugar de analizar la figura del factor ni el ámbito de su apoderamiento, estudiado como se sabe, ampliamente por nuestra mejor doctrina (GARRIGUES: Auxiliares del comerciante, en R.D.P., 1930, pág. 97 y ss.; MENENDEZ: Auxiliares del empresario, R.D.M., 1959, pág. 269 y ss.). A los efectos de nuestro estudio, entendemos, efectivamente que quien esté al frente de una sucursal deberá tener la condición de un apoderado general o factor. DE LA CÁMARA (ob. cit., págs. 820 a 826) es quien con mayor profundidad, ha estudiado la figura del factor al frente de una sucursal aunque no compartimos la tesis por él mantenida y expuesta esquemáticamente al principio del análisis del concepto de sucursal a que nos referimos en el texto. Vid. en el mismo sentido MOLLE (La banca... cit. pág. 32) que configura al director de la sucursal como «institore».

    (71). Así CHAMPAUD (ob. cit., pág. 98) al diferenciar la sucursal de la filial.

    (72). La distinción entre sucursal y filial tomando como base el dato de la personalidad jurídica es claro y pacífico en la doctrina. Cfr. en este sentido DE LA CÁMARA: ob. cit., págs. 818-819; URCELAY: ob. cit., pág. 166; FERNANDEZ FLORES: ob. cit., pág. 332; CABRILLAC: ob. cit., pág. 127; CHAMPAUD: ob. cit., pág. 98.

    (73). Se trata del conocido problema de la comunicación de responsabilidad entre la sociedad madre y las filiales en orden a permitir a los acreedores de la filial contar con la garantía del patrimonio de la sociedad madre o viceversa. Este delicado problema comienza a cuajar en soluciones doctrinales con bastante solidez. Suficientemente conocida al respecto es la obra de SERIK. R.: Apariencia y realidad en las sociedades mercantiles, Trad. de Puig Brutau, Barcelona 1958, en la que se ofrece una visión pormenorizada de la jurisprudencia alemana que no ha vacilado en dejar al margen, incluso desconociéndola, la personalidad jurídica de las sociedades, para investigar la situación real de las cosas, los hechos y las personas, que le sirven de soporte, pues efectivamente el jurista no puede detenerse ante las puras formalidades o esquemas puramente aparentes, cuando la personalidad jurídica responda exclusivamente al cumplimiento de esos requisitos formales. Como ha escrito POLO DIEZ (Prólogo a la obra de SERIK citada, pág. 13) valorando esa obra «la cuestión está en determinar en qué supuestos y a virtud de qué principios dogmáticos pueden los Tribunales llegar a prescindir o superar la forma externa de la persona jurídica, para "penetrando" a través de ella, alcanzar a las personas y bienes que bajo su mandato se cobijan». Estas ideas han ido penetrando ya de algún modo en nuestra Jurisprudencia, aunque los fallos al respecto no tengan un punto de vista específicamente societario. Conviene señalar al respecto la S. del T.S. de 29 de abril de 1985 que tímidamente se ha asomado al problema. Sin embargo más explícita es la S. de la Audiencia Provincial de Barcelona de 22 de enero de 1985 al señalar que: «las organizaciones o grupos de sociedades en que la sociedad madre tiene en su mano la actuación interna y externa de las filiales, quedando estas reducidas a meros instrumentos técnicos al servicio de aquellas, sin vida verdaderamente propia, aunque bajo la apariencia de una pluralidad de sociedades autónomas en que se esconde un estado de fusión extralegal constituyen una unidad, por lo que a todas las que forman parte de esta común organización ha de extenderse la obligación de indemnizar por los daños causados por una de ellas, sin que sea obstáculo invencible para esta solución el argumento de que las sociedades tienen personalidad jurídica y son sujetos de derecho independientes, porque tal personalidad está basada en el mero cumplimiento de requisitos de forma». Además de estas Sentencias y sobre el tema del «levantamiento del velo de la personalidad jurídica, puede verse el trabajo de EMBID IRUJO, J.M.: Regulación mercantil de los grupos de sociedades, en «La Ley», n9 2.158 de 3 de febrero de 1989, págs. 3 y ss. donde se recogen recientes sentencias al respecto.

    Pero este problema puede quedar invertido con respecto a las sucursales. Efectivamente puede la sucursal, pese a no tener personalidad jurídica, constituir un verdadero centro de explotación que domine incluso a la casa matriz. FERNANDEZ TOMAS (El control... cit. pág. 64) pone de relieve que en la época anterior a la legislación de los años 70 sobre inversiones extranjeras, se utilizaba la sucursal como mecanismo fraudulento a la hora de evitar la aplicación de la legislación española en determinados sectores restrictivos, por el procedimiento de crear una sociedad en el extranjero con el objeto social que se considerase conveniente, constituyendo, posteriormente en España una sucursal de la anterior sociedad. Obviamente la sucursal española se correspondía con la verdadera sociedad como centro dominante de operaciones. Resulta igualmente ilustrativo a este respecto el artículo de KRONSTEIN: The Nationality of International Enterprises, en «Columbia Law Review» dic. 1952, pág. 991 especialmente, donde se detiene a examinar el caso Moscow Fire Insurance, en el que el Juez Lehman de Nueva York estimó que la sucursal de una compañía rusa de negocios era de hecho una persona jurídica «sui generis» y que por tanto debería quedar fuera del acto de expropiación que se había decretado en Rusia.

