Algunos puntos clave de la libertad kierkegaardiana.

Autor:Binetti, María J.
Cargo:ESTUDIOS
 
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The present paper intends to describe some key issues, in which the Kierkegaardian concept of freedom is summarized. For Søren Kierkegaard freedom defines the essence of human spirit and determines the subjective reality of the individual. It produces the identity of the self and it establishes its amorous bond to God and to others. Its concept might concentrate itself in terms of a necessary possibility of a dialectical, ideal, intensive and relational power, which generates the absolute becoming of personal existente.

Keywords: freedom, power, possibility, Kierkegaard.

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La cuestión de la libertad protagoniza el pensamiento de Søren A. Kierkegaard y establece el fundamento sobre el cual descansa su entero edificio especulativo. Ella constituye la llave hermenéutica de una especulación, cuyas categorías existenciales inauguraron un nuevo espacio de reflexión, no solo en el ámbito de la filosofía sino también en otras áreas del conocimiento, tales como la psicología, la lingüística, la estética y la teología. De aquí que la importancia del concepto kierkegaardiano de libertad extienda su protagonismo a la historia del pensamiento contemporáneo, y llegue hasta nosotros con la misma voz de ese eterno individuo singular existente, que hoy, como siempre, busca restituir el rostro auténtico de lo humano.

La libertad --clave especulativa del discurso kierkegaardiano y legado histórico de su pensamiento-- debe su importancia a la originalidad con la cual se nos ofrece como posibilidad creadora de un sujeto auténtico y recreadora de su mundo. Tal originalidad quiere marcar la diferencia entre la clásica concepción del libre arbitrio y la concepción idealista de un espíritu universal. En efecto, cuando Kierkegaard habla de libertad, no se refiere a la tradicional cuestión del libre albedrío, definido por la capacidad de elegir entre múltiples opciones, discernidas y ofrecidas por el entendimiento finito a la voluntad. El no se refiere a ello porque su libertad escapa al orden de la conciencia inmediata, representativa y abstracta, para ubicarse en el orden de la reflexión concreta y total del espíritu humano, o bien, si se prefiere, en el orden de una segunda inmediatez espiritual, a la cual se llega por la intensificación de la propia fuerza interior y no por la deliberación de razonamientos prácticos.

Pero el pensador danés tampoco se refiere a la libertad de un espíritu universal, objetivado en el Estado o en el todo social, sino de un espíritu singular, existente tanto en su situación temporal y finita como en su realidad eterna y necesaria. En este punto se ubica la conocida oposición de Kierkegaard a Hegel, en virtud de la cual el pensador danés ha pasado a la historia de la filosofía bajo el tópico antihegeliano. Más allá de la discusión en torno del supuesto antihegelianismo de Kierkegaard, lo cierto es que el sujeto Kievkegaardiano se niega a diluir su identidad en el elemento universal del todo y a reducir su individualidad a mero órgano de lo absoluto. Para nuestro autor, cada individuo (1) es sujeto y sustancia universal y absoluta, y su devenir espiritual no asume el rumbo de la historia mundial sino el ritmo personal de los distintos estadios existenciales.

La originalidad de Kierkegaard se establece en la comprensión de la libertad humana como fundamento metafísico de lo real. Si bien la intención de convertir la libertad en la piedra angular del edificio especulativo es un hito de la tradición moderna, la novedad kierkegaardiana consiste en el vuelco existencial de la cuestión y en la concomitante posición del hombre singular como sujeto espiritual absoluto. El lugar más propio e innovador de Kierkegaard quizás resida en esta comprensión de la libertad existente como primum metafísicum: causa última y contenido elemental de toda realidad y pensamiento.

Su legado histórico no consiste simplemente en un análisis metafísico de la libertad sino en una conversión metafísica, donde la subjetividad singular pasó a ocupar el centro de rotación especulativa. De aquí que su pensamiento esté lejos de constituir una filosofía del ser o de la esencia, para ofrecer una comprensión de la libertad, ante la cual el ser se muestra como el dato inmediato de la conciencia, destinado a la reflexión esencial del espíritu. La filosofía de Kierkegaard se proyecta, más allá del ser, hacia ese horizonte de actualidad subjetiva, constitutivo de lo real.

Las páginas siguientes intentarán reflexionar sobre algunos puntos decisivos, en los cuales podrían resumirse las tesis fundamentales, que determinan la libertad kierkegaardiana.

  1. LA LIBERTAD ES ESENCIALMENTE PODER

    El concepto kierkegaardiano de libertad tiene su origen especulativo en un breve pasaje de El concepto de la angustia, que lo define como "infinita posibilidad de poder" [Den uendelige Mulighed af at kunne] (2). La noción de posibilidad contenida aquí quizás constituya el principal legado de Kierkegaard al pensamiento posterior y, principalmente, al movimiento --así llamado-- existencial. Exceptuando la cuestión, sumamente discutible, de si tal concepto fue entendido por sus herederos en el exacto sentido kierkegaardiano, lo cierto es que, para nuestro autor, lo posible es el constitutivo elemental del ser finito y, en particular, del espíritu humano (3).

