«Quo non ascendet?». Absolutismo, Estado y Poder en el cine: Fouquet, Cromwell y Olivares

Autor:Enrique San Miguel Pérez
Cargo:Universidad Rey Juan Carlos. Madrid
Páginas:497-518
RESUMEN

Este trabajo, pretende ser una reflexión sobre el Absolutismo en el Estado Moderno, el ejercicio vicarial del poder y su pérdida, desde una perspectiva novedosa: la imagen que el cine del siglo xx nos ofrece sobre tres señalados líderes de las Monarquías europeas del siglo xvii.

 
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AHDE, tomo LXXXV, 2015
«Quo non ascendet?». Absolutismo, Estado y Poder
en el cine: Fouquet, Cromwell y Olivares
RESUMEN
Este trabajo, pretende ser una reflexión sobre el Absolutismo en el Estado Moder-
no, el ejercicio vicarial del poder y su pérdida, desde una perspectiva novedosa: la
imagen que el cine del siglo XX nos ofrece sobre tres señalados líderes de las Monar-
quías europeas del siglo XVII.
PALABRAS CLAVE
Absolutismo, Estado, gobierno, ministro, cine.
ABSTRAT
This paper is intended as a reflection on Absolutism in the Modern State, the
vicarious exercise of power and its loss, from a new perspective: the image of the
twentieth century cinema offers us pointed to three leaders of European monarchies of
the century XVII.
KEY WORDS
Absolutism, State, goverment, leadership, cinema.
Recibido: 10 de marzo de 2015.
Aceptado: 20 de abril de 2015.
498 Enrique San Miguel Pérez
AHDE, tomo LXXXV, 2015
S: I. Introducción. El Absolutismo, una solución política de cine. II. Fou-
quet, Luis XIV, y Rossellini: «Ni el sol ni la muerte se pueden mirar fijamente».
III. Cromwell: «El Parlamento es la ley en esta nación». IV. Olivares: «Necesi-
tamos ese infierno», o la frustración del Estado de poder en España. V. Conclusio-
nes. El Estado de poder como espectáculo, o «los dioses no aman a los hombres
felices».
I. INTRODUCCIÓN. EL ABSOLUTISMO, UNA SOLUCIÓN
POLÍTICA DE CINE
«Hay una institución tan vieja como el mundo: la Monarquía-Realeza». La
afirmación no proviene precisamente del Antiguo Régimen, aunque su autor,
Hilaire Belloc, no se encontraba distante de su identidad. Se formuló hace ahora
ochenta años, en 1935, con motivo de la primera edición de su Charles the First,
King of England. Y, además de justificar su planteamiento en su propia consonan-
cia con la naturaleza humana, Belloc pretendía defender la no menos natural pro-
pensión de los pueblos a la adopción de una concreta solución de gobierno 1.
Si el pensador distributista inglés hubiera desplazado su análisis a las for-
mas de creación, no le hubiera faltado una cierta razón. No hay espacio para el
pueblo, por ejemplo, en el mundo de Shakespeare, un pueblo de césares, prínci-
pes y soberanos, legítimos o lo contrario, aristócratas y, en contadas ocasiones,
y siempre subordinados al arbitrio del criterio real, algunos solitarios represen-
tantes de los estratos populares de la sociedad, como en Las alegres comadres
de Windsor y en Enrique V serán ladrones de poca entidad como Pistol y Bar-
dolph. Y, por cierto, como si ese fuera el destino de quien ha pretendido escapar
a su condición, condenados a una suerte funesta. Shakespeare es leal a Inglate-
rra y, en su visión política, ello exige una autoridad regia sólida y legítima. Por
eso, en su sistema de pensamiento, el derecho es inherente a la racionalidad de
la acción política. Shakespeare lo sostiene de acuerdo con su óptica tarrdorrena-
centista, cuyo naturalismo participa del final de una Edad Media que conoce
muy bien en sus más dramáticas expresiones, y que aspira a superar política-
mente. Por eso el derecho le muestra el sentido de la civilización. E, igual que
1 B, H., Charles the First, King of England. London. 1935, p. 3: «In most times men
have agreed to be governed by Kings, having found in such government something consonant to
their nature.
In one man there seemed to stand incarnate all the men of the community and to be concen-
trated in him… He was the visible symbol of their unity.
Today all Christendom is hungry for monarchy. In the United States, partly by the provision
of the Constitution, more by its development in the nineteenth century, the principle of an execu-
tive in the hands of one man was preserved. But in Europe it was gradually lost, and replaced by
the rule of a few; in practice, of the rich, under the guise of representatives. That experiment is
breaking down before our eyes, and monarchy is returning».

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