    (74). Así lo define CHAMPAUD: ob. cit., pág. 94 y que textualmente lo recoge DE LA CÁMARA: ob. cit., pág. 816 aunque matiza acertadamente que en el centro de explotación material no se celebran los actos y contratos merced a los cuales la empresa se relaciona con terceros, bien sean proveedores o clientes.

    (75). Cfr. en este sentido DE LA CÁMARA y CHAMPAUD: locs. ultc. cits. GARRIGUES (Tratado... cit, pág. 267) habla de local accesorio diferenciándolo de la sucursal justamente en la nota de sustantividad jurídica relativa -afirma- que falta en el simple local accesorio. Lo que caracteriza a la sucursal -sigue diciendo- es el hecho de que en ella se concluyan los mismos negocios que forman el objeto fundamental de la empresa. Cuando la actividad se reduce a ser simplemente preparatoria o de ejecución -concluye- estamos en presencia de un local accesorio.

    (76). Así VICENT CHULIA (Compendio crítico de Derecho mercantil, T.I., Barcelona 1986, pág. 248) aunque reconoce que «sucursales» es la expresión predominante añade: «pero también agencias, delegaciones y otras» citando la Resolución de la D.E.R.N. de 16 de mayo de 1959 que equipara sucursal y agencia bancaria. Efectivamente dicha Resolución consideró que el «término agencia de significado múltiple no logra destruir el carácter típico de sucursal de la dependencia inscrita, el cual resulta evidente del texto del asiento, pues, según éste, se trata de un establecimiento no central, de alcance local, perteneciente a la entidad mercantil que lo crea, en relación de dependencia y subordinación con sus órganos rectores, y en el que puede desarrollarse la misma actividad jurídica que constituye el objeto de tal entidad mercantil. Considerando -sigue la Resolución- que aún suponiendo que las disposiciones regístrales vigentes, dictadas para todo tipo de comercio, hubieran recogido la distinción que muchas veces se hace en el tráfico bancario entre sucursales y agencias, en base a ciertos matices de jerarquizaron interna y mayor o menor inmediación con los órganos centrales, como quiera que tales matices ni resultan en este caso del asiento, practicado en tiempo en que no podía entenderse exigida, con tan graves consecuencias, una terminología rigurosa, ni por sí solos desvirtúan la naturaleza jurídica de sucursal del establecimiento, en el sentido genérico acogido en los textos legales y frecuente en todo tráfico mercantil, debe entenderse que en la expresión, sin otras distinciones, Sucursal de Albacete, utilizada en el poder está comprendida la dependencia en cuestión que publica el Registro».

    Tal equiparación resulta igualmente de las Sentencias del Tribunal de Luxemburgo que no solamente asimilan las nociones de sucursal y agencia sino que añaden: «cualquier otro establecimiento» (Vid. el análisis del Derecho Comunitario. Esta «noción comunitaria» que resulta muy útil a los fines de determinar la competencia especial prevista en el art. 5-5° del Convenio de Bruselas de 27 de septiembre de 1968, ofrece sin embargo, como ha puesto de relieve FOCSANEANU (Competence judiciaire, reconnaissance et execution de décisions civiles et commerciales dans la communauté économique européene, París, 1982 pág. 93) algunos inconvenientes, si se tiene en cuenta la posibilidad de un desdoblamiento conceptual falso, ya que la definición adoptada por el T.J.C.E. con respecto a las «sucursales, agencias o cualquier otro establecimiento», no será aplicable más que a los fines de determinar esa especial competencia, pero en relación a cualquier otra circunstancia deberá usarse la definición del Derecho interno.

    (77). Cfr. DE LA CÁMARA: ob. cit., pág. 816; PRATIS: La disciplina giuridica... cit., pág. 46, quien configura a la agencia como una dependencia de más limitada facultad, sujeta, en general, al control de una sucursal; SCARPELLO: Sucurssale, en Nou. Dig. It. cit. pág. 1.189, quien entiende que las agencias no son otra cosa que oficinas para facilitar la conclusión de contratos, a los cuales les falta un poder general de representación, esencial a la noción de sucursal. Por su parte URCELAY (ob. cit., págs. 166-167) establece dos criterios de diferenciación entre agencias y sucursales que no terminan de convencernos. En primer lugar piensa este autor que las agencias o delegaciones podrán ser, en principio, denominadas en la forma en que lo sea su casa matriz, ya que es la misma persona jurídica, pero no se deduce -añade- que haya necesidad de acompañar a este nombre ninguna expresión distintiva, aunque en la práctica comercial comunmente se añade al nombre las palabras agencia o delegación seguidas por el lugar en que se encuentran enclavadas. El segundo criterio diferenciador que establece URCELAY, es el hecho de que las agencias o delegaciones son, en general, establecimientos puramente comerciales, mientras que la sucursal -escribe- puede, en principio, dedicarse a otras actividades. Naturalmente que el criterio basado en el añadido del término «sucursal» nos parece tan formalista que no afecta a una distinción sustancial de ambas figuras. Respecto del segundo criterio ¿es que la sucursal no es un establecimiento comercial? Y si lo es ¿esas otras actividades son o no comerciales? ¿O es que el autor ha querido decir que las actividades de la agencia son mucho más restringidas que las de la sucursal, dentro del objeto social de la sede central?