    La posibilidad espiritual es infinita en el sentido de lo originariamente indeterminado y de lo sólo determinable de manera intrínseca. El contenido esencial que precisamente debe ser determinado de manera intrínseca es el >, cosa que El concepto de la angustia expresa asegurando que "la posibilidad es poder" [Muligheden er at kunne] (4). Con esto quiere decir Kierkegaard que el sujeto, contenido y fin de lo posible es su potencia real. Y esta idea posee una importancia capital a los efectos de definir la metafísica kierkegaardiana. Lo posible en Kierkegaard no se refiere al ser sino al poder, de donde su metafísica aborda esencialmente la potencia concreta y concede al ser la simple manifestación inmediata --por decirlo así-- de la idea.

    La asimilación de lo posible al poder constituye el eje especulativo que permitió a nuestro autor superar lo que él estimó como una concepción abstracta y meramente lógica del pensar filosófico, para proceder a un pensamiento concreto, subjetivo o existencial. La fuerza ética del Singular, su ser en carácter, el pathos extremo de la interioridad y la potencia del espíritu son otros tantos nombres utilizados para mencionar este mismo poder de la libertad individual. Casualmente, Kierkegaard había escuchado de Schelling en Berlín algunas referencias sobre esta potencia originaria (5) y su correspondiente dinamología, teoría a la cual le atribuyó "la mayor impotencia" (6). No obstante, y a despecho de las quejas kierkegaardianas, cabe preguntarse si la dialéctica de poderes sucesivos planteada por Schelling y desarrollada por él desde un estado de indeterminación inicial hasta una autodeterminación finalmente reconciliada no comparte más de una semejanza especulativa con la dialéctica kierkegaardiana de la libertad.

    En torno de la noción de poder giran la ironía y la figura de Sócrates, quien encarnó personalmente "la potencia de la superioridad" (7) y "comprendió mejor que nadie que el arte de la potencia es hacer a los hombres libres" (8). En torno de ella giran la comunicación indirecta, que es "comunicación de poder" (9), y la acción mayéutica, que presupone [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] (10) la posesión de la verdad. Porque el poder es posible, a la reflexión abstracta del entendimiento le sucede "la doble reflexión" (11) de la libertad, realizadora de lo ideal. Finalmente, y porque se puede, "la fe consiste en 'mantener firme la posibilidad'" (12), lo cual significa afirmar el poder.

    Cuando la posibilidad se refiere al poder efectivo, entonces es ella "la más pesada de todas las categorías" (13), no en el sentido de la abstracción o de la fantasía sino en el de la existencia singular. La libertad kierkegaardiana quiere ser así un poder absoluto y omni-comprensivo, constituyente de un sujeto que sólo se sostiene más allá de sí mismo, por la fuerza derivada de la Potencia en sí.

  2. LO POSIBLE PRESUPONE EL DEVENIR

    Con la idea de posibilidad como constitutivo esencial del ser finito, Kierkegaard justifica el devenir en tanto determinación específica de la existencia en general. En efecto --sostiene-- "el devenir es el pasaje de lo posible a lo real" (14), y dado que lo posible a lo cual él se refiere no es lo pensado sino lo existente, eo ipso queda afirmado el movimiento como categoría decisiva en el ámbito de la finitud. Por el hecho de ser posible, lo real es contingente y se remite a un Ser que simple y necesariamente es su propia esencia Infinita, Eterna e Inmutable.

    El pensamiento kierkegaardiano distingue dos modos de debenir, correspondientes a dos tipos de realidad. El primero es cuantitativo o inmanente, y Kierkegaard lo atribuye a las esferas de la lógica, la naturaleza y la historia universal. Él se produce conforme a la necesidad del antecedente, de manera tal que el efecto actúa la única posibilidad contenida en la conjugación de sus causas. De aquí que el devenir inmanente constituya, según nuestro autor, un estado demasiado abstracto para prestarse a la reflexión dialéctica (15) de lo inmediato. Este tipo de devenir define la Realitet, esto es, el ser de hecho o fenómeno.

    Pero hay también un segundo devenir trascendente y determinante de la Virkelighed, es decir, de la realidad del espíritu en tanto acción libre. Él se produce en el sentido de la autoreflexión y comienza en la idea de la subjetividad como intuición interior de lo posible. El devenir trascendente del espíritu podría enunciarse con la siguiente tesis kierkegaardiana: "la fuerza que nos es dada (como posibilidad) es de naturaleza completamente dialéctica; y la única verdadera expresión para la verdadera comprensión de sí mismo como...

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