La propiedad intelectual

Autor:Lluís de Carreras Serra
Cargo del Autor:Profesor asociado de Derecho de la Información. Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
RESUMEN

1. Los derechos de autor: concepto. 2. Derechos morales. 2.1. El derecho moral a la divulgación. 2.2. El derecho moral a que se le reconozca la autoría de la obra. 2.3. Otros derechos morales. 2.4. Los derechos morales tras la muerte del autor. 3. Los derechos patrimoniales. 3.1. Concepto. 3.2. Clases de derechos de explotación. 3.3. Duración de los derechos de explotación. 3.4. La entrada de la... (ver resumen completo)

 
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1. Los derechos de autor: concepto

La propiedad intelectual, más conocida como derechos de autor, está regulada en el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril (modificado por Ley 5/ 1998, de 6 de marzo, en adelante, LPI) por el que se aprueba el texto refundido en el que se regularizan, aclaran y armonizan las disposiciones legales vigentes en la materia, incorporando las previsiones de las Directivas europeas 92/100/ CEE y 93/98/CEE.

La propiedad intelectual es una de las formas en las que el Derecho reconoce el dominio privado sobre bienes inmateriales. Aunque su regulación sea anterior (la primera Ley de Propiedad Intelectual es de 10 de junio de 1847), el concepto actual de propiedad intelectual se fundamenta en el art. 20.1.b) y c) CE que reconocen y protegen los derechos "a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica" y a "la libertad de cátedra". Es, pues, un derecho de propiedad concebido como un derecho fundamental de la persona.

La propiedad intelectual, sin embargo, va más allá de ese reconocimiento a la producción de obras mediante las creaciones del espíritu. No se trata sólo del "derecho a crear", sino lo que es relevante para nuestro estudio es la protección de la obra en sí misma (como creación personal) y su posible explotación económica.

Las creaciones intelectuales son libres, pero no quedan protegidas por el solo hecho de su invención. Las ideas, por ejemplo, no confieren al autor su propiedad por el mero hecho de su formación en la mente humana, se necesita algo más para que la Ley las considere obras intelectuales y les confiera su protección. La idea mental es únicamente una abstracción, la obra es la plasmación de la idea en algo de lo que alguien pueda apropiarse.

Estamos hablando de propiedad, que debe ejercerse sobre algo concreto, no sobre humo que se disuelve sin dejar rastro. Por ello el art. 10 LPI conceptúa como objeto de la propiedad intelectual: "[...] todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro [...]", y a continuación hace una relación (que no ha de considerarse exhaustiva) de los tipos de obras protegidas por la Ley, entre ellas:

- las obras que se difunden mediante impresos o escritos,

- las composiciones musicales, las obras cinematográficas o audiovisuales,

- las obras fotográficas (art. 10.1 LPI) e incluso considera objeto de la propiedad intelectual,

- el título de una obra, cuando sea original, que queda protegido como parte de ella. (art. 10.2 LPI)

a) Obra con soporte físico o argumental: el objeto de protección es la obra "literaria, artística o científica". La obra parte de una idea, pero se configura como obra cuando se recoge de forma que pueda ser objeto de propiedad (o de apropiación). La obra es, por tanto, la expresión de una idea, que acaba conteniéndose en un soporte físico o argumental1. Pero también la obra puede recogerse en soportes más inmateriales, como puede ser el desarrollo de un argumento mediante un guión, que puede incluso no ser escrito. Una conferencia científica es protegible, como lo es una obra musical que se difunde sonoramente sin publicar la partitura, aunque lo más habitual será el soporte físico que contenga la obra.

"Se entiende así que lo que ha de ser original para ser protegible no es tanto la idea como la forma en que está expresada y desarrollada. [...] en una película o serie de ficción, la idea no tiene la menor relevancia, porque lo que importa es cómo se cuenta esa idea primera que se transforma en guión. En cambio, en un concurso o en un programa de variedades la idea en bruto puede tener mayor importancia, ya que no se cuenta una historia que necesite un guión en sentido estricto."

Según Écija, en este tipo de obras lo que se protege es el formato en sí mismo, que parte de las mismas ideas que otros programas audiovisuales del mismo tipo (concursos, recetas culinarias, entrevistas, etc), puesto que lo que caracteriza al formato son las diferencias con los otros, la concreación de la idea a la práctica (estética, manera en que lo conduce el presentador, etc.).

"Si la protección del formato es tan débil, cabe preguntarse por qué las productoras adquieren habitualmente los derechos sobre los formatos y no cambian ciertos elementos de desarrollo del programa, para escapar a la necesidad de pagar por los derechos. La respuesta podría ser que es la práctica general en el mundo televisivo y porque con el formato se adquiere el know-how del programa, una determinada manera de llevar a cabo una idea que ya ha dado resultado en otros países."

