Un refugio seguro

Autor:John D. Donahue
Cargo del Autor:Profesor e investigador en la Harvard Kennedy School
Páginas:53-81
 
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EL CAMBIO EN la economía estadounidense de las últimas décadas ha generado un clima propicio para personas con formación, instinto, y suerte. Pero para los trabajadores menos afortunados ha traído problemas y más pro-blemas, incluyendo la competencia global, la transformación tecnológica, la caída del movimiento obrero, el desmoronamiento de las coberturas legales, y todo ello acompañado de sutiles cambios culturales que amplifican el im-pacto de cada contratiempo. Muchos estadounidenses carentes de educación avanzada, contactos adecuados o buen karma laboral se han percatado de las bondades de la vida de la clase media –seguridad social, seguro de salud, pensiones, camino despejado hacia la universidad para sus hijos– y han visto cómo se esfumaban de su alcance. Pero algunos han logrado encontrar un refugio en la tormenta. El empleo público supone un cobijo al agitado tumulto económico actual para muchos millones de trabajadores. Es comprensible que estos estadounidenses aprecien y valoren la división existente entre los sectores público y privado en la medida que les permite mantener un status económico de clase media. El problema, por supuesto, es que el Gobierno no está para esto.

Para tener un poco de perspectiva volvamos a la encuesta de la Oficina de Estadísticas Laborales que hace seguimiento del número y la naturaleza de los empleos estadounidenses. Recordemos que esta fuente de datos tiene muchas virtudes (detallada, en términos tanto de industria como de ocupación; buenas aproximaciones de niveles de empleo e ingresos para cada puesto de trabajo; series temporales fabulosas, teniendo en cuenta las reglas glaciales de un buen número de programas estadísticos), pero a la vez está viciada por el error de agrupar educación pública y privada y la ausencia de la totalidad de las fuerzas

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armadas. Más adelante retomaremos el análisis de maestros y militares después de examinar el panorama general.

La tabla 3.1 enumera los veinticinco tipos de trabajo principales existentes en el conjunto de la economía, así como estimaciones de 2005 del empleo total y el salario medio anual para cada empleo.71La tabla 3.2 hace lo mismo pero para el sector público.72Hay cientos de categorías profesionales, pero las primeras veinticinco representan más de un tercio de todos los puestos de trabajo.

Tabla 3.1. Los veinticinco trabajos más comunes en toda la economía, 2005

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Tabla 3.1. Los veinticinco trabajos más comunes en toda la economía, 2005 (continuación)

Fuente: Oficina de Estadísticas laborales, Programa de estadísticas de empleo, Occupational Employment and Wages Estimates de mayo de 2005 , hoja de cálculo National Cross-Industry Estimates, consultada en junio de 2006 en http://www.bls.gov/oes/oes_dl.htm#2005_m.

Nota: En esta versión, las cifras de toda la economía incluyen el sector público y el sector privado. Se excluyen a los maestros y sus auxiliares.

Cuando el mismo trabajo es frecuente tanto en el Gobierno como en el resto de la economía, el sector público tiende a ofrecer un mejor trato a las profesio-nes no especializadas como porteros o secretarias, según el capítulo anterior. Pero más allá de reforzar ese punto comparativo, las dos listas ilustran cómo la economía de la clase media se mantiene muy viva gracias al amparo del Gobierno y, sin embargo, se debilita en otros ámbitos. La mayor parte de los puestos de más alto nivel en el Gobierno garantizan remuneraciones como para ofrecer a una familia con dos salarios el estatus de clase media, y muchos proporcionan a las familias de clase media con una sola fuente de ingresos un punto de apoyo. Los datos de 2005 de la Oficina del Censo identifican los 43.400 dóla-res como el umbral para las familias que entran en la quinta parte media.73La entrada al siguiente quinto más bajo, que podría considerarse clase media baja, era de 24.780 dólares. Diez de los veinticinco mejores puestos de trabajo en el Gobierno proporcionan una remuneración suiciente como para que una familia se pueda situar en el quinto medio con un salario, lo que era algo normal en una fase anterior de la economía estadounidense. Sólo cinco de los veinticinco pues-tos de trabajo superiores en toda la economía –enfermeras tituladas, directores generales, maestros de primaria, representantes de ventas y contables– ganaron lo suiciente por familia con un solo asalariado como para integrarse en el grupo medio. Y una de esas cinco categorías profesionales (maestros) es un trabajo predominantemente del sector público, como lo es otro en menor medida (en-fermeras). De hecho, para doce de los veinticinco mejores puestos de trabajo en toda la economía, y para seis de los siete puestos de trabajo más comunes, un

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solo ingreso no es suiciente para sacar a una familia de la quinta parte inferior de la distribución de ingresos.

