'Pueblo', 'Guerrilla' e 'Historia'. Los inventos de la memoria.

Autor:Jaime Contreras
Páginas:21-25
 
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CAPÍTULO 1.
“PUEBLO”, “GUERRILLA” E “HISTORIA”. LOS INVENTOS DE LA MEMORIA
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Las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias - Ejército del Pueblo) no han dudado a acceder a este discurso presentista como arma singular en su acción de insurgencia; y no cabe duda que, entre las fortalezas que el grupo ha sabido emplear con indudable acierto, está la lucidez “en su narrativa y en la renovación de su discurso ideológico13.

En efecto las FARC se perciben a sí mismo como una organización revolucionaria de “necesidad histórica”, cuya naturaleza se subsume y se inserta, así lo afirman, en el propio corazón de la sociedad colombiana, corazón identificado en el concepto axiológico de pueblo, entendido, éste, desde posiciones populistas, como el conjunto inorgánico de las masas trabajadoras. “Somos –se autotitulan las FARC a sí mismas– el pueblo en armas”. Porque, las FARC impregnaron siempre su discurso desde posiciones notoriamente populistas, es decir desde una plataforma de comunicación sobre la cual se apela, sin cesar, al pueblo con el cual el grupo dice identificarse y, en consecuencia, representar; y ello conlleva la simplificación, en el discurso, de los mensajes primarios que deben ser envueltos en códigos binarios: buenos vs. malos; pueblo vs. oligarquía, honestidad de la insurgencia vs. corrupción gubernativa, Quizá haya sido Jacobo Arenas, uno de los líderes principales de este grupo subversivo, el que mejor haya practicado tales tácticas del discurso definiendo, a la vez, su pretendida entidad histórica. Cuando hacia 1983-84 las FARC estaban negociando, a través de la Comisión de Paz, con el presidente B. Betancur, este líder de las FARC y del partido comunista, amonestaba a sus guerrilleros para que entendieran que las tales conversaciones sólo eran una etapa en el camino histórico hacia el triunfo final revolucionario; y ello suponía que, en consecuencia, el grupo subversivo debía desplegar una activa

13V. Torrijos. “Cartografía del conflicto. Pautas interpretativas sobre la evolución del conflicto irregular colombiano”. Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia. Comisión histórica del conflicto y sus víctimas, febrero 2015, p. 654.

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estrategia complementaria, la de las armas y la de las conversaciones, las dos juntas y al mismo tiempo.

Escribía así Jacobo Arenas: “(…) debemos continuar nuestras conversaciones con la Comisión de Paz y Gobierno, y por ello debemos también acrecentar nuestra actividad armada. Tenemos que aguzar nuestra capacidad y nuestra astucia política y, por ello, debemos mejorar nuestra propia eficacia. El problema de la revolución en Colombia –decía Arenas– es tan complejo como lo es la realidad de nuestro propio país y debemos llegar a tiempo a nuestra cita con la historia”14. Acrecentar la actividad armada y agudizar la astucia política constituyen, en efecto, estrategias adecuadas para tales negociaciones que no buscan el pacto como objetivo ni como síntesis final de un acuerdo que obliga a las partes, sino como una fase necesaria y determinante en el proceso revolucionario que nos empuja a “nuestra cita con la historia”, y por tal razón esta historia necesariamente es providencialista y de sentido único.

Es por estas circunstancias porque, escribe Arenas, nuestro papel está inscrito en una historia obligada y predeterminada por la entidad “científica” de la misma; es por lo que nosotros, las FARC, no titubeamos como otras organizaciones guerrilleras que como el M19 (Movimiento 19 de Abril), el ELN (Ejército de Liberación Nacional) o el EPL (Ejército Popular de Liberación), han sido empujados a condiciones difíciles próximas a la desmovilización armada. No es preciso indicar que tal ácida crítica hace referencia a las reticencias que estas formaciones manifestaron respecto a la Amnistía ofrecida por Belisario Betancur el 25 de noviembre de 1982. En opinión de Arenas estas fuerzas fueron dando bandazos y se sectorizaron demasiado, no tanto en relación con el gobierno sino con el pueblo que “no entendió su sectarismo obtuso y cerrado”. Pero las FARC sí aceptaron la amnistía y lo hicieron, no sólo porque ello les permitía recuperar a cientos de sus revolucionarios apresados, sino sobre todo porque ello las convertía en el “instrumento...

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