Una visita a la chancillería de Valladolid en la primera mitad del siglo XVII

Autor:Eduardo Galván Rodríguez
Páginas:979-989
RESUMEN

Introducción -I. Males de la Chancillería -II. Reformas propuestas.

 
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Introducción

El epígrafe que1 encabeza estas líneas toma su razón de ser de un manuscrito depositado entre los fondos españoles que hoy custodia la Biblioteca Nacional de París. Allí reposa un informe, sin fecha y firma, realizado por un visitador de la Chancillería de Valladolid2 y que incluye un plan de reformas a introducir enPage 980 este tribunal3. Unos papeles de especial interés porque constituyen un objeto apropiado para estudiar el conflicto entre realidad y norma jurídica, entre creación y aplicación del Derecho, dentro de las coordenadas espacio-temporales que lo contextualizan.

Nuestro documento comienza anunciando su fin: Preservar la observancia y cumplimiento de las leyes 4. Del resultado de la visita, su autor resalta la concurrencia de incumplimientos en esta materia. Para acabar con ellos, prescribe no sólo la implantación de cambios estructurales y de procedimiento sino, además, la modificación de algunas ordenanzas que el transcurso del tiempo, amén de la pericia de sus potenciales transgresores, han dejado obsoletas5.

I Males de la chancillería

De la lectura del manuscrito queda patente la existencia de irregularidades que afectan a diversos aspectos del funcionamiento de la institución que nos ocupa. Aunque interrelacionadas entre sí, y no separadas en el documento original, a efectos expositivos las hemos agrupado en tres categorías que varían en función de las materialidades de las que se predican los defectos, a saber: a) Procedimentales, b) Personales, y c) Instrumentos de control.

  1. Procedimentales

    Dentro de los vicios que implican esencialmente al procedimiento cabe destacar:

    A.1) El excesivo cúmulo de litigios que satura al organismo vallisoletano. En él «hay gran multitud de pleitos, porque son en gran número los que entran y, en comparación de ellos, son muy pocos los que salen y se despachan» 6. De los seis a siete mil pleitos que, según consta en los libros, ingresan anualmente, sóloPage 981 se resuelven unas cuatrocientas ejecutorias. A juicio del visitador, el origen más probable de este desarreglo radica en la insuficiencia del número de oidores y en lo precario de sus retribuciones, lo que les obliga a desatender sus oficios7. A este estado de cosas también contribuye la falta de permanencia de los oidores en sus salas durante el tiempo suficiente para concluir los procedimientos. Así lo expresa el autor del informe:

    También hace gran daño a la buena expedición de los negocios, y aún a la Justicia, el mudar a los oidores de sus salas, de manera que para volverlas a concertar y desenredar es menester mucho tiempo, y para acabar los pleitos comenzados, que se ha visto este pleito comenzado por esta causa cuatro o cinco años. Y en mudar los oidores es la cosa en que podría haber muy gran daño, y estaría en manos del presidente dar o quitar las haciendas a quien quisiese, sacando para la revista el juez o jueces que fueron en la vista en favor de uno. Y aun sin el presidente de la audiencia, el que lo es de la sala tendría mano en esto, porque cuando tienen en su sala el oidor que fue, o es en favor de uno, verá o dejará de ver el pleito según se le antojare, si no hay reglas infalibles en esto de tal manera que no haya libre albedrío

    8.

    A.2) La ingente cantidad de recursos de fuerza que, procedentes de los tribunales eclesiásticos, inundan al tribunal secular. El germen de esta acumulación estriba en «ser muy tramposos los litigantes y aquellos tribunales no tener aquel buen orden que los seglares», de modo que «apelan muchas veces sin causa» 9.

    A.3) La ausencia de una ordenación previa para la vista de los pleitos, lo que provoca que «los relatores no están ciertos de los delitos de que han de hacer relación, ni los letrados prevenidos, y así llevan los relatores muchos mal vistos, no sabiendo cuáles han de pedir»10.

    A.4) La práctica generalizada de los oidores que prefieren aquellos pleitos y provisiones en los que las partes están presentes, relegando los de los ausentes, a pesar de que éstos tienen sus procuradores y solicitadores. De este hecho se derivan inconvenientes, «porque no todos pueden venir personalmente, que hay pleitos de viejos, enfermos y mujeres; y cuando pudiesen venir no es justo obligar a nadie a venir personalmente a proseguir los pleitos... teniendo sus abogados y procuradores y solicitadores»11.

    A.5) Las reiteradas ausencias de los abogados «en gran daño de las partes, así por negocios suyos, como por ir a la corte a informar en algún negocio, de loPage 982 cual suelen llevar grandes salarios y dejan desamparados muchos negocios, de tal manera que los pleiteantes son forzados a tomar otros letrados»12.

