Relaciones laborales encubiertas. Problemas con los 'falsos autónomos'

Autor:Isabel Moya Chimenti
Cargo:Abogada
Páginas:4-6
 
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Artículos Laboral
RELACIONES LABORALES ENCUBIERTAS. PROBLEMAS CON LOS “FALSOS AUTÓNOMOS”
El término “falso autónomo” se ha popularizado en los últimos años, de manera que es posible encontrar múltiples
y recientes titulares de prensa que resaltan el uso extensivo que las empresas han hecho de esta figura durante los
años de crisis. No son pocas las entidades que confiesan haber acudido a esta forma de contratación bajo la creencia
de que les supondría una mayor flexibilidad interna y un ahorro de costes; y que, sin embargo, ahora se encuentran
inmersas en múltiples problemas ocasionados por estos falsos autónomos.
Esta situación deja entrever la necesidad empresarial de profundizar en el concepto del trabajador autónomo –figura
a la que pueden, y deben, acudir cuando la situación realmente lo permita– y del denominado falso autónomo; y de
llegar a conocer y entender los riesgos intrínsecos a este último.
1. ¿Qué es un falso autónomo?
Es necesario comenzar señalando que el Estatuto de los Trabajadores otorga la condición de trabajador a quienes
“voluntariamente presten sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección
de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario”.
Por su parte, la ley define a los trabajadores autónomos como “las personas físicas que realicen de forma habitual,
personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona, una actividad
económica o profesional a título lucrativo, den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena”.
La mera lectura de estas definiciones legales sirve para constatar que la figura del trabajador autónomo se contrapone
a la del trabajador ordinario por cuenta ajena, resaltando como principales notas diferenciadoras la ajenidad y
dependencia de un tercero, el empresario.
Podría establecerse, de manera resumida y eminente práctica, que las notas características del trabajador autónomo
se concretan en que éste presta sus servicios, en el día a día:
con autonomía e independencia, organizando su trabajo de acuerdo con los parámetros que estime oportunos;
con sus propios medios y herramientas de trabajo;
sin estar sujeto a instrucciones u órdenes directas y concretas de la entidad para la que presta servicios;
sin someterse a ningún régimen sancionador o disciplinario –más allá de la posible extinción de su contrato
de prestación de servicios por el incumplimiento de sus obligaciones–; y
obteniendo directamente los beneficios de su trabajo y corriendo con los riesgos de su actividad.
Partiendo de lo anterior, el concepto de falso autónomo debe englobar a aquellas personas que, aunque desde una
perspectiva formal aparenten ser un trabajador autónomo –habiendo suscrito un contrato de prestación de servicios
de naturaleza mercantil, emitiendo facturas mensualmente, aplicando los impuesto correspondientes como pudiera
ser el IVA y estando dados de alta en la Seguridad Social en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos– no lo
sean realmente por prestar sus servicios en régimen de manifiesta dependencia y ajenidad respecto del empresario,
sin asumir el riesgo y resultado de la actividad empresarial, tal y como lo vendría haciendo un verdadero trabajador
por cuenta ajena.
Así, debemos recordar que a la hora de determinar la naturaleza contractual de esta relación, no resultará relevante
el contrato formalmente suscrito entre las partes sino que, en aplicación del principio de irrelevancia del nomen iuris
–también denominado principio de “primacía de la realidad”– habrá que estar a la realidad imperante en la práctica,
ya que “las cosas son lo que son y no lo que las partes dicen que son”.
Isabel Moya Chimenti • Abogada
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