Tabla 3.2. Los veinticinco trabajos más comunes en el gobierno, 2005

Fuente: Oficina de Estadísticas Laborales, Programa de estadísticas del empleo, Occupational Employment and Wages Estimates de mayo de 2005, hoja de cálculo National NAICS 3-di-git Industry Specific Estimates, consultada en junio de 2006 en http://www.bls.gov/oes/oes_ dl.htm#2005_m.

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Una nómina puede ser menos relevante, ya que los dobles ingresos son lo normal (sólo el 30% de las familias salen adelante con un solo salario.)74Pero la distinción del Gobierno como el refugio seguro de la clase media se sostiene también por esta norma. Con sólo dos excepciones –trabajadores en el sector del ocio y auxiliares docentes– un par de nóminas de cualquier tipo de empleos en la tabla 3.2 llevarían a una familia por lo menos al quinto central, y las dos excepciones se quedan a poca distancia del umbral. Sin embargo, en el caso de nueve de los veinticinco puestos de trabajo de más alto nivel en el sistema económico, incluyendo seis de los más comunes, dos salarios no serían suicientes para conseguirlo.

Este panorama, aunque permite obtener una perspectiva general, sigue siendo difuso e incompleto. Así que pasemos a algunas categorías concretas del empleo público que ofrecen refugio a grandes grupos de trabajadores estadouni-denses cuyo estatus de clase media sería vulnerable, o algo peor, en la economía privada.

Los protectores

Los «servicios de protección» –policía, bomberos, y otras personas uniformadas que protegen la vida, la integridad física y la propiedad– son tanto una función preeminente del Gobierno como un bastión de la clase media obrera. La tabla 3.2 señala a los policías –o, más correctamente, «la policía y los oi-ciales de patrulla del sheriff»– como la tercera categoría laboral más importante en el Gobierno. Hay más de 600.000 agentes de policía, que se hallan fuera de los veinticinco empleos más frecuentes, pero que sí entrarían dentro de los cincuenta puestos de trabajo más comunes en toda la economía. (Los policías son algo menos frecuentes que contables y carpinteros, y algo más habituales que camioneros y personal de atención médica domiciliaria). Los trabajadores del orden público también incluyen cerca de 87.000 detectives e investigadores y 100.000 supervisores adicionales. Más adelante, en la cadena de valor propia de esta industria en particular, están los 394.000 funcionarios de instituciones penitenciarias que figuran en la tabla 3.2 (además de sus 32.000 supervisores y gerentes) y 83.000 oficiales de libertad condicional.

Entre los temas culturales asociados al cuerpo policial estadounidense, está la noción del trabajo policial como un bastión de prosperidad de la clase obre-ra. Películas de Hollywood, desde Querido detective a El guardaespaldas o Cop Land, rinden homenaje a los barrios pequeños donde se agrupan los policías. Los matices geográficos y étnicos determinan características peculiares:

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calles donde los padres llevan placa y las madres se quedan en casa, donde los niños conocen el turno de día y el turno de noche y todo el mundo entiende el orgullo, la ansiedad y las tradiciones de la fuerza policial.75Lo que se lee entre líneas es que el objetivo es una nómina decente, aunque no espléndida. Los policías no llegan a ser ricos, pero se las arreglan. Tú proteges a tu comunidad y tu comunidad te proporciona una remuneración que te permite reservarte tus preocupaciones para lo que encontrarás al final de ese callejón oscuro en vez de pagar la hipoteca, al dentista o la matrícula universitaria.

Los policías de calle ganaron cerca de 46.500 dólares de media como sala-rio normal en 2005. ¿Es esto mucho o poco? Por una parte, nadie que se cruce con un coche patrulla por la noche en un barrio peligroso piensa que el trabajo policial valga menos que el de los operarios de maquinaria pesada, las azafatas o los especialistas en relaciones públicas (tres sectores algo por encima de los policías en la escala de ingresos). Por otra parte, 46.500 dólares suponen un salario algo más alto que la media de 35.725 dólares para trabajadores a tiempo completo con estudios secundarios. Supera, por poco, la media para la población a tiempo completo con algún tipo de formación universitaria, o incluso con un título técnico (41.900 dólares y 44.400 dólares, respectivamen-te)76sin contar siquiera la posibilidad que tienen muchos policías de hacer horas extras. El salario de un oficial de patrulla se queda corto respecto de la media de 57.200 dólares que perciben los graduados universitarios. Pero sólo el 15% de los departamentos policiales requieren formación universitaria, según la Bureau of Justice Statistics [Oicina de Estadísticas Judiciales], y muchos menos una licenciatura.77A diferencia de conserjes, enfermeras o secretarias, no hay un punto de re-ferencia en el mercado para el salario de la policía, ya que los policías de ver-dad, más o menos por definición, trabajan para el Gobierno. Hay, sin embargo, casi un millón...

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