La religión, ¿freno o motor de la ciencia?

AutorJesús Ballesteros Llompart
CargoDepartamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política Universitat de València (España) Jesus.Ballesteros@uv.es
Páginas480-484

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1. Precisiones terminológicas

En primer lugar, unas precisiones terminológicas. Entiendo aquí por religión, el teísmo, es decir la creencia común a judíos, cristianos y musulmanes, en un Dios personal, cuya esencia es el amor compasivo y misericordioso, que invita a los hombres a amarle sobre todas las cosas, y amar al prójimo, como a si mismo1.

Por lo que se refiere a la ciencia, distingo entre la ciencia clásica o puramente especulativa, en la que se persigue el conocimiento de la realidad, y la tecnociencia, en la que la ciencia, dotada de amplísima financiación está planificada para la producción y al servicio de intereses diversos, económicos, militares, etc.

Por último entiendo por cientificismo la reducción del conocer humano a la ciencia, actitud que generalmente no se da entre los científicos, sino entre los ideólogos aduladores de la ciencia.

Por ello trataré separadamente la relación de las religiones con la ciencia, con la tecnociencia y con el cientificismo.

2. El teísmo como motor de la ciencia

Las religiones monoteístas, más que fomentar la ciencia, la han hecho posible. Ello se debe a las siguientes razones:

a) La desacralización del mundo

Dios que es amor, ha creado el mundo de modo libérrimo. Dios y el mundo son realidades distintas. La naturaleza no es por tanto algo sagrado, sino algo contingente, que podría no haber sido o haber sido de otra manera, y, que no ha sido creado a su imagen. A diferencia de lo que ocurre en el panteísmo, en el que el mundo aparece revestido de un carácter sagrado que impide su conocimiento y más todavía su utilización2.

b) La dignidad especifica del ser humano

Dentro de la Creación, sólo el ser humano ha sido creado a imagen de Dios, en cuanto dotado de un alma espiritual y por tanto de razón y de libertad. Al ser humano le es lícito conocer el mundo y dominarlo, pero de modo prudente y cuidadoso, no incontrolado y destructivo, ya que «la razón de Dios manda conservar el orden natural y prohíbe que se perturbe». El reconocimiento de esta ley natural es hoy más necesaria que nunca para hacer posible el diálogo de culturas, y es lo que falta en el Islam actual, a diferencia de lo que ocurría en el mutazilismo medieval.

Debido al hecho de haber sido creado, el mundo es algo ordenado, que puede ser conocido racionalmente. Page 481

c) La distinción de ámbitos

El mensaje revelado hace referencia al sentido, al por qué, del hombre y de la creación, no al modo concreto, al cómo ésta se produjo, de lo que debe ocuparse la ciencia. Ello abre claramente el campo de la cooperación fructífera entre la ciencia y la fe, en cuanto modos de conocer totalmente diferenciados. El falso conflicto entre la fe y la ciencia se ha debido y se sigue debiendo al no respeto de esa diferencia, tanto desde el literalismo en la interpretación de los textos sagrados, propio del fundamentalismo protestante norteamericano, como a la pretensión de la ciencia de convertirse en una cosmovisión total, como pretende el cientificismo materialista de autores como Dawkins. Pero estas posiciones deben verse como obsoletas, como han mostrado entre otros, en relación con la armonía entre la Creación y la evolución, John F. Haught3, F. Ayala4 M. Artigas5 y N. López Moralla6.

3. La ambivalencia de la tecnociencia

Mientras que la ciencia especulativa, como hemos dicho, no tiene por que entrar en conflicto con la religión, ya que carece de riesgos, pues su finalidad es el conocimiento, la tecnociencia que hoy día tiende a ocupar al mayor número de científicos, en cuanto ciencia hegemónica, puede presentar riesgos, y por eso las religiones están legitimadas para juzgar si sus desarrollos son o no positivos. Estos riesgos obedecen a dos causas:

  1. su orientación inmediatamente práctica, y no...

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