PWC: Basilea III y los retos de la banca

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RESUMEN

Con toda probabilidad, a finales de este año se aprobará lo que ya todo el mundo conoce como Basilea III. El conjunto de reformas que se pondrán en marcha nace como respuesta a la profunda crisis financiera y tiene como objetivo fundamental evitar que ésta se repita. Se trata, fundamentalmente, de que los bancos cuenten con más y mejor capital.

 
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Según se explica en un reciente informe de PricewaterhouseCoopers (PWC), por un lado, se exigirá más capital directamente, a través de mayores requerimientos respecto a riesgos y exposiciones e, indirectamente, a través de una ratio de apalancamiento y de unos colchones de capital para usar en situaciones de crisis. Por otra parte, se exigirá capital de mayor calidad a través de una definición más restrictiva del capital ordinario y reservas (core capital).

Numerosas instituciones y expertos consideran que la crisis es el resultado de una cadena de fallos en el sistema financiero. Ha habido errores en la gestión de riesgos, siendo frecuente la infravaloración de los que estaban asumiendo las entidades. Se ha producido una falta de transparencia en algunos segmentos de mercado, lo que generó la "banca en la sombra". No se han valorado adecuadamente los riesgos por parte de las agencias de calificación crediticia y se han generado numerosos problemas como consecuencia de políticas de remuneración inadecuadas. Además, ha habido fallos en la supervisión y en la regulación financiera.

Ese conjunto de errores ha generado la necesidad de cambiar las reglas para que el sistema financiero sea más transparente, probablemente de menor tamaño, mejor regulado y en el que el sector público tenga un papel más importante. A la luz de los documentos sometidos a consulta pública, las principales novedades que incorpora Basilea III son:

- Medidas para aumentar la calidad, consistencia y transparencia de los recursos propios

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- Medidas para el refuerzo de la liquidez (Ratio de cobertura de liquidez a corto plazo; Ratio de liquidez estructural)

- Ratio de apalancamiento

- Colchones de capital

- Medidas contra la prociclicidad

- Requerimientos adicionales para el riesgo de contrapartida

- Tratamiento de las entidades sistémicas

Una vez analizadas las propuestas de reforma y a falta de la aprobación definitiva, se impone una valoración del impacto y las consecuencias de un nuevo entorno regulatorio que transformará de manera significativa la banca que hemos conocido. En cuanto a las medidas de refuerzo de la solvencia, cabe destacar que, aunque aumentarán la comparabilidad entre entidades, pueden suponer presiones en los mercados primarios de acciones, reducir la propensión al reparto de beneficios y recortar las emisiones de instrumentos híbridos.

Por lo que respecta a los nuevos requerimientos de liquidez, éstos pueden dar lugar a respuestas similares por parte de las entidades que aumentarían la correlación entre mercados financieros, riesgo sistémico y prociclicidad. Además, el establecimiento de una ratio de liquidez a corto plazo estimulará la demanda de activos líquidos en perjuicio de otros, mientras que la de financiación estructural puede afectar a una de las actividades básicas de la banca comercial: la transformación de pasivos en activos -créditos-con mayor plazo de vencimiento.

Los colchones de capital funcionarían como las provisiones dinámicas, pero cabe la posibilidad de que restrinjan el reparto de dividendos y las remuneraciones variables, en caso de consumo de dichos colchones, lo que podría dificultar la captación de nuevo capital y ser perjudicial en época de estrés económico y financiero. En cualquier caso, tienen la ventaja de que sus fondos pueden ser utilizados y gestionados por cada entidad.

La ratio de apalancamiento es uno de los aspectos menos definido a día de hoy, pero, en cualquier caso, se reforzarán las exigencias para evitar riesgos. Tampoco hay unanimidad en cuanto a la correlación entre mayor capital de las entidades y menor riesgo sistémico. En cuanto a la prociclicidad, algunas de las medidas propuestas pretenden contrarrestar la propia del sistema, mientras que otras buscan una menor volatilidad de los requisitos del capital a lo largo del ciclo. Por último y con respecto al riesgo de contrapartida, se busca incentivar un mayor peso de las cámaras centralizadas de compensación y liquidación.

