Introducción: Religión, religiones, filosofía, teología, filosofía de la religión. Algunas explicitaciones necesarias. Un estado de la cuestión

Autor:Natividad Senserrich
Páginas:23-51
 
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INTRODUCCIÓN:

RELIGIÓN, RELIGIONES, FILOSOFÍA, TEOLOGÍA, FILOSOFÍA DE LA RELIGIÓN. ALGUNAS EXPLICITACIONES NECESARIAS. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN

Este trabajo, el objeto de este trabajo, habla de la dificultad de hablar hoy de Derechos Humanos y de la dignidad de la persona; habla de la conculcación sistemática de los mismos y de como se articulan algunas de las violencias que se ejercen hoy en el mundo. En él se enlazan distintas reflexiones que han sido vitales para mí. Es una cadena formada por pocos eslabones, sencillos si se quiere y a la vez, por vitales, de una extraña dificultad, de una dificultad nada extranjera.

Derechos Humanos y Filosofía de la Religión, el título, quiere ser el indicador de una dirección. Para esta dirección he escogido la perspectiva de la Filosofía de la Religión tal como la entendió X. Zubiri y tal como la plasmó en el texto Notes sur la Philosophie de la Religión.

Este trabajo tiene visos de reflexión. Una reflexión que transcurrirá desde el texto y su traducción; avanzará hasta la realización en la praxis de ese punto de vista en la vida y la obra de I. Ellacuría; continuará siguiendo su huella con las constataciones del porque nos resulta hoy tan difícil hablar de Derechos Humanos y de la dignidad de la persona; para continuar reflexionando sobre lo que hoy me parece el principal obstáculo para ello; para terminar con una meditación acerca de lo que me parece una de las más graves y significativas

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conculcaciones de los Derechos Humanos que es la violencia que se ejerce, en el mundo, contra las mujeres.

Para asumir todo ello empezaré con una introducción que revisará el estado actual de los conceptos que más nos aparecerán: religión, religiones, filosofía, teología y filosofía de la religión. Un estado de la cuestión que no pretende exhaustividad en el sentido académico sino más bien exploración de los hitos más reveladores en la significación de estos conceptos. En el capítulo primero propondré el único texto de X.Zubiri en el que explica lo que entiende por filosofía de la religión, así como su traducción, análisis e implicaciones fundamentales en este trabajo. Lo propondré para desvelar las relaciones entre la veracidad o falsedad de la doctrina que defiende una religión con las relaciones que se establecen con la dignidad humana y su defensa última; esto será quizás lo más importante a comprender en este primer capítulo. Esa comprensión pues constituirá el objeto de esta primera parte. Ver como todo ello se hace vida, se hace praxis, será el objetivo del capítulo segundo centrado por completo en la vida y la obra dé I.Ellacuría. Una praxis que es a la vez denuncia lúcida de la absoluta dificultad de hablar hoy con sentido de Derechos Humanos. Una vida que nos hace patente la extrema dificultad que contiene la reflexión sobre la dignidad de la persona cuando ésta se inserta en un contexto religioso determinando como es el cristianismo. Será en el capítulo tercero donde se ensaya una fenomenología para intentar comprender como se estructuran las injusticias y las violencias; para intentar comprender como proceden las injusticias, a que apelan y contemplar cuan lejos se halla todo ello de la verdad religiosa en la que muchas veces se fundamentan. El capítulo cuarto es el encuentro con los obstáculos más representativos para elucidar un coherente discurso acerca de la dignidad de la persona hoy: los fundamentalísimos y los integrísmos. Concreción de un lenguaje de origen religioso, inscrito actualmente en distintas religiones que socava y finiquita o cancela de forma violenta, en distintas formas de violencia, el sentido

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de la lucha por los Derechos Humanos en toda su globalidad e integridad. Lenguajes malévolos y violentos que gravan a las mayorías más desfavorecidas, que se encarnan entre los más pobres y entre los más pobres de entre los pobres. Por fin, el último capítulo reflexionará, quizás más bien meditará, alrededor de una de las conculcaciones de Derechos Humanos más actuales y violentas: la que se ejerce contra las mujeres en todo el mundo. Una meditación que será general y será también concretísima en diferentes formas de violencia. Nunca el ser humano ha sido más creativo que en la recreación de violencias distintas que invaden, violan y reducen la dignidad de la persona en su ser mujer. Lo ha sido porque se trata aquí de violencias históricas, ahistóricas y transhistóricas. Lo es, por tanto, de forma cuantitativa y atroz. Violencias, terrorismos y fanatismos que se hallan muchas veces amparados por textos supuestamente revelados; refugiados en verdades supuestamente religiosas; asegurados tras concepciones patriarcales, machistas y misóginas que denigran, vulneran y condenan a millones y millones de mujeres en todo el mundo, a una violencia estructural y sin medida; desahuciándolas de cualquier sentido de justicia.

