La Unión Europea, la crisis económica y la cooperación para el desarrollo

Autor:José Ángel Sotillo Lorenzo
Cargo:Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid
Páginas:150-164
RESUMEN

En un mundo en plena crisis global, una crisis sistémica que incluye diversas dimensiones, la Unión Europea se encuentra en un momento de debilidad y de una cierta parálisis que abarca desde lo interno hasta su papel en el mundo, y en la que los Estados tienen más protagonismo que el conjunto europeo. En ese contexto, la política de cooperación para el desarrollo sigue su curso, avanza en la identificación ... (ver resumen completo)

 
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La Unión Europea y la crisis económica

Como camino y no llegada, la Unión Europea es una tarea inacabada. Es un proceso sometido a todo tipo de tensiones y, en muchas ocasiones, a múltiples incertidumbres. Por eso la palabra crisis es consustancial a la integración europea y a lo largo de su historia ha sabido salir más o menos airosa de todas ellas; es decir, utilizando una de las acepciones de la Real Academia Española, en la que crisis es una mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya sean de orden físico, ya históricos o espirituales, si la crisis es someter a un cuerpo de una dificultad, a una tensión, a una enfermedad, la integración europea ha sabido optar por los elementos positivos para salir reforzada de ellas.

Sin embargo, la compleja situación actual, con un sinfín de frentes abiertos, ha venido a demostrar las debilidades, las insuficiencias y hasta una cierta parálisis de la Unión Europea. También se puede explicar de forma inversa: en buena medida, la actual situación de debilidad, insuficiencia y parálisis se debe a que la Unión Europea no cuenta todavía hoy con los recursos suficientes para adoptar las mejores opciones.

Otro hecho evidente es que en épocas de graves dificultades, los Gobiernos de los Estados más poderosos hacen prevalecer sus propios intereses por encimaPage 151de un indefinido interés general europeo. A más dificultades, más Estados y menos Europa.

Un breve repaso a la reciente situación global y europea nos permite identificar el alcance de la crítica situación en la que nos encontramos, circulando en tres direcciones: profundización, ampliación y el papel de la Unión Europea en el mundo.

El Tratado de Lisboa está pendiente del referéndum irlandés, que será convocado en otoño. Aunque el refrán dice que segundas partes nunca fueron buenas, la experiencia europea señala que las autoridades irlandesas habrán aprendido la lección e intentarán convencer a la ciudadanía de las ventajas –y no de los inconvenientes– de la nueva norma fundamental europea. Su entrada en vigor dará paso al proceso de reformas institucionales que implica y que afectarán especialmente al rediseño del papel de la Unión Europea en el mundo, en el que sale fortalecida.

Por lo menos el referéndum irlandés no coincidirá con la nefasta presidencia checa de la Unión Europea, pues seguramente se darían a los irlandeses argumentos para votar en contra. Baste recordar que el presidente checo, Václav Klaus, en su discurso ante el Parlamento Europeo, el 19 de febrero de 2009, comparó a la Unión Europea con un sistema totalitario; argumento que empleó para prohibir que la bandera europea oscilara en los actos institucionales. El referéndum irlandés se realizará bajo la presidencia sueca.

El panorama institucional está en pleno proceso de cambio, tanto en el Parlamento Europeo como en la Comisión Europea. El 7 de junio los europeos y europeas están convocados a las elecciones al Parlamento Europeo. A pesar de la campaña institucional –que bajo el lema “Tú eliges”, tendrá un coste de 18 millones de euros, cinco céntimos por elector; la campaña española se centrará en la inmigración, las políticas sociales y las energías renovables–, las amenazas en ciernes son la alta abstención –en 2004 fue del 54,5%; según el Eurobarómetro el 34% de los ciudadanos europeos está dispuesto a ir a votar en esta ocasión– y que, una vez más, la campaña electoral y las propias elecciones se celebren en claves nacionales y no desde el conjunto europeo.

También habrá que renovar la Comisión Europea, con lo cual las dos instituciones más europeas estarán en una situación de baja intensidad. Están en juego no sólo la renovación de las instituciones, sino las garantías de credibilidad democrática de la Unión Europea. El mandato de la Comisión Europea actual finaliza el 31 de octubre de 2009. Por tanto, los actuales miembros están ya casi ‘haciendo las maletas’ y, mirando un poco más adelante, habrá que recomponer el número de comisarios.