Tras enumerar, analizar y valorar las medidas propuestas en el borrador de Basilea III, este informe plantea varias conclusiones sobre algunos de los elementos de la reforma:

- Más y mejor capital: Una capitalización mayor tendrá un impacto relevante por la necesidad de remunerar más una financiación vía capital que vía deuda. Además, podría penalizar inversiones en entidades financieras y no financieras al obligar a financiarlas con recursos propios. Es posible que se penalice el modelo de banca accionista de referencia de empresas, ya que algunos bancos y cajas tendrán que desprenderse de activos empresariales.

- Mayor liquidez: Esta exigencia perjudica a la banca comercial tradicional, ya que aumentará la demandad de activos de mayor calidad crediticia y liquidez, al tiempo que disminuirá los de naturaleza contraria.

- Menor apalancamiento: Este requerimiento limitará las inversiones de todo tipo, incluidas las crediticias, y supondrán una presión sobre la rentabilidad de las entidades.

- Mayor intensidad regulatoria: Se busca una banca más pequeña, más solvente y más líquida, lo que implica mayor estabilidad macroeconómica.

- Dudas y desafíos para la banca:

  1. Lo anunciado y propuesto hasta ahora no es suficiente. La estabilidad financiera va más allá del capital y la liquidez.

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  2. Quedarán muchos aspectos de Basilea III por concretar, incluso después de su aprobación en la próxima reunión del G-20.

  3. Los bancos tienen mucho por hacer en lo que respecta a las implicaciones específicas en su entidad y sobre cuál debe ser su respuesta.

  4. Las entidades deberán acelerar las medidas a tomar incluso antes de la entrada en vigor de las nuevas normas. A pesar del periodo de implantación, los cambios son de tal calado que es preciso afrontarlos lo antes posible.

  5. Basilea III tiende a utilizar un único enfoque para todos los casos, sin tener en cuenta la amplia gama de modelos de negocio en el sector financiero.

1. Introducción: La crisis financiera

La crisis financiera internacional tiene su comienzo en agosto de 2007 y está suponiendo, además de un fuerte impacto en la economía real de los principales países, una serie de cambios de gran trascendencia en sus sistemas financieros. La crisis actual se desencadenó después de un prolongado periodo de expansión económica generalizada a nivel global, con una inflación bajo control y con un crecimiento del Producto Interior Bruto que llegó a estar por encima del 4,5% de media entre 2003 y 2007, y que permitió un desarrollo sin precedentes de los mercados financieros.

El crecimiento de los mercados de capital fue especialmente importante a partir de 2002. Desde entonces y hasta 2007 los mercados de activos financieros a nivel global crecieron espectacularmente gracias al enorme desarrollo de nuevos instrumentos financieros, pero a su vez trajo consigo la acumulación de una serie de desequilibrios que se pusieron de manifiesto de manera dramática a partir de agosto de 2007, con el estallido de la burbuja en el mercado de hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos.

El inicio de la crisis en el mercado hipotecario estadounidense tuvo un efecto contagio en diversos mercados, comenzando un círculo vicioso en el que las dificultades para asignar un precio correcto al valor de los activos y la desconfianza de los agentes sobre el valor real de las pérdidas de sus contrapartes hicieron que el mercado de varios de estos activos y de sus instrumentos derivados se paralizaran. A partir de este desencadenante inicial, la inestabilidad y la desconfianza se fueron trasladando de manera muy rápida e intensa a otros segmentos de mercado y a otros países, primero en los países desarrollados y, desde septiembre de 2008, con la quiebra de Lehman Brothers, también en las economías emergentes. La crisis pasaba así a convertirse en una crisis global, en la que la fuerte interrelación entre el sector financiero y la economía real la convierten en especialmente compleja.

Tres años después del inicio de la crisis, los mercados aún no han vuelto a la normalidad y ya se comienza a hablar de una nueva realidad financiera mundial en la que el papel y el tamaño del sistema bancario será menor. Muchas instituciones y analistas consideran que la crisis ha sido el resultado de la acumulación de una serie de fallos en el sistema financiero: en la gestión de los riesgos, en el papel de las agencias de calificación crediticia, en las estructuras de gobierno de las instituciones financieras, en la regulación y supervisión, etc.

En cuanto a la gestión de los riesgos, existió claramente una infravaloración del riesgo que estaban asumiendo las instituciones financieras a través del apalancamiento de sus posiciones y una sobreestimación de la capacidad de los agentes por transferir el riesgo. La complejidad...

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