Desde un punto de vista personal este texto quiere ser el efecto, con todo el sentido que conlleva el término efecto, de dos reflexiones apasionadas: por un lado, la que se vio reflejada en mi investigación doctoral alrededor de la Filosofía de la Religión en el pensamiento de Xavier Zubirí y la vida de Ignacio Ellacuría, una vida que transformó en actos un pensamiento filosófico y una fe, y por otro lado, la querencia hacia la reflexión sobre los integrismos y los fundamentalismos contemporáneos que están atravesando el mundo, como un puñal sangriento, produciendo dolor y sangre que arrastran consigo.

Parece casi raro que no haya hecho prácticamente nada más que dedicar el tiempo, fundamentalmente el del ocio, a estas

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dos reflexiones que han llenado mi mesa de trabajo y mis estantes de libros con muchísimas hojas de notas y de apuntes.

La razón: una intuición.

Desde el descubrimiento de la Filosofía de la Religión como ámbito de privilegio en el pensamiento contemporáneo para la observación de lo que ocurre en las distintas religiones, no pude sino establecer conexiones, siempre en la realidad, con lo que ocurría en el acontecer de dos tendencias de pensamiento religioso que no por antiguas dejan de ser ahora contemporáneas, me refiero al integrismo y al fundamentalismo.

Las reflexiones transcurrieron en mí desde mi ser mujer, por un lado, porque no podía ser de otro modo, y por el otro porque me vincule durante mucho tiempo a colectivos de reflexión formados por mujeres de muy distintos signos no sólo religiosos sino también políticos, sociales y culturales. Por ello, las conexiones que establecía en mis reflexiones se fijaban sobre todo en el como desde un pensamiento religioso se llegaba a la conculcación de los Derechos Humanos en formas como la de la intolerancia religiosa; en como la mujer se convertía en piedra de toque de todos los integrismos y fundamentalismos de este mundo; en como se ha llegado a la denuncia por parte de Amnistía Internacional, por citar solo ahora a una organización internacional, de estos hechos.

Tuve ocasión de explicar esta intuición, estas reflexiones en varios círculos y siempre se producía el mismo efecto de sorpresa ante una verdad tan evidente y quizás por evidente muy pocas veces tenida en cuenta.

Han pasado los años y los integrismos y los fundamentalísimos de este mundo se han sentido llamados, nunca mejor dicho, a hacer sentir su voz en todo el mundo. Siempre que lo han hecho han provocado sufrimiento y dolor; han provocado la impotencia de la mente; la incapacidad del pensamiento para poderlos comprender atendiendo al mensaje religioso que llevan implícito. Desde una reflexión intelectual inserta en el

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mundo de hoy, no es posible establecer una relación honesta y justa entre el mensaje religioso del integrismo y del fundamentalismo y sus acciones.

Para mí los años tampoco han dejado de pasar y la impotencia a la que me refería se hacia muchas veces imposibilidad para poder escribirlo. Al poderlo intentar no siento más que agradecimiento a todos los que han significado algo en este camino del imposible al posible. Han sido tantos.

Agradecimiento porque no somos nada sin los demás, por que es la dimensión del otro la que nos conforma fundamentalmente como yo. Son los demás los que hacen que yo sea yo y es en la medida de los demás la razón por la que interactúo con el mundo y con la vida misma. Recuerdo ahora con reconocimiento a todas las compañeras, por el tiempo vivido algunas ya amigas, que me contaron en varios países del mundo como se sentían marginadas por su religión, como se sentían impotentes para contestar a la teología oficial. A una teología que nunca las tuvo en cuenta en su auténtica dimensión, que nunca las tuvo en cuenta corno sujetos activos, como inteligencias sentientes de su fe. Recuerdo también a las amigas que fueron colegas y que me mostraron el símbolo como forma de vida reconocida en la realidad; que me mostraron toda la poesía que existe, sin duda, en toda religión que es vivida en femenino. Recuerdo a todos mis amigos, a mi gente, que han sido hasta ahora los signos que me han hecho visible un camino porque siempre ha existido confianza en sus miradas. Recuerdo mucho y sobre todo, cada día que pasa, a todos los que fueron mis profesores y que a lo largo de mi vida me enseñaron que existía un sentido y una responsabilidad, amén de otras muchas cosas de valor infinito en mi vida.

Precisamente por ser efecto, este texto tiene un trayecto concreto. Un trayecto que, como he intentado expresar, es vida y también pensamiento. Que es vida creo que ya he anotado sus índices. En cuanto al pensamiento posee una metodología y un procedimiento riguroso.

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Creo que nos encontramos en un momento del pensamiento contemporáneo especialmente susceptible a retomar determinados conceptos que tienen que ver con la dignidad de la persona y que hacen inevitable e ineludible una revisión y una posterior reflexión a la luz de nuestra presente realidad. De hecho, la realidad ha sido una de las más fuertes y poderosas ideas que han...

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