A tener en cuenta

 
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Ha sido un verano sin grandes sobresaltos, más de declaración de intenciones que de anuncios inesperados. A excepción, claro está, de la compra de Woolwich por Barclays, una operación que analizamos en estas páginas. Se han publicado, eso sí, numerosas tribunas a cargo de analistas bancarios sobre el papel de las entidades financieras en el nuevo siglo.

¿Cómo mejorar el servicio el cliente y a la vez disminuir costes en el menor tiempo posible?, se han preguntado algunos, aportando también la respuesta: utilizando los métodos ‘lean manufacturing’ de la industria automovilística americana. Es decir, buscando la excelencia a nivel operativo, sin necesidad de recurrir de forma creciente a las nuevas tecnologías.

Desde los años 70, las entidades bancarias se han centrado en las tecnologías de la información para mejorar su eficacia y su atractivo frente a la clientela, consiguiendo progresos significativos. A nivel de costes, la automatización de ciertas tareas repetitivas ha permitido mejoras de productividad y disminución de efectivos; y a nivel de servicio, la tarjeta bancaria, los cajeros automáticos, los centros de llamadas o Internet han representado mejoras sustanciales para los clientes.

Hoy, la Nueva Economía viene a amplificar los desafíos a los que se enfrenta el sector, que tiene que satisfacer mejor las necesidades de los clientes para fidelizarlos y, a la vez, conquistar nuevos; contar con una estructura de costes favorables para mejorar sus resultados bursátiles y protegerse de una posible OPA hostil; invertir en los últimos desarrollos tecnológicos; y sacar las máximas ventajas frente a la competencia de los nuevos entrantes.

Numerosos...

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