Un vestigio económico de la clase media

Autor:John D. Donahue
Cargo del Autor:Profesor e investigador en la Harvard Kennedy School
Páginas:17-51
 
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CALIBRAR LA BRECHA entre los dos universos laborales requiere afrontar su contexto: el brusco deterioro económico de la clase media. Tres décadas de creciente desigualdad han convertido el empleo público en un compartimento estanco para la élite económica y un refugio para trabajadores con pocas expec-tativas en el sector privado. El empleo público reproduce una era en deterioro de la prosperidad común, y está muy en desacuerdo con la norma contemporánea de que el ganador se lo lleve todo en el trabajo. Las trayectorias separadas del trabajo público y privado tienen consecuencias de gran alcance y generalmente funestas para la actuación gubernamental.

El debate sobre la creciente desigualdad es similar al debate sobre el calentamiento global: los expertos discuten acaloradamente sobre sus causas, sus consecuencias, lo que se puede hacer al respecto, y si se debe hacer algo al respecto17. Pero los hechos más básicos se han convertido en algo evidente, y pocas personas que apelen a la verdad tratarán de negar la divergencia en la condición económica de los estadounidenses.

Lo que marca la versión actual de esta divergencia no es tanto la sórdida miseria en el extremo más bajo de la escala –las condiciones que iniciaron una guerra contra la pobreza hace un par de generaciones– como el retroceso de la clase media. Hasta hace poco, «desigualdad» era una palabra clave en los problemas especiales de los pobres, especialmente la minoría pobre que había sido anulada por el gran auge de la clase media posterior a la Segunda Guerra Mundial. Aunque aún hay pobres, pocos americanos sufren nada parecido a la

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pobreza absoluta que azota algunas partes del mundo. La desigualdad actual se ha convertido en algo menos duro pero mucho más amplio que la pobreza residual en medio de una prosperidad general. Una ola de cambios económicos cobró fuerza hace más o menos una generación, hacia finales del siglo XXI. Esta transformación ha traído enormes ganancias económicas, haciendo de los Estados Unidos una nación tremendamente rica. Pero ha repartido desigualmente esos beneficios. Mientras la transformación continúa desarrollándose, la ola de cambios está presentando a los estadounidenses una oportunidad muy diferente de la que tuvieron sus abuelos para encontrar trabajo, riqueza y comunidad.

Estadísticos federales han rastreado que los ingresos se dividen de la misma manera desde 1947. Durante mucho tiempo, la medida de la desigualdad en el ingreso familiar –un extraño indicador conocido como el coeiciente Gini– era una estadística muy aburrida, apenas cambiaba de un año al otro. La tendencia general, sin embargo, fue consolidar la clase media, mientras que la proporción de familias ricas y pobres disminuía. A finales de 1960, la distribución del ingreso familiar era un 8% más igualitaria de lo que había sido en 1947. La ola creciente de prosperidad en la posguerra impulsó todos los barcos, las lanchas un poco más y los yates un poco menos. Por eso, durante casi una década, el nivel de igualdad económica estuvo cerca de estabilizarse. Luego las cosas cam-biaron. Después de vagar sin rumbo, una muesca arriba o abajo cada año, la desigualdad de los ingresos familiares subió a finales de 1970. En 1982 todos los logros conseguidos desde 1947 se habían esfumado y se aceleró el crecimiento de la desigualdad. En 2005, el indicador de desigualdad de ingresos familiares era un 17% mayor que en 1947 y un 27% mayor que el punto más bajo a finales de la década de 1960.18La «clase media» es un concepto con una repercusión casi mística en la cultura estadounidense –la mayoría de personas se consideran parte de ella– pero es un término sin definición estandarizada. A veces, se define a la clase media eli-minando el extremo superior e inferior de la distribución de ingresos. Dado que los datos censales están ajustados por quintas partes, esto significa en la práctica quitar el 20% más rico y el 20% más pobre y declarar lo restante como clase me-dia.19Pero el 60% que queda en medio abarca con el tiempo, como un número periódico, la misma proporción exacta de familias. Captar cualquier cambio en el predominio de la clase media requiere un enfoque diferente. Una definición no-científica, pero sensata, de las familias de clase media puede incluir a los que ganan entre la mitad y el doble del ingreso medio familiar. El censo proporcio-na muchos datos sobre los niveles más bajos, pero desafortunadamente inserta la parte superior en un cajón de sastre categorizado como «100.000 dólares o más» (medido en dólares ajustados a la inlación). Así que vamos a modificar la definición para incluir a familias con ingresos que sean al menos la mitad de

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la media, pero inferiores a esa categoría de 100.000 dólares o más. Las familias que subsisten con menos de la mitad pueden no ser pobres, pero sin duda viven con menos opciones y más presión que sus semejantes acomodados. La mayoría de las familias que ganan 100.000 dólares no se considerarían ricas, pero están en el umbral de la quinta parte más afortunada.

