La seguridad nacional y el terrorismo de estado en Argentina

Autor:Fernando Tocora
Páginas:149-173
 
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La doctrina de la Seguridad Nacional se dene en la perspectiva bipolar
de la última postguerra, de dos visiones del mundo antagónicas, el comunis-
mo y el capitalismo, el primero liderado por la Unión Soviética y el otro por
los Estados Unidos. Dada la aparición de las armas atómicas que advierten
que en una nueva guerra mundial no habrá vencedores, esa confrontación se
libra con un guerra particular, la «guerra fría», una guerra inicialmente no de-
clarada, pero persistente, que se libra en los medios de comunicación, en todos
aquellos frente de propaganda, espionaje y en guerras locales que constituirán
batallas de una ya crónica guerra mundial. Esta guerra está siendo librada a
través de alles y peones en un mundo dividido en dos polos ideológico-eco-
nómicos (recordemos Corea, Vietnam, Afganistán, Guatemala, Nicaragua, El
Salvador, Angola, etc.) o en procesos políticos como los de Cuba y Polonia en
el siglo XX, o Egipto en el siglo XXI, entre otros. La aparición de las armas
nucleares sirvieron como disuasivo para una nueva guerra convencional al
implicar que una nueva guerra mundial conllevaría a la destrucción total.121
121 Caído el muro de Berlín podríamos hablar de una nueva guerra fría, ya no entre
comunismo-capitalismo, confrontación de matiz ideológica, sino entre Occidente y
CAPÍTULO VI
La Seguridad Nacional y el
terrorismo de Estado en Argentina
LA RENUNCIA A LA AUTONOMÍA JUDICIAL EL JUICIO PÉRDIDO DE LOS JUECES FERNANDO TOCORA150
En ese mundo maniqueo de la postguerra, Occidente y Oriente se
denían recíprocamente como los enemigos a vencer. El enemigo era fun-
damentalmente exterior, pero cuando dentro de los mismos países había
personas partidarias del otro sistema, estaríamos ante un «enemigo inter-
no», por lo cual era necesario extirparlo. La guerra era total. La Seguridad
Nacional era el valor supremo y debía empezar por la depuración interna,
para poder salvar la sociedad occidental libre y cristiana en el caso de occi-
dente, o para salvar la sociedad marxista igualitaria y atea, en el caso de los
países tras la «cortina de hierro».
Cuando hablamos de guerra hablamos de un enfrentamiento de fuer-
zas, en el que el derecho pierde preeminencia; sin embargo, en la guerra
suelen regir ciertas reglas inicialmente consuetudinarias, que después serán
recogidas por Convenciones Internacionales como la de 1949 de Ginebra y
de la Haya, instrumentos que restringen la utilización de cierto tipo de ar-
mas (gases venenosos, armas biológicas, atómicas o de destrucción masiva)
o el trato abusivo con los prisioneros. En los regímenes de Seguridad Na-
cional en América Latina no habrá límites: violaciones sexuales, secuestros
de niños entregados en adopción, muchas veces a los propios victimarios,
torturas y asesinatos de personas indefensas y en condiciones de inferiori-
dad. No habrá derecho, solo fuerza bruta, estado salvaje, llevados a cabo con
sevicia y odio.
1. WASHINGTON Y UNA POLÍTICA
GENOCIDA HEMISFÉRICA
Desde los años 40 se promulgaron una serie de leyes en los Estados
Unidos dentro de ese enfrentamiento (Smith Act de 1940, International Se-
curity Act de1950,Communist control Act de 1954, entre otras). En 1947 la
mayoría de países de América suscriben el Tratado Interamericano de De-
fensa TIAR en la ciudad de Rio de Janeiro. Se esgrimió como un proyecto
Oriente, en un antagonismo más económico, en el que se ponen en juego la disputa
mundial por los recursos y los mercados. Es el caso que vivimos sobre Venezuela; de
un lado Occidente y del otro Rusia y China.

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