Hugo Écija Bernal (Écija & Asociados) (2000). Cómo producir, distribuir y financiar una obra audiovisual (págs. 47 y 48). Madrid: Editado por Grupo ExportFilm.

b) Originalidad: además del requisito del soporte físico o argumental, la obra intelectual tiene en su esencia el carácter de originalidad, como exige el art. 10 LPI. La originalidad no debe confundirse con novedad. Un mismo argumento puede tener distintas formas de desarrollo y plasmación en la obra concreta, la que se ofrece al público2.

La originalidad debe conectarse con el concepto de expresión de la personalidad del autor que tenga como consecuencia que la obra sea distinta de otras existentes. La creación puede ser totalmente original o bien solamente en parte original (porque utiliza elementos materiales externos o incorpora obras de otros autores); pero lo decisivo (la parte objeto de protección) será que la obra contenga una contribución personal que incorpore algo singular, alguna innovación engendrada desde la mente humana, que dote a la obra de un carácter de distinción esencial con respecto a cualquier otra.

Según Rodríguez Tapia, las obras protegidas por la LPI3:

"Deben ser creaciones originales, creaciones que aporten algo distinto y se diferencien en algo de las ya existentes. Esa diferencia otorgará mayor o menor originalidad a la creación; es la originalidad, precisamente, lo que atribuye propiedad al autor sobre su creación. No tiene, en cambio, derechos sobre aquella parte de la obra no original.

La originalidad de la obra suele calificarse de objetiva y subjetiva. La originalidad objetiva de una creación es la que permite diferenciar esa creación de las demás. No tiene la exigencia del requisito de novedad absoluta propia de las invenciones patentables [...].

La originalidad subjetiva es la que explica que una creación tenga su origen en una persona y es expresión de su personalidad, talento o inventiva, aunque no revista caracteres objetivos de originalidad [...].

La falta de originalidad de una creación no excluye su protección, si es sólo parcial y no se deriva de coincidir con la parte original de otra creación [...].

En cambio, la falta de originalidad por coincidencia sustancial con la parte original y protegible de otra creación anterior es objeto de una acción de cesación parcial y nunca puede ser protegida por el principio de prioridad temporal. Hay que entender que la originalidad no es imprescindible que se dé en el argumento o idea estructural de la obra (que si lo es, resultará también protegido) sino en la ejecución y exposición del argumento o plan de la obra."

J. Miguel Rodríguez Tapia y Fernando Bondía Román (1997). Comentarios a la Ley de Propiedad Intelectual (págs. 55-56). Madrid: Editorial Civitas.

Los derechos de autor se generan por el solo hecho de la creación de la obra literaria, artística o científica y corresponden a su autor sin necesidad de ningún reconocimiento oficial ni de la inscripción de la obra en registro alguno (art. 1 LPI). En todo caso, la creación ha de ser obra de la persona humana, sin que pueda atribuirse a una persona jurídica ni a ninguna institución o entidad colectiva. El autor es siempre una persona física, que es la única dotada para crear desde la mente, incluso en el caso de que dicha persona haya sido declarada incapacitada por enfermedad mental.

El contenido de los derechos de autor es doble, como dispone el art. 2 LPI:

Art. 2 LPI

"La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley".

El desdoblamiento deriva de la propia esencia de este espacial derecho de propiedad.

- Por una parte, el acto de creación humana es tan singular que solamente pueden corresponder a la persona creadora los derechos que se derivan de la aportación de su personalidad, única e irrepetible: son los llamados derechos morales.

- Por otra, si el autor decide que el destino de su obra es que sea conocida por el público (que es lo habitual), se genera un derecho de explotación económica en el tráfico mercantil: son los llamados derechos patrimoniales.

2. Derechos morales

La LPI reserva al autor los derechos morales sobre su obra, que se describen en el art. 14. Son derechos intrínsecos a la personalidad del autor, a su aportación intelectual, de forma que no pueden transmitirse en razón de que dimanan de su espíritu, de por sí inalienable. Los derechos morales son, pues:

- irrenunciables,

- intransmisibles e

- imprescriptibles.

Por ello, el autor conservará durante toda su vida los derechos morales sobre su obra, bien sean los de divulgación, los de modificación o de retirada del comercio, si así le conviniere. Es el autor, y sólo el autor, quien tiene derecho a dar a conocer su obra, a modificarla una vez divulgada o a que no continúe a disposición del público, cuando ello sea posible.

La LPI señala que derechos morales son irrenunciables, como medida de protección del propio autor. Al no conferir la LPI al autor el derecho a renunciar a los beneficios que le reportan los derechos morales, se le evita eventuales presiones por parte de quienes van a explotar su obra (que en principio son la parte económicamente fuerte...

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