En todas partes y en ninguna. Esbozo de una sociología del poder

Autor:Andrés García Inda
Cargo del Autor:Profesor de filosofía del Derecho
Páginas:24-134
RESUMEN

1.1. La sociología del poder y el poder de la sociología -1.1.1. Saber y poder: para una crítica de la crítica sociológica -1.1.2. ¿Un juego de espejos? -1.1.3. Teoría y práctica -1.1.4. La jerarquía de los actos epistemológicos y el principio de vigilancia -1.2. El «Estructuralismo genético»: Habitus y campo -1.2.1. Más allá de la libertad y la necesidad -1.2.2. El campo social -1.2.3. El «Habitu... (ver resumen completo)

 
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1.1. La sociología del poder y el poder de la sociología
1.1.1. Saber y poder: para una crítica de la crítica sociológica

Una de las ideas básicas que recorre todas las páginas de la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu es la consideración de la sociología (o de la ciencia, en un sentido más global) como un instrumento de transformación y liberación; una ciencia «en sí misma crítica » o, con palabras de Bachelard, «ciencia de lo oculto», cuyo papel no consiste en dar lecciones sino en proporcionar herramientas y armas para conocer la realidad, puesto que en ese conocimiento se encuentra la auténtica posibilidad de transformación. O como dice Verónica Muñoz, «el sentido de la ciencia social tal y como la entiende Bourdieu es descubrir el orden social oculto tras el orden simbólico, traer a la conciencia social esta inhibida violencia simbólica que impone, al modo del confucionismo «que el soberano se comporte como soberano, el sujeto como sujeto, el padre como padre y el hijo como hijo», y aún más, que cada uno no conciba otra «razón de ser» que la que le ha sido otorgada por la dinámica social» 15.Page 24

Esa caracterización -«en sí misma crítica», «ciencia de lo oculto»- implica la necesidad de darle la vuelta a la común afirmación de que la sociología para ser auténtica ha de ser crítica, afirmando, por el contrario, que para ser crítica ha de ser sociológica, esto es, científica, «sin que el científico que elija la ciencia haya tenido que elegir jamás la crítica». Eso, dice el sociólogo francés, es lo que diferencia la polémica de la razón científica de la polémica de la razón ideológica, «en que sólo compromete valores en cuanto arranca al «orden social» hechos que, como suele decirse, hablan por sí mismos». Y si el descubrimiento de lo oculto en que consiste la ciencia «tiene siempre un efecto crítico, es que en este caso lo oculto es un secreto, y un secreto bien guardado, incluso cuando nadie está encargado de su custodia»16.

De ahí que el estudio de las diferentes estructuras sociales y cognitivas sea «un instrumento de liberación», en cuanto que devuelve al objeto investigado la posibilidad de constituirse como sujeto: «la sociología no tiene solamente por efecto denunciar todas las imposturas del egotismo narcisista; ella ofrece un medio, quizás el único, de contribuir, aunque sólo sea por la consciencia de las determinaciones, a la construcción, de otro modo abandonada a las fuerzas del mundo, de algo así como un sujeto»17. Aunque esa liberación se produzca al precio del desencantamiento de aquellos mecanismos que contribuyen a generar el sentido dominante como sentido común, y aun con el riesgo de «deva-luar» lo vivido por las personas o privarles precisamente de ese sentido: «Yo creo, a pesar de todo -dice Bourdieu-, que las relaciones sociales serían menos desgraciadas si las personas dominaran al menos los mecanismos que les determinan a contribuir a su propia miseria. Pero quizás la única función de la sociología es hacer ver, tanto por susPage 25 lagunas visibles como por sus adquisiciones, los límites del conocimiento del mundo social y hacer así difíciles todas las formas de profetismo, comenzando ciertamente por el profetismo que se reclama de la ciencia»18. Aunque también es necesario poner de relieve el peligro o los riesgos de caer en un pesimismo sociológico al comprobar que «el rey está desnudo». Así lo explica Giovani Bechelloni al introducir la desilusión, el desvelamiento en que consiste el análisis sociológico del sistema educativo contenido en La reproduction: «El riesgo es el de encontrarse frente a un aparente cul de sac del que no se logre salir. Es decir, el riesgo es el de caer en un pesimismo sociológico que al destruir sistemáticamente todas las propuestas de intervención -sean reformistas, racionalizadoras o «revolucionarias»- termine por convalidar como legítimo el status quo. En cambio, se trata de ver si las tesis que se pretenden modificadoras de ese status quo, cuya validez cuestionan Bourdieu y Passeron, lo son de verdad o más bien constituyen ilusiones y en cuanto tal está bien que se derrumben: hay que decir, si nadie lo dice, que el rey está desnudo aunque esto no es suficiente para decidir qué hacer»19.

