Visibilidad y razón práctica en Hans Blumenberg

Autor:Antonio Rivera García
Cargo:Universidad Complutense, Madrid
Páginas:139-157
 
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Visibilidad y razón práctica en Hans Blumenberg
ANTONIO RIVERA GARCÍA
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, MADRID
El libro póstumo de Hans Blumenberg Descripción del ser humano nos ha permi-
tido conocer la antropología fenomenológica de su autor, y seguir sus diferencias
con dos filósofos tan esenciales en su obra como Husserl y Heidegger. Este artícu-
lo no se centra en la apasionante discusión del filósofo de Lübeck con sus dos
famosos antecesores, sino en la categoría fundamental de esta antropología, la
visibilidad, y en la utilidad que puede tener este conocimiento para la filosofía
práctica. Son las bases antropológicas formuladas por Blumenberg en este libro, y
adelantadas en obras anteriores, las que nos permiten comprender por qué los
saberes prácticos son retóricos, por qué nuestras comunidades jurídico-políticas
nunca deberían pasar de la legalidad a la moralidad, o por qué la política combate
las diversas modalidades históricas de absolutismo tanto con la visibilidad como
con la opacidad. Pero antes de abordar estas tres cuestiones, empecemos aclaran-
do por qué el hombre nace gracias a la visibilidad.
1. Visibilidad y antropogénesis
Reflexionar sobre la función decisiva que tiene la visibilidad en una antropología
filosófica pasa por conceder gran importancia al cuerpo. Y, sin embargo, nota
Blumenberg que la tradición filosófica tiende a olvidar la centralidad que desem-
peña en el conocimiento humano el cuerp o, el cual no sólo es el órgano utilizado
por el sujeto para acceder a los objetos, sino también hace del mismo sujeto un
objeto para los otros. La antropología filosófica de Blumenberg se propone res-
taurar la importancia del cuerpo para pensar la esencia del hombre. Explicita este
propósito a través de una cita de Feuerbach que cuestiona claramente el cartesia-
nismo. En contra de la teoría que parte del cogito como única certeza, el alemán
del siglo XIX escribía que «no tengo más certeza de mí que mi cuerpo; la inmedia-
tez de mi cuerpo es también la de mí mismo» (Blumenberg, 2011, 590).
Del cuerpo, el sentido de la visión es el fundamental en la antropogénesis. En
opinión de Blumenberg, ser hombre implica adquirir conciencia de su visibili-
dad, y comprenderse entonces como un sujeto que ve (óptica activa) y que puede
ser visto por otros (óptica pasiva). El hombre sólo pudo lograr una plena com-
prensión de su propi a visibilidad, de la doble óptica citada, al pasar del biotopo de
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la selva al de la estepa. La vastedad y apertura óptica de esta última explican por
qué la visibilidad se convierte en la categoría antropológica fundamental. En este
nuevo biotopo, mirar aumenta la capacidad de conocer el nuevo entorno y las
posibilidades de autoconservación, pero al mismo tiempo la posición erguida del
hombre permite que, en contraste con lo que sucedía en la selva donde era más
fácil hallar escondrijos donde ocultarse, sea visto con mayor facilidad por sus
depredadores o sus enemigos.
Fuera del hombre no existe en el reino animal la incertidumbre de si ser visto
significa peligro o ayuda, si invita a la huida o al encuentro (Müller, 2010, 58-59). Por
esta inseguridad o incertidumbre, el ser humano desarrolla la razón, la cual le capa-
cita para evaluar si algo puede ser interpretado como un potencial peligro. Com-
pensa la ampliación de su apertura al entorno, producida tras el cambio de biotopo,
con un reajuste de su presencia en el mundo, que pasa por ser consciente de sí mis-
mo y de su posición con respecto a los demás. Por tanto, la razón, en su origen, tiene
la función antropológica de controlar la visibilidad, y evitar de este modo que el ser
visto por los otros se convierta en una amenaza para la supervivencia.
La doble óptica, activa y pasiva, hace que la categoría antropológica de la visi-
bilidad tenga un carácter ambivalente, que sus efectos sobre la autoconservación
sean positivos y negativos. El libro póstumo de Blumenberg plantea de alguna
manera la tesis de que todas las producciones o instituciones culturales están
marcadas por esta doble faz inicial que tuvo la visibilidad. Tal ambivalencia con-
vierte al hombre en un ser profundamente contradictorio y siempre expuesto al
riesgo del fracaso. La conciencia de este riesgo, de la provisionalidad de su adap-
tación al mundo, explica asimismo la necesidad de consuelo, sobre la cual se ex-
tiende Blumenberg en uno de los capítulos de Descripción del ser humano.
Lo problemático para la supervivencia es el reverso del ver, el ser visto, que, en
los momentos de génesis del ser humano racional, coincide con los peligros deri-
vados de la mayor exposición que se da en la estepa. En los griegos latía este
primigenio problema cuando, de una parte, ensalzaban la facultad y placer de la
visión activa, culminada en la visio beatifica (Blumenberg, 2011, 589); y, de otra,
algunos de sus dioses —los de Epicuro— satisfacían el deseo más secreto del ser
humano: no dejarse contemplar.
Pero de haberse cumplido ese deseo epicúreo, el hombre no habría nacido, ya
que su órgano específico, la razón, surge, como decíamos, cuando adquiere con-
ciencia de lo que significa ser visto por los otros. Blumenberg alude al experimen-
to mental del solitario para poner de relieve que sin el otro, sin la posibilidad de
ser-visto, no habría nacido la razón humana que se ha desarrollado en un contex-
to de lucha por la supervivencia. Para el solitario, para quien no existe otro que
amenace su autoconservación, no tiene ninguna importancia la óptica pasiva, la
sensibilidad o el mirar ajeno. En el solitario no puede surgir «una protoforma de
reflexión» porque no puede entender el significado de la condición de espectador
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