Las técnicas de reproducción médicamente asistida

Autor:Francisco Javier de la Torre Díaz
Cargo del Autor:Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y licenciado en Filosofía y Teología moral por la Universidad P. Comillas
Páginas:181-241
 
ÍNDICE
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Con este capítulo pretendemos, ante todo y sobre todo, ayudar a reflexionar sobre las distintas TRMA a las diversas personas y parejas basándome en argumentos. También espero que pueda ayudar a algunos especialistas y estudiantes de Máster y doctorado en bioética a considerar este tema más desde una óptica distinta. Esta orientación hará que adoptemos un tono dialogal e interrogativo que permita ir serenamente formando una valoración moral en este tema. Nuestro discurso no debatirá tanto con los diversos autores que han tratado el tema sino con los argumentos morales esbozados por ellos que deben ser sopesados, valorados y ponderados por las personas corrientes y las parejas que, desde su dolor y su esperanza, se preguntan si acudir y cómo acudir a las TRMA. Esto lo hacemos desde la confianza en la racionalidad moral que todo individuo posee y puede encontrar en su interior317.

En estas páginas no se pretenden ofrecer soluciones y normas claras. De mis errores, a la hora de aconsejar a algunas parejas hace años, he aprendido la necesidad de acompañar y respetar la decisión que nace de la profundización en los valores y las opciones libres de las parejas y los individuos. Hay que acompañar a las personas en sus decisiones, en su deliberación, en su discernimiento ofreciendo luz a la conciencia de cada persona. Ese ofrecer luces y razones no es pensar en lugar de ellos pero tampoco dejarlas abandonadas. Se trata de ayudar a que las personas encuentren por sí mismas más allá de los caprichos individualistas y los convencionalismos, más allá del orgullo y la reacción a la autoridad318. Es necesario elegir cada uno desde su biografía concreta, sus recursos, valores, creencias, situación familiar y de pareja concretas y no desde normas, principios o valores abstractos. Pero esa decisión “buena” debe ser informada, confrontada, dialogada, pensada, sopesada en el corazón, moldeada por lo mejor de uno mismo en apertura hacia los otros. Los

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seres humanos no somos un verso suelto sino un poema que componemos con otros. Somos una libertad que nace de la comunidad, el diálogo y la razón, no de la separación, la arbitrariedad y del individualismo.

Nuestra intención es modesta. Sólo queremos exponer las cuestiones más esenciales que puedan ayudar a las parejas a tomar una decisión moral más allá de la seducción del mercado y de los rigorismos que aplastan la libertad humana. Lo importante no es tanto encontrar una solución correcta, ni realizar un juicio moral certero, sino escuchar lo que provoca y puede ayudar a una valoración moral de las RMA y de la situación concreta, a una percepción mejor y más ajustada de los valores que están en juego en las RMA. Mi confianza reside cada vez mäs en la profunda madurez y adultez de la mayoría de las personas y las parejas. Ya dijimos en el prólogo que este libro “académico” estaba pensado no tanto desde la óptica de los profesionales y académicos sino de las personas de a pié319.

1. Un problema frecuente y grave que tiende a olvidarse y esconderse

Lo primero y más esencial es considerar la amplitud del tema que nos ocupa, su sentido y significado. La esterilidad hace sufrir a muchas personas. En el mundo, hay aproximadamente más de 200 millones de parejas infértiles (WHO). Se calcula que en torno al 12-14% de las parejas tienen problemas de infertilidad a lo largo de su vida. La Sociedad Española de Fertilidad (SEF), en diversas publicaciones señala que la prevalencia de la infer-tilidad estaría entre el 15 y el 25% de las parejas. Los estudios ofrecen datos diversos: entre el 5 y el 25%320. Además, en algunos países desarrollados, ya el 2-4% de los nacimientos vienen a través de las RMA (en Dinamarca se supera el 4%). Son ya más de cuatro millones los niños nacidos fruto de estas técnicas. Detrás de estos sencillos datos hay muchas ilusiones y mucho dolor de muchas personas de carne y hueso que hay que tener en cuenta, que hay que escuchar profundamente y atender humanamente. Ser padres es, para muchas personas, una meta esencial en su vida y el hecho de descubrir en su horizonte vital la posibilidad de no serlo genera un profundo dolor, un hondo sufrimiento y, desde luego, la necesidad de reformular su propia identidad y sus sueños más anhelados. La esterilidad es, por ello, una profunda carencia y limitación en muchas vidas no sólo en el ámbito biológico sino también psicológico y social.