    A.6) La comisión a jueces ejecutores de las labores de liquidación de las obligaciones emanadas de las sentencias. Esta práctica de que los jueces no liquiden sus sentencias obliga a que sean aquéllos los encargados de realizar esta operación, pero «hacen tanto daño que destruyen a los pleiteantes, porque de la ejecución se comienzan los pleitos de nuevo tan revueltos y costosos»13. Las partes tienen pocas opciones ante estos despropósitos, dada «la falta de las personas que van a ejecutar esas cartas ejecutorias, que son hombres ignorantes y de mala conciencia, que no tienen otro fin sino ganar salario y alargar lo que pueden, a lo cual la parte que los lleva no puede contradecir, antes les piden prorrogaciones, aunquen no sean necesarias, por tenerlos contentos»14.

    A.7) El menoscabo de la autoridad y el decoro precisos en los estrados, patente, por ejemplo, en el hecho de que los oidores asumen facultades propias del presidente de la sala, o que los porteros y otros oficiales transmiten cartas y billetes a los letrados15.

  2. Personales

    Los siguientes defectos van fundamentalmente referidos a los órganos decisores en el procedimiento judicial, de los que se subrayan:

    B.1) El abuso que los oidores hacen de las «idas a vistas de ojos». Tal es así que «nunca se va a ellas sino cuando le viene a propósito a algún oidor, y se dice comúnmente que sirven para tener un poco más de salario, y que muchas veces antes de ver el pleito echa el oidor el ojo a aquel negocio para que ir fuera, de lo cual se ve claro no ser necesario para la causa, sino para el oidor». Por si fuese poco, estas diligencias dan ocasión para manipular el proceso, pues el litigante, «sabiendo que ha de ir uno a vista de ojos, dilata la vista de su pleito si entiende que en vista le condenó aquel oidor, o si tiene otro por más amigo, y llega a términos que se procura vista de ojos por echar un oidor fuera». Mas de estas maniobras no sólo se benefician algunos pleiteantes, sino que, además, «los oidores mis-Page 983mos procuran la vista de ojos cuando es hacia su tierra o le hace a su propósito aquel camino y así detiénense mucho tiempo en ellas, lo cual no había de ser»16.

    B.2) La concurrencia de un elevado número de oidores al tribunal de la Inquisición, lo que conduce a una falta de ocupación plena en sus cometidos primordiales. En el momento del informe son cinco los oidores que asisten al Santo Oficio, cuando con sólo dos, según estima el propio visitador, sería suficiente17.

    B.3) La posible parcialidad de los pronunciamientos cuando se tratan pleitos de oidores, alcaldes o de familiares suyos. Ello también puede predicarse de los litigios tocantes a la ciudad, villa o lugar de donde fuera natural un oidor18. Además, al haberse acrecentado la pena y el depósito a verificar por los que recusasen, «se sigue que los que no son muy ricos, aunque tengan justa causa, no puedan recusar a los jueces»19.

    B.4) La amplia discrecionalidad de los jueces al dictar sus resoluciones, producto de la ausencia de necesidad de motivar las sentencias propia del Antiguo Régimen, lo que ocasiona que «so color de usar atributos y equidades, se abre una puerta muy perjudicial y es camino derecho de injusticia» 20.

    B.5) La deficiente índole moral de algunos miembros de la Chancillería, producto del desorden reinante en este aspecto en la Universidad de Salamanca, «porque si los que estudian se crían en vicios y se acostumbran a ellos, no se pueden hacer de ellos buenos jueces, porque mal pueden, dando mala cuenta de sí, darla buena de las cosas públicas»21.

  3. Instrumentos de control

    A las fallas descritas en los apartados anteriores, se añaden las atinentes a los medios en principio previstos para prevenirlas o corregirlas. Sucintamente referidas son:

    C.1) La imposibilidad que tiene el presidente para desempeñar y ejercer su facultad disciplinaria. Esta realidad deviene inevitable dadas las onerosas tareasPage 984 encomendadas a este oficial. Así, «tiene tantas cosas en que entender, y el trabajo suyo es tan excesivo, que no puede atender principalmente a esto, porque el trabajo de un oidor de Valladolid es muy grande y... así el presidente de la Audiencia, pues ve los pleitos y los estudia, y vota como cualquier oidor y, junto con esto, es a su cargo la superintendencia y regimiento de toda la Audiencia en gobernar las salas y hacer ver los pleitos. Tiene un trabajo tan grande que es muy desproporcionado para cualquier persona, principalmente siendo, como son ordinariamente los presidentes, personas de edad y cansadas»22.

    C.2) El extenso lapso temporal que separa la realización de las visitas. Éstas se verifican con una periodicidad de entre nueve y diez años, lo cual origina diversas dificultades. Principalmente consisten en que cuando el visitador llega a desarrollar su empeño, «los más de los oidores que han de ser visitados están proveídos en otros oficios fuera de la Audiencia», circunstancia que inhibe a los posibles agraviados a la hora de formular sus quejas 23, además de propiciar que «como pasan muchos años y los pleitos se acaban en revista, los agravios tienen mal remedio o, por mejor decir, ninguno»24. Ello afecta sobremanera a los pleiteantes de condición pobre, dado que los agravios que...

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