La revolución francesa y la exclusión de las mujeres

Autor:Fernando Tocora
Páginas:61-87
 
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La Revolución francesa instauró un nuevo régimen. El discurso de
la Ilustración proclamó las libertades del «hombre y del ciudadano». No
se trató solamente de la irrupción de una nueva clase en el poder ni de
transformaciones obligadas por hechos económicos o culturales de la tras-
cendencia de la revolución industrial o del descubrimiento de la imprenta.
Se trató también de la rebelión contra el miedo a una edad de obscuridad
y de sometimiento en nombre de Dios. En los salones Parísinos de la se-
gunda mitad del siglo XVIII se debatía sobre la libertad, contra el temor, se
enarbolaba la razón contra la superstición. Filósofos, economistas, juristas,
políticos discutían sobre la existencia de Dios, sobre un Estado laico, sobre
aquella historia de la «otra vida», sobre los planes divinos, pero sobre todo
contra el miedo sembrado por la Iglesia y sus hogueras, o contra las arbi-
trariedades del soberano, los privilegios de los nobles y el sometimiento de
los demás.
La religión había aparecido como respuesta a las penurias de pue-
blos perseguidos o desposeídos, prometiéndoles reinos providenciales o
tierras pródigas, respondiendo de esa forma a sus adversidades y sufrimien-
CAPÍTULO II
La Revolución francesa y la
exclusión de las mujeres
LA RENUNCIA A LA AUTONOMÍA JUDICIAL EL JUICIO PÉRDIDO DE LOS JUECES FERNANDO TOCORA62
tos. Al nal las jerarquías de esas iglesias logran instalarse al lado de los
gobiernos,31pero al cabo del tiempo, la recurrencias de las guerras, el ad-
venimiento de cataclismo (muy particularmente el terremoto de Lisboa),
las enfermedades (pestes, etc.), la pobreza, las injusticias, las hambrunas,
suscitaron muchos cuestionamientos e interrogantes. La teología persistía
en sus respuesta de la «otra vida», como sucedáneo de la «tierra prometida»,
predicando que el sufrimiento sería compensado en esa vida ultraterrenal y
el mal del tirano sería castigado con las brasas del inerno.
Frente a estas encrucijadas, la teodicea reelabora la experiencia del
dolor como signo positivo e incluso necesario (autoagelación, represión de
los deseos, ayunos, austeridades, estoicismo): solo se conoce la dimensión de
la felicidad si se ha conocido el sinsabor del sufrimiento. La promesa de una
compensación constituye la esperanza, como lo consigna Odo Marquand
en su libro La losofía de la compensación. Entre tanto, la iglesia recomienda
la dimisión mientras el momento llega. Dios es bueno y sabio y procura
el mejor de los mundos posibles como lo pensaba Leibnitz. Se trata de
un «optimismo metafísico» que terminará diluido en una realidad llena de
dicultades y de injusticias. El dolor hace parte de la vida y participa del
equilibrio expiatorio. El mal del pecado es expiado por el arrepentimiento
y la penitencia; una idea que pasará al derecho penal dotando de contenido
a la reacción social.
Es a este mundo teológico que el movimiento de la Ilustración se en-
frentó. La lucha contra los monarcas y los señores feudales debía confrontar
el sostén ideológico que había reinado durante siglos de dominación reli-
giosa. Además, si se reclamaba libertad, ella comenzaba por la de conciencia
y de pensamiento. En 1728 Voltaire «…se convertía en un crítico impor-
tante y mordaz de la inuencia religiosa en la política y la crueldad ejercida
en nombre del cristianismo»32. La gran bandera de la Ilustración era luchar
31 Para el caso del cristianismo se cita históric amente su asimilación a religión ocial
por parte de Constantino, emperador romano que prorió el Edicto de Milán en el
año 313 D.C.
32 Blom, Phillipp: «Gente peligrosa, el radicalismo olvidado de la Ilustración euro-
pea», Ed. Anagrama, Barcelona, 2012, pg. 41

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