El ingreso familiar medio en 1968 era de 48.600 dólares, en dólares de 2004. Los Estados Unidos se enriquecieron considerablemente durante los siguientes treinta y seis años y en 2004 los ingresos medios de una familia eran casi de
70.400 dólares. Pero, a diferencia de las primeras décadas después de la Segunda Guerra Mundial, este crecimiento tendía al alza. Como muestra la figura
2.1, en 1968 tres cuartas partes de las familias estadounidenses ganaron por lo menos la mitad que la media familiar general, pero menos del equivalente a 100.000 dólares de 1968. Para el año 2004, había inlación tanto en la parte inferior como en la superior, y menos de la mitad de las familias se mantuvieron en el centro.20

Figura 2.1. Niveles de ingresos familiares, 1968 y 2004 (todos los datos expresados en dólares de 2004)

Fuente: Current Population Survey Historical Income Tables (familias), Tabla F-33, «Familias por ingresos monetarios totales 1967-2004», consultada en mayo de 2006 en http://www.census.gov/hhhes/income/histinc/123.html.

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La diferencia entre las secciones superior e inferior de la distribución de ingresos en los Estados Unidos es grande, no sólo en relación a nuestro propio pasado reciente, sino también según estándares internacionales. Dos investi-gadores analizaron los ingresos de trabajadores similares (hombres, a tiempo completo) en siete países ricos que tienen estadísticas suicientemente precisas como para hacer comparaciones significativas. En vez de examinar la parte su-perior y la parte inferior de la distribución de ingresos (que permitiría que los casos extremos dominaran la comparativa, y podría hacer que se viera la des-igualdad peor de lo que es), estos países se centran en trabajadores que están un 10% por encima del extremo inferior, y un 10% por debajo del extremo supe-rior: el décimo percentil y el nonagésimo percentil. En Estados Unidos, esos tra-bajadores del nonagésimo percentil (que no sean CEOs, médicos y abogados de élite, estrellas de cine, o deportistas profesionales, sino simplemente trabajadores normales y corrientes, mandos intermedios o trabajadores técnicos) ganaban 5,7 veces más que los trabajadores del décimo percentil. Solo en Canadá, con un ratio de 4,6, la cifra se acercaba un poco. La dispersión del poder ganancial entre los hombres estadounidenses es tan amplia que a pesar de que los ingresos medios en los Estados Unidos superan (mucho, a veces) los ingresos medios en otros lugares, los hombres estadounidenses del décimo percentil ganan menos que los hombres del décimo percentil en cualquiera de los demás países examinados.21Hay que recordar que estas cifras ignoran el vértice de la pirámide salarial. Debido, en parte, a que los extremos están tan marcados que incluirlos sería ocultar lo que sucede en medio, y en parte porque la mayoría de encuestas de ingresos oficiales dejan de contar a partir de cierto nivel y se pierde gran parte del l0% superior. Sin embargo, es en la parte superior donde aparecen más vívidamente las disparidades en las recompensas por el trabajo. En la década de 1970, los directores ejecutivos de grandes empresas ganaron cuarenta veces más que un trabajador medio. Sólo tres décadas más tarde, la brecha había crecido casi diez veces, con altos directivos que cobraban 367 veces el salario medio.22

Los Estados Unidos y, en menor medida, otros países de habla inglesa, juegan en su propia liga concentrando el ingreso en la parte superior. Al final del cuarto de siglo que acaba en 2005, la proporción de los ingresos del 10% superior del 1% creció considerablemente en Estados Unidos, algo en Canadá y el Reino Unido, y nada en Francia o Japón.23

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¿Qué le sucedió a la economía de la clase media estadounidense? La respuesta es complicada, y plantea algunas dudas. Empecemos disipando unos cuantos mitos. Un dogma de fe entre algunos que se sitúan en la izquierda política es que

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los recortes en impuestos causan la desigualdad económica. Pero el momento que señalan es el incorrecto. La gran división de ingresos comenzó mucho antes de los recortes en las tasas máximas de impuestos en 1980, continuó cuando los impuestos a los ricos se elevaron en 1986, 1990 y 1993, y no subieron –se mo-deraron, de hecho– con las reducciones de los impuestos altos de 2001 o 2003. Aunque la explicación de la reducción de impuestos fuese plausible en términos temporales, implicaría afrontar el incómodo hecho de que las estadísticas distributivas se centran en los ingresos antes de descontar los impuestos. La teoría de la oferta, por supuesto, sostiene que los impuestos bajos son lo que motiva en primer lugar que se gane dinero. Alguien...

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