La vida exige ser narrada.

Autor:Pe
Cargo:Ensayo
 
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Resumen: La línea directriz de este trabajo la inspiran las obras de Paul Ricoeur en torno a la narración y, específicamente, su ensayo "La vida: un relato en busca de narrador". Pretendo en este ensayo continuar lo que Ricoeur dejó inconcluso y para ello analizar: 1) la estructura teleológica de toda narración, la importancia decisiva del fin, tanto en toda narración como en el fin de la propia vida que se da en el momento de la muerte. 2) Mostrar cómo la organización y configuración de la trama se organiza en torno a lo que llamo actos de libertad radical, actos decisivos y relevantes de la propia vida, cargados de pasado y futuro, que son los que imprimen a la temporalidad orientación y sentido. El hombre necesita contar su vida para poder vivirla comprendiéndola.

Palabras clave: Narración, identidad, trama, libertad radical, fin.

Abstract: This essay takes as its starting point the works of Paul Ricoeur on narrative, specifically his essay "Life: A Story in Search of a Narrator." This essay analyzes: i) the teleological structure of all narrative, especially the critical importance of the end in all storytelling analogous to the end of life that occurs at the time of death. (2) the manner in which organization and configuration of the plot is organized around what I call acts of radical freedom: crucial and relevant acts of life itself, full of past and future, which give orientation and meaning to temporality. Man needs to talk about his life in order to live it with understanding.

Keywords: Narrative, identity, plot, radical freedom, end.

Life demands to be told

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La línea directriz de este trabajo se inspira en las principales obras de Paul Ricoeur en torno a la narración (1) y, específicamente, su ensayo La vida: un relato en busca de narrador". Allí sostiene:

De siempre ha sido conocido y se ha dicho que la vida tiene que ver con la narración; hablamos de la historia de una vida para caracterizar el intervalo entre nacimiento y muerte (...) A esta relación entre relato y vida, quisiera aplicar la máxima de Sócrates según la cual una vida no examinada no es digna de ser vivida (2). Sin embargo este es un asunto que Ricoeur simplemente sugiere en ese ensayo y que propiamente no desarrolla. He dicho se inspira, porque quisiera continuar lo propuesto por Ricouer, yendo más allá de él y teniendo en cuenta lo que he propuesto en Poética del tiempo: ética y estética de la narración (3). Para ello, abordaré dos cuestiones cruciales a la hora de establecer la trama narrativa: 1) la estructura teleológica de toda narración, la importancia decisiva del fin, tanto en toda narración como en el fin de la propia vida que se da en el momento de la muerte. 2) Mostrar cómo la organización y configuración de la trama se organiza en torno a lo que llamo actos de libertad radical, actos decisivos y relevantes de la propia vida, cargados de pasado y futuro, que son los que imprimen a la temporalidad orientación y sentido.

La concepción lineal temporal--distinta a la cíclica, de filiación helénica--deriva de la tradición judeo-cristiana; comienza con el principio ("En el principio Dios creó ...") y termina con una visión del fin ("Amén, sí, ven, Señor Jesús"). El primer libro es el Génesis, el último, el Apocalipsis. Es una estructura enteramente concordante, con un fin en armonía con el medio, y un medio entre el principio y el fin. Este paradigma del fin está inscrito en nuestra mentalidad, y a ello se refiere Kermode cuando escribe:

Los hombres, al igual que los poetas, nos lanzamos en el mismo medio" in medias res, cuando nacemos. También morimos in mediis rebus, y para hallar sentido en el lapso de nuestra vida requerimos acuerdos ficticios con los orígenes y con los fines que puedan dar sentido a la vida y a los poemas. El Fin que imaginan los hombres reflejará sus irreductibles preocupaciones intermedias. Lo temen, y dentro de lo que podemos juzgar, siempre lo temieron. El Fin es una figura para su propia muerte (4). En toda narración hay un hambre de conocer el fin, pues este es el que concluye la narración y, a su luz, todo tiene sentido. Las abundantes peripeteia, incidentes o peripecias de la acción, de las que habla Aristóteles, sólo tienen sentido en función del desenlace. E foco del interés y atracción de toda narración estriba en el final, polo o imán en torno al cual se articula el entero desenvolverse del relato. Por ello, los niños, y no sólo ellos, se rebelan o sus expectativas se ven frustradas cuando no se les cuenta el final.

