Problemas de valoración en las fusiones de sociedades. El balance de fusión

Autor:Prof. Dr. D. Alejandro Larriba Díaz-Zorita
Páginas:158-195
Cargo del Autor:Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad Universidad de Alcalá
RESUMEN

1. Procesos de medición y valoración. 2. La valoración de empresas. 2.1. Métodos analíticos de valoración de empresas. 2.2. Métodos sintéticos de valoración de empresas. 2.3. Métodos mixtos de valoración de empresas. 3. El fondo de comercio. 4. El concepto de «imagen fiel» en la valoración de empresas. 4.1. La «Imagen fiel» y los principios de contabilidad. 4.2. La valoración de las... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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1. Procesos de medición y valoración

Medir significa cuantificar alguno de los atributos que presenta una cosa u objeto cuya medición interesa, comparando dicho atributo con una magnitud previamente definida -unidad de medida-, con la que se relaciona a través de un instrumento -instrumento de medida-, diseñado o habilitado para cumplir tal finalidad.

Si de la medición pasamos a la valoración, ésta consiste en la medición del atributo valor de algún bien o derecho, siendo en este sentido un procedimiento de asignar medidas en función de la cualidad valor de los bienes.

En todo proceso de valoración, como caso particular de la medición, podemos identificar los diferentes factores:

-El concepto valor como atributo a medir,

-El elemento cuyo atributo valor se quiere medir.

-El sujeto que realiza la medición.

-Un sistema de medición, dentro del que tendremos la propia noción del valor como unidad de medida, al tiempo que determinadas circunstancias endógenas y exógenas al proceso de valoración.

-Un instrumento para llevar a cabo la valoración.

-La estructura u horizonte temporal de la valoración.

El principal problema de todas las valoraciones -entendidas como procesos especiales de medición-, radica en la propia inconcreción del atributo a medir -atributo valor-, ya que:

-Existen varios conceptos o enfoques teóricos distintos sobre el mismo, en función de su utilidad, del trabajo que su obtención lleva asociado, de la deseabilidad de un bien, etc.

-La propia palabra -valor- que usamos, admite múltiples acepciones noPage 159 coincidentes entre sí, hasta el punto de que decir simplemente valor, no expresa nada, debiéndose acudir a apellidado para que tenga un cierto sentido: valor nominal, valor real, valor de mercado, valor final, valor actualizado, valor en uso, etc.

-No existe ninguna aceptación general respecto de su expresión cuantitativa: valor de intercambio, precio de mercado, valor venal, etc., apreciándose que a unas acepciones les falta concreción y a otras generalidad.

Como cualquier otra medición, la valoración trata de obtener una imagen cuantificada del objeto a valorar, que permita comparaciones respecto de la finalidad asignada a la misma.

Pero según la posición adoptada por el sujeto valorador frente al objeto a valorar, tendremos en términos generales dos clases de opiniones: valoraciones subjetivas y valoraciones objetivas. Si de lo que se trata es de evaluar los intereses de un sujeto concreto, de forma que éste conozca su razón y grado de dependencia del objeto, nos encontramos ante una valoración subjetiva, en la cual no sólo intervienen las condiciones y circunstancias del objeto, sino también las circunstancias propias del sujeto, así como las apreciaciones personales que se haga el sujeto respecto del objeto. Como parece evidente, la identificación y peso de estas apreciaciones, que inciden de forma importante en la valoración, son de muy difícil captación y cuantificación, aparte de que, bajo esta perspectiva, se dará lugar a tantas valoraciones como sujetos, objetos y circunstancias intervengan.

Si en un proceso valorativo podemos hacer abstracción de las características específicas de los sujetos, intentando determinar el valor del objeto con independencia de éstos, estaremos ante una valoración objetiva. Este tipo de valoraciones, como consecuencia del propio concepto de valor, no son rigurosamente posibles, ya que una valoración asépticamente objetiva no puede darse en la práctica, dado que:

-El concepto de valor encierra en sí mismo matices subjetivos. -El sujeto que efectúe la valoración imprimirá, aún de forma inconsciente, aspectos subjetivos en la misma.

Lo anterior es consecuencia de que, al estar cargada la noción de valor de matices subjetivos, no existe diseñado un aparato o proceso metodológico quePage 160 automáticamente y de forma fiable, pueda asignar valoraciones de forma neutral. Por tanto, el protagonismo del medidor -valorador en estos casos-, crece en la medida en que tendrá que elegir, dentro de una amplia gama de posibilidades, los criterios concretos que aplicará en su proceso de valoración, los cuales, además, podrán variar en función de diferentes situaciones, tales como:

-Personalidad y preparación técnica del valorador. -Complejidad del objeto a valorar. -Finalidades esperadas de la valoración. -Horizonte temporal de la valoración.