Así, toda la obra de Bourdieu, es en cierto modo una sociología del sentido común, que, como se dice literariamente de la filosofía, «trata de decir lo que el sentido común calla: en contra del dictamen de Wittgenstein, se empeña en enunciar aquello que no puede ser dicho»20. O, como dice Rodríguez-Ibáñez: «una antropología materialista del sentido común», que trata de descifrar o desvelar lo que ese sentido común esconde bajo la apariencia de inevitabilidad que se le supone21. Para hacer sociología, por eso mismo, es necesario denunciar y romper con las evidencias del sentido común que se identifica socialmente con el buen sentido. Así lo dice, por ejemplo, al hablar de la encuesta:Page 26 «solamente al precio de una denuncia activa de los presupuestos tácitos del sentido común se pueden contrarrestar los efectos de todas las representaciones de la realidad social a las que encuestadores y encuestados están continuamente expuestos»22.

La sociología, la ciencia social en general, lo que hace precisamente es poner de manifiesto, descubrir lo oculto, denunciar esos «mecanismos» que parece que «gobiernan» la vida social y que, al menos, ciertamente la orientan. Mecanismos que en realidad no son leyes. Bourdieu critica expresamente la idea de «leyes sociales», de supuestas «leyes» que gobiernan el mundo social, un término para él peligroso que lo que hace en realidad es considerar «como un destino, una fatalidad inscrita en la naturaleza social», lo que de hecho no es más que «una ley histórica, que se perpetúa tanto tiempo como se la deja actuar», es decir, tanto tiempo como aquellos a los que sirve están en condiciones de perpetuar las condiciones de su eficacia. Precisamente porque contra lo que sostienen quienes «querrían encontrar en el enunciado de leyes sociales convertidas en destino la coartada de una dimisión fatalista o cínica», la explicación científica lo que hace es dar la vuelta a esas leyes y de esa forma dar los medios de comprensión, necesarios para cualquier transformación. Es decir, que descubrir la necesidad es el paso verdadero para encontrar «la libertad posible» (la cursiva es del propio sociólogo francés): «una ley ignorada es una naturaleza, un destino (...); una ley conocida aparece como la posibilidad de una libertad»23.

En esa posibilidad de libertad es donde residen las implicaciones éticas de la ciencia en Bourdieu o el hecho de que su sociología y su método de análisis comprenda, como dice Wacquant, tanto una teoríaPage 27 del mundo social como una ética. Si es verdad -dice Bourdieu- que únicamente a través del conocimiento de las determinaciones que sólo la ciencia puede conocer, es posible una forma de libertad que es la condición de una ética, «entonces es verdad también que la ciencia es una ética -lo cual no implica que sea un científico ético». La moralidad reside, para el autor francés, en hacer posible por una toma de conciencia, lo que la ciencia pone en el disparador (aunque eso no es, aclara, el único camino para construir una ética)24.

Desde esa perspectiva, además, toda la investigación de Bourdieu sobre la cultura y el campo intelectual, y sobre los diversos campos de la cultura, es una sociología del poder. Y aún podríamos decir que toda sociología lo es, por cuanto trata de descubrir aquellos hechos, mecanismos, estructuras, que el orden social, el orden del poder, mantiene ocultos. Lo es por esa crítica que es inherente a su actividad científica. El conocimiento es liberador, según Bourdieu, y la sociología (del conocimiento) es «el instrumento del conocimiento por excelencia, el instrumento de conocimiento de los instrumentos de conocimiento»25. Pero si, como decimos, la sociología es crítica en sí misma, en cuanto actividad científica, el problema entonces radica en averiguar cuando se da esa actividad científica de forma auténtica: qué es hacer sociología o, mejor dicho, cuándo y cómo podemos hacer sociología. Precisamente porque no deben confundirse las implicaciones críticas o liberadoras de la ciencia (sociológica) con lo que Bourdieu llama la tentación del profetismo: «Desde que acepta definir su objeto y las funciones de su discurso conforme a las demandas de su público, y presenta la antropología como un sistema de respuestas totales a las cuestiones últimas sobre el hombre y su destino, el sociólogo se vuelve profeta»; una tentación que no es al fin y al cabo más que una concesión a las prenociones (en terminología de Durkheim) con las que el científicoPage 28 debe romper. De ahí que «todo sociólogo debe combatir en sí mismo el profeta social que su público le pide encarnar»26

Por lo tanto, si, por utilizar el adagio típico de la tradición moderna, coincidimos en que «saber es poder», la pregunta siguiente será por el «saber» como tal -cuándo y cómo podemos saber o decir que sabemos-, que nos remite a los planteamientos epistemológicos y metodológicos de la ciencia social, al discurso sobre la naturaleza y status del conocimiento. Porque más allá del optimismo (o utopismo) de Bourdieu en su consideración de la ciencia social, lo cierto es que dicha ciencia, tal como se presenta socialmente, no sirve en muchas ocasiones de instrumento o...

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