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Por otro lado, en nuestras sociedades se realizan un elevado número de vasectomías y ligaduras de trompas, de abortos y prácticas anticonceptivas. Por esta paradoja, nuestras sociedades actuales reflejan en un tanto por cierto elevado una cierta separación entre el ejercicio de la sexualidad y la procreación. Hay una parte de la población que vive una sexualidad sin el horizonte de los hijos y, en otra parte de la población que busca la fecundidad fuera del contexto de la sexualidad. Es la gran paradoja que formuló irónicamente el biólogo Lejeune que los dos logros en el control de la fertilización humana son: “sex without babies” y “babies without sex”. Ambos logros son el símbolo de una cultura que ha separado mucho más que otras épocas la vivencia de la sexualidad y la generación de la vida.

Muchos son los autores que señalan esta paradoja social de amplia aceptación del aborto y de la anticoncepción quirúrgica al lado de la realización de grandes esfuerzos económicos y psicológicos por tener hijos. ¿No se podría resolver esta paradoja agilizando los procesos de adopción y ayudando a las mujeres que desean recurrir al aborto a plantearlas con sinceridad la alternativa de la adopción? Esta es una pregunta social y política pero también una pregunta que deben hacerse las parejas y los individuos. ¿Nos hemos planteado seriamente la adopción o la acogida de muchos hijos nacidos de situaciones difíciles321

2. Mundos diversos Las múltiples causas por las que se acude a las TRMA

No todas las causas tienen el mismo origen y tienen el mismo significado. La esterilidad parece tener que ver por igual con los varones que con las mu-jeres pero no es lo mismo, ni significa lo mismo, ni se valora lo mismo que su origen esté en el varón o en la mujer. Los estudios ofrecen diversos datos. La mayoría de los estudios señalan entre un 25-40% de los casos debido a los varones, 35-70% de los casos debido a las mujeres, 20-30% a una causa compartida y 5-20% a una causa desconocida. Las causas son de distinto tipo: infecciosas, genéticas, tóxicas, congénitas, hormonales, mecánicas o desconocidas. En la esterilidad pueden influir factores tan variados el hipogonadismo, la obesidad, la edad, anomalías cromosómicas, alteraciones en los receptores homornales, tabaquismo, ciertos fármacos, alcohol, estrés, alteraciones ováricas y uterinas, etc322. Más allá de las causas condretas, lo importante es el tema de la culpa, la responsabilidad y la vivencia de la esterilidad propia o la de la pareja. No es lo mismo que afecte al varón que a la mujer, no es lo mismo que afecte a uno o a los dos, no es lo mismo que sea conocida que desconocida.

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Además esta vivencia personal de la esterilidad está vinculada lógicamente y en gran parte al tipo de causa. No es lo mismo que sea genética que infecciosa u hormonal. Cada caso está teñido de un color especial y hace que cada caso sea único, que sea algo más que un caso de RMA, que sea una vivencia de una persona con su biografía (de más o menos realización), con su familia (nume-rosa o reducida), con su pareja (o falta de ella), con sus sueños (de maternidad y de familia), con su profesión (o su falta de trabajo), con su historia concreta (más o menos realizada). En mitad de esa vida que fluye es dónde se plantea la esterilidad, que es vivida casi siempre como una limitación, una puerta que se cierra, una barrera al crecimiento y al desarrollo personal. Y esa limitación, muchas veces, casi siempre es vivida en silencio o es silenciada o, al menos, vivida en la penumbra de la existencia.

3. ¿Por qué quiero tener un hijo? No todos los motivos por los que se acude a las TRMA son iguales

A las técnicas se acude por motivos variados y son importantes de cara a una valoración moral: por ser portadores de HIV, por esterilizaciones previas, por un deseo genésico antes de un tratamiento con quimioterapia, por el deseo de retrasar la primera gestación por motivos laborales o económicos, por el deseo genésico de solteras y viudas...

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