Una vez concluido el proceso de valoración, y solucionados de la mejor forma los problemas anteriores, el resultado obtenido -que vendrá reflejado en una cifra en moneda-, no permanecerá estable durante un largo período de tiempo, sobre todo en supuestos de inestabilidad de la moneda en la que se exprese, por lo que la base en que se presentará el resultado carece de la condición de inalterabilidad.

En conclusión, el resultado obtenido en una valoración, dado el atributo valores bastante inestable y cambiante con el transcurso del tiempo, no puede permanecer constante durante un largo espacio del mismo. Esta es la razón por la que en las valoraciones se incluye la mención de cuándo han sido realizadas, y a partir de qué elementos, así como la fecha de los mismos. También suele ser frecuente que, ante este problema de la temporalidad de los resultados, el valorador indique explícitamente el horizonte que estima para las mismas, es decir, el espacio de tiempo durante el cual él considera que pueden ser válidos los resultados de su actuación valoradora.

2. La valoración de empresas

Si de lo que se trata es de valorar una empresa, hemos de tener en cuenta que no nos encontramos ante un objeto inanimado e inerte. Por el contrario, nos hallamos ante un organismo económico vivo, dinámico y creado para tener vida duradera, el cual está sujeto a la tensión de diferentes factores externos e internos que lo condicionarán, lo que conduce a que su situación, en un momento dado, sea difícilmente captable y por lo tanto valorable. De esta manera, a los problemas comunes a toda valoración, se añaden -superponiéndose-, otros específicosPage 161 derivados de la captación de la imagen de la propia empresa que, por ser ésta una unidad singular en su género e inmersa en un contexto concreto dentro del que debe alcanzar sus propios objetivos, no puede encerrarse, en ningún caso, en una simple ecuación. Esto nos indica que, el punto débil de cualquier modelo valorativo empresarial concreto, es que no debería dejar fuera singularidades propias de la empresa a valorar, pese a su difícil captación y cuantificación.

Siguiendo con el razonamiento anterior, podemos afirmar que el valor de una empresa no es el resultado de un proceso totalmente objetivo, al cual se llega mediante la aplicación rígida de un procedimiento metodológico más o menos sofisticado. Esta afirmación se aprecia con toda claridad cuando se quiere obtener el valor de una empresa orientado a su transmisión, en estos supuestos dicho valor vendrá determinado por un proceso negociador entre compradores y vendedores que se pondrán de acuerdo en el mismo. Para llegar a ello, las partes que intervienen, basándose en cierta metodología que pretende ser objetiva, abordarán su cálculo -que teñirán de diversos matices subjetivos, dependiendo de las expectativas que tenga cada una de ellas-, acordarán un valor, teniendo presente que, en el mismo habrá influido de forma terminante el distinto poder de cada una de las dos partes negociadoras.

En definitiva, valorar una empresa -considerada como un todo en funcionamiento-, es un proceso que tiene por finalidad expresar en unidades monetarias la estimación de la utilidad económica que la posesión de la misma representa para sus propietarios, según el uso que vayan a hacer de su organización, bienes y recursos, en sus actuales circunstancias, todo lo cual, en conjunto, constituye el patrimonio empresarial transmitido o susceptible de transmisión. Por lo tanto, en la valoración de una empresa concreta, deberemos tener presentes varios aspectos, como son:

-La valoración se hace en función de la actuación que, en ella vaya a tener un propietario determinado -o conjunto de propietarios-, que tendrá un estilo propio de gestionarla.

-La valoración dependerá de circunstancias y desenlaces futuros de consecuencias inciertas, cuyo grado de conocimiento previo hará cambiar la misma. Tales parámetros, que deben ser tenidos en cuenta por el valorador, van desde la evolución de la demanda de los productos en el mercado, hasta el comportamiento de la inflación o de los tipos de interés.

-Obtenida una valoración, ésta sólo será válida dentro del horizontePage 162 temporal para el que se realizó. Otra valoración efectuada en un momento distinto, dará un resultado diferente.

-Una empresa concreta/ y más concretamente su valoración, se constituye a lo largo del tiempo en una cadena cronológica de evaluaciones, las cuales son el exponente cuantificado de los cambios de expectativas que pueden ir observándose...

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