La representación política y democracia

Autor:Juan Antonio Pabón Arrieta
Páginas:99-138
 
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CAPÍTULO SEGUNDO
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La representación política y democracia
SUMARIO: 1. La representación política y la democracia. El discurso de Ben-
jamín Constant y de Norberto Bobbio acerca de la representación política y la
democracia. 2. Luigi Ferrajoli, la representación política y la democracia y la
división y separación de poderes públicos. 3. Lugi Ferrajoli, la representación
política, la democracia y los partidos políticos. 4. La representación política, los
partidos políticos y el sistema electoral.
1. La representación política y la democracia.
El discurso de Benjamín Constant
y de Norberto Bobbio acerca de la
representación política y la democracia
Representar, es tomar el lugar de otro. El que representa realiza la acción
de representar a otro. Representar, es una acción que se realiza en nombre de
otro. O, representar puede tener la connotación de traer a la mente algo. Uno
puede representar, algo que, está ausente o que pueda tener una presencia leja-
na. O, incluso se puede representar algo presente que necesita de la presencia
de un representante para que en su nombre actué. Representar, siempre será
una acción, un verbo que expresa una acción. Una acción humana es el re-
presentar. Y, es la acción de actuar en nombre del otro. Las representaciones
pueden ser ociosas o autorizadas por el que necesita ser representado. Y, las
representaciones pueden ser legítimas o ilegítimas. El que representa a otro,
toma su lugar y actúa en consecuencia. El que representa a otro debe interpre-
tar al representado. Más las interpretaciones suelen ser correctas o incorrectas,
con mayor o menor nivel de representación. El representante es una especie de
LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA: UN MODELO EN CRISIS
Juan Antonio Pabón Arrieta
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actor, que actúa haciendo el papel de otro. El que es representado y sus acciones
constituye el objeto de la representación. Existen excelentes, buenos, regulares,
malos y pésimos actores y conforme a la calidad o falta de calidad de los actores
así serán las actuaciones que se realicen. En La república o de lo justo, (Diálogos.
P. 255. Porrúa. México. 2007) en el séptimo libro, en la alegoría de la caverna,
Platón apela a la representación para explicar el proceso del conocimiento y de
la comprensión. Represéntate ahora el estado de la naturaleza humana respecto
a la ciencia y de la ignorancia, recuerda Platón que Sócrates le dice a Glaucón.
Imagina, un antro subterráneo. Es el representar una acción humana que se
puede realizar conforme a un determinado orden político y jurídico. El repre-
sentar se conoció y práctica desde la antigüedad.
Representar, como palabra tiene raíces latinas. Representar viene del la-
tín reprasentare. Y, representación deviene de la palabra representatio. Y, re-
presentación es la acción y el efecto de representar. Por lo tanto, la represen-
tación es poner en escena la acción de representar y de representar algo. La
representación de algo por alguien puede ser excelente, buena, regular, mala o
pésima. De toda forma es representación de algo por alguien y no deja de ser
representación. Y, en el teatro de la acción política en el mundo contemporá-
neo, la representación política constituye uno de los rasgos característicos de
la democracia. Y, es que la democracia contemporánea es representativa, no
puede ser de otra manera. Y, no puede ser de otra manera porque la demo-
cracia contemporánea no es una democracia restringida a una tribu o a una
ciudad, como lo era la democracia en la antigüedad. Asimismo, la sociedad
democrática en la antigüedad, era una sociedad simple que debatía acerca de
temas de una sociedad política sencilla en la cuna de la civilización occidental.
Tan sencilla era la sociedad antigua de que no existía un mundo plural porque
la vida pública carecía de la subjetividad. Por ser la democracia contemporánea
compleja en cuanto a la universalización de la participación de nuevos actores
en la vida política, la democracia no puede ser directa, sino que requiere de la
técnica y del instrumento jurídico y político de la representación política. No
puede ser directa, porque el escenario de la democracia directa, es la asamblea
por excelencia y es materialmente imposible, convocar a toda una ciudadanía
de una ciudad o de una nación a una asamblea para que delibere y decida sobre
algo en la política, por mucho y que de forma electrónica hoy se pueda dialogar
con una gran malla de ciudadanos. La ciudadanía en las naciones, no en las
ciudades – estados, como lo era en el mundo antiguo, necesita de la técnica e
instrumento político de la representación política para poner en funcionamien-
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to la democracia y el gobierno democrático. En la antigüedad no era posible
la existencia de un gobierno representativo y una democracia representativa;
el gobierno y la democracia en la antigüedad necesitaba ser directa y el ins-
trumento adecuado era la asamblea. La democracia y el gobierno del mundo
contemporáneo en occidente necesitan de la representación política para el
buen gobierno de la cosa pública. Los que predican y ofrecen la democracia
directa en el mundo contemporáneo no piensan en las características de las
complejas sociedades políticas en el mundo contemporáneo y menos, alcanzan
a dimensionar la existencia de una democracia constitucional globalizada. Los
promotores de la democracia directa, y por consiguiente, críticos de la demo-
cracia representativa se apoyan en Juan Jacobo Rousseau (Ginebra, Suiza 1742
- Ermenonville, Francia 1778), lósofo que la deende al decir:
La soberanía no puede ser representada por la misma razón que no puede ser
enajenada; consiste esencialmente, en la voluntad general y la voluntad gene-
ral no se representa en absoluto; es la misma o es otra, no hay punto interme-
dio. Así pues, los diputados del pueblo no son ni pueden ser sus representan-
tes, son solamente sus comisarios, no pueden concluir nada denitivamente
(Rousseau, 2015, p. 107).
De que la soberanía no puede ser representada, es cierto. Tampoco, pue-
de ser enajenada. En esto le asiste toda la razón al pensador ginebrino. La
soberanía está radicada en la ciudadanía de un determinado Estado. Por lo que
la soberanía no debe estar en los órganos parlamentarios, ni en otro órgano
estatal o autoridad plural o personal, porque por la naturaleza democrática de
la soberanía en los Estados modernos y contemporáneos, esta es intransferible
y enajenable.
Es por esto que no puede predicarse de que una determinada entidad es-
tatal distinta a la ciudadanía mediante los procedimientos democráticos cons-
tituya poder soberano alguno. No obstante, la soberanía puede ser compartida
entre la ciudadanía de un estado federalizado políticamente. Lo que no es cier-
to, es que la democracia no pueda ser representativa y que los representantes
al actuar no puedan concluir nada denitivamente. En esto yerra el gigante
pensador. Deducir que, por la razón de que la soberanía no puede ser enajenada
ni representada en una sociedad en las democracias modernas y contemporá-
nea, no puedan ser los diputados de un pueblo representantes de la ciudadanía,
es una armación incorrecta que riñe con la realidad de las instituciones de la
modernidad occidental.

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