Trinidad profana de Adolfo Castañón, fragmento

Autor:Adolfo Castañón
Páginas:9-48
 
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Trinidad profana
, fragmento*
ADOLFO CASTAÑÓN
Tri ni dad profana: Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas1
PRIMERA PARTE
I
Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas han sido asociados con una natura-
lidad escalofriante por la ingeniería de las efemérides nacionales, pero en un
horizonte hispánico ecuménico cabría añadir los nombres de Julio Cortázar y de
Nicanor Parra, para filtrar una luz crítica más amplia. Además, cabría añadir a
esos calendarios los de otros autores y personalidades nacionales que podrían
resultar pertinentes, como la de la actriz María Félix (1914-2002), amiga y com-
pañera de Efraín Huerta y José Revueltas, quienes trabajaron guiones para pe-
lículas protagonizadas por esta representación endiablada de la mujer. Octavio
Paz y Efraín Huerta le dedicarían a esta «demoniaca» y «calibánica» mujer sen-
das páginas sintomáticas,2 ¿de qué? Del hecho de la transfiguración de la perso-
na en personaje, del ser humano en leyenda y máscara: cifra, estrella, protago-
nista, diva. Al igual que de María Félix dice Octavio Paz que nació dos veces,
primero en la carne y luego en la pantalla, cabría decir de sus testigos admirado-
res Efraín, Octavio y José que ellos también se transfiguraron en mito por sus
letras tanto como por las letras de sus hechos: «A la bendita tierra mexicana /
* Extracto del libro de Adolfo Castañón Trinidad profana: Octavio Paz, Efraín Huer ta y José Revueltas,
Ciudad de México, Ediciones Sin Nombre, 2015, pp. 11-88.
1. La tercia de los escritores Paz-Huerta-Revueltas ha sido reflejada institucionalmente por el Gobierno de
la Ciudad de México en la exposición que se hizo en las rejas de Chapultepec «Imagen y palabra. Paz,
Huerta, Revueltas». La tercia Paz-Huerta-Revueltas también ha sido objeto de artículos como por ejemplo
el de Moisés Elías Fuentes «Paz, Huerta y Revueltas: rebeldías revolucionarias» (Casa del tiempo, Año
XXXIII, Vol. I, época V, núm. 10, noviembre 2014, pp. 18-21). Además se incluye en esta trinidad, en el
Anexo: Felipe Vázquez, «Paz, Revueltas, Huerta: la pasión crítica», revista Crítica, núm. 163, enero-febrero
2015, Revista Cultural de la Universidad Autónoma de Puebla, pp. 117-140.
2. Octavio Paz, «Razón y elogio de María Félix», Obras completas, t. XIV, Miscelá nea II, México, FCE, 2001,
pp. 150-154; Efraín Huerta, «María Félix: tres arieles», El otro Efraín. Antología prosística, ed . y sel ec. C arl os
Ulises Mata, México, FCE, 2014, pp. 520-523; Efraín Huerta, «María de los Ángeles Félix», Poesía completa,
ed. Martí Soler, prólogo David Huerta, 3ª ed., México, FCE, 2014, pp. 583-584.
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TRÍPTICO DE LA POESÍA Y LA CRÍTICA: OCTAVIO PAZ, EFRAÍN HUERTA Y JOSÉ REVUELTAS
tan solo» [vienen] «a pasar sus vacaciones», como diría Efraín. Cierto: los tres
nombres que nos convocan no solo tienen un aire de época. Fueron conocidos,
amigos hasta el punto de buscar alianzas electivas en proyectos editoriales o
bajo el techo de elecciones ideológicas paralelas o convergentes. En el caso de
Huerta y de Paz, la relación se da a través del compadrazgo que los vincula ante
David, el hijo de Efraín, una institucionalización de la amistad que lleva a pensar
en la perspectiva genealógica de estas conmemoraciones que no solo son fami-
liares por el hecho de que los tres dejaron una familia de lectores fieles, sino que
delatan el fondo arcaico y genealógico de una cultura como la mexicana, donde
el saber y el poder, la vocación y la búsqueda de la belleza o de la verdad, parece-
rían hereditarios: de García Icazbalceta y Monterde, a los Sierra, los Ocampo (de
Melchor a Aurora), los Escobedo (de Mariano a Helen), los González Martínez,
los Reyes, los Icaza-Xirau, los Díez Canedo, los Villoro, los Silva-Herzog, etc.
Contra esa perspectiva de fondo, la conjunción de los Revueltas, Paz, Huerta
cobra otra luz.3
II
La conjunción de estos tres nombres: Octavio, Efraín, José; representa un desafío
intelectual y aun ético, pero quizá no aritmético o matemático, pues la triada es
tradicionalmente una fórmula de comprensión y si a cada uno lo desdoblamos, la
formulación de un juego de hexagramas podría ilustrarnos con sus estribaciones
y declinaciones portadoras de universos singulares y de horizontes ya no solo en
el espacio de la literatura mexicana sino más allá de nuestras fronteras.
