Wuhan, emergencia sanitaria y medidas sociolaborales: año uno

Autor:Ignasi Beltran de Heredia Ruiz
Cargo:Profesor Agregado y TU acreditado. Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
 
ÍNDICE
EXTRACTO GRATUITO

Una primera versión de este ensayo ha sido publicada en ignasibeltran.com

En diciembre de 2019, empezó hablarse de un virus en la ciudad china de Wuhan. Lo sucedido a partir de entonces es por todos conocido.

Llevamos un año caminando en la niebla y es un buen momento para mirar atrás y tratar de observar el camino recorrido.

El objeto de este breve ensayo es, con este propósito, hacer una breve síntesis de las principales medidas dirigidas a hacer frente los efectos de la pandemia en el mercado de trabajo, partiendo de una breve descripción de los elementos configuradores del riesgo que ha precipitado esta emergencia sanitaria.

Espero que pueda ser de su interés.

1. COVID-19, la naturaleza del riesgo y previsión

En relación a la COVID-19 y a su emergencia pueden hacerse las siguientes reflexiones a partir de las siguientes valoraciones (4): riesgo de cola; lo poco conocido y lo improbable; sesgo de retrospección; y limitaciones para hacer predicciones a futuro.

Veámoslas, a continuación, con un poco más de detalle:

Un riesgo «de cola»

La COVID-19 puede ser calificada (siguiendo a TALEB, 2019, 47, 324 y 325) como un riesgo “de cola”: estadísticamente poco relevante (o altamente improbable) y con una capacidad desestabilizadora exponencial. Por consiguiente, en tanto que sistémico, con potencial para provocar desviaciones extremas.

Lo poco conocido y lo improbable

Tendemos a considerar que lo “poco conocido” es “improbable” (SCHELLING - citado por SILVER, 505 y 506):

existe una tendencia a confundir lo poco conocido con lo improbable a la hora de planificar. Toda contingencia que no nos hayamos planteado seriamente nos parecerá extraña; lo que parece extraño se considera improbable; y las cosas improbables no hace falta planteárselas seriamente”. De hecho, “cuando una posibilidad nos es poco conocida, ni siquiera nos la planteamos”;

Y, al respecto, SILVER añade

“es más, incluso desarrollamos algo así como una ceguera mental ante tal posibilidad. En el campo de la medicina, ese fenómeno recibe el nombre de "anosognosia: la misma fisiología de la enfermedad impide al paciente reconocer que padece la enfermedad".

Así pues, no es extraño que en relación a estos riesgos, se acostumbre a confundir la “ausencia de prueba”, con una “prueba de ausencia” (TALEB, 2016, 129). Y esto es preocupante, pues, el hecho de que no se tenga constancia de un hecho, no implica que esto sea una evidencia de su inexistencia (por ejemplo, el hecho de que un paciente sea asintomático no es, en sí mismo, una prueba de que no padezca una enfermedad).

No obstante, es esencial aceptar que hay muchas cosas que no sabemos. Y, al respecto, siguiendo de nuevo con SILVER (506) - que cita a RUMSFELD - hace falta distinguir las siguientes categorías de fenómenos:

“existen conocidos conocidos, cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que existen desconocidos conocidos, es decir, que sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero luego están los desconocidos desconocidos, las cosas que no sabemos que no sabemos”.

O, dicho de otra forma, siguiendo con SILVER (507 y 508), si nos planteamos una pregunta y somos capaces de encontrar la respuesta exacta, entonces, nos hallaremos ante un “conocido conocido”. En el caso de que formulemos una pregunta y no seamos capaces de divisar una respuesta con precisión, entonces, se tratará de un “desconocido conocido”. Y, finalmente, si ni siquiera podemos formular la pregunta estaremos ante un “desconocido desconocido”. En este último caso, el fenómeno no ha sido ni siquiera planteado (probablemente porque nadie ha sido capaz de imaginárselo). Por lo tanto, en estas situaciones, no somos capaces de distinguir la señal dentro del ruido y, en consecuencia, al no poderse identificar, se pueden estar asumiendo riesgos muy graves.Y el COVID-19 es un fenómeno que entraría en esta última categoría (cuanto menos en los primeros estadios de la pandemia).

Ahora bien, paradójicamente, no tenemos ningún inconveniente para actuar como si aquello que vemos fuera todo el que hay (y que KANHEMAN lo sintetiza con esta frase: «what you see is all there is» WYSIATI - abreviatura de las iniciales).

El efecto de la poderosa regla WYSIATI sobre nuestra capacidad de predicción es sorpresiva. Como apunta KAHNEMAN (p. 263 y 264):

«La limitada información de que disponemos no puede bastarnos, porque en ella no está todo. Construimos la mejor historia posible partiendo de la información disponible, y si la historia es buena, la creemos. Paradójicamente, es más fácil construir una historia coherente cuando nuestro conocimiento es escaso, cuando las piezas del rompecabezas no pasan de unas pocas. Nuestra consoladora convicción de que el mundo tiene sentido descansa sobre un fundamento seguro: nuestra capacidad casi ilimitada para ignorar nuestra ignorancia».

El sesgo de la retrospección y la limitada capacidad para predecir y planificar el futuro

La visión retrospectiva de un fenómeno puede damos la falsa percepción de que se tiene un “conocimiento” del mismo.

En efecto, creemos ser capaces de detectar una correlación absolutamente lógica de los acontecimientos. Y esto incrementa la confianza en nuestra capacidad para acertar en nuestros pronósticos.

Siguiendo a TETLOCK y GADNER (245), recogiendo los descubrimientos de KAHNEMAN, esto es así porque el pasado nos parece mucho más previsible de lo que realmente fue y esta impresión del pasado fomenta la creencia que el futuro también es más previsible.Sin embargo, lejos de ostentar esta «habilidad predictiva», el carácter endeble de nuestras explicaciones sobre el pasado y el exceso de confianza en nuestra capacidad provocan que, sistemáticamente, seamos víctimas de erróneas predicciones.

En definitiva, el núcleo de la ilusión, como apunta KAHNEMAN (261),

«es que creemos entender el pasado, lo cual supone que también el futuro puede conocerse, pero la verdad es que entendemos el pasado menos de lo que creemos».

Y añade (p. 264):

«Lo perverso del uso del verbo saber en este contexto no es que algunas personas creyeran en una presciencia que no poseen, sino que el lenguaje supone que el mundo es más cognoscible de lo que realmente es. Ello contribuye a perpetuar una perniciosa ilusión. El núcleo de la ilusión es que creemos entender el pasado, lo cual supone que también el futuro puede conocerse, pero la verdad es que entendemos el pasado menos de lo que creemos».

Y esta es la base de lo que se conoce como el sesgo de la retrospección,esto es, tendemos a revisar la historia de nuestras...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA