Prólogo

Autor:José Bermejo Vera
Páginas:17-23
 
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La función de un prólogo no es preescribir el contenido de un libro, ni aun en forma sintética, sino presentar al autor para destacar sus cualidades y las de su obra, pero, sobre todo, la razón de ser de ésta. No es, por ello, el prólogo irrelevante o —según ingeniosa frase— lo que se escribe después del libro, se coloca antes y no se lee ni antes ni después. Por el contrario, el prologuista suele aprovechar la obra en cuestión, para, no sólo comentar sus esencias, sino, en su caso, polemizar sobre ellas o incluso añadir algo de su propia cosecha. Así concebido, es verdad que un prólogo sería más bien un especie de epílogo "fuera de ordenación"

En realidad, casi todo es lícito para este objetivo y tengo en el recuerdo recientes y magníficas muestras de la función prologal. Pero quizas es más recomendable ser consecuente con la obra prologada, acercarse a su "intimidad" y, en parte, a la del autor, para animar al lector a no abandonar la conveniente incursión en el libro. Por eso, deseo anticipar mi juicio sumarisimo favorable al libro, aun tratándose de la exégesis de una Institución, como el Consejo de Estado, muy veterana y señera, sí, pero probablemente mal, o insuficientemente, conocida al que ahora le han salido, por cierto, "retoños" autonómicos no siempre fieles a la imagen, estructura y, mucho menos, prestigio de aquél.

No ocultaré, sin embargo, que algo me sorprendió mi discípulo estudiantil, Gerardo García-Alvarez, ahora ya consumado investigador, cuando me propuso en su día realizar la Memoria de Doctorado sobre el Consejo de Estado. Y me extrañó, no tanto por las peculiares características, estructura y función de tan clásica como desconocida Institución, sino por las dificultades que adiviné le iba a plantear la realización del trabajo escogido. No me pareció fácil, ni me lo parece después de releída la obra que prologo, sacar partido a tema tan árido. Después de examinar minuciosamente el trabajo en su versión original, pude comprobar que el esfuerzo desplegado había valido la pena. Por-Page 18que, por un lado, García-Alvarez había rescatado para la causa académica una Institución aparentemente obsoleta, aunque recuperada en el texto constitucional, más, tal vez, por sus propios méritos que por la convicción de los constituyentes; por otro lado, el autor, entonces simple promesa, se había incorporado con todo mérito a la "sociedad epistemológica".

Pues bien, aunque también aquí debe ponerse el acento, antes de hablar del investigador y sus méritos, conviene hablar de la obra producto de la investigación.

Apenas leída la introducción del libro, se desvelan las intenciones del autor y las claves que desarrolla y contiene la obra. El Consejo de Estado, incuestionable órgano de relevancia constitucional, no deja de ser más que un instrumento, dotado de funciones consultivas, aunque algunas resultan muy importantes para la conformación de la decisión de los órganos destinatarios de la consulta.

Como es sabido, la Constitución española de 1978 relaciona al Consejo de Estado concretamente —¿y exclusivamente?— con el Gobierno, porque, en la forma en que se halla planteada la regulación constitucional de este último, parece claro que se trata de una organización auxiliar estrictamente vinculada al Gobierno de la Nación española. Esta conexión, junto a la dilatada historia del Consejo de Estado —fundado, según los cronistas oficiales en 1547 por Carlos I—, pueden ser elementos más que suficientes para que el Consejo sea una institución clásica merecedora de todo tipo de consideraciones y respetos.

Sin embargo, y en contraste con ello, observa el autor en la doctrina y literatura científica un cierto desinterés, aun cuando haya interés por algunos aspectos...

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