3. Sobre el aspecto genealógico cabría registrar la participación de Juan Cristóbal Revueltas «Al filo de
los Revueltas» publicada en Reforma, suple ment o Forma y Fondo, 9 de noviembre de 2014, núm. 50, p. 14,
el texto consta de extractos del prólogo de Al filo. Palabra de José Revueltas, compilado por Andrea Re-
vueltas y editado por Publicaciones Cruz O. y la Comisión de Bibliotecas y Asuntos Editoriales del Sena-
do de la República. Sobre las primeras recepciones de Efraín Huerta véase: Antonio Alatorre, «Acerca de
Los hombres del alba de Efraín Huerta (1914-1982) en el centenario de su nacimiento», Eos 1943 / Pan
1945-1946 (Revistas Literarias Mexicanas Modernas), México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp.
334-341; Rafael Solana, «Prólogo» a Efraín Huerta, Los hombres del alba, edición facsimilar, epílogo de
Emiliano Delgadillo Martínez, 1ª ed. 1944, 1ª ed. facsimilar 2014, México, Conaculta, pp. 9-15. De las
primeras recepciones sobre Octavio Paz puede consultarse: José Herrera Petere, reseña a José Revueltas,
«El luto humano», Letras de México, 5, 15 mayo 1946, p. 7; Pina Juárez Frausto, «José Revueltas, El luto
humano», Rueca, 6, primavera 1943, pp. 59-63. Sobre José Revueltas: Jorge Cuesta, «Raíz del hombre de
Octavio Paz», Letras de México, febrero 1 de 1937, pp. 3 y 9, recogido en Jorge Cuesta Obras, tomo II.
Pensamiento crítico. Epistolario, recopilación de Miguel Capistrán y Luis Mario Schneider, edición de
Miguel Capistrá n, Jesús R. Martínez Ma lo, Víctor Peláez Cuesta y Luis Mario Schneider, México, Edicio-
nes del Equilibrista, 1994, pp. 164-165.
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11TRINIDAD PROFANA, FRAGMENTO
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III
Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas no solo se conocieron sino que —cabe
insistir en ello— se reconocieron recíprocamente y acaso entrevieron o presintie-
ron que formaban un conjunto. Dato clave: cada uno supo que esos otros no solo
andaban por ahí, sino que en cierto modo formaban parte de su paisaje externo e
íntimo: Paz escribió sobre Huerta y Revueltas, Huerta sobre Paz y Revueltas, Re-
vueltas sobre o aun contra o desde Paz o Huerta... Y quizá el joven Paz tiene más
que ver con el viejo Revueltas, y el joven Huerta con el último Paz. La valoración de
cada uno y de los tres en conjunto representa un desafío bibliográfico, y es natural
que los peritos se den más a la sombra de uno de los tres olmos y no a la de los tres
o de alguno de los otros dos. Sea como sea me parecería necesario lanzar como una
red algunas ideas para tratar de acercarnos a cada uno y de acercarlos a ellos entre
sí, a condición, claro, de que la comprensn no vaya en merma o demérito de los
otros. La formulación de este juego crítico para ensayar comprender a tres autores,
presupone la conciencia de un cuarto punto de vista, el del lector, lo cual me hace
pensar en la adivinanza de los gatos que cada uno desde su rincón ve tres gatos. En
esta materia resbaladiza de la comprensión suele omitirse el propio perfil, ya no
digamos la propia sombra. Huerta, Revueltas y Paz no solo fueron contemporá-
neos y compatriotas, compartieron las experiencias del siglo, en cada uno brilla
una devoradora pasión literaria y política que raya o colinda con lo religioso, con lo
trágico, lo místico o lo blasfemo... Encarnan cada uno una cierta forma de piedad
a veces despiadada como en Revueltas, a veces impía como en Huerta o en Paz, a
veces auto-engañada como en las mentiras piadosas contadas por las abuelas en las
casas de citas. En cada uno los cuerpos y los espejismos de la comunidad se entre-
gan a la marcha o a la danza, a la acrobacia o al toreo, a la gimnasia o a la batalla.
IV
Paz, Huerta y Revueltas fueron autores y personajes conocidos. La silueta de cada
uno por separado figura en muchos libros. Sin embargo, son raros los testimonios
que pueden dar una visión de los tres. Uno es Luis Cardoza y Aragón, otro es
Ermilo Abreu Gómez, el tercero e s Carlos Monsiváis.
A continuación se reproducen las referencias que hace Luis Cardoza y Aragón
a la «trinidad profana». Salta a la vista que a los ojos del guatemalteco los tres
nombres se confundían a veces en una sola cifra generacional. Luego de las refe-
rencias de Cardoza siguen las de Ermilo Abreu Gómez y se concluye con las de
Carlos Monsiváis. En esos otros casos también se advierte esa inclinación.
La trinidad profana en los ojos de Luis Cardoza y Aragón:
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