El fin está presente en todo momento como orientación teleológica en la totalidad de lo narrado. Es el final el que hace inteligible la trama puesto que sólo a partir de él o desde allí--igual que acontece con la vida en las instancias finales--puede verse la vida o lo narrado como una totalidad. Mientras leemos, anticipamos y vamos vislumbrando de alguna manera potencial, implícita o meramente tentativa, el final; asimismo sólo desde el final vemos adecuadamente el comienzo y comprendemos con plenitud el transcurso de lo narrado. Quizás el auge que ha experimentado la lectura de novelas se deba a la necesidad, acentuada por un escepticismo y nihilismo cultural, de encontrar sentido al mundo y a la propia vida, de conocer vidas que impliquen cierta coherencia entre principio, medio y final.

Para ilustrar la importancia del fin respecto del sentido y el significado del discurrir temporal, puede ser útil recurrir a una distinción--ya consagrada entre los teólogos y los exegetas del Nuevo Testamento--entre chronos y kairos. Kermode apela a Oscar Cullmann, (5) John Marsch y Paul Tillich para usufructuar de esta distinción. Mientras Tillich habla de kairos para significar de modo oscuro "momento de crisis" o "destino del tiempo", Cullmann utiliza las palabras chronos y kairos en su sentido más histórico y bíblico ("Aún no ha llegado mi tiempo", discernir "el signo de los tiempos"). En este sentido chronos es el "tiempo que pasa" o "tiempo de espera", el que según la Revelación "ya no será". En cambio kairos es el momento propicio, la estación, un punto en el que el tiempo está lleno de significación y cargado de sentido precisamente por su relación con el fin. Por un lado tenemos el simple tiempo en su homogéneo y constante discurrir temporal (chronos), y por otro, el tiempo decisivo del advenimiento de Dios, el cumplimiento del tiempo (kairos Me. 1,15) y el de los signos de los tiempos (kairos Mt., XVI, 2, 3). Para este ultimo sentido de lo temporal la noción de cumplimiento (pleroma) es del todo esencial, porque es el kairos quien transforma el pasado, da validez a los tipos y profecías del Antiguo Testamento y establece la concordia con los orígenes y los fines. En la ficción narrativa y en la narración histórica se tienen en cuenta estas distintas significaciones de lo temporal, y lo que se narra son precisamente esos momentos kairóticos que otorgan sentido a la totalidad temporal. Se requiere saber discernir entre la simple cronicidad y aquellos tiempos que son más decisivos y plenos. Son en esos momentos cuando ejercemos lo que llamo la libertad radical, es decir aquellos instantes en que decidimos en el presente cuestiones decisivas para nuestro futuro (elección de una vocación, misión, profesión, mujer, etc.). Nuestra noción del tiempo incluye chronos, kairos y también pleroma. Estos dos últimos se constituyen en contraposición con la mera sucesividad precisamente por tener una relación decisiva respecto del fin. Sólo desde el fin y el final se puede determinar el kairos y, obviamente, es el final quien constituye y da lugar al pleroma

A la hora de articular y configurar una trama aquella síntesis de lo heterogéneo como fue definida por Ricoeur--se deja de lado la mera cronicidad o sucesividad, la temporalidad propia de lo real. Necesitamos fines, kairos y pleroma, más aun hoy, cuando cierto nihilismo ambiental parece haber penetrado la literatura o a la inversa, la literatura nihilista ha impregnado los ambientes, y hace que experimentemos la historia del mundo y de nuestra vida bajo la forma desordenada e interminable de la mera sucesión. Al respecto comenta Kermode: "No es que seamos grandes connaisseurs del caos, sino que vivimos rodeados por él y sólo contamos con nuestros poderes de producir ficciones para coexistir con él" (6). En la confección de la trama se huye de la mera sucesividad, de esa sucesividad vacia de todo kairos y pleroma. Esta carencia de momentos kairóticos y total ausencia de finalidad está bien ha reflejado en la monumental obra de Musil El hombre sin atributos (7), interminable y sin fin.

La ficción narrativa tiene la virtud de presentarnos itinerarios existenciales concluidos o trayectorias vitales ya terminadas. En cambio nuestras propias vidas permanecen abiertas puesto que su cierre y fin aún no ha llegado. Y aunque esta formulación suene algo pedante, nos hace ver que el chronos de nuestra cotidianidad está constitutivamente abierto, es susceptible de kairos y de un encaminamiento más decidido hacia su pleroma. El arte y la poética narrativa suelen ofrecernos esa densa condensación de vida, ese tiempo pleno de significación y sentido. En ese tiempo ficticio, que trasciende la temporalidad meramente sucesiva, la vida parece concentrada en sus momentos cruciales de libertad radical y de intensidad kairótica, e invitan al lector a participar con todas sus facultades (inteligencia, afectos, imaginación, sentidos) e implicarse vividamente en lo...

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