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Por otro lado, más temprano que tarde, recuperaremos la cuestión de los aspirantes a entrar en el club europeo, con la espinosa cuestión turca, los países de la antigua Yugoslavia y, como telón de fondo, cuáles son los límites de la Unión Europea. Además, seguimos sin aclarar la distancia entre los límites geográficos de Europa y los límites políticos de la Unión Europea.

En el entorno más cercano, el avispero de la zona de vecindad está de nuevo alterado, con una grave inestabilidad en países como Ucrania y Moldavia, o con las distintas opciones manejadas por cada uno de los 27 socios europeos ante la declaración de independencia de Kosovo, de 17 de febrero de 2008. Y un poco más allá, la Unión trata de afianzar la relación con Rusia, mirando para otro lado con respecto a los síntomas de autoritarismo, mientras intenta garantizar el abastecimiento energético, en medio de la constante rivalidad entre Rusia y Ucrania. El revuelto patio trasero en Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania ha llevado a José Ignacio Torreblanca a decir que “en Europa hay hoy en día dos tipos de europeos: los que la tienen (y no la quieren) y los que la quieren (y no la tienen)”1.

Y, por supuesto, la crisis económica, una prueba de fuego para medir el alcance de las acciones colectivas europeas y/o las opciones nacionales. En el último trimestre de 2008, la recesión afecta a 14 países de la UE, lo que supone el 70% del PIB conjunto. Según Eurostat el PIB de los 15 socios de la eurozona cayó un 1,5% en ese período y el 1,5% en el conjunto de la Unión. El peor dato se lo lleva el país que destacaba tanto que llegó a ser calificado como ‘el tigre celta’: el PIB de Irlanda bajó un 7,1% en ese trimestre.

En esa situación, la Comisión Europea anunciaba, el 8 de abril, la aprobación de más de 50 medidas para estabilizar el sistema financiero; con ellas, las ayudas europeas a la banca suman nada más y nada menos que tres billones de euros.

Aunque la maquinaria europea ha generado un consenso entre los principales socios, no ha ocultado las rivalidades existentes y la imagen de que cada uno intentaba salir de ella de la forma más airosa posible. Además, los países más débiles, los más recientemente incorporados, han tenido muchas más dificultades, al enfrentarse a riesgos de quiebra por la crisis de sus sistemas bancarios; de hecho, la crisis se ha llevado por delante a varios Gobiernos, como los de Letonia, Hungría y la República Checa.

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El Consejo Europeo, de 19 y 20 de marzo de 2009 –los máximos representantes de los 27 ya se habían reunido el 1 de marzo–, al adoptar el Plan de Recuperación Económica, expresa su confianza en la capacidad de la Unión Europea para hacer frente a la crisis financiera y económica. Repasando los considerables medios de incentivación fiscal que están siendo inyectados en la economía de la Unión Europea (más de 400 000 millones de euros), insiste en que la acción concertada y la coordinación son parte esencial de la estrategia de recuperación de Europa, y subraya que Europa hará todo lo que sea necesario para restablecer el crecimiento. Asimismo insiste en que el mercado único es decisivo para acortar y hacer menos grave la recesión en Europa. En junio, el Consejo Europeo adoptará las primeras decisiones para reforzar la reglamentación y la supervisión del sector financiero de la Unión Europea, que se basarán en propuestas de la Comisión previo debate pormenorizado en el Consejo del informe Larosière. Basándose en la experiencia propia de la Unión Europea y en su deseo de contribuir significativamente a la conformación de la futura gobernanza internacional del sector financiero, define la posición de la Unión con miras a la cumbre del G-20 (Londres, 2 de abril).

Con el tímido optimismo aparecido tras la reunión de Londres, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, sostiene que “ha sido una inyección de confianza”. Sin embargo, el actual dominio de las fuerzas conservadoras lleva a Vicenç Navarro (Público, 16 de abril de 2009) a afirmar que “el consenso de Bruselas, que es la versión europea del consenso liberal de Washington, ha seguido unas políticas de freno del gasto público con disminución de impuestos y limitaciones en el tamaño del déficit fiscal del Estado, que han sido responsables de que el desempleo en Europa (que había sido más bajo que en EEUU desde la II Guerra Mundial) se incrementara (siendo hoy mayor que en EEUU), a partir del desarrollo de tales políticas que ahora obstaculizan la resolución de la crisis”.

En todo caso, la Unión Europea mantiene un discurso en torno a favorecer...

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